Conspiraciones ocultas: capítulo 4 – Un cebo irresistible

Buenos días, hoy os quiero presentar el cuarto capítulo de Conspiraciones ocultas, en él, ya se empezarán a desvelar algunos enigmas y podremos entender más los motivos que llevan a Neeb y a Gea a actuar cómo lo hacen. Os adelanto que en las próximas fechas tengo pensado publicar alguna historia romántica navideña. Muchas gracias por leerme y nos vemos el próximo miércoles con un nuevo relato, abrazos.


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 4: Un cebo irresistible.

Dos hombres uniformados conversaban en medio del pasillo de unos sótanos, entre un par de celdas vacías.

—¿Te lo ha dicho? —le preguntó James.

—Claro —le contestó Neeb.

—Entonces deberíamos ir cuanto antes.

—Se me ha ocurrido otro plan —James se detuvo en seco y lo escuchó con atención—.Vamos a usar esa rata para colarnos —su amigo se rio.

—Un plan magnífico, Neeb. La verdad es que tenía mis dudas, creía que a estas alturas ya la habrías matado.

—Primero jugaremos un poco.

—Por supuesto, comandante.

—Te he dicho que no me llames así, ella no debe saberlo.

—Lo siento.

El juego acababa de comenzar, pensó el hombre de larga melena, a partir de ahora tendrían mucho trabajo. Necesitaba diseñar un plan estratégico y ella sería su llave para alcanzar su objetivo, la manipularían a su antojo y finalmente, se desharían de Gea. Había visto su confusión, ya había logrado sembrar la semilla de la duda en ella, a partir de ahora, la volvería completamente loca.

Gea despertó muy cansada sintiéndose completamente entumecida. Sabía que la habían vuelto a dormir aplicándole esas drogas del demonio. Lo primero en llamarle la atención fue el olor del sitio. Tumbada como estaba, no lograba ver nada, pero a ella llegó un olor agradable, su celda normalmente olía a humedad y a algo bastante repugnante en cambio, en ese momento, olía a lavanda. Ella adoraba ese olor, había colocado en su dormitorio un ramillete de flores secas con ese aroma que lograba tranquilizarla. Lo segundo que llamó su atención fue sentir una almohada bajo su cabeza, en esa celda jamás había tenido uno, allí encerrada solo usaba un par de sábanas viejas y una manta gris rasgada, así que se sorprendió al notar junto a ella un colchón tan cómodo. Inmóvil en ese colchón entendió que algo no encajaba. No era solo una leve sensación, literalmente notaba algo extraño en el ambiente. Cuando Gea logró recuperar paulatinamente su movilidad, se dio cuenta que ya no se encontraba encerrada, se había pasado el día durmiendo en su propia habitación.

Gea se levantó agitada, más rápido de lo que debería, y casi logra caerse dándose un fuerte golpe contra su cómoda de madera beige. Cálmate, se repitió a sí misma, encendió rápidamente las luces de su pequeño piso y empezó a buscar pistas. Se sorprendió al ver que todo estaba donde debería, sin rastro alguno de ellos. Incluso su taza de café se encontraba al lado de su portátil, Gea la tocó, la taza se sentía completamente fría, y entonces se preguntó cuántos días se habría pasado cautiva. Encendió su teléfono móvil fijándose en la fecha y la hora, llevaba exactamente siete días ausente. Su teléfono empezó a sonar, avisándole de llamadas perdidas y mensajes de texto, desde su secuestro, sus compañeros la habían estado llamando repetidas veces. Quitó el sonido del móvil para que no le molestaran los constantes pitidos, sabiendo que a esas alturas su propia organización ya la debería dar por perdida y muerta.

Primero tendría que contactar con su jefe y contarle absolutamente todo, lo haría de la forma más segura posible: usando un intermediario. Ella no era una novata, sabía perfectamente porqué la soltaban, la utilizarían como cebo para acceder a toda su organización. Neeb se había mostrado extremadamente interesado en su jefe, seguramente planeaba destruirlos de nuevo. Gea mandó un mensaje codificado a uno de sus compañeros, en él le decía que la estaban espiando y necesitaba un intermediario para darle un mensaje a su jefe. Tan solo pasaron cinco minutos cuando la pantalla del móvil se encendió, un mensaje con remitente desconocido la citaba en una cafetería esa misma tarde.

Gea se preparó con rapidez, comió un par de galletas con un vaso de zumo y se ofreció una fugaz ducha. Ahora mismo lo que más le apetecía era quedarse en su casa, dormir, comer y descansar en su cómodo colchón, pero sabía que eso era imposible. Los Daga Afilada, así se autodenominaban a sí mismos, la estaban siguiendo. Su nombre constituía una especie de broma entre ellos, aunque a ella le parecía macabra. Se autodenominaban así porque normalmente mataban a sus víctimas apuñalándolas fríamente con afilados cuchillos. Era algo verdaderamente espeluznante, no es que Gea justificara los asesinatos de su propia organización, cualquier muerte constituía la privación de una vida, pero al menos ellos les brindaban cierto respeto.

La organización de Gea se llamaba Sin Nombre porque no tenían un rostro fijo. Constituida por miles de mujeres y hombres sin identidad, con nada más que un número identificativo a la completa disposición de los suyos. Ellos jugaban con eso, a esconderse del mundo y de la luz, de todo aquél que tuviera ojos. Vivían en las sombras y al margen de todo, incluso de la propia ley. Esto era algo de lo que no se podía hablar, como muchas otras cosas entre ellos, pero la realidad era esa, cuando la ley fallaba o dejaba vacíos, ellos suplían sus carencias.

El problema residía en que los últimos años, miles de organizaciones habían nacido clandestinamente aprovechándose de esos oscuros vacíos. En ellos, podían excusarse las mayores barbaridades de acciones, por eso los Sin Nombre luchaban tan a la defensiva. Defendían el mínimo impacto posible a favor de unas leyes más claras y precisas, rechazando los vacíos legales para llegar a un sistema más perfecto. Pero el resto de organizaciones, incluidos los Daga Afilada, fomentaban un mal sistema para imponer su propia autoridad. Gea jamás permitiría la existencia de esas organizaciones anárquicas al margen de la ley, tan avariciosas de poder que estarían dispuestas a todo. Para ella, en la vida había algo fundamental y sagrado, creía en la libertad y en los derechos, por eso no se dejaría manipular por resquicios legales y lucharía al lado de los suyos, a favor de un sistema justo.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

One thought on “Conspiraciones ocultas: capítulo 4 – Un cebo irresistible”

  1. R. Crespo dice:

    Ahora la confusa soy yo. ¿La han dejado libre, es un sueño o una ilusión formada por las drogas? No sé qué epnsar. ¿A qué juego quiere jugar Neeb y por qué no ha terminado confesando que en realidad ella no le dijo nada? Uy, uy, no sé qué pensar ni de Neeb ni de nada en realidad.

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