Los lazos del destino: capítulo 5 – Conectados de mil formas distintas

¡Buenos días a [email protected]! Hoy os traigo un nuevo capítulo de Los lazos del destino para terminar la semana. Esta semana no sé si ha sido por el sol, el calor o qué, pero me he tomado un tiempo adicional para organizar mi escritorio (aplausos en la sala por favor). Poner algo de orden a esas ideas apuntadas en post-it me ha dado un “extra” de creatividad fantástico. ¿Quizá alguna nueva historia veraniega a punto de comenzar? ¡Os lo confirmo! Y os diré más, será contemporáneas y tendrá a múltiples personajes en escena :O ¡Vigilad mucho con el sol estos días (soy una paranoica con eso) y sed buenos! Besos.


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 5: Conectados de mil formas distintas.

Al principio de la semana Claudia no se sorprendió en absoluto cuando Aarón se negó a aparecer por su habitación. La última vez que se habían visto ella se había reído abiertamente de él así que sabía que a esas alturas aún tendría el orgullo fuertemente herido. Lo que empezó a preocuparla fue cuando el miércoles siguió sin notar ese hilo rojizo en su muñeca, y tampoco lo hizo el jueves. Eso era prueba suficiente de que no pintaba para nada bien su situación y por eso empezó a angustiarse. Quizá Aarón había decidido ya buscarse a un reemplazo, una batería menos problemática y menos eficiente por así decirlo, pero mucho más amable y menos idiota al fin y al cabo.

¡Basta! Se levantó mosqueada del escritorio después de no ser capaz de retener nada de lo que estaba leyendo en el dichoso libro de historia. Necesitaba hablar con él y disculparse cuanto antes, de nada le servía mantener ese estúpido orgullo suyo cuando sabía a ciencia cierta que toda la culpa de esa situación había sido suya. Por eso buscó con desesperación el nombre de Aarón en su agenda de contactos del móvil y apretó el botón verde con miedo. Sentía temor por si él no aceptaba su llamada después de esa semana y ya había decidido olvidarse de ella para siempre.

¡Espabila Claudia, eres una dramática! Se reprochó. Resultaba ridícula sentada en la cama de su habitación cargada con semejante angustia por una simple llamada. Pero por alguna razón retorcida, ella estaba completamente convencida que si Aarón no aceptaba la llamada que estaba a punto de realizar, no la aceptaría jamás.

El primer tono sonó, el mismo sonido monótono de siempre, pero que esta vez a ella le pareció que se trataba más bien de su propia voluntad luchando para alcanzarlo. A medida que siguió el segundo y el tercero sin recibir respuesta, su corazón empezó a latirle frenético para que cogiera el maldito móvil. Miró la pantalla de su móvil dubitativa para comprobar si lo estaba llamando a él. “Aarón” leyó en unas letras negras y mecánicas, tan poco acogedoras y amistosas como él en ese momento. Entonces volvió a colocarse el teléfono en su oreja y a punto estuvo de caérsele al suelo.

—¿Hola? —escuchó a través del móvil. Su voz parecía más fría y menos cálida que de costumbre, aunque quizá solo se trataba de su fantasiosa imaginación jugándole una mala pasada. ¿¡Qué haces!? ¡Reacciona! Se gritó a sí misma porque estaba a punto de quedarse en blanco.

—¿Aarón? —le preguntó incapaz de sonar natural y con un apremiante deseo para colgarle.

—¿Eres tú, Claudia? —y ella se quedó callada y asustada. Temía molestarlo, parecer desesperada o más ridícula de lo que ya se sentía—.¿Ocurre algo?

—No, nada….Es solo que… —pero no fue capaz de encontrar las palabras adecuadas para formular una frase coherente.

—Me estas asustando. ¿Estás bien?

—Sí, no es nada de eso —y se armó de todo el coraje que logró encontrar para sincerarse con él—.Estaba preocupada, llevabas muchos días sin pasarte por casa —entonces después de eso se hizo un incómodo silencio a través del teléfono y Claudia no supo si había colgado. Se apartó el móvil de nuevo y se fijó que la llamada aún estaba en línea, entonces volvió a colocarse el aparato en su oreja y esperó intentando captar el más leve sonido.

—Esto tiene fácil solución —escuchó que le hablaba, y casi le da un ataque cuando lo escuchó entrando a través de la ventana de su habitación.

