Los lazos del destino: capítulo 4 – Conociéndonos

Hola, ¿os apetece un domingo electoral combinado con un capítulo de Los lazos del destino? Sinceramente lo primero no debería preocuparnos mucho en este blog pero como es un hecho en España, hay que mencionarlo. Por cierto, el otro día llegué a una profunda reflexión, seguro que os vais a reír al leerla (sed buenos). Escribiendo este capítulo me he dado cuento que Aarón es quizá con diferencia uno de los protagonistas masculinos que más habla, no sé qué me ocurre con los hombres poco habladores XD. Sé que parecerá absurdo o que no vendrá a cuento, pero eso me parece MUY raro porque en realidad, es del que menos cosas sabemos. Y sino, alguien puede decirme ¿qué es? ¿Un chico que tiene un lazo para atarse a Claudia? ¡Eso es demasiado! Que paséis un feliz domingo, ¡besos para todos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 4: Conociéndonos.

Claudia se encontraba en su habitación cambiándose, como era una bochornosa noche de domingo, ya había dejado la ventana abierta de par en par y se estaba vistiendo con un ligero camisón. Sabía que aun era demasiado temprano para que la visitara Aarón, y no estaba muy segura si después de lo de la noche anterior querría hacerlo.

—¿Hoy no sales? —la sorprendió una voz más cerca de lo que se esperaba.

—¡Cuantas veces tengo que decírtelo! No entres así —le contestó Claudia bajándose el camisón del pecho.

—¿Así, cómo?

—Como si fueras un ladrón.

—Podría robar lo que me diera la gana de esta habitación y ni te enterarías.

—Eso no me preocupa —le soltó Claudia con chulería—.Aquí no hay nada de valor —y así era, sus padres eran humildes,y aunque nunca le había faltado de nada, no podían considerarse ricos. De hecho, estaba completamente segura que las cosas más importantes y de valor para ella, no tendrían el más mínimo interés para un ladrón.

—Mmm…yo estoy viendo algo interesante para robar —le contestó Aarón mirándola fijamente mientras ella fingía buscar algo en su armario —.Puedes seguir con lo que estabas haciendo, por mí no te cortes —le contestó desvergonzadamente quitándose su sudadera para quedarse en manga corta.

—Entonces me voy a dormir.

—¿Ya? Si son las diez de la noche.

—Estoy cansada.

—Mentirosa —la acusó, y ella se irritó por su franqueza y por no poder negárselo, le estaba mintiendo—.Hablemos un poco —Claudia lo miró incrédula—.¿Qué? Seguro que tienes miles de preguntas que hacerme.

—¿Me estás vacilando? Seguro que te has dado un golpe en la cabeza entrando por la ventana.

—No, de hecho, hoy me encuentro mejor que nunca.

—¿Lo dices en serio?

—Completamente —le contestó él levantando las manos en señal de paz.

—Explícame qué eres. ¿Por qué puedes hacer todas estas cosas extrañas?

—Esas son muchas preguntas de golpe.

—¡Contesta!

—Vale, vale, no hace falta ponerse exigente. Soy una persona, y puedo hacer estas cosas desde siempre.

—Mentiroso —le contestó ella resoplando—.Eso no me aclara nada.

—Soy una persona —le contestó divertido—.No soy un animal ni nada por el estilo ¿A caso crees que podrías conversar conmigo si fuera un gato?

—No lo sé, no tengo ningún gato.

—Pero si lo tuvieras…

—¡Que más da! Esta conversación me parece de idiotas. Está claro que no eres una persona normal.

—Yo nunca te he dicho que sea normal.

—Pero tampoco dices…

—Cada uno es libre de contestar lo que quiera —Claudia se lo miró frustrada. Respecto a esa pregunta estaba segura que no podría ir más allá así que decidió cambiar de táctica y ser más sutil.

—¿Qué haces cuando no estás aquí?

—Viajar.

—¿A dónde?

—A muchos lugares.

—Vale, ¡basta ya! He intentado tomarte en serio pero eres imposible.

—Te he dicho que podías preguntarme lo que te diera la gana, pero no que te respondería a todo.

—¿Y qué? Si te ofreces para que te pregunten, la otra parte espera recibir un poco de sinceridad. Tus respuestas parecen una maldita broma sin gracia.

—¡Guau! Tu argumentación ha sido impecable.

—¿Eso ha sido un cumplido?

—Solo he constatado un hecho. Otra pregunta.

—¿Por qué los lazos?

—Ya te lo expliqué, para que pueda curarme.

—¿Pero por qué eres tan importante?

—Yo no soy importante, soy un mero instrumento.

—¿Instrumento para? —él se frotó el rostro.

—No puedo explicártelo —esta vez su voz se le apagó un poco, como si realmente lamentase no poder explicárselo.

