Conspiraciones ocultas: capítulo 17 – Reconstruyendo una vida rota

¡Buenos días! ¿Cómo os va la semanita? La mía con unas ganas inmensas de publicar este el capítulo (y el que vendrá después). Me encanta escribir esta clase de capítulos porque son un auténtico torbellino. También os quería dar las gracias porque poco a poco el cuaderno se está transformando en el cuaderno de todos vosotros. No sabéis lo contenta que estoy, de todo corazón ¡gracias por vuestro apoyo!


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 17: Reconstruyendo una vida rota.

Neeb despertó desorientado, no sabía ni qué hora era ni dónde se encontraba. A su alrededor todo se encontraba oscuro y en calma, y sólo era capaz de escuchar el débil pitido de una máquina. Entonces comprendió que se encontraba en la habitación de un hospital, concretamente en la sala para pacientes de su propia base. Nervioso, intentó incorporarse, pero su cuerpo no le respondió.

—¡Mierda! —murmuró al notar una fuerte punzada en el estómago.

—¡Neeb! —lo llamó la voz familiar de James—.¿Cómo te encuentras, amigo? —le preguntó mientras le tendía un vaso lleno de agua. Él lo aceptó sin rechistar porque notaba la boca pastosa y sabía que debería beber cuanto antes para eliminar la anestesia de su cuerpo.

—Horrible —le contestó después de terminarse el vaso.

—Perdiste mucha sangre. Esos cabrones te atraparon bien —pero él no le contestó.

Neeb recordaba perfectamente lo que le había sucedido antes que hubiera podido llegar a volar la base de los Sin Nombre. Ni siquiera los había visto venir ni los había escuchado, solo había notado un dolor punzante en el estómago sin comprenderlo del todo. Después de eso, le habían seguido disparando con tal cantidad de balas que había sentido un dolor tan intenso en sus entrañas que había deseado caer muerto al instante. Por desgracia, había caído al suelo, un suelo demasiado frío y húmedo, sin posibilidad alguna de huida pero completamente consciente. Disparos, había escuchado multitud de disparos de unas pistolas automáticas apuntándole de todas direcciones. Él se había alegrado acurrucado en el suelo porque esta vez estaba clarísimo que terminaría muerto, pero entre ese caos de disparos y al filo de su vida o casi muerte, alguien lo había llamado y lo había arrastrado de vuelta a lo que a él le había parecido el infierno. Había notado que un hombre tiraba de él como un saco de patatas por esos pasillos enemigos hasta que Neeb no lo había aguantados más y había cerrado los ojos cansado.

Para él solo había sido un momento, un instante para tomar aliento para lo que fuera que la muerte le deparara, aunque al despertar se había encontrado tumbado en la sala de quirófano de su base. Sabía perfectamente que esa era su base porque James se había encontrado a su lado gritándole desesperadamente. Su amigo, lo había contemplado con tal mueca de horror que lo había sabido al instante, nada de lo que allí pudieran hacerle ese día lo salvaría, era tarde, demasiado tarde para ganarse otra oportunidad.

¿Creías que te dejaría solo? Le había preguntado su amigo con los ojos acuosos. En ese momento él había deseado sonreírle por sus palabras y lo hubiera hecho, si no hubiera sido por el dolor agudo que sentía por dentro. Al menos le reconfortó saber que se iría con la sensación apacible que al final había hecho algo correcto con su vida y había salvado a James. Pero entonces, había recordado a alguien más que deseaba salvar.

Gea se había acercado a él en medio de esa sala de quirófano y lo había mirado asustada, lo sabía por la forma en que le temblaban las manos y sus ojos desenfocados. Por eso, él se las había sujetado con firmeza aunque no le quedasen apenas fuerzas. Lo siento, se había disculpado él por todo el sufrimiento que le había causado de nuevo. Ella entonces se había limitado a besarlo. ¡Oh sí! Un suave y delicioso beso que aún podía recordar. Por alguna razón a él le había parecido mucho más íntimo e intenso, como si fuera en cierta manera su primer beso real, y aunque quizá su lamentable estado al borde del abismo lo había hecho alucinar, aún podía saborearlo cada vez que lo recordaba. Después Gea se había acercado a su oreja y él había decidido tomar sus últimas palabras como un regalo con sabor a gloria para el más allá: No, Neeb, perdóname tú a mí pero necesito hacerlo.