Estaba igual que siempre, llevaba otra de sus sudaderas con capucha, pantalones tejanos y zapatillas deportivas. Él la miró son una sonrisa como si no hubiera ocurrido nada entre ellos pero ella no le creyó. No lo entendía para nada, parecía el mismo de siempre como si nada le afectase pero a ella no podía engañarla. ¿Qué estaría pensando? Se preguntó aún con el móvil en su oreja.

—Creo que ya puedes colgar —le advirtió Aarón mostrándole su teléfono con otra sonrisa. Ella lo obedeció en silencio y se levantó de la cama nerviosa. Si antes había creído estar frenética por llamarlo, ahora sabía que había estado tremendamente equivocada. Histérica se sentía ahora que lo tenía en esa habitación observándola con esa sonrisa tan arrebatadora y con esa aura tan “suya”. No sabía qué era exactamente lo que tenía Aarón, pero algo en él la hacía sentirse insegura, incómoda, enfadada y a la vez con ganas de gritar y bailar por su visita. ¿Se estaría volviendo loca?

—Así que estabas preocupada —le dijo Aarón al ver que ella se había quedado en shock y sin capacidad de hablar.

—No quiero ser cómplice de un homicidio o lo que sea.

—Claro —le contestó él mientras lanzaba ese lazo rojo hacia Claudia.

—En realidad quería disculparme.

—¿Por? —la chinchó él.

—No quise soltarte esas cosas la otra noche.

—¿Decirme el qué? —ella puso los ojos en blanco al comprobar que él no se lo pondría fácil.

—Lo sabes perfectamente. Soy una bocazas, lo siento.

—Tienes razón, pero creo que ya has pagado tu castigo.

—¿Cómo? —le preguntó Claudia algo mosca.

—Los remordimientos —le soltó antes que pudiera estallar como una bomba y ella se desinfló. Tenía razón de nuevo, Claudia se había pasado la semana ahogada por ellos—.¿Te apetece pasear?

—¿Ahora? —aunque eran las ocho de la noche de un viernes, no tenía pensado salir a pasear ese día.

—Me lo tomaré como un sí —y Aarón se acercó a ella mientras se cerraba su sudadera roja y se colocaba su capucha.

—¿¡Pero qué clase de paseo!?

—Uno único —le contestó enredándole la cinta alrededor de su brazo. Sus dedos se notaban cálidos y afectuosos mientras lo hacía, y aunque solo se trataban de sutiles roces momentáneos, a ella le parecieron caricias—.Listo, ahora agárrate a mí —le informó mientras la llevaba por la muñeca hacia la ventana.

—Pero…¡No puede ser! —exclamó Claudia al comprender lo que quería hacer. Intentó tirar de su brazo para deshacerse de Aarón pero él se lo impidió.

—No dejaré que te ocurra nada —ella se lo miró muerta de miedo porque era plenamente consciente que si se caía de su ventana se mataría en cuestión de segundos. Pero entonces, Aarón le sujetó el rostro entre sus manos y se acercó mucho a ella—.No dejaré que te ocurra nada —le susurró con la mayor convicción posible. Sus manos en su rostro le parecieron en llamas y no supo diferenciar si se trataba de sus manos o sus propias mejillas ardiendo. Claudia contempló sus ojos tostados y no pudo negarse, él quería llevársela de paseo y ella no poseía voluntad para negárselo.

Aarón comprendió que había ganado cuando ella se dirigió hacia la ventana. Él la sujetó con firmeza mientras se subía al marco y Claudia necesitó cerrar sus ojos de la impresión para no encerrarse en su baño.

—Tranquila —le susurró él abrazándola por la espalda subidos en ese marco. Ella le pasó los brazos a través de sus hombros para cogerlo por el cuello mientras notaba cierta opresión en su cintura. Nerviosa, miró asustada su cuerpo al notar que algo la estaba apretando—.¿Está demasiado apretado? —le preguntó él, y Claudia se fijó que el lazo del destino los estaba rodeando a ambos por la cintura como si fueran una crisálida.

—No, está perfecto —le contestó ella sin saber exactamente cómo debería estar.

Y así, atados más que nunca por ese lazo que parecía destinado a unirlos, Aarón saltó de su ventana de la misma forma que lo había visto ella hacer desde que se habían conocido. La única diferencia fue que esta vez Claudia estaba con él, y aunque desde que había dejado de notar el suelo bajo sus pies se había negado a despegar su cabeza de la clavícula de Aarón, sentía un nudo en el estómago. Ella no sabía si era por el temor a una muerte inminente o por la forma tan protectora que él la abrazaba en el aire, le encantaba la manera en que él le envolvía su cuerpo como si fuera su escudo y que con su dulce mano le acariciara su pelirroja melena.

