Conspiraciones ocultas: capítulo 16 – Yo voy a vengarte

Aloha, hoy regresamos a la carga con un nuevo capítulo de Conspiraciones ocultas. El capítulo 16 trata sobre un tema que siempre me ha parecido muy interesante: la venganza. Me gusta mucho escribir sobre pasiones tan extremas, y encima Gea y Neeb al ser dos personajes tan radicales me permiten explotarlas al máximo. Descubrid hasta dónde son capaces de llegar por sus principios. ¡Feliz día!


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 16: Yo voy a vengarte.

El rencor consume a las personas, las abrasa de la misma forma aterradora que lo hace la lava en una erupción, sin control ni medida, tan irrefrenable e impredecible que cuando uno llega a ser verdaderamente consciente de su magnitud, habría deseado no haber despertado jamás.

Por eso regirse por la venganza resulta tan peligroso, ese mal enfermizo nos cala por dentro y supone una mera ilusión confusa entretejida entre nobles principios. ¿Pero a qué precio? ¿Serías capaz de arrojarlo todo por la borda para conseguir eso que llaman venganza?

 

—¿De verdad pretendes hacerlo, Neeb? —le preguntaba Gea jugueteando nerviosamente con su bolígrafo.

—Te lo he dicho, no hay otra opción —le contestó su jefe repasando unos mapas.

—Pero tiene que existir otra forma de hacerlo, esto es demasiado arriesgado incluso para ti —sus intentos para hacerlo entrar en razón resultaban inútiles, su jefe ya no le prestaba atención, se encontraba inmerso en su plan para destruir a los Sin Nombres y Gea había quedado reducida a ser un mero objeto decorativo del despacho. Frustrada, decidió abandonar su despacho al comprender que él ya había tomado una decisión.

—Intenta razonar con él —le suplicó a James nada más encontrárselo en los pasillos.

—¿Perdona? —le preguntó éste con sarcasmo como si no la entendiera.

—Su plan es una locura —entonces él le mostró una sonrisa—.¡Deja de reírte! ¿Sabes que será él el que terminará muerto? —entonces James dejó de sonreírle y su rostro se transformó en una máscara sin expresión.

—No voy a dejar que eso ocurra —le contestó con fiereza.

—Más te vale cumplir con tu palabra —le escupió Gea enfadada.

Sin duda los Daga Afilada se habían vuelto locos de remate. El problema ya no era que su jefe estuviera dispuesto a llevar a cabo un plan disparatado, sino que encima todos los miembros de la organización parecían encantados y dispuestos a seguirlo. ¿Es que allí dentro nadie veía el riesgo que tendría que correr Neeb? Él solo tendría que hacer prácticamente todo el trabajo sucio sin ningún tipo de garantía. Suspiró, ese hombre la estaba exasperando cada vez más. ¿No veía que su plan era un imposible?

Ella lo sabía mejor que nadie, el plan estaba evocado al fracaso desde el principio. No entendía cómo ese hombre inteligente, fuerte y que años atrás había trabajado por los Sin Nombre, pretendía realmente tener una mínima oportunidad con un planteamiento tan ilógico. Horrorizada, cerró la puerta de su habitación de un portazo y gritó de pura impotencia. ¿Con qué derecho él iba a lanzarse a un plan suicida cuando apenas unos días atrás se lo había prohibido a ella?

—¡Te odio! —gritó golpeando el colchón de su cama con tanta fuerza que a punto estuvo de romperlo.

—¡Vaya! Menuda bienvenida —ella se giró con los ojos inyectado por la rabia y se encontró con Neeb que la había seguido.

—¿Qué haces aquí? ¿No tienes trabajo? —le preguntó claramente enfadada.

—Me apetecía hacer otras cosas más interesantes.

—Pues esta noche deberás buscarte a otra —pero él en lugar de mostrarse molesto por su comentario se rio. De hecho, esa era una cualidad que le encantaba de ella. Podía ser tan directa, franca y sin filtro, que resultaba un soplo de aire fresco mezclada entre tanta intriga y secretos.

—¿Me estás rechazando? —le preguntó él cerrando la puerta de la habitación.

