La fascinación de un hombre- 6 – Dos almas libres

Buenos días, ¿cómo se han portado los reyes? Espero que os trajeran todo lo que esperabais y recordad que hay cosas muy valiosas que son gratuitas (ej:leer mi blog XD), bromas a parte, después de todas esas fiestas navideñas interminables está bien volver un poco a la rutina. Hoy publico un nuevo capítulo de La fascinación de un hombre, de verdad que cada vez disfruto más escribiendo esta historia solo deseo que os guste una milésima parte y me daré por satisfecha, ¡Gracias!


LA FASCINACIÓN DE UN HOMBRE

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Capítulo- 6: Dos almas libres.

A partir del encuentro en la biblioteca, Sebastian acudió cada mañana sin falta para acompañar a Juliet en su paseo matutino en caballo. En realidad se trataba más bien de una competición entre ambos que siempre terminaban enfrascándolos en una estrepitosa y peligrosa carrera.

—¡Gané! —gritó Sebastian riéndose nada más cruzar la entrada del claro donde Juliet usualmente practicaba con el arco.

—Tuviste suerte —le contestó ella jadeando aún por el ejercicio. Ambos eran excelentes montando y a ninguno le gustaba perder. Desmontó de Cleo y la dejó descansar un rato, su yegua se lo había ganado con creces.

—Me gustaría verte practicar con el arco —le dijo Sebastian quitándose la chaqueta marrón y ella se imaginó que después de su ejercicio tendría calor. A Juliet tampoco le pasó desapercibido que también se había desabrochado los primeros botones de su fina camisa de algodón.

—Creo que ya te ofrecí una muestra —le contestó ella y recordó el día que él la había descubierto en el claro.

—Verte lanzar me resulta excitante —le dijo él acercándose peligrosamente a ella. Por la forma de mirarla supo que estaba perdida, desde ese día en la biblioteca no había podido rechazarlo de nuevo. La besó en medio de ese claro agarrándola posesivamente por la cintura y ella se dejó llevar por sus labios saboreando a ese hombre que olía a una mezcla de bosque y tierra, tan refrescante y vital como embriagador —.Juliet —le dijo en un ronco susurro. En ese instante ella recobró el sentido.

—Aquí no —le dijo empujándolo con suavidad. Él la miró desafiándola con sus ojos marrones sin decirle nada. Le parecieron mucho más oscuros que de costumbre, seguramente estaría molesto pero lo suyo empezaba a escapárseles de las manos. Era un juego muy peligroso, especialmente para ella, porque podría ser que Juliet terminase perdiéndolo todo.

—Vamos a practicar con el arco —contestó él dirigiéndose hacia el baúl donde se escondía el carcaj. Ella se lo quedó mirando mientras se alejaba y se preguntó cuánto tiempo se quedaría Sebastian a su lado, estaba segura que muy pronto lo perdería porque ella nunca podría ofrecerle lo que esperaba. Terminaría buscándose a otra, mucho más sencilla, complaciente y que implicase menos complicaciones.

Entonces Juliet se acercó a la zona de tiro y él ya había lanzado unas cuantas flechas con una puntería excelente, acertando en todas las dianas. Poseía una templanza y un ojo perfecto se dijo, exactamente como el suyo.

—Tu turno —le dijo entregándole el arco. Ella lo agarró con seguridad, le resultaba tan familiar e íntimo que su mero contacto la reconfortó un poco. Se colocó en la marca indicada y se concentró en su punto oscuro, Juliet tensó el arco y la flecha salió disparada directa a su diana.

—Un tiro perfecto, como siempre –le dijo recogiendo su flecha —me pregunto qué opinarían tus amistades sobre tus peculiares habilidades —le dijo fríamente entregándole la flecha.  Ella mejor que nadie lo sabía, opinarían que era detestable, poco femenina y una esposa nada deseable. Ser mujer ya era condenadamente complicado como para encima hacer algo que estaba prohibido y en lo que resultaba extremadamente buena.

