Conspiraciones ocultas: capítulo 15 – Mi hogar es nuestro hogar

¡Muy buenos días! ¿Os gustan los pequeños cambios en el cuaderno? Pasito a pasito voy modelándolo con mucho amor, espero que lo notéis y que os llegue una parte de su cariño. Hoy publico la historia de Gea y Neeb, en realidad quise publicarla la semana pasada junto el catorce, pero quedaba demasiado largo (y tampoco es plan empezar a subir texto como una loca X_x). En este ocurren muchísimas cosas, es el principio de todo. ¡No os voy a desvelar nada más! Leedlo y después me contáis qué os parece. Bss


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 15: Mi hogar es nuestro hogar.

Neeb no dijo nada, ni siquiera soltó un insulto cuando James le enseñó los archivos. Se limitó a mirarlos con cara de pocos amigos y después empezó a lanzar con furia las sillas del despacho contra la pared. Rápidamente éstas quedaron hechas añicos pero a él pareció resultarle insuficiente y prosiguió arrasando con todo lo que se encontraba a su alcance. James se lo miraba asustado, arrinconado contra una esquina incapaz de decirle nada pues sabía que en cualquier momento podía terminar igual que el trozo de plástico destrozado que descansaba a sus pies. Así que se quedó literalmente quieto y callado hasta que Neeb pareció recobrar el control.

—¿¡Se puede saber qué haces aquí aún!? —le gritó su jefe al darse cuenta que aún seguía en el despacho, y James salió disparado para prepararlo todo cuento antes.

Gea no podía ser tan estúpida, se lamentó Neeb mientras se cambiaba y cargaba sus pistolas. El jodido problema es que en este caso lo era. ¡Por ese motivo él no le había contado nada! Sabía perfectamente lo que haría, tan estúpidamente valiente incluso para suicidarse. La prueba definitiva había sido al recibir esos extraños papeles de James, esa información era tan delicada y secreta que solo podría significar una cosa, quien fuera que se la mandaba estaría a esas alturas muerto. ¡No! Negó al salir de la base, Gea nunca moriría, no al menos cuando él estuviera vivo. Arrancó su deportivo negro y Neeb salió disparado a por ella.

Gea se encontraba lamentable, apoyada contra la esquina de una habitación oscura con fuertes magulladuras y dolores en todas partes. La boca no dejaba de sangrarle mientras sus costillas le dolían tanto que la obligaban a mantenerse acurrucada en posición fetal. En ese momento deseaba con todas sus fuerzas estar muerta, pero ya llevaba bastantes horas despierta y nadie parecía dispuesto a querer terminar con ella. Quizá su venganza consistía en eso, en dejarla herida como un perro debilitándose muy lentamente.

A ella le pareció escuchar el sonido de unos pasos lejanos acercándose hasta que alcanzó a oír con claridad el cerrojo de la puerta abrirse. Por la poca luz que se filtraba pudo observar una gran silueta oscura, y a Gea esa silueta le pareció la viva imagen de la muerte plasmada en un musculoso hombre. Sonrió porque por fin había llegado su hora y por poder dejar un mundo en el que había encontrado demasiado sufrimiento. Entonces su verdugo se acercó con paso decidido, como si tuviese muchísima prisa para matarla, y ella se limitó a aguantar una mueca de dolor al intentar reírse por su gran suerte.

—¿Gea? —le preguntó el desconocido.

—¿Necesitas mi tarjeta identificativa para matarme? —le contestó con las pocas fuerzas que le quedaban—Perdona si en este momento no la llevo encima —entonces él la tomó del brazo con fuerza y ella soltó un pequeño jadeo por el dolor.

Su verdugo la soltó al instante dejándola en el suelo de nuevo, entonces se dirigió hacia la puerta metalizada y prendió la luz. Ella se cubrió el rostro con su brazo porque no quería ver al hombre que la mataría, no cuando dentro de un minuto estaría sin vida. Rezó para que la disparara de una maldita vez pero para su sorpresa él se acercó a ella y la llamó en un susurro.