—¡Vete! —le gritó arrojándole la almohada. Él la apartó con su mano dejando que se cayera al suelo y soltó una gran carcajada. Cuanto él más se reía ella más furiosa se sentía, y empezó a temblar.

—¿Seguro? —le preguntó para provocarla.

—¡Te odio! —volvió a gritarle hasta que él se acercó a ella para sujetarla—¡Déjame! —le susurró empujándolo con fuerza y él se apartó.

—Sabes que no puedo hacer otra cosa.

—¡Ese es el problema! Sí que puedes. Puedes elegir, pero parece que para ti solo existe una opción.

—Sabías que las cosas serían así desde el principio.

—Lo sabía —entonces Gea se giró para darle la espalda, no quería mirarlo, no cuando estaba a punto de admitir más de lo que realmente quería—.Nunca pensé que me ocurriría esto, sentirme tan extraña y estúpida a tu lado.

—Gea —le susurró él acariciándole la espalda.

—No, vete por favor. Si vas a seguir con esta locura, no quiero estar a tu lado —él se quedó callado y Gea tuvo que morderse literalmente la lengua para no saltar a sus brazos y suplicarle entre lágrimas que se quedara a su lado.

—Lo siento, pero necesito hacerlo —esas fueron sus últimas palabras antes que Gea escuchara la puerta cerrarse.

Ella empezó a llorar en silencio sin creérselo, las cosas no podían terminar así de mal, él no, susurró.

Tic-tac, tic-tac, segundos, minutos y horas. El tiempo es relativo a al menos, eso es lo que dicen, pero la verdad es que en ese momento para Gea el tiempo era tremendamente eterno. ¡Te odio! No dejaba de repetirse mentalmente tumbada en su cama y cuanto más se lo repetía menos se lo creía, ¡Te…! Pero ya no era capaz de recordar por qué lo odiaba… te necesito a mí lado idiota, se dijo limpiándose el rostro antes de abandonar su habitación.

Corrió desesperada hacia el despacho de Neeb con la esperanza de perderse entre sus brazos una última vez, pero se lo encontró vacío. ¡No! No podía haberse ido tan temprano, ella había creído que al menos se esperaría hasta la mañana. ¿Y si realmente ya había empezado su misión suicida? Entonces se dirigió hacia el despacho de James con el corazón a punto de estallarle del pecho y sin ser capaz de procesar nada. Con cada paso que daba notaba su corazón más acelerado y se preguntó hasta qué punto sería capaz de aguantar su corazón ese ritmo frenético sin quebrarse.

—¿Dónde está Neeb? —le preguntó sin llamar a la puerta—.¿Dónde está? —volvió a exigirle.

—Vaya, por fin te dignas a aparecer.

—No te hagas el diplomático y contéstame.

—¿Sabes? Tendríamos que haberte matado el mismo día que Neeb te trajo aquí.

—¿Crees que eso me importa ahora? —ella se rio dirigiéndole una mirada llena de frialdad—¡Me importa una mierda! En realidad el amor es mutuo, me encantaría abrirte en canal ahora mismo, solo te mantengo con vida porque Neeb te aprecia.

—Eres muy arrogante.

—Llámame como te de la gana pero sabes que podría hacerlo. Ahora dime de una maldita vez dónde se encuentra.

—No te lo diré.

—¿No? —ella lo miró frustrada. Sabía perfectamente que James no soltaría prenda porque estaba obedeciendo las órdenes de su jefe—Recuerda que si a Neeb le ocurre algo no tendré ningún pretexto para mantenerte con vida.

—Entonces esperaremos a ver qué ocurre —le contestó él desafiándola con sus ojos azules.

—¿Te parece divertido? —le preguntó ella sin paciencia. Gea tiró en un arrebato todo lo que se encontraba encima de su escritorio con rabia—.¡Te crees que esto es un puñetero juego! —le gritó poseída por el odio, entonces se sacó la pistola que llevaba escondida en su cintura y se la colocó en la sien—.¿Notas esto? Es tu maldita vida colgando de un hilo, cuando Neeb —pero no logró terminar su frase y tartamudeó—.Si Neeb no regresa, puedes darte por muerto —ella apartó el arma y salió del despacho hecha una furia.

