Conspiraciones ocultas: capítulo 20 – Desiertos

¡Muy buenos días! Por fin tengo el enorme placer de gritaros a los cuatro vientos que aquí está el final de Conspiraciones ocultas. Me duele en el alma decirle adiós porque ha sido una historia que nos ha acompañado durante muchos meses, pero me sentía en la obligación de escribir el punto y final. Espero que hayáis disfrutado leyéndola, por mi parte Gea y Neeb han sido una pareja impresionante que me han enseñado que los límites no existen y que las barreras están para ser superadas. Y no me quiero enrollar más, os dejo a solas con esta preciosa pareja y su final. ¡Gracias a todos de todo corazón!


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 20: Desiertos.

Neeb conducía como un loco y a marchas forzadas pero sin control. No tenía ni la más remota idea hacia dónde quería dirigirse. Había acudido a esa escondida ciudad con el propósito de encontrarse con Gea pero ahora, no sabía hacia donde debería centrar su vida. La verdad es que se había montado en ese avión para verla con el único objetivo de estar con ella y no se había llegado a plantear qué hacer si ella terminaba rechazándole. ¡Espabila! Se reprochó furioso, necesitaba volver a conectar su estúpido cerebro a su corazón cuanto antes. El problema era que parecía haberlo perdido y que se había quedado con Gea para siempre.

Lo vas a perder, Gea. ¿Realmente quieres esto? ¿Podrás vivir sin él? ¿Podrás soportar esta mierda sin Neeb?

Gea se quedó en shock sin poder evitar que su cerebro empezara a formularle esas comprometidas preguntas. Estaba descontrolada, su maldito cerebro no dejaba de jugarle malas pasadas y cada vez sentía más miedo por ese morboso interrogatorio. Había contemplado con espanto como Neeb se había alejado de ella conduciendo a máxima velocidad como si deseara arrancarla de sus recuerdos. Entonces recordó su recurrente pesadilla, esa donde se despertaba agitada y completamente sola. ¡No! Chilló una vocecita en su cabeza. ¡Muévete, estúpida! Volvió a gritarle una voz que cada vez parecía ser más fuerte. Pero Gea no se movió, se quedó quieta en esa avenida mirando hacia la nada mientras no dejaban de taladrarle esas preguntas. ¿Realmente quieres esto? ¿Podrás vivir sin él? ¿Podrás soportar esta mierda sin Neeb? Y Gea se sentó en el suelo hecha una bola y deseó con todas sus fuerzas que esa voz en su interior se callara.

—¡Cállate! ¡Tú no sabes nada! —gritó en medio la calle desesperada. Y era cierto, ella no sabía nada. Gea era una estúpida, una completa cobarde y un suicida. Ahora lo entiendo.

Horrorizada se levantó del suelo apenas sin aire en sus pulmones y corrió directa hacia su deportivo negro dispuesta a intentarlo una última vez. Esta sería la definitiva, lo intentaría con toda su alma para salvarse a sí misma se dijo mientras se respondería por primera vez con franqueza desde que lo había conocido:

Realmente no quiero esto, jamás podría vivir sin él. ¡No! No lo soportaré sin Neeb.

Después de llevar varios minutos conduciendo por extrañas carreteras y a máxima velocidad, localizó el coche de Neeb. Ella aceleró aún más su deportivo y le cortó el paso en seco obligándolo a detenerse. El frenazo resonó a través de esa desértica carretera en medio de la nada y un fuerte chirrido marcó el suelo de caucho.

—¿¡Estás loca!? —le preguntó Neeb furioso saliendo de su coche para increparla.

—Tienes razón —le contestó Gea dejando su deportivo tirado en medio la carretera para ir junto a él.

—¡Ya sé que lo estás!

—Necesito tu ayuda —se sinceró Gea sin amedrentarse. Él se tensó un poco por sus repentinas palabras y porque era la primera vez en toda su vida que le pedía ayuda verbalmente—.Nunca te he dejado acercarte pero ya no puedo más —le contestó ella a punto de soltar una lágrima—.Estoy muy cansada de esta carga.

