Los lazos del destino: capítulo 6 – Una noche de fiesta

¡Bienvenidos un día más a este rinconcito de lectura! Este capítulo bien podría titularse “el amor”. Lo llamaría así en términos genéricos porque podríamos englobar en él distintas clases de amor. Eso para nada es algo malo, todo lo contrario, aunque puede ser un problema cuando alguna de las partes implicadas no termina de comprenderlo por inseguridades o celos. ¿Que no sabéis de qué os estoy hablando? Tranquilos, lo comprenderéis todo al leer este capítulo. ¡Feliz domingo lectores!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 6: Una noche de fiesta.

Claudia se encontraba en su habitación terminando de maquillarse para esa noche de sábado que había quedado con Isa y Pedro, una noche de sábado que debería ser normal si no fuera por…

—Hola —la saludó Aarón entrando por la ventana. Si no fuera precisamente por ese chico que acababa de cruzar su ventana.

Ella le había mandado un mensaje por la mañana avisándolo que saldrían de fiesta, y Aarón sencillamente se había autoinvitado. A juzgar por su aspecto cuidado y elegante, parecía ansioso por salir con ellos. Quizá era porque en lugar de sus habituales camisetas llevaba una fina camisa, o porque no llevaba sus deportivas sino unos zapatos de piel, pero estaba guapísimo.

—Has llegado un poco temprano, ¿no? —le preguntó Claudia mientras terminaba de ponerse el rímel.

—Me dijiste que a las once —ella miró de reojo el reloj de pulsera que descansaba aún en su mesita de noche. ¡Mierda! Llegaban tardísimo y aún tenía que cambiarse—.Espérate aquí, ni se te ocurra tocar nada —le advirtió dejándolo solo para ir a cambiarse en el baño.

Debería tranquilizarse un poco, Claudia lleva toda el día muy nerviosa porque esa sería la primera vez que Aarón saldría con sus amigos y porque tendría que mentirles descaradamente. Lamentaba profundamente tener que hacerlo, pero no podía sincerarse y contarles todas sus habilidades especiales. A ella no le gustaba ni un pelo mentir, y mucho menos a sus mejores amigos, pero tampoco le quedaba otra opción. Aarón la había amenazada advirtiéndole que si lo hacía lo pondría en peligro, que si terminaba revelando la verdad a alguien más que no fuera su conectora lo matarían. ¿Quién diablos lo querría matar? No tenía ni idea y tampoco él le había respondido a eso, pero una cosa estaba clara, Claudia no estaba dispuesta a correr ese riesgo, no cuando aún desconocía tanto del mundo de Aarón.

Desde el momento en que ella había guardado la sudadera de Aarón en su armario, le había quedado clarísimo que le atraía enormemente su dueño. Parecía gustarle todo o casi todo de Aarón, desde su forma de aparecer ante ella por las noches como un ángel por la ventana, o la manera que tenía de sujetarle su mano mientras se dormía para desearle las buenas noches. Que pudiera volar y hacer todas esas cosas era la caña, pero Claudia también era consciente que precisamente todas sus fantásticas particularidades los separaban. Los secretos seguían anclados entre ellos, infinidad de preguntas sin respuestas que día tras días seguían tan desconocidas como el primero.

Mentiras, engaños, silencios… Los mismos a los que esa noche deberían hacer frente. Entre los dos se habían inventado una cuartada para saciar la curiosidad de sus amigos. No podían contar prácticamente nada, ni por qué se habían conocido, ni cómo, ¡ni nada! Esa noche ambos deberían interpretar un papel protagonista en una realidad algo más coherente y racional, con una vida llena de datos y sin lagunas que Claudia deseaba que fuera la suya.

—¿Cómo estoy? —le preguntó ella cerrando la puerta de su habitación.

—Demasiado guapa.

—Exageras, nunca es demasiado —le contestó con una sonrisa mientras se intentaba atar un extravagante collar de color cereza encima de su top negro.

