Conspiraciones ocultas: capítulo 19 – Un nuevo lugar para empezar

¡Hola! ¿Preparados para otro capítulo más? Sé que alguien querrá matarme pero tengo una buena y mala noticia que daros. En primer lugar, os mentí (aunque juro que no sabía que lo estaba haciendo) porque este no será el último capítulo. El final me ha ocupado más de lo esperado así que tendré que posponerlo a otra publicación más. La culpa fue mía porque lo escribí en una libreta y al pasarlo al ordenador ¡menuda sorpresa! ¡Me ocupaba más del triple de una publicación normal! (creo que se me ha ido la pinza). Tampoco lo publico todo hoy porque me gusta mantener una extensión fija y cierta calidad en lo que publico. Como comprenderéis, tengo una vida, y si cada vez voy alargándome más y más llegará un momento en que no podré dar abasto. Así que he decidido publicar hoy esta primera parte y dejaros con el final auténtico para la próxima semana (SEGURÍSIMO que ese será el final definitivo, ya lo tengo escrito XD). Perdonad las molestias y espero que este pequeño detalle no os nuble la conclusión de la historia. Creo que Gea y Neeb se merecen un gran final, y este es el final que me sale de todo corazón escribirles. ¡Besos!


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 19: Un nuevo lugar para empezar.

Gea estaba ansiosa, desde que había recibido ese mensaje de James, se había sentido intranquila sin saber qué esperar. Él tampoco le había facilitado las cosas, y se había limitado a responderle que se encontrarían dentro de siete días exactos en una cafetería cercana donde actualmente residía. A ella, que quisiera quedar dentro de una semana no le había extrañado en absoluto, actualmente vivía lejos, a bastantes quilómetros de su antigua ciudad y en total reclusión.

Ese había sido el único lugar en el mundo donde Gea había encontrado amparo y protección después de haberle plantado cara a un gobierno entero. Así que ahora, después de haber desmantelado una red de corrupción tan grande, se había ganado a pulso a bastantes enemigos de ámbito internacional. Muchos de los acusados por Gea estaban ansiosos por atraparla y acusarla de cualquier delito, falso o real, para que terminase sus días encerrada en algún calabozo con ellos. La única diferencia es que a Gea no le quedaban los suficientes contactos ni amigos metidos dentro del sistema para que protegerla de todas las barbaridades que querrían hacerle esos delincuentes sin escrúpulos. Así que podría decirse que había terminado en una posición delicada donde podría terminar devorada por sus propios leones si daban con su escondite.

Una semana a ella le había parecido un tiempo prudencia para que James lograse llegar hasta su localización de manera impecable sin levantar sospechas. A ella no le gustaba demasiado exponerse de semejante manera y arriesgarse, pero también era consciente que James no era estúpido ni temerario, y después de lo que ella había logrado, parecía respetarla un poco, lo suficiente al menos como para no querer lanzarla a esos leones sin un motivo convincente.

A las cinco en punto Gea se encontraba en la cafetería acordada tomando un té mientras no dejaba de mirar por la ventana. Era un día nublado, una mezcla inquietante entre un día caluroso con un ambiente apagado. El tiempo en ese país era verdaderamente pésimo, y esos patéticos días de bochorno parecían ser el mejor clima que su nuevo hogar pudiera ofrecerle a sus habitantes. Nunca hacía sol allí, no al menos el sol resplandeciente que estaba acostumbrada bajo un manto perfectamente azulado.

—Hola —la saludó James vestido con una larga gabardina azul marino.

—Buenas. ¿Cómo estás? —le preguntó Gea mientras él se la desabrochaba.

—Bien, gracias. ¿Y tú?

—Podría estar peor —le contestó ella mostrándole elocuentemente la taza de té.

—Seré breve, no tenemos mucho tiempo. Esto te pertenece —le dijo arrastrando por el suelo un maletín negro. Ella lo notó chocar contra sus piernas y le brindó una patada para devolvérselo.

—No lo quiero.

—No me importa, es la parte que te corresponde por la disolución de la organización. Haz lo que quieras, dónalo o quémalo.

—De acuerdo —sentenció ella, seguramente encontraría una buena causa para donarlo.

—Y esto es de parte de Neeb —Gea se tensó nada más escuchar su nombre, hacía tanto que nadie le hablaba de él ni mencionaba su nombre, que bien podría tratarse de un espejismo—.No te tenses, no le he contado nada —y James depositó encima la mesa una pequeña caja marrón de cartón que ella acarició distraídamente con sus yemas—.Necesitaba entregártelo en persona para que nadie pudiera rastrearlo, ahora ya no tenemos temas pendientes. Que tengas suerte en tu nueva vida —y él se levantó para esfumarse junto a  su gabardina azul marino.