—¿Hay otros como tú?

—Sí, creo que somos bastantes.

—¿Crees? ¿No te hablas con ellos?

—No mucho, estamos muy ocupados.

—¿Cómo podéis vivir tan solos?

—Es lo único que conocemos —le respondió con franqueza. A ella eso le pareció muy triste y de alguna forma empezó a comprenderlo mejor aunque no entendiese nada.

—¿Podría visitarme algún día alguno de ellos?

—No, desde el momento en que te puse mi lazo no pueden utilizarte — a Claudia esa palabra le dolió un poco. Utilizar, eso sonaba muy desalentador, como si fuera una especie de máquina o aparato donde conectarse—.Podríamos debilitarte si te atáramos a demasiados lazos.

—¿Y tú podrías encontrar a otra…ya me entiendes? —intentó explicarse señalado el lazo.

—Podría, pero para qué hacerlo si eres la mejor batería del mercado.

—¡Y yo que esperaba librarme de ti! —murmuró Claudia tumbándose en la cama.

—Ni lo sueñes —le contestó él apoyando su codo en la almohada para observarla. Ella en ese momento se sintió un poco intimidada por su escrutinio, Aarón no le decía nada, solo la observaba con sus ojos marrones.

—Eres tan extraño —y Claudia suspiró mientras levantaba su mano izquierda y se observaba la cinta que no dejaba de sonar.

—Esto me está salvando —le dijo él enredándosela un poco entre sus dedos.

—Lo sé, pero mi cabeza no lo comprende. Me faltan muchas piezas del rompecabezas.

—Paciencia, tu abuela no lo aprendió todo de golpe —entonces él soltó la cinta y la campanas resonaron a través de toda la habitación.

—Me dijiste que la conociste de pequeño, ¿para aquél entonces ya eras? —pero no logró encontrar el término exacto para definirlo.

—¿Extraño?

—Sí —le contestó ella con una sonrisa mientras se ladeaba para mirarlo.

—Nací siendo así, exactamente igual que mis padres.

—¿Tus padres?

—¿A caso creías que no tenía familia?

—No lo sé —le contestó avergonzada.

—Ahora me toca a mí hacerte las preguntas —ella pegó un pequeño respingo y lo miró con los ojos muy abiertos—.Es lo más justo —se justificó Aarón.

—Dispara —aceptó ella.

—¿Pedro es tu novio? —y aquella pregunta la sorprendió. ¿Eso era lo que más deseaba saber sobre ella?

—Sí —le mintió.

—¿¡Y por qué dejaste que te besara!? —le preguntó con una mezcla de rabia contenida e ira.

—Creo que lo sería si yo fuera un hombre —se explicó Claudia sin atreverse a mirarlo—.Además, lo de ayer no puede considerarse un beso —más bien a ella le había parecido una caricia, como un sutil roce entre dos niños. Algo demasiado efímero y puro como para ser considerado un beso en condiciones.

—Lo fue —pero Claudia empezó a reírse a carcajadas presa del nerviosismo—.¡Deja de reírte!

—No puedo —y ella siguió riéndose sin poder controlarse—.Me resulta tan gracioso. No fue para nada…

—¡Te he dicho que pares!

—De verdad eres tan infantil, incluso tus besos lo son —pero nada más terminar de pronunciar esa frase Claudia se encontró atrapada. Aarón había saltado ágilmente encima de ella y la observaba desafiándola como si fuera un lobo.

—¿Realmente lo crees? —le preguntó agarrándola por los hombro contra la cama—.Yo también puedo besarte como un hombre —le susurró mientras se acercaba a ella. Claudia intentó revolverse para librarse de su captor pero le resultó imposible.

—Me estás asustando —murmuró ella con inseguridad, aunque en realidad lo que más miedo le daba era que él notara lo agitado que estaba su corazón en ese momento.

—Deberías estarlo, no soy un niño —le contestó con unos ojos tan oscuros como la noche. Entonces sin decirle nada más Aarón la soltó y desapareció de su cama. Claudia aprovechó para incorporarse y se observó la muñeca con incredulidad al descubrir que ya no tenía la cinta roja.

—¿Aarón? —lo llamó mientras él se escabullía por la ventana—.¿A dónde vas?

—Me voy, no estoy de humor —le contestó sin mirarla mientras saltaba desde su ventana.

Claudia se acurrucó en su cama y se abrazó las piernas. ¡Había sido muy infantil con él! Ella mejor que nadie sabía que Aarón no era un niño, precisamente por eso había querido provocarlo. No necesitaba que le probara nada, solo quería un beso suyo, uno que no fuera para nada infantil y fuera mucho más profundo. ¡Un beso en condiciones!

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. R. Crespo 24/05/2015
  2. Clover Clover 24/05/2015

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