—Yo te ayudo —le susurró Aarón colocándose detrás de ella. Esa era otra de sus fantásticas particularidades, tan silencioso y rápido que resultaba desconcertante—.Ya está —y entonces la besó en el hombro izquierdo que se encontraba desnudo—.Creo que esto es demasiado —le insistió mientras volvía a besarle el hombro y la sujetaba por las caderas.

Claudia se quedó quieta, sin saber cómo tenía que interpretar su repentino acercamiento. Los labios de Aarón le parecían cálidos, suaves, y que la estaban martirizando por dentro. Que la sujetara de esa forma tan posesiva por las caderas la hizo sentir ansiosa para que siguiera, y aunque desde su posición no podía verle el rostro, podía sentir todo su cuerpo acariciar el suyo a través de su espalda. Un cuerpo que cada vez le resultaba más tremendamente perfecto y con la necesidad de descubrir. ¿Cómo sería sin esa camisa?

—¡Mierda! —escuchó que Aarón se quejaba, y al momento el móvil de Claudia empezó a sonar con fuerza. Ella en un principio miró la habitación desorientada sin saber qué hacer hasta que localizó su teléfono tirado encima del escritorio.

—¿Si?

—¿Cómo que si? ¿Dónde estáis? —le preguntó un Pedro impaciente y algo mosqueado.

—Estamos de camino.

—Vale, así que aún estás en casa —ella puso una mueca de culpabilidad, su mejor amigo la conocía tremendamente bien. De hecho, Claudia siempre había resultado ser una mentirosa horrible y Pedro parecía pillarla siempre al momento. Entonces recordó todas las mentiras que tendría que contarles esa misma noche, ¿cómo diablos lo haría?

De camino al bar donde habían quedado, Claudia empezó a sentirse mareada y con ganas de vomitar.

—Tranquilízate, estás pálida —no hacía falta que Aarón se lo dijera, lo sabía perfectamente por los retortijones que sentía en el estómago. Estaba asustadísima y en pánico, definitivamente no podría hacerlo, ¡mentirles resultaría imposible!

—Menuda mierda —se lamentó Claudia suspirando mientras observaba la calle por la ventana del taxi.

—Estás exagerando, todo irá perfecto.

—Tú no los conoces, se darán cuenta.

—Bueno, ya se nos ocurrirá algo —¡algo! Lo único que los podría salvar sería que sus dos amigos se dieran un golpe en la cabeza y sufrieran amnesia, así que eso significaba a efectos prácticos que resultaría un total fracaso su plan—.Voy a ponerte el lazo. ¡No te tenses tanto Claudia! Recuerda que nadie más puede verlo.

—¿Crees que con esto me sentiré más tranquila?

—Así no te perderé de vista —le contestó él con una sonrisa. Aarón estaba tan tranquilo sentado en el taxi. Se le veía seguro, como si tuviera la situación bajo control y no le importase lo más mínimo el desastre que estaba a punto de desatarse.

La primera en bajarse del taxi fue Claudia, y para su desgracia, localizó a sus amigos en la entrada del bar con cara de pocos amigos. Ella les mostró una sonrisa que le pareció más bien como una mueca de terror y se acercó titiritando por el miedo.

—Hola —los saludó dándoles dos besos.

—¡Ya era hora! —se quejó Isa.

—Lo siento —les contestó mortificada y con el corazón en la garganta.

—Venga Claudia, tampoco hace falta que pongas esta cara. Solo has llegado un poco tarde —definitivamente la noche estaba empezando fatal.

—Buenas noches, creo que ya nos conocemos —se presentó Aarón resplandeciente tendiéndole la mano a Pedro y éste se lo devolvió.

—¿Aarón, no? —apareció Isa en escena dándole dos besos en su mejilla. Esta vez él no pareció molesto, sino que se acercó receptivamente a ella para dárselos. Ese pequeño gesto insignificante provocó una pequeña sacudida en el corazón de Claudia que sumado a su estado de histeria no logró encajar demasiado bien.