—Gea, mírame —ella lo miró sin creérselo, era Neeb, ¡su Neeb! Vestido con sus ropas militares y armado con sus pistolas. Llevaba su cabello largo completamente despeinado y por la forma en que la miraba él supo que se vería horrible—.Cabrones —masculló en voz baja mientras se lanzaba para besarla.

En realidad la besó tan intensamente que le hizo algo de daño, pero ella luchó con todas sus fuerzas para soportarlo. El beso de Neeb sabía extraño, a una mezcla de…. Y entonces comprendió que era a su propia sangre. A él pareció no importarle en absoluto y la siguió besando mientras le sujetaba el rostro con fuerza para mantenerla en pie. En caso que no lo hubiera hecho Gea estaba prácticamente segura que se hubiera caído, no sabía si era por el dolor, la falta de comida o el beso, pero empezaba a sentirse mareada y transportada a un lugar lejano. Entonces él empezó a acariciarle la espalda hasta que llegó a su cintura donde ella pegó un respingo al notar una fuerte punzada. De hecho, le dolían horrores las costillas y estaba prácticamente segura que le habían roto unas cuantas. Neeb se apartó un poco de Gea estudiándola y se colocó su auricular.

—La he encontrado, me la llevo al coche –y se lo arrancó al instante—.¿Puedes andar? —le preguntó sin creerlo posible.

—Vete —le imploró ella. ¿A caso no entendía por qué lo había hecho? Quería ofrecerles una oportunidad, sin ella los dejarían en paz un tiempo y podrían seguir con su objetivo y con una preocupación menos.

—¡Cállate!

—Tienes a más gente bajo tú responsabilidad…aish—exclamó ella de dolor cuando Neeb tiró de sus brazos para levantarla.

—Voy a sacarte de aquí aunque sea a la fuerza y me importa una mierda lo que tengas que decirme —se lo dijo con tanta convicción que ella se quedó sin argumentos. Sus ojos brillaban ante la escasez de luz y le parecieron más intensos que nunca. Finalmente ella dejó de oponerse al comprender que Neeb no la abandonaría y dejó que él la cargara en brazos para que no terminara muerto también.

Por su parte, él pareció tranquilizarse un poco cuando comprendió que podría sacarla de una vez por todas de ese espantoso lugar. Cuando notó a Gea entre sus brazos se calmó, su peso le demostraba que era real y que por fin, la pondría a salvo. Entonces la abrazó aún más fuerte y ella soltó un pequeño suspiro.

—Perdona —se disculpó Neeb, pero él lo había malinterpretado, no era dolor físico lo que sentía sino un dolor interno que empezó a liberarse.

Gea empezó a llorar sin ser plenamente consciente de lo que estaba haciendo hasta que fue incapaz de frenarlo. Él la siguió abrazando con fuerza sin soltarla mientras notaba cómo le empapaba el cuello.

—Te llevaré a casa —le susurró para calmarla, pero ella ya no escuchaba nada, solo notaba su corazón palpitando como loco y esos brazos firmes y seguros que la protegerían para siempre. Lágrimas y más lágrimas arrancaron de ella sin frenos y por primera vez en toda su vida se sintió vulnerable ante alguien anhelando ser protegida.

Neeb se la llevó a través de esa base sin ser consciente de todo el dolor que lo rodeaba, hombres y mujeres descansaban sin vida contra el suelo, pero a él eso no le importaron nada. Siguió mirando al frente como si esas vidas no hubiesen existido, buscando la puerta de salida con desesperación. Él sería su escudo para siempre, las cosas ya no podrían ser de otra forma y entonces, llegó a su deportivo negro y respiró aliviado.

Abrió la puerta del coche y la depositó en el asiento trasero mientras Gea se limpiaba el rostro empapado en lágrimas sin saber de dónde demonios le había salido todo aquello. Él se la miró sintiéndose muy impotente, no le gustaba encontrarla tan dañada y vulnerable, no cuando él ya hacía tiempo que le había tendido su mano antes que se suicidara. Era el momento que entendiera de una vez por todas que lucharía por ella, no estaba sola, y aunque todos la dejaran en este mundo, él seguiría a su lado siempre.

