La fascinación de un hombre: capítulo 5 – Si los libres hablasen

¡Felices fiestas! aunque os pueda parecer algo temprano, el espíritu navideño ya se empieza a respirar en el ambiente. Hoy miércoles, publico el quinto capítulo de La fascinación de un hombre, es un capítulo que me salió del tirón, algo que creo que Sebastian sabrá agradecerme ^0^. En un principio pensé en terminar la historia mucho antes pero Sebastian y Juliet dan tanto juego, que creo que sería interesante si nos divirtiéramos un poco con ellos. Os invito a todos a leer el primer capítulo si no lo habéis hecho y a pasaros por el menú para atreveros con el resto de relatos. Sed felices, hasta el domingo, besos.


LA FASCINACIÓN DE UN HOMBRE

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Capítulo- 5: Si los libros hablasen.

Los siguientes días Sebastian cumplió su advertencia diligentemente, cada día a la hora del té se presentaba puntual como un reloj. En un inicio, sus encuentros fueron supervisados por su padre, pues también disfrutaba de la conversación de Sebastian pero poco a poco, tuvo que ir ausentándose para cumplir sus deberes de conde. Entonces, Juliet empezó a incomodarse un poco, estar a solas con él la ponía nerviosa y más cuando empezaba a verlo con otros ojos. Sabía que se estaba dejando fascinar sin remedio por ese hombre, pero no era solo apariencia, poseía un brillo en su mirada, una autodeterminación en todo lo que se proponía, que a ella la hechizó.

En Sebastian descubrió un hombre culto y apasionado a la lectura casi de cualquier tipo y como Juliet también era curiosa por naturaleza, no era de extrañar que se pasasen gran parte de sus visitas diarias en la biblioteca. A estas alturas se preguntaba cuánto duraría sus visitas para su supuesta enfermedad cuando en realidad, después de una semana en absoluto reposo, se encontraba completamente recuperada.

—Creo que mañana intentaré ir a montar a caballo.

—Es demasiado temprano —le dijo Sebastian sentado en uno de los sillones azules de la biblioteca.

—Tonterías, aquí encerrada voy a consumirme —le dijo observando una gran estantería que se alzaba ante ella—.A ver, ¿dónde lo dejé la última vez? —Juliet buscaba un libro de botánica muy interesante que hablaba de las distintas especies de plantas de la zona—.¡Lo encontré! —seguramente su padre lo habría estado leyendo porque se encontraba demasiado alto para alcanzarla. Se puso de puntillas pero solo lograba rozar su lomo con los dedos, sin poder tirar de él. En ese momento, Juliet notó un muro en su espalda, uno cálido y excitante.

—Toma —le dijo él cogiéndole el libro, ella se quedó paralizada notando todo el cuerpo de Sebastian a través de su espalda. En ese instante, su respiración se le empezó a calar en la nuca estremeciéndola y Juliet fue más consciente que nunca de su físico y de su forma casi mágica que tenía de atraerla.

—Gracias —le contestó tomando el libro de manera desesperada para apartarse.

—¿Por qué me torturas así, Juliet? —ella no contestó y Sebastian le apartó un pequeño mechón de la nuca que se le había soltado de su recogido, que le tocara directamente el cuello despertó en ella un nuevo sentimiento excitante—¿Disfrutas torturándome? —le insistió completamente ronco y pegado a su oreja, entonces él le lamió el lóbulo y Juliet se sintió hervir, la oreja empezó a quemarle y notó sus mejillas encendidas.

—Deberías irte —le dijo ella tapándose la oreja como si así pudiera protegerse. A Sebastian lo que menos le interesaba era su oreja, encontraría infinidad de sitios más interesantes con los que disfrutar de ella.

—Mentirosa— le contestó acercándose a ella y aprisionándola entre las estanterías de libros.

—¡Vete! —le gritó ella enfadada. Él se rió descaradamente y sus ojos ambarinos se oscurecieron.

—Eres una mentirosa— así Sebastian demostró que Juliet era una completa embustera, se acercó a ella y le atrapó su boca silenciándola. Ella lo aceptó levantando su cabeza para besarlo, consciente que ya no lograría detenerse. En realidad, había gritado para ella misma, para encontrar el valor suficiente para escapar, pero al final terminó anclada en ese hombre, sin coraje para alejarse.

—Juliet —le dijo él contra su oreja mientras le abría un poco el vestido para acariciar sus pechos. Ella ya no lograba pensar en nada, como llevada por un huracán emocional se sentía llena de él; de su olor a jabón y a recién afeitado, de su cabello marrón enredado entre sus dedos y aquellos labios suaves y voluptuosos que no dejaban de instigarla. Él liberó sus pechos por encima de su corpiño y aprovechó para lamerlos, su piel era tan suave y pálida. Ella jadeó de placer, sin lograr centrarse, a ese paso terminarían cometiendo una completa locura.

—Sebastian —le dijo como súplica para que la liberarla de su tortura, él la entendió y empezó a levantarle la falda de su voluminoso vestido. Desenganchó sus medias de encaje y se las bajó.

—Te haré sentir mejor —le dijo acariciándole las piernas desde las rodillas y subió la mano hasta los muslos. Ella se agarró sus faldas nerviosa, asustada por lo que él pretendía hacerle. A punto estuvo de sacarle su ropa interior cuando se escucharon unos golpes en la puerta.

—El conde quiere informarles que acaba de llegar —dijo un sirviente a través de la puerta de madera. Él tiró de su falda para bajarle el vestido y Juliet intentó girarse para cubrirse el pecho. Se sentía hirviendo y avergonzada.

—Mañana por la mañana vendré a buscarte para salir a montar, continuaremos dónde lo hemos dejado —le dijo paseando un dedo a través de su escote aún sin cerrar. A ella le temblaban tanto las manos que no fue capaz de calmarse para abrocharse el maldito vestido. Entonces escuchó la puerta de la biblioteca cerrarse y los pasos de Sebastian alejándose de ella. Se cayó al suelo desfallecida, preguntándose cómo lograría evitarlo cuando acababa de ser seducida.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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