Conspiraciones ocultas: capítulo 14 – De vuelta a la acción

¡Feliz miércoles! Siempre en la vida existen días de todo, y si tiempo atrás os hablaba de un vacío existencial, últimamente mi cabeza parece que ha sufrido un boom creativo (cosa que no siempre es positiva pues me encantaría dividirme en mil mini clovers para hacer de todo XDD). Este capítulo lo escribí ya hace más de cinco días y me salió del tirón sin apenas pestañear, eso es lo que tiene cuando una se coloca delante del ordenador con las ideas clarísimas. ¡Muchos besos a todos y nos leemos el domingo!


CONSPIRACIONES OCULTAS

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Capítulo- 14: De vuelta a la acción.

Algo no iba bien, Gea estaba prácticamente segura por la forma en que James y particularmente Neeb, la miraban desde hacía un par de días. Cuando ambos creían que no les prestaba atención susurraban y se mandaban unas miradas sospechosas. Esos dos siempre habían sido hombres de pocas palabras pero últimamente resultaban absurdos, apenas le contaban nada y solo se limitaban a hablarle del tiempo y la comida cuando era público que se estaban preparando para algo tremendamente grande.

—Creo que deberíamos hacer algo —le decía Gea a Neeb en el despacho de James—.¿Me escuchas?

—Claro.

—Contéstame entonces.

—Ya te lo he dicho, estamos trabajando en ello.

—Llevas más de una semana diciéndome eso y yo no veo que esto avance.

—Quizá tú no lo veas pero aquí todos estamos esforzándonos.

—¡Entonces déjame esforzarme a mí también!

—No puedes.

—¿Por qué…? ¡Dame un motivo! —pero Neeb apartó la vista de ella y se quedó callado.

—A lo mejor ella tiene razón —los interrumpió James.

—¡No! —le contestó Neeb mirándolo con cara de pocos amigos—.Sabes que ella no puede ser de utilidad.

—¡Eres tan terco! —le soltó Gea saliendo del despacho frustrada.

Neeb la había apartado claramente de su trabajo y la mantenía al margen. Si ahora ella ya no conservaba ni eso, ¿qué diablos le quedaba? Se había pasado sus últimos años trabajando para una organización y haciendo todo tipo de cosas peligrosas, así que ella mejor que nadie conocía ese mundo. ¡Demonios, intentaban atrapar la organización en la que ella había trabajado! ¿Es que estaba ciego Neeb? Ella era clave, la única capaz de hacerlo en caso que alguien pudiera hacerlo, así que Gea debería encontrar una manera de afrontarlo y poder resolver el problema.

Por eso, nada más cruzarse con Neeb a la hora de comer, tomó la firme decisión de interceptarlo antes que pudiera escurrírsele de nuevo y presionarlo hasta que la aceptara.

—¡Neeb! —lo llamó a través del pasillo.

—Hola, ¿te vienes a comer?

—Claro, pero ¿podrías dejarme ver los documentos que encontrasteis en el muelle? —hacía unos días, un grupo de los Daga Afilada había encontrado por casualidad unos interesantes documentos escondidos en el muelle. En un principio no les habían parecido gran cosa, pero después de la labor de James y otros informáticos para descifrarlos, esos papeles habían revelado algo sorprendente. Claro que ella no tenía ni la más remota idea de lo “muy sorprendentes” que eran pues ni Neeb ni nadie en realidad, le había querido contar qué contenían.

—Te he dicho que no debes preocuparte por eso.

—¿Puedes parar de repetirlo como un loro? Si no me necesitáis me largaré de aquí, te lo digo enserio. ¡Estoy harta de ser un mueble! —él se la quedó mirando mientras se pasaba una mano a través de su largo cabello y susurraba algo que no fue capaz de entender.

—Está bien, encima de mi escritorio, la carpeta amarilla.