Pero al escuchar esos suaves susurros se había tensado, ¡se equivocaba! Gea estaba completamente equivocada. Aquello no había sido para nada un regalo, sino más bien la sentencia de muerte para ambos. Tumbado en esa cama había intentado sujetarla  para retenerla, pero sus patéticas y débiles manos no lo habían obedecido. Había luchado con todo lo que había podido para ser más fuerte en ese maldito momento, pero su brazo se negó a salvarla. Había intentado saltar de su cama para ir a buscarla al ver que Gea se escapaba por la puerta, pero su cuerpo no había respondido a ninguna de sus plegarias, ¡a ninguna! ¡Nada! Y en su lugar, su cuerpo mal herido se había quedado exactamente donde todo había empezado sin hacer el mínimo movimiento. En ese momento frenético había intentado buscar desesperadamente a James para que hiciera algo, pero él solo le había respondido con su llanto mientras su mundo se iba desvanecido por completo. Entonces Neeb había gritado de pura impotencia, porque la iba a mandar de vuelta a su pesadilla. ¡No podía irse! Ella no podía irse de nuevo

Después de eso Neeb no tenía ni la más remota idea de lo que le había ocurrido, lo único que sabía con claridad es que por alguna especie de milagro inmerecido, había sobrevivido a esa peligrosa operación, pero no tenía ni idea de las consecuencias.

—¿Y Gea? —le preguntó con fiereza mientras James dejaba el vaso vacío—.¿Dónde está? —empezó a impacientarse.

—Cálmate.

—Dime algo de ella o sino —lo amenazó intentando levantarse.

—¡No sabemos nada de ella!

—¿¡Qué!? —James intentó peinarse sus cabellos rubios alborotados.

—Desde que se fue de aquí, intentamos seguirla pero le perdimos el rastro.

—¿Le perdisteis el rastro? —le preguntó alterado.

—Sabes que ella es muy buena en su trabajo.

—Pero es humana, sabes que el plan —entonces recordó esa basura absurda de plan—.Mi plan era una mierda suicida.

—Ella lo sabía —intentó reconfortarlo su amigo.

—¿Y qué? —entonces Neeb intentó ponerse en pie para ir a buscarla pero el cuerpo no le respondió. ¡Maldita sea!

—¡Te acaban de operar a vida o muerte, no puedes moverte! —pero él ya no lo escuchaba, solo estaba concentrado en salir de esa cama. Logró después de mucho esfuerzo lanzar su pierna derecha al suelo y usó su cama de apoyo para incorporarse. Notó el suelo helado bajo su pie desnudo en esa habitación que apestaba a medicamento por todos lados. Entonces intentó apoyar el pie izquierdo para impulsarse con sus brazos y lanzarse hacia la puerta. Neeb casi logra caerse al suelo si no es por James que lo había sujetado a tiempo—.Vuelve a la cama, la están buscando —Neeb lo miró intranquilo sin saber qué hacer—.Las malas noticias vuelan, eso debería hacerte sentir más tranquilo.

Cierto, si Gea ya estuviera…En fin, si ya no estuviera con ellos lo sabrían. De momento James le había asegurado que la bomba no había estallado ni tampoco parecía haber habido ningún tipo de ataque anormal hacia los Sin Nombre. Él volvió a tumbarse tal como le había recomendado su amigo y se fijó que su venda se había manchado de sangre.

—Iré a avisar al médico —le dijo James.

Neeb se sintió impotente. Muy impotente por no poder salvar a nadie, ni por poder salvarla a ella. Se frotó el rostro agotadísimo por solo haber intentado levantarse ¡Estoy acabado, ni siquiera puedo salvarme a mí mismo!

La recuperación de Neeb fue lenta, exasperante y en resumen para él, una completa mierda. Cada día, hora y minuto que se pasaba metido en esa base, se iba poniendo más nervioso. Desde que Gea se había ido por su cuenta no había sabido nada más de ella y aunque todos los hombres de Neeb le prometían que hacían todo lo posible para buscarla, a él le había sabido a poco. No saber nada de ella después de meses lo desesperaba, si estaba con vida, ¿por qué no contactaba con él? Y entonces, se daba cuenta que la otra opción era tan escalofriante incluso para imaginársela, que mandaba a más hombres para que la buscaran. A esas alturas, su plan de venganza había quedado reducido a un segundo término, sus prioridades eran claras, y no seguiría con ello a no ser que le sirviera para encontrar a Gea.

De hecho, ya ni se acordaba para qué demonios había querido vengarse con tanta desesperación, precipitar los acontecimientos y mandarlos todos a ese precipicio en el que Gea había terminado cayendo. La venganza ya se había llevado demasiados vidas, esperanzas e ilusiones, ¿a caso no terminaría nunca?

Ahora observaba a su gente y le parecían otros, los veía con un presenta y un futuro, con oportunidades, y no como meros seres cargados de odio y rencor. Eso en definitiva había sido lo que había querido mostrarle Gea siempre. Y aunque ella había sido la última en formar parte de los Daga Afilada, paradójicamente también había sido la que los había comprendido mejor que nadie.