—¿Entramos? —animó al grupo para cortar ese ambiente que la estaba poniendo algo mosca.

Los cuatro se sentaron en una mesa libre y cuando les terminaron de servir sus bebidas, empezaron las dichosas y torturadoras preguntas. Claudia adoraba a sus amigos, los quería muchísimo, y por eso también sabía lo que ocurriría.

—¿Y cómo os conocisteis? —le preguntó Isa mirándola. ¡Dios! Se lamentó ella, su amiga no le iba a dar ni un minuto de tregua. Claudia aprovechó para dar un gran sorbo a su cóctel para darse coraje y antes que pudiera contestarle con mentiras Aarón respondió.

—Déjame que se lo cuente yo, ¿te importa? —ella se lo miró con pánico y con la pajita entre sus labios, asintió bebiendo un trago aún más largo y se quedó callada—.La verdad es que tiene poco misterio, soy su nuevo vecino.

—¿Vecino? —preguntó Pedro—.¿Quién se ha mudado?

—La del quinto —contestó ella.

—¿La señora mayor? Pero si el otro día la vi paseando su perro.

—No —contestó ella atragantándose con el cóctel—.El hombre soltero con pintas raras.

—Aah —contestó Pedro—.Ese siempre pareció un raruno —ella asintió bebiendo su cóctel. En realidad no tenía ni idea si se había mudado o no, lo único que sabia con exactitud es que llevaba meses sin pisar ese piso, así que les había parecido una explicación plausible por si algún día se encontraban con Aarón por la zona.

—¿Y vives solo?

—Vivo con mis padres.

—¿Y cómo conociste a Claudia exactamente? —le insistió Pedro acercándose a él.

—Me la encontré un día en el portal cargada con la compra.

—Muy de película todo —sentenció Pedro mirando a Claudia que había apartado la vista hacia la mesa.

—Entonces empecé a acosarla hasta que terminó invitándome a salir con vosotros.

—¿El otro día la estaba siguiendo? —preguntó su amigo preocupado.

—¡Que va! Era broma —le sonrió Aarón—.Lo del acoso quiero decir, me encontré de casualidad con ella en esa discoteca.

—Parecías molesto.

—Lo estaba, porque le había prestado un libro y aún no me lo había devuelto.

—No pareces de ese estilo.

—¿De cuál?

—Del tipo de hombres que se divierten con la lectura.

—Ouch, eso ofende.

A esas alturas del interrogatorio Claudia ya se había terminado su copa y seguía sorbiendo por la pajita sin ser consciente que allí dentro no había nada. Precisamente así tenía su cabeza, sin nada, porque Pedro le estaba haciendo un examen en toda regla a Aarón y no lo estaba creyendo.

—¿Estudias o trabajas? —le lanzó otra pregunta como un dardo.

—Creo que te estás pasando, Pedro —intentó cambiar de tema Isa. ¡Así se habla! Pensó Claudia deseando que entrara en razón, pero su amigo parecía no darse por aludido.

—Solo estamos hablando, no pasa nada.

—Tienes razón, es normal que quiera conocerme —¡mierda! Encima Aarón lo estaba animando a seguir. ¿A caso era un suicida estúpido y no se daba cuenta de dónde se estaba metiendo?

—Voy a buscar otra copa —se levantó Claudia de la mesa.

No podía seguir escuchando ni un minuto más ese interrogatorio del demonio. “Supuestamente” habían salido esa noche para divertirse pero ella no se estaba divirtiendo en absoluto.

—Sabes que Pedro solo se preocupa por ti —le susurró Isa mientras la acompañaba. Claro que lo sabía, pero también estaría bien que de vez en cuando dejara respirar a los demás. Su amiga suspiró al llegar a la barra—.Cuando volvamos los distraeré para cambiar de tema —le dijo guiñándole el ojo.

—Gracias —la abrazó Claudia sintiéndose como un flan.