—¡Espera! Gracias por cuidarlo, sé que a tú lado estará bien —James suspiró mirándola con sus ojos claros.

—Creo que tú no sabes nada, Gea —le contestó con el rostro serio y una mirada de hielo cortante. Esa fue la última vez en toda su vida que lo vio, a James, un enemigo o quizá amigo del que no estaba muy segura. Seguramente como enemigo la había odiado más que ninguno, y como amigo, la había ayudado más que cualquier otro amigo que hubiese tenido en el pasado. James había sido un hombre complejo para ella del que conservaba cierto aprecio y respeto, aunque jamás podría olvidar su primer fatídico encuentro.

Gea se quedó sentada en esa mesa de la cafetería sin atreverse a levantarse. Observó la pequeña cajita marrón colocada al lado de su taza de té e intentó imaginar qué podría ser. Entonces la abrió muy despacio como si con ella pudiera sentir a Neeb una última vez y le pareció notar cierta añoranza que le recorrió los brazos hasta llegar a su corazón.

Al abrir esa caja de cartón se encontró con un plástico protector que apartó con cuidado para hallar un reproductor de música con unos cascos. Sacó de su envoltorio el aparato y enchufó los auriculares sin estar preparada mentalmente para encenderlo. Pero sus dedos impulsivos le dieron al play antes que su cerebro pudiera detenerlos y su corazón se heló por completo al escuchar su voz.

Hola Gea” empezaba la grabación metida en ese aparato. Su voz a través de los auriculares le parecía más intensa y cercana. También la notó más pausada de lo normal y que le hablaba con cierta timidez. “Creerás que estoy loco por mandarte esto, pero las cartas nunca han sido mi estilo”. Gea sonrió ante ese comentario, le resultaba imposible imaginárselo escribiendo una. Neeb era demasiado directo, impaciente y exigente como ella. Eran personas acostumbradas a tomar las cosas antes de preguntar por eso, una carta entre los dos hubiera resultado ridícula.

Por eso he pensado en esto, necesitaba despedirme de ti, la última vez” la grabación hizo una pequeña pausa y ella luchó para dejar de recordar la última imagen que guardaba de Neeb tumbado en esa cama herido. “La última vez estaban tan jodido que casi no me acuerdo de nada. Quiero darte las gracias, Gea. Has salvado a tantas personas que estoy seguro que no eres consciente”. Eres un dramático, pensó ella con los ojos en blanco.

Sé por qué te llevaste mi mochila con la bomba. Tenías razón, como siempre” y ella lo escuchó sonreír a través de ese aparato. No sabía muy bien el motivo, pero estaba segura que en ese momento había pronunciado esa frase con una sonrisa de orgullo entre sus labios. Había sido muy sutil, una leve carcajada que solo de imaginársela a Gea se le oprimía el pecho y le costaba respirar.

Pero quiero que a partir de ahora seas más cuidadosa con tu vida, tú también eres importante, y aunque ahora estés a saber donde, siempre habrán personas que se preocuparán por ti en el mundo”. A ella esas palabras le resultaron muy reconfortantes, aunque no pudiera salir disparada hacia sus brazos para besarlo, saber que él estaba en algún lugar preocupado, la consolaba. Ella también se preocuparía de Neeb siempre estuviera donde estuviera.

Gea, ahora necesito que hagas una última cosa por mí”. Pídeme lo que quieras si es la última, pensó con anhelo. “Gírate” le exigió el reproductor quedándose en silencio.

Ella en un principio no terminó de comprender su orden hasta que su mente repitió esa palabra ¡gírate! Y muy lentamente se volteó en medio de esa cafetería con cierta esperanza hacia lo desconocido y sintiéndose estúpida.

A Gea se le cayó el reproductor al suelo nada más reconocerlo en la puerta de la cafetería con una gran sonrisa en su rostro. ¡! ese hombre grande, musculado, de melena desenfadada y mirada penetrante la estaba saludando desde la puerta como si nada. Ella corrió desesperada hacia él para abalanzarse entre sus brazos.

—Hola, preciosa —la saludó Neeb levantándola del suelo para besarla intensamente.

Ella no le respondió porque no podía creerse lo que estaba viendo, ¡su Neeb estaba allí con ella! Estaba incluso más guapo de lo que recordaba, llevaba su habitual melena castaña suelta y sus ojos le parecían mucho más atrayente. Iba vestido con una camisa vaquera y unos pantalones negros que deseó quitárselos nada más tocarlo.