—Abre los ojos —la animó Aarón cuando salieron disparados de su ventana hacia el aire. Ella se quedó unos segundos más pegada a su cuello saboreando ese momento tan íntimo y entonces, abrió los ojos despacio. En un principio se asombró al confirmar que realmente se encontraban volando, aunque sabía que eso es lo que se suponía que debería pasar, que ocurriese así ante sus sentidos le resultó extraño, como si estuviera en una especie de sueño o alucinación. Después Claudia movió un poco su cabeza y se dio cuenta que se encontraban justo delante de su piso suspendidos en el aire sin moverse. Ella extendió la mano maravillada al estar en esa posición tan poco natural y observó el suelo. Esa sin duda había sido una mala idea por su parte, pues nada más mover sus ojos hacia abajo una descarga de vértigo la recorrió por completo y el hormigueo de sus piernas la empezó a paralizar de miedo.

—Estoy asustada —le confesó ella tensándose y sin atreverse a mirar de nuevo hacia abajo.

—Es normal, es tu primer vuelo —y él la abrazó aún más para que estuviera tranquila. Estar abrazada junto a Aarón le pareció un bálsamo, sentirlo a su lado la tranquilizó en tal extremo, que nada más observar sus ojos tostados de nuevo se olvidó de la altura y de donde se encontraban.

—Vamos a movernos un poco —le informó él antes que empezaran a desplazarse a través del aire abrazados.

Ella volvió a fijarse en la ventana de su habitación y en la forma tan lenta y regular en que se iban alejando. Aarón sin duda se estaba preocupando mucho por ella, Claudia tenía clarísimo que ese paso de tortuga no resultaba para nada natural y que normalmente él se movería mucho más rápido a través del cielo. Poco a poco, ella empezó a sentirse mucho más cómoda en esa situación suspendida y los hormigueos fueron mucho más controlables.

—Es fantástico —le confesó Claudia al fijarse en todas las terrazas, tejados y patios que iban dejando atrás. La gente a esa distancia parecían hormigas, todas atareadas e inquietas tomando múltiples direcciones.

—Vamos a subir un poco más rápido —le dijo él, y ella se asustó al no ser capaz de comprender cuánto sería para Aarón “un poco más”. Pero esta vez el cambio tampoco fue brusco, aceleró un poco la marcha pero lo hizo tan paulatinamente que ella no sintió miedo. En realidad, Claudia iba contemplando de reojo todo el paisaje y se maravillaba por la forma en que cada vez parecían más cercanos a los pájaros y menos a las miles de hormigas bajo sus pies.

—¿Tienes frío? —le preguntó él.

—No —no lo tenía, sentía el viento que los empujaba a ambos a través del cielo pero estaba tan rodeada por él y su sudadera, que Claudia no sintió nada de frío..

—Casi hemos llegado —le informó llevándosela aún más lejos hasta arriba de un gran monte.

Claudia conocía esa montaña, no es que nunca hubiera estado allí, pero era una gran montaña que se podía apreciar desde su ventana. De hecho, en casi cualquier punto de la ciudad era visible y ahora le parecía alucinante que en tan poco tiempo hubieran llegado a ella.

Ambos llegaron a la cima y Aarón bajó hasta el suelo. En un principio las piernas de Claudia se mostraron vagas y poco acostumbradas a estar de pie así que necesitó agarrarse mejor a él. Después de unos segundos su circulación pareció ponerse en correcto funcionamiento y sus piernas volvieron a ser firmes y estables. También notó que la presión en su cintura desaparecía y la cinta del destino empezó a soltarse para que pudieran separarse. El primero que lo hizo fue Aarón, que se dirigió al límite de ese mirador para observar las vistas.

—Son las mejores vistas de la ciudad —y ella no pudo hacer otra cosa que estar de acuerdo con su afirmación. A esas horas las luces ya empezaban a encenderse en la gran ciudad y los coches destacaban entre las opacas carreteras. Ambos contemplaron todo ese paraíso salpicado de estrellas eléctricas juntos y Claudia no fue capaz de localizar su casa.

—Es precioso —le dijo ella frotándose los brazos.

—Creo que tienes frío —se la miró Aarón quitándose su sudadera.