—Si Neeb no regresa yo mismo me suicidaré —susurró James cuando se quedó solo.

Neeb había sido su única salvación en los últimos años. Un poco de aliento en la miserable vida de un loco. ¡Como si no lo supiera! El plan de Neeb era una locura pero ya no les quedaban opciones, no cuando Gea estaba en la mira de los Sin Nombre y Neeb se empañaba en protegerla. James recogió su portátil del suelo y suspiró, tantos secretos ocultos para nada.

Gea se sentía al borde de todo, como un león enjaulado entre esos pasillos. Tenía unas ganas enormes de estrangular a alguien, disparar, matar y llorar a la vez. La incertidumbre por no saber dónde estaba ni qué le estaba ocurriendo la estaba literalmente matando poco a poco. Si solo hubiera puesto algo más de atención a esa mierda de plan que había trazado, al menos ahora sabría dónde diablos encontrarlo. Pero ella se había mostrado tan cabezota en negar su locura que ahora no tenía ni idea de dónde demonios estaba.¡Mierda!

Sangre, mucha sangre, un reguero rojizo desde la entrada de la base iba marcando el camino hacia el inframundo. Ella lo siguió en trance, incapaz de creerse las palabras que gritaban todos a su alrededor, hasta que abrió la puerta metalizada del quirófano y se lo encontró: un hombre tumbado en medio del quirófano con muchísimas gasas rojas en el torso.

Ella lo observó sin poder creérselo, ese hombre tumbado sin movimiento no podía ser Neeb, no podía un hombre tan lleno de vitalidad mostrarse tan abatido. Mientras Gea se negaba a creer que aquello fuera real llegó James, que la empujó para que se apartara de la puerta y se lanzó como una flecha hacia su amigo.

—¡Neeb! —le gritó mientras los médicos no dejaban de atenderlo—.¡Ei, te pondrás bien! Tranquilo —le dijo con una voz demasiado temblorosa y angustiada. Entonces él se acercó al hombre tumbado sin movimiento como si quisiera decirle algo y rápidamente James levantó la cabeza para mirarla—.¡Ven aquí! —le gritó, pero ella se quedó paralizada como si ese no fuese su cuerpo—.¡Gea! —la llamó de nuevo con un grito tan desgarrador que la despertó.

Gea se acercó con paso mecánico mientras James le colocaba la mano ensangrentada de Neeb contra la suya. A ella esa mano le pareció falsa, tan húmeda y fría que no le recordó en absoluto a esa calidez que tiempo atrás la había abrazado en su cama. Ella lo observó horrorizada, su rostro se encontraba completamente manchado por su propia sangre y una expresión descompuesta le mostraba su dolor. Entonces notó que él tiraba débilmente de su mano y ella aprovechó para acercarse a él.

—Lo siento —le susurró Neeb con una voz pastosa. Ella lo miró con el corazón desbocado mientras intentaba limpiarle las manchas de sangre de su mejilla. Lo besó suavemente en los labios, unos labios demasiado fríos e inmóviles, y entonces le susurró en su oreja.

—No, Neeb, perdóname tú a mí pero necesito hacerlo —Gea le brindó un último beso mientras notaba que él intentaba sujetarla sin éxito. A partir de ahora solo los médicos podrían ayudarlo y ella necesitaba terminar una misión inacabada.

Gea abandonó a Neeb en el quirófano sin poder hacer nada más por él y lo escuchó gritar mientras se iba con un alarido terroríficamente agudo. No estaba segura si lo había hecho por el dolor que sentía en ese momento o por lo que ella estaba a punto de hacer.

Gea estudió el móvil de Neeb y sus papeles, entonces recargó sus armas y se equipó su mochila. Por fin te comprendo, pensó abandonando la base cargada con esa bomba. Yo terminaré tu misión, cariño. Y así Gea se perdió entre esa dramática noche dispuesta a vengarse de todos.

Destruiría ese mundo contaminado para salvarlo porque por fin se sentía completamente lista y dispuesta para aceptar el precio de su venganza. Una gran explosión para un gran mundo de mentiras, ese sería el precio a pagar para su salvación y sin duda, supondría un gran final.

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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