—Estás perfecta —le dijo él acercándosela aún más para besarla de nuevo. Él sí que estaba perfecto, era el hombre perfecto para ella.

Olía a una mezcla de perfume y a su propia fragancia que le resultó muy agradable y masculina, y sus besos, ¡sus besos! Seguían siendo los mejores. Desde el principio se habían sentidos atraídos el uno por el otro y parecía que lo suyo no había disminuido ni un ápice con el tiempo.

—Neeb —lo llamó para asegurarse que fuera él mientras introducía su lengua en su boca.

—Tengo el coche fuera —le respondió él comprendiendo su problema.

Gea siguió a Neeb hasta su coche mientras él no dejaba de tirar de su brazo sin soltarla. Parecía como si él mismo estuviera asustado de Gea, por si en cualquier momento ella pudiera arrancar a correr en dirección contraria.

—Es este —le informó accionando su llave mientras las luces del monovolumen parpadeaban. Ella aprovechó ese instante para abrazarlo por la espalda, Gea tenía miedo, más que eso, sentía pánico a que pudiera esfumarse como en sus pesadillas. Pero solo necesitó abrazarlo para serenarse un poco, su espalda era ancha y grande, y le resultó completamente reconfortante y segura. Gea suspiró de auténtico placer mientras notaba la respiración agitada de Neeb.

—Como sigas así —le advirtió él dejándose acariciar.

—¿Qué? —lo desafió ella mientras él la empujaba suavemente contra su coche.

—Tendré que refrescarte la memoria y mostrarte cómo empezamos.

—Creo que un poco de repaso me iría bien —lo provocó abriéndose su escote.

—Deja que repasemos punto por punto —le sonrió masajeándole el culo.

Gea abrió juguetonamente la puerta trasera del coche y saltó literalmente hacia el asiento mientras notaba como él se colocaba encima de ella y cerraba la puerta. Ambos empezaron a besarse salvajemente acurrucados en la parte trasera del monovolumen mientras él se deshacía de su camisa vaquera.

—Eres tan perfecta —le susurró Neeb acariciándole los pechos por encima de la camiseta.

Ella se perdió otra vez en ese hombre de la misma forma que había hecho en el pasado. Solo él podía hacerla sentir tan inexplicablemente bien por una caricia, tan segura y a la vez querida y amada, que no se consideraba en absoluto merecedora de ello. Solo Neeb la miraba de esa manera tan anhelante por estar con ella como si fuera la persona más valiosa de la faz de la tierra. Para ella, él sí que lo era, la persona por la que estaba dispuesta a darlo todo.

—Hazme tuya de nuevo —le susurró desabrochándose el sujetador.

—Yo ya soy tuyo —le respondió Neeb contemplándola.

Gea se lo miró con el torso desnudo mientras él la apresaba contra el asiento trasero del coche. Un torso musculado y grande pero demasiado magullado y dañado por infinitas peleas y violencia. Tampoco a ella le pasó desapercibida la gran y tosca cicatriz de su torso, y entonces recordó que esa era la señal de un milagro real. De esa vez que había creído casi perderlo, pero que había regresado a la vida por ella. Gea tocó la cicatriz para intentar borrar ese feo recuerdo de su mente y él le agarró la mano dejándosela firmemente encima.

—Eso es el pasado —le contestó leyéndole la mente, y le bajó la mano sutilmente  hacia su cinturón—.Y este es el presente —le sonrió desabrochándoselo.

Ella soltó una pequeña carcajada por su chulería y no pudo evitar preguntarse que si aquello era su presente, qué demonios sería su futuro. Pero Gea apenas tuvo tiempo de darle vueltas al tema porque Neeb ya se encontraba con los pantalones bajados y muy dispuesto a inundar su mente con otro montón de eróticas fantasías.

Gea no creía ser merecedora de un futuro y mucho menos de uno al lado de ese hombre que se encontraba cerrándose los pantalones a su lado.

—¡Ey! —la llamó él sin saber muy bien cómo continuar.

—No hace falta que me digas nada.

—Pero…. —Neeb se quedó callado y la miró furioso—.¡Sabes que nunca he sido bueno con las palabras!

—Te he dicho que no digas nada.

—¿¡Nada!? ¿A caso no entiendes por qué estoy aquí?

—Cállate, por favor.

—Vine a buscarte, a estar…

—¡Basta! Me largo, olvídate de esto —le gritó ella saliendo del coche donde hacía apenas unos minutos habían hecho el amor como si se les fuera la vida en ello.

—¡Vas a escucharme! —la atrapó Neeb agarrándola por el brazo.

—Voy a irme, no quiero estar aquí.

