La fascinación de un hombre: capítulo 4 – Enfermiza preocupación

Aloha lectores, el cuarto capítulo de La fascinación de un hombre, ¡ya está aquí! De los dos personajes protagonistas os tengo que confesar que Sebastian es el que más me gusta y no solo por su nombre, sino porque es tan, tan….él, que me resulta fascinante XDD. Disfrutad mucho con la lectura y con lo que poco a poco está despertando en Juliet (algo muy grande). Nos leemos el domingo con otro nuevo capítulo. BESOS.


LA FASCINACIÓN DE UN HOMBRE

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Capítulo- 4: Enfermiza preocupación.

Juliet llevaba varios días sintiéndose indispuesta, después de muchas visitas de su médico de confianza no supo decirle qué le ocurría exactamente. Le recetó el reposo más absoluto y un caldo con hierbas que no le sentaba nada bien en su estómago. Así que ese fue su lamentable estado en los siguientes días; tumbada en la cama todo el día, con fuertes y agudos dolores de jaqueca, un estómago alterado y nauseas a causa de un asqueroso caldo. Ella sabía que si seguía un día más encerrada terminaría tirándose por la ventana, no soportaba encontrarse privada de toda actividad y en tan penoso estado físico. Además, en su situación de enferma, no recibía ningún tipo de visita y la poca conversación que le ofrecía su padre o Clarins era desesperante.

—¡Señor, no puede subir allí! —escuchó unos gritos desde la planta de abajo.

—Eso debería decidirlo el señor de la casa que ahora mismo, no veo por ningún lado.

—La señorita se enfadará conmigo si lo dejo entrar.

Juliet se levantó de repente acercándose a la puerta y escuchó que alguien se estaba acercando. Como pudo, cogió una fina bata de encima el sillón y se la ató lo mejor que supo, aunque aún iba con su sencillo y cómodo camisón y su cabello completamente suelto y sin peinar. La puerta se abrió en tromba y para su horror apareció Sebastian ante ella. Él se sorprendió al encontrarla de pie y se quedó mudo.

—¿Qué hace usted aquí? —le preguntó ella indignada.

—Perdone, creía que se encontraba mal.

—Como puede comprobar me encuentro algo indispuesta pero le aseguro que no es grave —él pareció aliviarse y apartó su vista.

—Discúlpeme, solo quería saber cómo se encontraba. Llevo varios días mandándole notas sin recibir respuesta.

—Si me disculpa, ahora que ya ha visto que no estoy muerta debería retirarse —le contestó cerrándole la puerta.

Juliet volvió a esconderse entre sus mantas y se quedó inquieta. Que Sebastian hubiera subido a su habitación cuando su padre se encontraba ausente era un escándalo, pero que se hubiera preocupado hasta ese punto por su estado, despertó en ella un nuevo sentimiento. Clarins llamó a la puerta al cabo de unos minutos y Juliet contestó asustada temiendo que pudiera volver a ser él.

—Señorita, a su padre le gustaría que bajara a desayunar si se encuentra con ánimo —por supuesto, eso significaría desayunar con su padre y Sebastian. Ese caradura no la dejaría en paz tan fácilmente y seguramente había manipulado al conde para quedarse a desayunar.

—Dile a mi padre que en cuanto me prepare bajaré, gracia —como no quería que su padre se preocupara más de lo que ya estaba aceptó desayunar en su compañía.

Se peinó rápidamente y Clarins le recogió el largo cabello en un sencillo moño, y también la ayudó a ponerse un bonito vestido azul de manga larga con gravados púrpuras. Era el primer día de varios que bajaría a desayunar en el comedor y al principio, necesitó agarrarse a la baranda de la escalinata para evitar caerse. Empezó a descender despacio, su falta de apetito, poca comida y falta de ejercicio, le estaban pasando factura. Poco a poco logró bajar todos los peldaños hasta llegar a lo que creía era el final, pero Juliet se equivocó y el pie le vaciló resbalándose. Intentó sujetarse a la baranda sin fuerza y sus dedos débiles no lograron alcanzarla. Cuando creía estar a punto de caerse notó que alguien la sujetaba con fuerza por la cintura y la levantaba, en un principio creyó que era su padre hasta que se cruzó con los ojos de su padre que se encontraba corriendo hacia su lado.

—¡Hija! —gritó preocupado acercándose a ella. Juliet se incorporó y lo tranquilizó.

—Fue un mareo, llevo tantos días acostada.

—Debería comer un poco —le dijo Sebastián sujetándola aún por el brazo.

Él la llevó con calma hasta el comedor y a Juliet no le pasó desapercibida la forma en que apartó su silla para que se sentara y cómo la vigilaba para que comiera. Cuando Juliet hablaba demasiado y comía poco, él la reprendía amablemente animándola a comer. Al final, Juliet desayunó mucho más de lo que normalmente hacía pero le resultó bastante revitalizante. Sebastián y su padre empezaron a hablar de temas diversos e interesantes ante su atenta mirada, parecía que a ambos no les importaba que ella fuera una mujer y lo que más le complació fue la forma en que Sebastian la aceptaba en la conversación. Él la escuchaba con respeto, contra argumentando sus opiniones y preguntándole su criterio sobre cualquier tema. Por supuesto, Juliet era una mujer con opiniones muy formadas sobre todo por eso, no le resultó extraño que la mañana le pasase volando y antes que pudiera darse cuenta Sebastián se encontrase en la puerta despidiéndose.

—Ha sido un desayuno magnífico —les dijo Sebastián recogiendo su abrigo.

—Está invitado siempre que lo deseé, mi hija se alegrará mucho de contar con su conversación.

—Eso debería decidirlo ella —le dijo mirándola.

—Por supuesto, poseo firmes opiniones sobre cualquier temas —él se rio.

—No lo dudo. Que tengan un buen día.

Sebastián desapareció en su carruaje y Juliet se lo quedó mirando a través de la ventana, esa mañana había resultado toda una revelación. Lo había visto como un hombre culto, inteligente y que la respetaba. Quizá no era solo el bribón mujeriego de los que todos hablaban y Sebastian pudiera ser algo más. Cuando aún observaba alejarse su carruaje Clarins entró en su habitación.

—Señorita, le traigo una nota para usted.

—¿Para mí? —le extrañó. Normalmente cualquier nota que recibiera a título personal iba dirigida a su padre. Juliet la tomó y la abrió despacio, descubriendo una nota de Sebastian.

Señorita Juliet, cuídese en mi ausencia, no cometa ninguna locura y recuerde comer apropiadamente. Mañana sin falta iré a visitarla, Sebastian.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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