—Voy a matarlos —le dijo él sentándose a su lado mientras la examinaba.

—¡No!

—Merecen morir.

—Basta —le contestó ella agarrándole la mano que en ese momento la tenía cerrada con fuerza—.¿Y nosotros, qué nos merecemos?

—Pero…lo que te han hecho —a él le costaba controlar sus palabras de rabia.

—Esto tiene que terminar. Nunca estarás satisfecho.

—Lo estaré cuando termine con ellos.

—¿Y entonces qué? ¿Seguirás destrozándote? —ella le acarició la mejilla apartándole su largo cabello—Sé que te resulta duro matar a las personas aunque no quieras decírmelo —él la miró irritado esquivando su mano.

—No me resulta difícil matar los que te han hecho esto, incluso creo que puedo llegar a disfrutarlo —y ella vio sus ojos cargados de odio mientras le sonreía.

—No dejes que te ciegue —le contestó acercándose a él para besarlo. Él la besó con demasiada fuerza aunque Gea se lo perdonó porque sabía que se sentía frustrado.

Ella se había rendido infinidad de veces a lo largo de su existencia, incluso había decidido terminar con su vida un par de veces, pero Neeb la había salvado. Así que al menos por una vez sería ella la que lo salvaría a él y le mostraría un nuevo camino. Con esa predisposición tomó con fuerza los largos castaños cabellos de Neeb y se lo acercó para besarlo mientras se abría su chaqueta.

—¿Qué haces? Estás herida —pero no le contestó, se limitó a sentarse encima de él en el asiento trasero del coche y le mostró su generoso escote.

—Entonces cúrame Neeb, sana mis heridas —le imploró mientras se dejaba suelto su cabello. Su invitación directa y tan sumamente estimulante pareció despertar algo en él que no pudo ignorar y la rodeó con su musculoso brazo.

—Yo me ocuparé de todo —le dijo él masajeándole los pechos para perderse en ellos—.Pero la próxima vez que me hagas esto, no seré tan bueno contigo.

—Tú siempre eres bueno en el sexo —y él se rio.

Ella se tranquilizó al comprobar que sus ojos habían cambiado y volvían a parecerse a aquel dulce y embriagador chocolate de siempre.

—No vas a comprarme tan fácilmente —le advirtió Neeb.

—¿Y con esto? —le preguntó desabrochándose el sujetador.

—Me conoces demasiado bien —y se lanzó a besarle los pechos mientras ella intentaba aguantar el dolor que sentía en sus costillas—.Pero por mucho que me guste esto, y créeme que me vuelve loco, necesitas ir a un hospital —parecía que Gea no había logrado engañarlo del todo. La dejó con cuidado en el asiento trasero del coche y se sentó para conducir su deportivo hacia el hospital.

—Llévame a la base —le pidió ella cerrando sus ojos para descansar un poco.

—Pero necesitas radiografías.

—Necesito reposo, llévame a casa —y él sonrió un poco al darse cuenta que por primera vez Gea había aceptado la base como su hogar. La llevaría de nuevo a la base las veces que fueran necesarias porque Gea ahora formaba parte de ella, una parte importante y esencial para ser precisos, de la misma forma que ahora ella ocupaba un lugar único en su corazón.

Gea cerró los ojos mientras Neeb conducía a toda velocidad hacia la base, sabía que no sería fácil, las cosas nunca lo eran pero tampoco se acobardó. Ella siempre había luchado por muchas razones, y ahora que había encontrado la más importante de todas, lucharía encarecidamente por ella. Apartaría a Neeb de ese mal llamado venganza y lo acercaría a la cura del amor para el resto de la eternidad.

¡Está a punto de empezar la gran guerra! Gea deberá luchar muchísimo si desea proteger a Neeb, no te pierdas los próximos capítulos donde se destaparán todas las pasiones ocultas. 

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Acerca de: Clover

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Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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