—Entonces déjame sostenerla contigo—Gea se lo miró confundida y sin saber cómo responderle. Esa era la primera vez que se mostraba tan transparente ante alguien, tan sumamente expuesta que le escocía—.Lo sé todo sobre ti, Gea. Las consecuencias de esto escapan a nosotros.

—Pero yo…

—¡No! Tú eres una víctima más. ¡Víctima de esos cabrones que casi te matan! Ya han arruinado demasiado este mundo y especialmente a ti. Esto tiene que terminar. Si lo peor que me puedes ofrecer es vivir aquí, ¿qué me importa? He vivido una mierda de vida hasta ahora y tú me ofreces un paraíso.

—Esto es una cárcel.

—Vivir en una base inyectada por el odio, esa es la verdadera cárcel. Llevar esa clase de vida que te quita la esperanza, el futuro, las ganas de seguir viviendo.

—Tengo miedo —le susurró ella con un hilo de voz.

—Shhhh… no pasa nada, preciosa —pero ella empezó a llorar en silencio—.Tranquila —la abrazó Neeb.

—He hecho cosas horribles —le confesó entre lágrimas.

—Nunca podrías hacerlas —le dijo acariciándole la cabeza—.¿Dónde está la Gea valiente que conocí encerrada en la celda de mi base?

—Se ha convertido en una llorona.

—Llorona o no sigues siendo perfecta. Juntos podremos con esta mierda.

—¿Juntos? —preguntó para sí misma sin saber cómo sería apoyarse en alguien cuando toda su vida se había entrenado precisamente para hacer lo contrario.

—Yo tampoco tengo ni idea pero seguro que encontraremos la respuesta.

—No creo que seas un monstruo —le confesó ella con arrepentimiento. Nunca había querido decirle esas palabras. De hecho, no las creía en lo más mínimo, pero esa había sido la única manera que había encontrado para alejarlo de su lado.

—Lo soy, he matado a demasiadas personas a lo largo de toda mi vida y ni me acuerdo de sus rostros. Además, creo que mi corazón no guarda ningún tipo de arrepentimiento.

—No digas eso, sé que tu corazón se arrepiente —le dijo ella colocando su mano derecha encima del corazón de Neeb. Él se quedó callada y en silencio, no tenía el coraje suficiente para confesarle todos sus crímenes. Todos ellos eran su culpa, su lastre, una carga que ella no debería acarrear jamás—¿Crees que este es un buen lugar para empezar de nuevo? —y Neeb observó esa carretera desértica con sus dos coches atravesados.

—No lo sé, pero parece un buen lugar para intentarlo. La pregunta es, ¿querrás empezar conmigo, Gea?

Ella contempló a Neeb a los ojos, unos ojos color avellana bajo esa nublada tarde. Esa era la oportunidad que había ansiado, por la que había conducido jugándose la vida hasta él.

—Quiero empezar contigo —le contestó ella con el rostro empapado en lágrimas y una gran sonrisa.

—¿Y qué más? —ella se lo miró avergonzada. Más, sabía perfectamente a qué se refería.

—Te quiero —le susurró nerviosa.

—No te escucho, Gea.

—Que te quiero —le repitió muerta por la vergüenza y un poco acalorada.

—Creo que tengo un problema con el oído, no escucho nada —ella lo empujó por su mala broma.

—¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero! —le gritó en medio de ese lugar como si estuviera poseída mientras Neeb se reía con fuerza.

—Yo te quiero más —le soltó él con una sonrisa tan inocente que Gea no recordaba habérsela visto jamás. Parecía otro hombre, uno sin un pasado oscuro y con una vida feliz. “Felicidad” era algo que ella llevaba tanto tiempo sin sentir que ya no era capaz de recordar cómo era—.¿Te apetece dar otra vuelta en mi coche?

—¿Otra? —le preguntó levantando una ceja.

—Eres muy mal pensada —le contestó él desabrochándose de nuevo su camisa. Ella le sonrió bajo sus labios mientras lo besaba porque Neeb parecía ser tan mal pensado como ella. Quizá por eso ambos se compenetraban tan bien, porque eran justamente lo que el otro más necesitaba. Ambos se habían salvado infinidad de veces en el pasado de las formas más diversas, y por la manera en que se estaban besando en ese momento, no había duda que se protegerían siempre.