—Gracias —y Gea salió disparada hacia el despacho de Neeb dispuesta a encontrar esos documentos y empezar a ser de utilidad para la que ahora era su organización.

Necesitaba ponerse al corriente cuanto antes y trazar un plan. El problema sería la cooperación, necesitaría más que un montón de personas si pretendían plantarles cara a los Sin Nombre y más, cuando ellos estaban ya tan bien organizados.

Nada más entrar en el despacho tomó la carpeta amarilla que encontró encima del escritorio y solo necesitó echarle un vistazo rápido para saber que eso no era todo. ¿A caso la tomaba por tonta? Las páginas del informe estaban numeradas y faltaban ¡cinco! Cinco páginas para un informe de veinte era bastante información para ocultarle. Segurísima que en esos quince papeles no encontraría lo que estaba buscando, Gea los dejó en su sitio y empezó a rebuscar entre sus cajones sin éxito. Ni una nota ni un mísero papel ni ¡nada! ¡Mierda! Se lamentó saliendo de su despacho y con un fuerte sentimiento de impotencia.

Sabía perfectamente a dónde debería dirigirse si pretendía encontrar respuestas y así, llamó a la puerta del despacho de James.

—Hola —lo saludó ella lo más calmada que pudo.

—¿Qué haces aquí?

—Necesito que me lo cuentes.

—¿Contarte el qué? —le preguntó clavándole sus azules ojos. Ella se rio un poco irónicamente.

—Lo sabes perfectamente —entonces ese hombre rubio se quedó callado unos segundos sopesando algo mientras Gea cada vez se sentía más impaciente.

—Tienes razón —suspiró James—.Creo que si estamos metidos en esto por tu culpa, deberías enterarte —y James abrió una caja fuerte escondida en la pared y sacó unos documentos.

Era el mismo informe que Neeb guardaba en su escritorio con la única diferencia que allí dentro estaban las veinte páginas completas. Gea empezó a leer esas páginas sin sorprenderse. Que su exorganización quisiera matarla una vez se había unido al bando enemigo para destruirlos le pareció algo bastante plausible y lógico. Lo que la enfadó fue que Neeb le hubiese ocultado aquella información y no entendía en absoluto qué pretendía manteniéndolo en secreto. Algo que conocía demasiado bien de los Sin Nombre, es que tarde o temprano la encontrarían y de nada le serviría quedarse encerrada en la base.

Gea analizó minuciosamente cada una de las palabras allí escritas y entendió que le quedaba poco tiempo de vida. No podía ser una ilusa o una necia a esas alturas, pues conocía demasiado de todo para entenderlo. Necesitaría algo más que un simple milagro para librarse de esa condena de muerte y más cuando los Sin Nombre habían establecido prioridad “A” a su ejecución.

—Gracias —le dijo Gea entregándole el informe.

—¿Qué harás? —le preguntó James guardándolo en la caja fuerte.

—Tengo pocas opciones. Adiós, James —se despidió.

—¡Gea! —la llamó él por primera vez por su nombre—Esto no se lo desearía a nadie, tampoco a ti, lo siento —y ella le devolvió una sonrisa algo triste.

—Yo tampoco te lo desearía a ti, gracias —y se perdió a través de los pasillos para no volver a pisarlos.

Gea llevaba cuatro días lejos de los Daga Afilada intentando hallar una solución para ayudar a los Sin Nombre. Como ya se daba por muerta y solo era cuestión de días u horas, había decidido hacer algo provechoso con el poco tiempo que le quedaba.

Los Sin Nombre eran una organización grande y muy popular, con sus engaños acogían a muchos adeptos en sus filas cada día y prácticamente todos estaban dispuestos a entregar su vida. Precisamente eso mismo le había ocurrido a ella en el pasado, así que si habían logrado engañarla, ¡a saber cuántas personas tendrían ya reclutadas! Era plenamente consciente que una simple persona como ella no podría ser un obstáculo, ni siquiera figuraría un problema para los Sin Nombre, pero entonces recordó el documento que había leído en el despacho de James, ahora se había reducido a ser solo una preocupación de urgencia “A” que muy pronto terminaría resuelta.

