Los lazos del destino: capítulo 8 – Pequeñas incomodidades

¡Bienvenidos a todos! ¿Cómo estáis? Este domingo os traigo unos lazos maravillosos, a ver si así podemos descubrir algo más de Claudia y Aarón. Solo deseo que todas esas preguntas y enigmas entre ambos no les terminen estallando en la cara (¡No!). Os juro que cada vez que escribo tengo un serio dilema entre mi parte buena vs parte mala. Lo curioso de eso es que nunca sé exactamente qué parte saldrá ganadora ^o^ así que no os preocupéis, ni yo misma sé muchas cosas (¿o si? jojojo). ¡Besos afectuosos para todos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 8: Pequeñas incomodidades.

Últimamente a Claudia le costaba cada vez más quedar con sus amigos, especialmente con Pedro, pues no dejaba de formularle preguntas inquisitivas acerca de Aarón. Ella ya le había dicho todo lo que sabía de él pero su amigo parecía insatisfecho y no sabía qué demonios le ocurría. Nunca lo había visto tan a la defensiva con alguien y aunque se tratase de celos o que en el fondo le gustaba, su comportamiento era demasiado.

—Buenas noches, Claudia —la saludó Aarón entrando por su ventana.

—Hola, hoy llegas temprano.

—Me gusta encontrarte despierta —le sonrió sentándose en su cama mientras ella se cepillaba su corta melena pelirroja—.Quiero preguntarte algo, ¿de qué hablabas el otro día con Isa?

—De nada.

—Venga, de algo estaríais hablando sonriendo de esa forma.

—Guau…¡qué observadora! ¿Por qué no se lo preguntas a ella?

—No me ha dicho nada y odio que me tomen por tonta.

—Yo jamás haría eso.

—Entonces dímelo —él la miró a través del espejo de su habitación y se puso serio.

—Sobre ti —y a Claudia se le resbaló el cepillo de entre sus dedos—.Y tus secretos.

—¡Claro! Yo no sé nada sobre ti pero tú tienes que ir sonsacando mis secretos.

—Antes que sigas embalándote más, te lo advierto, Isa no me ha contado nada.

—Lo sé —le contestó con convicción.

—No dudas ni un poco de ella —le dijo burlándose.

—En absoluto.

—No os entiendo. ¿Qué sois?

—¿Eh?

—Vosotros tres, parecéis una manada de leones. Tan leales el uno con el otro que dais un poco de asco.

—¡Ala! Gracias, bonita definición de la amistad, sí señor.

—No quería ser sarcástico, en realidad me parece maravilloso —le contestó él saltando hacia la venta.

—¿Sabes? —le dijo Claudia observándolo mientras se subía a su ventana—No hace falta que me cuentes nada, pero siempre que recuerdas algo doloroso de tu pasado te sientas y miras por la ventana —él se giró y la miró sorprendido—.Solo me preguntaba qué buscas allí afuera.

—El cielo —y Claudia lo miró como si estuviera loco sin comprenderlo—.Ven —le dijo extendiéndole su mano. Ella siguió el camino trazado por la cinta roja en el suelo hasta llegar a su lado—.Siéntate —le susurró dejándole un poco de espacio.

Claudia se subió en el marco de su ventana con la ayuda de Aarón y se sentó acurrucada a su lado. A través de la ventana notó el fresco aire de esa noche de verano pero rápido se encontró acunada por un cuerpo cálido y caliente. Él la rodeó con sus piernas y brazos para mantenerla segura y para que no cayera mientras Claudia observaba el cielo en silencio. Era una noche oscura teñida de tonos violetas preciosos y entonces, notó la respiración acompasada y pesada de Aarón en su nuca.

—Me relaja observar el cielo, quizá es porque en el cielo me siento verdaderamente libre.

—¿Siempre has volado?

—Sí, desde que aprendí de pequeño.

—Debe ser magnífico poder ir a donde uno desee —le contestó ella con un suspiro y extendiendo su mano hacia el cielo.

—No siempre puedo estar donde quiero —le contestó él rodeándola aún más con sus brazos. El olor corporal de Aarón la estaba embriagando de tal forma que Claudia empezaba a desear que siguiera tocándola. Entonces él dejó caer muy despacio su cabeza y la besó en el hombro en silencio.