—¡Mierda! —masculló Gea mientras se dirigía al coche.

—¿Qué ocurre?

—Creo que el dueño de la cafetería va a ser muy rico —le respondió mientras recordaba el maletín olvidado.

—Y yo creo que deberías darte algo de prisa si no quieres terminar desnuda aquí afuera —ella pegó un chillido y saltó hacia el asiento trasero del monovolumen de Neeb, empezaba a cogerle verdadero cariño a ese coche y eso que solo había pasado una tarde en él.

EPÍLOGO

En una ciudad cualquiera, en un día cualquiera, en un hogar cualquiera.

—…y entonces el príncipe blandió su espada para matar al dragón.

—¡No! —la reprendió una pequeña niña de cabello castaño acurrucada en su cama—.Así no es el cuento.

—Claro que sí —le contestó su padre acariciando su cabecita—.El príncipe mata al dragón para salvar a la princesa.

—¡Que no! —le protestó su pequeña—.La princesa libera al dragón y salva al príncipe.

—Pero esto no es lo que pone aquí —le contestó su padre señalado el libro—.¿Quién te ha contado esta historia?

—Mamá —claro, suspiró su padre, solo ella podía haberle contado esa versión tan suya de ese cuento. Por supuesto en el mundo de su madre la princesa siempre era la salvadora.

—Prometo contarte mejor la historia mañana.

—Vale papi, pero no te olvides que el dragón es liberado.

—Claro, Blanca —le contestó dándole un besito en la frente—.Ahora duérmete.

—Odio que todos quieran hacer daño al dragón —contestó su hija bostezando y su padre sonrió por la inocencia de su pequeña.

—¡Neeb! —la llamó su esposa desde la puerta.

—Shh…Blanca está dormida.

—¡Mentira! Estoy despierta, y que sepas que mamá cuenta mejor las historias. Tú te las inventas —lo acusó con el ceño fruncido y Gea sonrió por las palabras de su hija.

—¡Blanca, a dormir ya! —le ordenó.

—Buenas noches —y la pequeña Blanca volvió a tumbarse en la cama mientras Neeb la cubría con las sábanas.

—¿Se puede saber qué cuento le estabas explicando a nuestra hija? —le exigió a Neeb mientras se dirigían a su dormitorio.

—No te enfades —se justificó él—.Solo leía lo que ponía el libro.

—Nada de armas ni muertes, recuerda eso.

—Vale —aceptó él.

Ambos se habían hecho una promesa en el pasado, un firme por así decirlo, para el futuro. Después de perder muchas vidas inocentes y de cargar con grandes dosis de culpa y remordimientos, se habían jurado mutuamente educar a su hija por ese sendero que a ambos les había costado tanto tomar. Para Gea y Neeb ya era demasiado tarde para muchas cosas, pero no era así para su hija.

Ella representaría una nueva esperanza para un mundo un poco mejor, sería educada sin odios ni venganzas y así, Blanca abrazaría el mundo con sinceridad. Sus padres eran conscientes que con el tiempo, su hija descubriría por ella misma que el mundo no era tan perfecto y que también podía ser cruel. Pero ahora mismo, lo que más ansiaban ellos dos era mostrarle todo aquello que ellos no habían visto en él.

Gea estaba segura que las cosas malas Blanca las aprendería con el tiempo y desgraciadamente, antes de lo que ella quisiera, pero así es como era la vida. Por eso, ella se sentía con el deber como madre de recordarle que un mundo mejor era posible y que no se trataba solo de cuentos. Le infundiría coraje a su hija para que luchara, para que Blanca pudiera intentar mejorar el mundo con las herramientas que su familia forjaría para ella.

—Gea —la llamó Neeb antes que se encerrarse en el baño—.¿Sabes que Blanca y tú sois lo mejor que me ha ocurrido en la vida, no? —ella le sonrió y se acercó a él para abrazarlo.

—¿Crees que estaremos seguros aquí?