Gea se colocó los guantes negros y conectó un dispositivo en la puerta de entrada de unos grandes almacenes aparentemente abandonados. Entonces se esperó escondida a que la máquina hiciera su trabajo y piratease la puerta. Cuando escuchó el sonido metalizado de algo abriéndose desconectó el aparato y entró en la gran sala vacía. Se dirigió corriendo al sótano y allí, rebuscó en el suelo un pequeño botón escondido en una esquina. Lo accionó, y al momento una lámina de madera de un metro por un metro se desencajó del suelo. Usó una navaja que llevaba escondida para hacer un poco de palanca y la arrancó del suelo. Entonces se escabulló a través de ese agujero negro que se encontraba a sus pies dispuesta a perderse a través de la alcantarilla.

Esa era una de las entradas de emergencia que usaban los Sin Nombre en caso que no pudieran entrar en su base por los “métodos ortodoxos”. Nunca antes Gea se había planteado usarla porque hacerlo era sencillamente suicida, pero a esas alturas nada ya le importaba, no cuando terminaría muerta de todos modos. De esta forma al menos tendría una oportunidad, de hecho, podría acceder a cierta información antes que la atraparan y después, terminaría muerta como ya hacía mucho tiempo que debería haber terminado.

Gea corrió lo más rápido que pudo a través de la alcantarilla consciente que solo era cuestión de tiempo que la identificasen. Al menos de momento, dada la poca luz y que llevaba el rostro cubierto podría engañarlos, entonces llegó al punto exacto donde sabía que debería salir, empujó la tapa con fuerza dándole una patada y salió con la pistola entre las manos. Al salir se sorprendió al encontrarse el despacho vacío, ese había sido en el pasado su lugar de trabajo y por su aspecto, parecía que llevase meses sin ser ocupado. Dejó la arma encima del escritorio y conectó el ordenador en el que había trabajado años atrás mientras enchufaba un dispositivo portátil para piratear su base de datos. El ordenador que llevaba meses apagado tardó una maldita eternidad en arrancar mientras Gea sujetaba con fuerza su arma apuntando a una puerta que no podía dejar de observar. Finalmente pudo acceder al sistema con un usuario falso y empezó a extraer el máximo de información posible al mismo tiempo que la mandaba a través de internet.

Después de apenas un par de minutos, Gea escuchó ruido a través de los pasillos. Ya vienen, se lamentó. Se sentó en la silla del escritorio mientras se sacaba sus guantes y los dejó encima de la mesa. Entonces le pareció escuchar un par de voces cercanas conversando y apretó el botón de su portátil para autoborrar todo su contenido. “Vacío” leyó unas letras blancas sobre un fondo negro de su pantalla. Así nadie podría rastrearlo jamás y no tendrían ni la más remota idea a dónde lo había mandado.

En ese momento la puerta del despacho de Gea se abrió con un fuerte golpe, y dos hombres altos y fuertes aparecieron armados.

—¡Quieta! ¡Las manos en alto! —le gritó un hombre de cabello corto y castaño que Gea no había visto en su vida. Ella hizo justo lo que le pedía mientras se pregunta quién de esos dos hombres le arrancaría la vida.

—Así me gusta —le contestó el otro acercándose, y le dio un golpe tan fuerte en la cabeza que Gea solo fue capaz de ver un túnel negro, tan negro como el carbón. Entonces se acordó de la oscura alcantarilla y de lo bien que se lo había pasado allí abajo con Neeb, te echaré mucho de menos, se lamentó. Y otro fuerte golpe en el rostro la mandó contra el suelo. ¡Mierda!, pensó en un ataque de pánico, aunque sabía perfectamente que iba a morir no había esperado sentir tanto miedo.

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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