Su gente lo escuchaban casi como un dios, sentían un profundo aprecio, respeto y agradecimiento por Neeb, en cambio él, ¿qué les había dado? Luchas, sangre y odio. Un odio tan arraigado a las entrañas de todos que se esparcía como la pólvora a través de los pasillos de su base. Ese no era una forma para vivir, porque ahora sí estaba completamente convencido de ello, lo que habían hecho hasta ahora no se podía considerar vivir sino más bien sobrevivir.

—¿Neeb? —lo llamó James mientras él se encontraba en la sala de recuperación.

—Gracias —le contestó aceptando la toalla para secarse.

—¿Cómo lo llevas?

—Mejor, ya no me da tantos problemas para dormir —por culpa de las múltiples lesiones internas, las primeras semanas se las había pasado en cama a base de pastillas para el dolor.

—Eso es bueno, pronto volverás a ser el que eras.

—No, ya nunca podré volver a serlo.

—Tonterías, dices esto porque ahora…

—James —lo cortó delicadamente agarrándole el brazo—.Las cosas han cambiado —y así era, él no podía cerrar los ojos a su nueva conciencia ni a sus nuevos principios que había creído muertos.

—Ella te ha hecho débil —le escupió su amigo.

—Te equivocas, me ha hecho humano.

—¿Y qué?¿Pretendes olvidarte de todo ahora? ¿Fingir como si nunca hubiese ocurrido?

—No, eso sería imposible. Pretendo usar otros métodos menos desesperados. Podemos terminar con esto pero sin derramar más sangre inocente.

—¿Inocente? ¡Ellos van a querer matarnos!

—Les demostraremos que nosotros somos distintos.

—¿A caso te has olvidado de lo que le hicieron a mi mujer? —Neeb no le contestó. Por supuesto que no se había olvidado, y solo necesitaba ver el sufrimiento en los ojos de James para recodarlo. Pero ese no era el camino en absoluto para los que vivían en la base, el camino que su amigo pretendía tomar no les llevaría a ninguna parte, era un camino teñido de muerte y autodestrucción sin opciones—¡Yo no! —le gritó furioso empujándolo para que reaccionara.

—James —le susurró Neeb partido por el dolor.

—¡Cállate! Tu no lo entiendes porque no tienes familia —a él esa afirmación le dolió en lo más hondo de su corazón pero sabía que James solo se lo decía para desquitarse.

—Tienes razón, pero sabes que siempre desee tenerla.

Neeb dejó a su amigo solo. James necesitaba reflexionar y asumir ese nuevo camino. Sabía en lo más profundo la verdadera razón por la que se negaba a tomar ese aliento, le ocurría lo mismo que a él le había ocurrido en el pasado, James no se consideraba merecedor de otra oportunidad, le asustaba tremendamente sentirse de nuevo feliz sin su mujer a su lado, y por eso se negaba a aceptarlo.

Aunque Neeb no había conocido a su esposa, sabía perfectamente cómo sería su amor, el mismo que él sentía en ese momento por Gea. La misma sensación inexplicable pero tan intensa que estaba allí como si hubiera estado siempre. Si Gea había logrado infundirle valor a él, Neeb no albergaba dudas que James encontraría la voz de su esposa en sus recuerdos, esa voz amorosa y cálida que lo recibiría con una sonrisa y lo instaría para ser de nuevo feliz.

Gea, se lamento por enésima vez. Desde que había despertado de su operación Neeb casi vivía obsesionado por ella. Necesitaba verla, saber que estaba bien y decirle todo aquello que había reprimido. Ahora entendía todo lo que más le había dolido a ella y por qué había intentado terminar su misión. Ella había apartado a Neeb de esa locura condenada al fracaso para salvarlo y para él, esa había sido la prueba definitiva que necesitaba para confirmarle sus sospechas: que Gea sentía algo por él, algo que pretendía aclarar. Se aferraría a ello como un clavo ardiente ahora que lo había descubierto, porque ya no era capaz de partir su corazón y olvidarse de ella, ya no era capaz de ignorarlo, y a ella debería sucederle lo mismo.

Cuatro días más tarde Neeb se encontraba revisando la correspondencia cuando le llamó la atención un sobre completamente blanco sin remitente. Lo abrió intrigado mientras leía una frase corta:

Lo he hecho

¡NO! Gritó con todas sus fuerzas ante esa afirmación, eso no podía ser cierto. Lanzó la nota hecho una bola y salió pitando de su despacho. La confirmación de todas sus pesadillas en tan solo tres míseras palabras.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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