—No me importa —le dijo ella con rabia tomando su flecha.

—Aun así los prefieres a ellos, ¿por qué sigues rechazándome después de tanto tiempo?

—Lo sabes perfectamente.

—Ninguno te hará feliz jamás.

—¿A caso tú puedes hacerme feliz? —le dijo ella desafiándolo, el único que la haría más infeliz era precisamente Sebastian. Juliet había empezado a sentir algo por Sebatian mucho más grande e intenso que cualquier otro sentimiento, la asustaba la forma en que día y noche se descubría a sí misma pensando en él, contando las horas para verlo, lo absurdamente feliz y animada que se sentía nada más verlo llegar con su precioso caballo negro, no podía seguir así, no cuando para él Juliet consistía en un mero pasatiempo. Siempre se veían a escondidas, en su casa donde un padre demasiado laxo y con poco rigor por la etiqueta les permitía estar a solas, pero la realidad era otra. Ellos nunca se veían juntos en ningún acto y jamás la había intentado cortejar públicamente según las normas de etiqueta. En realidad a Juliet nunca le habían importado esas estupideces pero sabía por qué Sebastian las evitaba, no quería formalizar su relación porqué sencillamente no deseaba casarse con ella y en ese caso, a ella no le quedaría ninguna salida.

—Yo puedo ofrecerte cosas que ni imaginarías —le dijo acariciándole su trenza floja que le caía por el hombro.

—Pero no puedes ofrecerme otras que necesito —le contestó ella con la esperanza que le dijera que estaba equivocada, que él podría ser su esposo, casarse con ella y formalizar su compromiso. El corazón de Juliet empezó a martillearle con fuerza ante su silencio y en ese momento quiso pegarlo para que reaccionase, pero Sebastian se limitó a apartar su vista de ella, pasarse una mano a través de su ondulado cabello rubio y darse por vencido. Sin duda, ya se había aburrido de ella.

—Tienes razón, hay cosas que yo jamás podré ofrecerte —así él recogió su chaqueta del suelo y fue a buscar a Relámpago, se montó rápidamente y desapareció del claro. Juliet se quedó allí toda esa mañana sintiéndose estúpida, aunque lo había sabido siempre, no dejaba de dolerle el corazón por su rechazo. En el fondo ya se había enamorado de Sebastian y al final, resultó que por mucho que luchara para negarlo sus sentimientos la estaban devorando por completo. Ahora las cosas estaban claras, él no se casaría con ella, mejor sería que se olvidaría de Sebastian y se centrara en buscar al hombre de su vida.

Sebastian se encontraba galopando a toda velocidad por el bosque sin saber si quiera a dónde dirigirse, en ese momento no le importaba, necesitaba correr mucho y olvidarse de su propia amargura. Solo recordar los ojos de Juliet lo encendían, ella lo había mirado con anhelo y esperanza para que él le dijera algo, sabía perfectamente lo que esperaba pero al final no había podido. Detuvo a Relámpago al lado del río y se refrescó la cara, después rebuscó en su chaqueta y sacó una cajita de terciopelo granate, la abrió y contempló el anillo que descansaba en ella. Era un anillo antiguo y costoso de su familia, digna para la futura condesa y se preguntó por qué demonios no se lo había entregado en ese claro. Ese día había decidido acudir allí y entregárselo mientras practicaran con el arco, rememorando el día que la había descubierto allí practicando con él, pero por una extraña razón no pudo. Se odió por ser un cobarde y no estar a su altura, le había hecho daño dejándola allí sola, quizá eso sería lo mejor, que ella se olvidara de él y buscara un esposo más favorable, uno que se atreviera a entregarle el puñetero anillo. Se lo guardó de nuevo en su chaqueta con la certeza que no podría entregárselo de nuevo, al final Juliet se olvidaría de él para siempre.

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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