Los lazos del destino: capítulo 30 – Uno no siempre está preparado para lo que el destino le tiene preparado

¡Muy buenos días! Hoy nos toca disfrutar de otro de esos días perdidos entre lo alegre y triste porque por fin, llega el final de Los lazos del destino. Después de todo el cariño que le he cogido al “lazo”, me alegro que termine su historia justo antes de finalizar el año (creo que le da un sentido metafórico precioso).

Ya sabéis que para los finales soy una cobarde así que deseo desde lo más hondo de mi alma que lo disfrutéis (no seáis muy duros con él). Ojalá que todos los protagonistas de esta historia os hayan calado y que cuando recordéis Los lazos del destino, lo hagáis con una gran sonrisa (sería la persona más feliz del planeta).

Os envío un fuerte abrazo junto al último capítulo cargado de emociones. ¡Besos para todos los soñadores!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 30: Uno no siempre está preparado para lo que el destino le tiene preparado.

Ángela cruzó el umbral de la puerta que la llevó directamente hacia la sala del Templo y le pareció un lugar tan demente como lo era el lazo. Esa cosa rojiza y escurridiza se parecía a una sabandija que estaba drenando lo bueno del mundo y lo estaba transformando en algo maligno. Por eso, se alegró cuando se dio cuenta que había llegado a tiempo para avisar a los Guardias del Orden y ofrecer su tajante oposición al maquiavélico plan de su madre.

—¡Id a proteger a Génesis! —les ordenó a sus hombres sin vacilar mientras buscaba a los soñadores que sabía que su madre había enviado.

—¡Eres una traidora! —escuchó como le gritaba Marcus desde el suelo malherido.

—No es así.

—.Tus padres… —pero no pudo seguir acusándola a causa de sus heridas.

—Vas a encontrar la paz —le susurró ella, porque Ángela estaba segura que tarde o temprano todos se darían cuenta de sus errores—.Vamos a terminar con esto en nombre de todos. Ahora descansa —y él la miró sin verla como si ya se encontrase en un lugar mejor.

—Es un sitio precioso —le susurró Marcus con el rostro relajado.

—Claro, Marcus —le dijo Ángela acariciándole el rostro magullado—.Así es cómo debe ser el cielo.

—Ahora lo entiendo —y Marcus apretó un poco la mano temblorosa de Ángela y se perdió en el cielo.

—Llegas tarde, amigo —le dijo Ángela para despedirlo, porque nada tenía sentido ya cuando uno lo había perdido todo ni nada podía justificar ese dolor descomunal cuando uno ya se encontraba en el cielo.

En cuestión de segundos esa sala del Templo acababa de ser testigo de una sangrienta lucha entre dos bandos y a su vez, acababa de ser derrotada por un tercero resurgido de las cenizas de los otros dos. Este nuevo grupo se encontraba abanderado por los defensores de la libertad e iba más allá de cualquier raza o clase.

—¿¡Dónde está ella!? —preguntó desesperadamente Aarón desde el suelo cuando cesaron los golpes de espadas—¡Claudia! —y ella se levantó a pesar del dolor agudo que notaba en sus costillas para ir a buscarlo.

—Estoy aquí —le contestó ahogado un jadeo de dolor.

—¡Claudia! —la llamó Aarón, y Claudia siguió el camino manchado de sangre y pisó a uno de esos soñadores que yacía muerto. Finalmente llegó al grupo de Guardias del Orden que rodeaban y veneraban a su creador, y empujó a uno de ellos con fuerza.

—¡Apartaos! —les exigió para poder tocarlo, y Claudia se encontró con un Aarón mortalmente herido en el pecho. Ella le sujetó con firmeza el rostro huesudo y se negó a darse por vencida—.¿Qué te han hecho? —le preguntó mientras veía su pecho herido que no dejaba de sangrarle.

—Te necesito, te… —pero no pudo hablarle más porque ella se lanzó a sus labios.

Sus labios le resultaron fríos y apenas se movieron bajo su tacto, y en ese momento Claudia fue plenamente consciente que eso sería sin duda lo que más le dolería perder. Tener que dejar de sentirlo de una forma tan real y auténtica, como a un ser físico de carne y hueso, y que a partir de ahora pasara a amontonarse en su pasado como si fuera un simple recuerdo más, era sin duda algo desgarrador. Ya nadie la visitaría de madrugada a su cama, ni se la llevaría a recorrer el cielo, ya nadie querría atarse a ella por el destino ni saldría desesperado a buscarla cada vez que se alejara demasiado. Nadie en cualquiera de esos mundos la necesitaría ni le repetiría incesantemente lo preciosos que le resultaban sus ojos verdes, nadie haría nada de eso y mucho menos Aarón.