—Está muy bueno.

—¡Isa!

—Encima está aguantando el interrogatorio de Pedro como un campeón —y ambas estallaron en carcajadas. Dios, su amigo a veces daba miedo porque parecía un psicópata, y Claudia terminaría con los nervios hechos trizas.

Pero en una cosa tenía razón Isa, Aarón era guapísimo, y ahora que lo estaba viendo a cierta distancia, se daba cuenta que parecía brillar. Eso al lado de Pedro no era fácil, su mejor amigo era también guapísimo, con una bonita cara y demasiado de “todo” para parecer normal. Pero ese chico misterioso para nada se quedaba atrás, y parecía desprender otro estilo de belleza, uno que no sabía muy bien cómo definir.

—Vamos, Claudia, voy a salvar a Aarón de las garras de Pedro —la animó Isa mientras se acercaban a la mesa. Nada más llegar su amiga los interrumpió para que su amigo se callara—.¿Vamos a bailar, chicos?

—No me apetece —contestó el gruñón de Pedro.

—Yo aceptaré tu invitación —le dijo Aarón levantándose de la mesa para irse con Isa.

—A mí también me apetece ir —contestó Claudia con su copa en la mano.

—Quiero hablar contigo —le dijo Pedro mientras le quitaba su copa de entre las manos y la dejaba en la mesa—.Solo será un momento.

Ella aceptó su pequeña charla y se sentó junto a su amigo mientras observaba a Isa y Aarón alejarse junto a su cinta roja. Parecía una cinta infinita, y con cada paso que daba la sentía más fría y lejana.

—Podrías ser más amable —le reprochó Claudia con la copa entre sus labios.

—¿Y tú por qué estás tan nerviosa?

—¡Nerviosa! —masculló ofendida.

—Estás bebiendo esto como si fuera agua.

—Tengo sed, hace calor.

—Seguro. Hay algo que no comprendo Claudia —¿más preguntas? Ella ya no recordaba la versión que había estudiado con Aarón y estaba segura que en cualquier momento iba a cagarla, así que mejor sería que se callara.

—¡Basta! Aarón es mi amigo ahora, agradecería que lo aceptaras.

—Claro, no quería decirte eso. ¿Pero quieres que lo acepte como lo hace Isa? —Claudia se lo miró sin comprender esa pregunta y después miró hacia la pista de baile.

En el centro, rodeados por distintas parejas acarameladas, se encontraban los dos bailando una balada. Isa lo había rodeado con sus manos por el cuello y tiraba de él para mantenerlo cerca. Aarón había colocado sus manos en la cintura de ella y entonces, Claudia recordó la forma en que la había tocado en ese mismo sito en su habitación. ¡Estúpida! Se castigó a si misma, porque Isa le sonreía a él con una cara que Claudia conocía a la perfección. A su amiga también le gustaba Aarón y por cómo bailaba, parecía que les iba de lujo. Mientras los observaba con rabia Aarón apartó la vista un momento de su compañera de baile y clavó sus marrones ojos en ella. ¿Qué demonios estás pensando? Pero esta vez tampoco Claudia lo supo. Avergonzada y cabreada, ella apartó la vista de ese doloroso espectáculo y se terminó su bebida de un sorbo.

—¿Lo ves? ¿Te parece esto normal? —le preguntó Pedro sarcásticamente al ver cómo se había tomado otro cóctel.

—¡Es que no puedes callarte nunca! —estalló Claudia—.Voy a por otra bebida.

Mientras Claudia estaba intentando llamar la atención del camarero para que le sirviera otra maldita copa, alguien se colocó a su lado. Tú no, se lamentó.

—Me parece que has bebido mucho.

—Tengo sed.

—Entonces pide un refresco.

—Pediré lo que me dé la gana.

—Claudia, sabes que estoy haciendo esto por ti, ¿no?