—¿Y por qué diablos te acabas de acostar conmigo?

—¿Quieres la verdad? —él afirmó con la cabeza—.Te lo dije en el pasado, eres extremadamente bueno en el sexo —él masculló algo cabreado.

—¡Una mierda! ¿De verdad vas a darme esa excusa tan patética?—pero Gea no le contestó—.Por dios, podrías buscar algo mejor.

Ella se quedó callada observando el brazo que la mantenía retenida y sin saber cómo diablos mentirle. Desde que lo había visto en esa cafetería se había vuelto loca, loca por tocarlo, sentirlo de nuevo entre sus dedos y hacer el amor con él. Lo suyo siempre había sido así, complicado y complejo en su envoltura pero extremadamente directo y complaciente en el fondo.

—Dime la auténtica razón y te soltaré —la amenazó Neeb. Ella apartó la vista acorralada y asustada mientras observaba la calle transitada de personas, ¡por ellos! Para salvar a una infinidad de personas había sacrificado su vida, su seguridad y su libertad.

—No puedo salir de este país.

—Por eso estoy yo aquí —le contestó él como si no le importase.

—¡Nunca podré salir de aquí! —le gritó como si él no lo hubiese entendido.

—No necesito ir a ningún sitio sin ti.

—¿Pero no lo entiendes? Terminaré muerta —y Neeb le sonrió de la misma forma temeraria que lo había hecho en el pasado.

—¿Te crees que a mí no me quieren matar? No estás sola, siempre he estado a tu lado.

—Así no deben ser las cosas —le suplicó ella para que se callara. En ese momento sentía como si alguien estuviera clavándole un fino y largo punzón justo en el centro de sus sentimientos.

—Siempre he intentado ayudarte pero tú nunca lo has considerado, ¿verdad?

—Nunca —le mintió. Nadie podía salvarla, el precio para hacerlo era tremendamente elevado para ayudarla, a ella, a alguien que había cometido demasiados errores en el pasado y no era más que un tremendo problema en el mundo.

—Nadie puedo ayudar a quien no se deja —sentenció Neeb.

—Cierto, por eso debes irte, déjame sola en esta pequeña jaula que me he creado.

—Eso es muy injusto para ti.

—¿Injusto? La injusticia es estar aquí cuando debería estar encerrada en una cárcel.

—Y yo.

—¿Entonces por qué estamos aquí fuera?

—Porque hay otros peores.

—¿Y qué? Una vida es siempre una vida. Matar, asesinar, nada es justificable.

—¡Pero estábamos obligados!

—Claro, oportunamente obligados a hacerlo. ¿Eso te ayuda a dormir por las noches?

—¿Qué quieres decir?

—Que este es mi precio por mi lamentable vida. Viviré aquí encerrada intentando limpiar todos los desastres que cometí en el pasado.

—¿Y yo?

—Deja de ser tan egoísta y salva el mundo, Neeb.

—¿Contigo?

—¡Despierta! Tú, yo, ¿qué importa? ¿Tan siquiera eres capaz de recordar los rostros de todas las personas que asesinaste? —Neeb se quedó petrificado, abrió muchos sus ojos y soltó a Gea como si alguien acabara de accionar una palanca en su subconsciente.

—Eso ha sido verdaderamente cruel.

—Pero es la verdad —lo remató ella temblando de dolor por dentro. Aguanta un poco más Gea, pronto se irá y podrás llorar su ausencia para siempre.

—Entonces eres libre, huye de este monstruo que ha asesinado a tantas personas sin rostro —lo he hecho, se horrorizó ella solo de pensarlo.

Por fin Gea lo había logrado, el dolor acababa de aparecer en los ojos de Neeb y lo había recubierto de una sólida rabia. Aunque era casi imperceptible en su rostro, ella lo conocía mejor que nadie, esa falsa compostura era solo eso, una máscara inventada para ocultar su profundo dolor. Pero ese era la única manera para que la dejara tranquila, herirlo emocionalmente tan hondo, para que la odiase para siempre.

—Cuídate —se despidió ella dándole la espalda mientras le saltaban las lágrimas.

—No me digas nada. Te quiero, Gea, solo quería que lo supieras.

Neeb pronunció esa amorosa palabra como si fuera la última bala de su recámara dispuesta para matarla. Ella no se atrevió a girarse, ni siquiera se movió, escuchó que Neeb se subía a su monovolumen y salía disparado a toda velocidad para desaparecer de su vista.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

4 Comments

  1. vero 11/06/2015
  2. Clover Clover 11/06/2015
  3. vero 11/06/2015
  4. Clover Clover 11/06/2015

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