—Claro, no deberías preocuparte —llevaban años viviendo en ese lugar remoto alejado de todos. Nadie había llegado a contactarlos nunca, pero Gea no podía evitar sentirse insegura con su hija tan pequeña—.Hemos vivido muchos años aquí sin problemas.

—¿Y sin nos encuentran? —ese era el mayor temor de ella, que un día su propia familia terminase capturada. Sabía que después de tanto tiempo aún los odiarían y se aprovecharían de Blanca para dañarlos.

—Nunca lo harán —y así sería para siempre.

Neeb ahora se ocupaba personalmente de la seguridad de su propia familia, especialmente ahora que tenían a su pequeña. Él, después de tener a Blanca, había descubierto una nueva faceta suya que creía imposible. Adoraba representar el papel de padre y pasarse los días trabajando en una monótona oficina para salir de ella y reunirse con su familia. Una vida aburrida y sencilla pero que a él le sabía a gloria. Estar con sus dos mujeres era el mejor regalo que la vida pudo haberle brindado y más, cuando había llegado a creer que esa vida no era para él. Ahora se daba cuenta de lo equivocado que había estado, en realidad no había nada imposible para nadie, solo sueños por los que luchar sin pausa para ser alcanzados. Por eso ahora estaba deseando darle una nueva hermanita o hermanito a su hija, y llenar su casa con miles de pequeños felices. Y aunque hacía años que había dejado las armas oficialmente, estaba más que dispuesto a retomarlas en cualquier momento para proteger a su nueva familia.

—Tienes razón, sé que no nos ocurrirá nada—le dijo Gea acariciándole su corto cabello.

Neeb se lo había cortado nada más empezar a vivir en ese lugar, su largo cabello le recordaba demasiados malos momentos tormentosos y por eso, deseó empezar de nuevo con todo. Precisamente eso es lo que habían hecho los dos, un reset total en sus vidas para alejarse de todo su pasado. A ella, le había dolido tener que decirles adiós definitivamente a sus abuelos, aunque desde que había entrado en esa mierda de organización tóxica, los Sin Nombre, apenas los había visto. Por eso, pensó que sus abuelos se sentirían mucho más felices y reconfortados con esa despedida que les había dado, una escueta carta donde les contaba lo feliz que sería a partir de ahora porque había encontrado definitivamente el amor.

—¿Quieres ducharte conmigo? —le preguntó Gea quitándose el camisón.

—Me ofende que tengas que preguntármelo, preciosa —le susurró Neeb mordiéndole la oreja y empujándola hacia el baño.

Esa noche ambos volvieron a demostrarse lo mucho que se seguían amando, lo mucho que su amor estaba aún creciendo a través de las paredes de su acogedora casa y lo mucho que ambos estaban dispuestos a sacrificar por su hija, para que Blanca pudiera vivir en un mundo un poquito mejor al suyo.


Queridos abuelos,

Soy Gea, sé que nunca he sido la nieta típica y cariñosa que os hubiera gustado ser, pero os juro que siempre os he querido. Sé que la pérdida de mamá os entristeció pero también sé que gracias a ella, encontrasteis el valor suficiente para educarme y cuidarme con mimo. Por eso, ahora quiero devolveros esa felicidad y deciros que soy feliz. Muchas veces quisisteis advertirme de mis malas decisiones y yo os ignoré. Quiero disculparme por ello, por todos los disgustos y lágrimas que os hice derramar. Ahora quiero que al leer esta carta sonriáis, os quiero presentar a mi amor, el hombre que fue capaz de mostrarme el verdadero significado de la vida y que me enseñó lo equivocada que había estado. Os adjunto una foto de él, se llama Neeb, es guapísimo y estoy tremendamente enamorada de él.

Prometedme que os cuidaréis mucho, yo velaré por vosotros aunque no podáis verme.

 

P.d: Esto aún no lo sabe Neeb pero creo que estoy embarazada. ¡Felicidades! Seréis bisabuelos. Quiero ponerles vuestros nombres, si es una niña se llamará Blanca y si es un niño, Víctor. Este es mi pequeño regalo para los mejores abuelos del mundo. Os quiero, Gea.

FIN

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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