—Claro —le contestó. Pero ella no lo creía en absoluto, se había puesto tan cariñoso con su amiga, la había manoseado y …

—¿Qué te pongo, bonita? —le preguntó un musculado camarero.

—Una tónica.

—Escúchame —intentó llamar su atención Aarón—.Si no me hubiera levantado tu amigo no me hubiera dejado de preguntar. No me cree y sabe que escondemos algo.

—¡Eso ya lo sé! Lo conozco mejor que tú —le escupió enfadada y Aarón se apartó un poco porque el camarero había aparecido con su tónica.

—Tú tampoco pareciste muy colaborativa conmigo —le contestó enfadado.

—¿Qué? —le preguntó sirviéndose su tónico en el vaso.

—Pedro me avasalló a preguntas, podrías haberlo parado un poco.

—Pero si le has dicho que no te importaba.

—¿Qué querías que le dijera? Hubiera parecido aún más culpable.

—Te advertí que esto terminaría fatal así que no te quejes ahora.

—Isa es excepcional, pero Pedro…es insufrible.

—Estás hablando de mi mejor amigo, hazlo con respeto.

—¿Por qué te molesta tanto? Es así y punto. Búscate a un amigo más parecido a Isa.

—¿Qué estás diciendo? —le preguntó rabiosa antes de tirarle la tónica en su cara.

Claudia se lo miró asombrada, no podía creerse que le acabara de arrojar su bebida. Nunca en su vida había hecho nada semejante, pero la había cabreado tanto. Todos a su alrededor la miraron como si estuviera loca con el vaso vacío, y Claudia se asustó al sentirse incomprendida. Salió disparada de ese local para tomar el primer taxi directa a casa.

—¡Claudia! —la llamó su peor pesadilla persiguiéndola, pero ella siguió corriendo hasta que alguien tiró fuertemente de su muñeca y la hizo caer al suelo.

—¡Idiota! —le gritó con rabia y con la respiración agitada por el ejercicio.

—Soy un idiota, lo siento —le contestó Aarón corriendo a su lado.

—No sé de dónde vienes tú pero en mi mundo, las cosas no funcionan así. Uno no hace amigos por conveniencia ni los sustituye como marionetas. ¿Cómo puedes juzgar a los demás sin conocer su historia? ¿Te crees que eres el único que tiene secretos? —lo atacó rabiosa.

—Yo no quería.

—¡Quítame esto! —le exigió levantándose—.Que puedas volar te hace especial, pero la gente normal también intenta ser especial a su manera. Pedro ha dado la cara por mí mucho antes que te conociera. ¿Con qué derecho lo juzgas?

—Tienes razón, pero me molesta. Algo en él me cabrea y no lo entiendo.

—Pues entonces tienes un grave problema, Aarón —le contestó ella levantándole el rostro para que la mirase—.Porque yo nunca voy a separarme de él —y Aarón se la miró sorprendido por la convicción que veía en su rosto.

Claudia dejó a Aarón en la acera mientras tomaba un taxi para regresar a casa. Esa noche había resultado ser una auténtica revelación para todos. Que Aarón fuera un ser extraordinario y sus amigos normales, no significaba que no pudieran guardar sus misterios. De hecho, Claudia guardaba desde hacía muchos años encerrados bajo llave sus propios demonios, unos demonios que Pedro había salido a combatir cada vez que habían intentado asomarse para dañarla. Por eso, nunca dejaría de lado a su mejor amigo, ¡nunca! Él era su alma gemela, el lado más valiente de Claudia cuando ella no lo había sido. Pedro era el coraje en estado puro, así que lo significaba todo para ella.


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

9 Comments

  1. vero 07/06/2015
  2. vero 07/06/2015
  3. Clover Clover 07/06/2015
  4. vero 07/06/2015
  5. Clover Clover 07/06/2015
  6. R. Crespo 08/06/2015
  7. Clover Clover 08/06/2015
  8. R. Crespo 08/06/2015
  9. Clover Clover 08/06/2015

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