—Tranquilo, Aarón —le dijo ella mientras lágrimas devastadas se le resbalaban a través de sus ojos verdes—.Todo está bien.

—No lo está —le contestó él mirándola de una forma que hacía muchísimo que no hacía, no, desde que no habían estado en su habitación los dos solos tumbados apaciblemente en su cama—.Dame la daga, Claudia, y cuando termine, regresa a tu mundo —y en un instante, a Aarón se le cambiaron los ojos y otra vez se transformó en ese monstruo desalmado que tanto detestaba.

—Te amo, Aarón, siempre te amaré —le contestó ella entregándole esa daga tan bonita que era del color exacto de sus ojos, porque aunque hubiese llegado tarde, por fin lo comprendía todo. Su dolor, quién era, su sacrificio y su anhelo desesperado por reparar todo el dolor que esos seres que él había creado estaban causándose.

—Claro que sí, soy tu destino —le contestó ese ser enloquecido por el poder.

—Ahora necesitamos separarnos y decirnos adiós —y notó como Aarón lanzaba por última vez su lazo hacia Claudia y todo su mundo desaparecía.

—Te equivocas, siempre estaremos juntos. Esto es tan placentero —le susurró él recuperando algo de fuerza gracias el lazo mientras los Guardias del Orden se la llevaban al otro lado de la sala—.Jamás podrán acabar conmigo si te tengo —y entonces, Aarón se levantó a pesar de todas sus heridas mientras un grupo de Guardias del Orden lo rodeaban.

—¡Quédate donde estás! —le ordenó Axel.

—No podréis apartarme de ella —y Aarón tiró del lazo mientras los guardias de allí dentro lo sujetaban para que ella no se acercara a él.

—¡Quédate donde estás! —le repitió Axel en un tono más fuerte, pero él empezó a reírse como si creyese que en cualquier momento podría terminar con todos esos guardias de un plumazo a pesar de sus múltiples heridas.

Claudia en ese instante recordó esa pesadilla en la que había visto a Bhishmá desangrándose y mal herido mientras moría abatido porque el lazo lo había llevado hasta la extenuación. Todo terminará en muerte, pensó sin poder remediarlo, te guste o no, terminará muerto. Sentirse acorralada la ayudó a serenarse y decidió tomar esa decisión acertada en nombre del destino para que los habitantes del mundo que había creado Aarón pudieran seguir con sus vidas. ¡Lo haré, haré lo que quieras!

—¡Aarón! —y lo llamó precisamente con ese nombre para que el chico que ella había conocido en el pasado y que sabía que aún estaba dentro de ese cuerpo apareciera—.Es el momento de decirle adiós a este mundo —le dijo mientras ese lazo no dejaba de tintinear por la tensión—.¡Destrúyelo! —le gritó a ese chico que la miraba con una sonrisa malvada y entonces, él sujetó con fuerza su puñal en su mano derecha mientras con la otra tiraba del lazo—¡Destrúyelo para salvar este mundo! —y Aarón la miró a los ojos.

—Lo siento, Claudia —fueron sus únicas palabras antes que clavara ese puñal de jade en medio del lazo.

—Está bien —le susurró Claudia para darse fuerzas—.Está todo bien —porque a medida que Aarón se dejó caer encima de ese lazo roto, Claudia notó como algo dentro de ella se escapaba con él.

Una repentina explosión de luz inundó la sala y Claudia necesitó cerrar los ojos para no quedarse ciega. Entonces, los abrió para ver qué había ocurrido y solo tardó unos segundos en darse cuenta que él ya se había ido. En esa habitación plagada de Guardias del Orden y de soñadores ya no quedaba nada más, ni un dios, Génesis o Aarón.

—Ahora todo ha terminado —le dijo su amigo Pedro mientras Isa la abrazaba, porque ese ser tan excepcional acababa de evaporarse de ese mundo con la misma facilidad con la que lo hubiera hecho una estrella fugaz. Fue en ese momento cuando Claudia comprendió lo que había sucedido y pegó un grito desgarrador mientras sentía que no quería vivir más: “regresa a tu mundo, Claudia”.