—Perdona, lo hice sin pensar —le dijo apoyando su mejilla en su hombro.

—No te preocupes —le contestó Claudia sintiendo su respiración cada vez más acelerada. Ahora el aire fresco le resultaba insuficiente y necesitaba desesperadamente salir de allí si no quería terminar ahogada—.Creo que debería entrar, el aire es un poco frío.

Y Aarón le dejó sitio para que pudiera bajarse de la ventana mientras la sujetaba por los brazos para que no se cayera. Claudia casi había apoyado sus dos pies en el frío suelo de su habitación cuando se le resbaló el pie derecho al recordar la respiración pesada de Aarón en su nuca. Él la sujetó ágilmente evitando que pudiera caerse y tiró de ella hacia su cuerpo. Así, Claudia quedó casi abrazada a Aarón de nuevo mientras lo observaba esperando. ¿El qué? Ella lo sabía perfectamente.

—Tienes unos ojos preciosos —le contestó él mirando hacia ese par de esmeraldas que le pedían un beso a gritos. ¡Bésame, bésame, bésame! No dejaba de gritarle con todo su cuerpo aunque Claudia era demasiado cobarde para decírselo.

Aarón se acercó a ella muy despacio para darle tiempo a Claudia para escapar, pero ella se quedó quieta taladrándolo con sus bonitos ojos verdes. Entonces él depositó sus labios con mucha suavidad encima los suyos y ella colocó sus temblorosas manos en la camiseta de Aarón. A través del fino tejido notó su corazón palpitar nervioso y aquello le infundió un poco más coraje para agarrarlo por el cuello. Ella fue la primera de los dos que entreabrió su boca para invitarlo, y Aarón aceptó esa pícara invitación sin demora. Mientras ambos empezaron a degustar sus labios, unos labios que habían llevado demasiado tiempo separados, el sonido estridente de un móvil los separó. Claudia se dirigió a su cama para recoger el móvil pero no contestó a la llamada.

—¿No vas a cogerlo? —le preguntó Aarón al ver que no dejaba de sonar.

—No.

—¿Por qué?

—Es complicado —y él se fijó en el nombre de Pablo reflejado en la pantalla.

—Es tu mejor amigo.

—Últimamente está muy pesado —le contestó ella evadiendo su mirada.

—¿Conmigo?

—Sí, no lo entiendo. No deja de preguntarme cosas sobre ti. No sé que demonios le ocurre, le he preguntado si le gustas pero me juró que no era eso —Aarón se rio.

—Yo tampoco lo creo.

—¿Entonces qué crees?

—Celos, me temo, pero por ti.

—¿Por mí?

—Claro, le estoy robando su mejor amiga —le contestó

—Pero tú y yo nos acabamos de conocer, no es comparable.

—Precisamente por eso, Pedro lo sabe —le dijo.

—¿El qué?

—Que cuando te miro no veo a una amiga —le contestó acariciándole el brazo.

—Aarón.

—Shh…no voy a hacerte nada. Creo que deberías irte a dormir, mañana tienes clases, ¿no?

—Sí, tienes razón, es muy tarde.

—Vamos —la animó agarrándole la mano para llevársela a la cama.

Ambos se tumbaron en la cama mirando el techo y sin decirse nada. A Claudia aún le costaba dormirse al lado de ese chico que apenas hacía unos minutos había estado besando, pero por otro lado, le costaba mucho más dormirse los días en que él no estaba.

—Aarón, ¿estás dormido?

—No.

—Un día me contarás todos tus secretos, ¿verdad?

—Un día —le contestó él antes que ella cerrara los ojos y se dejara llevar por Morfeo.

—¿Y tú los tuyos? —le preguntó Aarón. Pero su pregunta quedó sin ser contestada porque Claudia ya se encontraba durmiendo. Él aprovechó ese momento para soltar el lazo que los unía y saltó por la ventana hacia el cielo—.Que descanses.


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

6 Comments

  1. vero 21/06/2015
  2. Clover Clover 21/06/2015
  3. R. Crespo 21/06/2015
  4. Clover Clover 21/06/2015
  5. R. Crespo 21/06/2015
  6. Clover Clover 21/06/2015

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