—No hace falta —intentó excusarse en vano. Negarlo era imposible, en ese momento tenía la piel de gallina por el fuerte aire que soplaba en la montaña y estaba tiritando.

Él no hizo caso alguno de sus excusas, y le colocó la sudadera encima de sus hombros. Rápidamente su calidez envolvió de nuevo a Claudia, y recordó todas las emociones que había sentido en ese trayecto abrazado a él. Ojalá estuviera otra vez abrazada a ti, deseó con todas sus fuerzas subida en esa montaña.

—Claudia —le susurró él sujetándole la sudadera para que no le cayera. Pero antes que ella pudiera preguntarle qué le pasaba, Aarón ya se había acercado a ella y Claudia había hecho lo mismo por inercia. Ambos se besaron en esa cima del mundo de la forma en que ella lo había deseado desde su encuentro en la entrada de la discoteca.

Esta vez Aarón fue atento pero también exigente, y eso le agradó. En realidad, le estaba gustando tanto besarlo, que Claudia tiró su sudadera al suelo y se agarró a su nuca para no perderlo. Entonces él la abrazó por la cintura para acercársela y ella se dejó acercar.

—¿Crees que así besa un niño? —le preguntó Aarón en medio del beso, y ella sonrió sin dejar de buscarlo. Por supuesto que no, pero su respuesta quedó muda al ser incapaz de soltarlo.

Ambos se besaron tantas veces esa noche que Claudia perdió la cuenta. Para ella, desde que habían puesto un pie literalmente en ese paraíso todo había sido delicioso. No dejaron de besarse sin mediar palabra hasta que la noche los atrapó en el monte. Entonces ambos tuvieron que separarse a regañadientes para regresar a casa de Claudia, pero nada más estar rodeados por ese lazo rojo de nuevo, ambos volvieron a besarse en un apasionado beso suspendido en el cielo.

Los labios de Aarón eran explosivos y llenos de vida, y a ella él le sabían a fruta. A una ácida pero embriagadora de la que Claudia no lograba saciarse. Así era precisamente como lo había sentido, como alguien fresco, exótico y adictivo. En un principio le había parecido amargo y demasiado intenso, con una vida sin sentido y con una historia difícil de encajar, pero después todo había cambiado. Cada noche que Aarón se había pasado en su casa, conversando o durmiendo, había provocado un intenso sabor en ella que cada vez le resultaba más dulce.

Él seguía resultándole un completo enigma en todo, pero de alguna manera a Claudia le parecía que lo estaba conociendo mejor que nadie. Eso era extraño dado que de él no sabía nada, ni fecha de nacimiento, apellidos, dónde vivía ni qué era. ¿Pero y qué? Se preguntó perdida entre su abrazo volando a casa. Para besarse, para sentir esa libertad y hormigueo en sus “paseos”, o para saber que ella lo estaba salvando, no necesitaban esas cosas. Quizá su relación sería especial y única en muchos otros aspectos y quizá, lo suyo tendría un nombre propio.

—¿Vas a dormir? —le preguntó Aarón sujetándola para que entrara por la ventana.

—Sí —le contestó ella mientras él se quedaba fuera—.¿Tienes que irte?

—Puedo quedarme si quieres.

—Quédate —le imploró ella sin dudarlo.

Ambos se tumbaron en su cama como siempre hacían y Claudia deseó besarlo de nuevo aunque no encontró el coraje. Esa noche ya había agotado toda su valentía con la llamada, la disculpa, precipitándose por su ventana y sus apasionados besos. Entonces dejó caer su mano izquierda por encima las sábanas emitiendo un sonido dulce con la cinta y él se la sujetó.

—Buenas noches —le susurró Aarón, y así Claudia terminó dormida sin saber a qué hora se había ido.

Por la mañana ya no quedaba rastro de Aarón, ni de él ni de la cinta roja. Nada no, se dijo, pues había dejado su sudadera roja justo donde él había dormido. Claudia sonrió al acercársela y la olió cerrando los ojos, justamente ese era su aromo, tan envolvente e indescriptible, que le resultaba único. Entonces la observó entre sus manos y se la puso, estaba cautivada por Aarón, tan locamente cautivada por él como para ponerse una sudadera de manga larga en una calurosa mañana de verano.


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

6 Comments

  1. vero 31/05/2015
  2. Clover Clover 31/05/2015
  3. R. Crespo 31/05/2015
  4. Clover Clover 31/05/2015
  5. Fátima 24/08/2016
  6. Clover Clover 24/08/2016

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