—Mi mundo eres tú —le contestó a los últimos deseos de Aarón mientras alguien tiraba de ella para sacarla de esa sala donde acababa de perder a su destino.

Enterrada bajo lápidas de lamentaciones,

ahogándome entre mis propios gritos,

desgarrándome por un estéril e inservible valor,

¿cómo podré vivir en una mazmorra descompuesta?

Ángela contempló el lugar donde hacía apenas unos minutos había estado su hermano y suspiró: “Adiós, Aarón. Gracias por tu sacrificio”.

—¡Nos vamos! —les ordenó a los soñadores que la habían acompañado—Recoged los cuerpos de vuestros compañeros y jamás habléis de esto con nadie —porque a partir de ahora, ellos representarían una nueva era. Serían las víctimas y héroes que habrían liberado su mundo y Ángel se ocuparía que así lo contasen los libros.

—Muchas gracias por vuestra ayuda —le dijo Axel alargándole la mano.
—Gracias a vosotros —y Ángela sujetó la mano de ese guardia con fuerza—.Si ellos lo hubieran comprendido antes —le dijo mientras contemplaba a todos esos soñadores muertos.

—Vas a convertirte en una gran líder para los tuyos.

—Con que solo exista paz y prosperidad, me conformo.

—Todos hemos perdido —intentó consolarla Axel, y ella no pudo evitar fijarse en un par de guardias muertos y otros tantos heridos.

—Todos pertenecemos a este mundo —le contestó Ángela antes de cubrirse con su capa púrpura y salir volando del Templo para regresar a su castillo.

A ella, le había tocado luchar contra los ideales de sus propios padres aun así, no podía evitar sentir esa liberadora sensación que le confirmaba que no se había equivocado y que si alguna vez necesitaba repetirlo, se lanzaría a ello con los ojos cerrados. Sin duda, todos habían perdido demasiado durante esa noche pero a veces, algunas personas pierden más de lo que jamás han poseído en toda su vida.

En la vida existen múltiples tipos de luchas; hay luchas sangrientas, luchas pacíficas, también existen luchas indeseables y luchas que se repetirán a lo largo de nuestra existencia hasta el fin de nuestros días. Estas últimas son las peores de todas porque nos desgastan, nos topamos con ellas sin poder evitarlo y por más que intentemos esquivarlas, siempre terminan encontrándonos. Son también las luchas más desalentadoras, solitarias, con victorias escurridizas pero que llegan a calarnos por dentro y las denominamos “pérdida”.

Cuando Claudia regresó a su casa, sus padres no le dijeron nada, su madre le había explicado una historia ficticia a su padre y ella, se había limitado a seguirle la corriente y a desentenderse de su propia vida a la que parecía que le era imposible regresar. Paradójicamente todo su mundo se encontraba exactamente igual a cómo lo había dejado pero ella era incapaz de seguir hacia delante. El tiempo allí se había estancado y congelado, y todo conservaba el mismo aspecto y tono del pasado. Pero a Claudia todo ahora le resultaba irrelevante, poco profundo y apagado, y aunque sabía que era ella la que se había apagado, no podía evitar sentir todo su entorno impregnado por esa deprimente aura. ¿Qué le importaba a su mundo que un ser de otro lugar hubiera fallecido? Y aunque a la práctica y siendo realista así era, ella no podía evitar recordarlo y sentirse miserablemente culpable. ¿Podría haberlo salvado?

La primera noche que Claudia se encerró en su habitación de nuevo, se tumbó en esa cama donde aún podía sentir a “su Aarón” y se echó a llorar desconsoladamente mientras recordaba la sensación del lazo apretándole la muñeca o veía a ese chico con capucha cruzar su ventana con una gran sonrisa en su rostro. Claudia descargó toda su impotencia metida en esa cama mientras notaba que el dolor en su pecho crecía y se hacía más y más grande. Una bola empezó a sacudirle el estómago y entonces, deseó gritar con la misma fuerza con la que había gritado en esa sala del Templo cuando lo había perdido.

—¿Hija? —y Claudia se fijó que alguien acababa de entrar a su habitación—¿Te encuentras bien? —le preguntó su madre preocupada mientras le acariciaba el rostro mojado.

—¡Mamá! —le gritó ella desconsoladamente mientras la abrazaba—¡Mamá!

—Vas a recuperarte —y su madre empezó a llorar con ella dándole las gracias a quien fuera porque le había regresado su hija—.No necesitas contarme nada.

—Ha sido horrible.

—Lo sé.

—¿Cómo? —le preguntó ella apartándose.

—Tu abuela, mi madre, me preparó para esto. Pero como yo no mostré ningún tipo de habilidad pensamos que el lazo se había perdido.

—Os equivocasteis, pero ahora sí está destruido.

—Lo siento, hija. Cuando tu abuela lo supo intentó protegernos y terminó…

—Lo sé, ella lo hizo para salvarnos. Nos ha ayudado a todos —y Claudia no pudo evitar recordar la forma en que su abuela se había introducido en la mente de Aarón para guiarlo.

—Perdóname por no haberte protegido —le dijo su madre, y Claudia la abrazó de nuevo.

—Perdóname tú a mí por haberme ido de casa de esa forma.

—Ahora descansa, buenas noches —y su madre la dejó sola en la habitación.

Claudia se tumbó en la cama donde se había dormido muchísimas noches junto a Aarón y no pudo evitar dejar la ventana abierta con la esperanza que él pudiera entrar de un momento a otro como en el pasado. Pero después de haberse pasado toda la noche llorando y gritando en su propia cama, él jamás había regresado y entonces, a la noche siguiente volvió a abrir la ventana porque jamás podría aceptar que lo hubiera perdido a él para siempre.

Sin duda la nueva reina de los soñadores representaría toda una revolución para los suyos porque a su corta edad y después de todas las pérdidas sufridas, era la más plenamente consciente de todo el mal que ese lazo podía haber terminado causado en su mundo. El destino era una espiral imprevisible que los había implicado a todos así que finalmente y después de haber arrasado con todos a su paso, cuando el lazo se le había presentado a ella, Ángela había decidido contestarle que ¡no! No necesitaban un lazo para tener un destino ni para seguir con su mundo. Una niña mimada y consentida que se había pasado su infancia divirtiéndose con sus hermanos, ahora se encontraba sola en su trono después de haber rechazado el arma más poderosa del mundo.

—Ángela —la llamó su prima Juliet.

—Dime.

—Ya han llegado —y centenares de soñadores entraron al gran salón del castillo aplaudiéndola.

—¿Qué es esto? —le preguntó asombrada mientras los saludaba con la mano.

—Tu nueva familia —le contestó su prima, y Ángela se emocionó muchísimo al ver todos esos rostros brillantes pero no derramó ni una sola lágrima porque tal y como le había enseñado su difunta madre, una reina nunca debía llorar en público.

—Muchas gracias —les agradeció su jovencísima reina, y fue saludándolos uno por uno.

—¡Señora! —la llamó un apuesto joven soñador de cabello oscuro—Me gustaría unirme a su ejército —y el joven se arrodilló ante ella.

—¿Por qué? —le preguntó Ángela sorprendida por su devoción y cuando él levantó su rostro para contestarle, se encontró con un par de hermosos ojos grises que parecían de plata.

—Porque usted es buena y justa —y Ángela empezó a sentirse intimidada por ese par de ojos que parecían ver más allá de su mente.

—Creo que se equivoca no soy…

—Jamás me equivoco —le contestó acercándose a ella—.Usted rechazó el lazo para salvarnos y actuó contra todo lo que le habían enseñado.

—¿Cómo sabe que…?

—Lo he visto —le contestó, y Ángela no tuvo ninguna duda que esos ojos eran capaces de ver más allá de lo normal—.Será una gran reina.

—¿Eso también lo ha visto? —le preguntó intrigada por sus peculiares poderes.

—Es fácil deducirlo —le contestó sonriéndole.

—¿Y qué más ha visto?

—Hay cosas que es mejor no anticipar.

—¿Por qué se niega a contestarme, tan terrible es?

—Nada de eso, pero temo que si lo hago no vaya a cumplirse.

—¿Es algo bueno, entonces?

—Es el mejor destino de todos —y para sorpresa de Ángela ese soñador se acercó a ella y le dio un beso en su mejilla—.Encantada de conocerla, mi futura esposa —y Ángela se quedó tan sorprendida que no fue capaz de contestarle.

Esa reina se quedó observando a ese soñador joven de ojos preciosos que no dejaba de sonreírle “mi futura esposa” y no pudo evitar empezar a reirse.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó su prima intrigada por su risa descontrolada.

—Nada, creo que definitivamente estaré perfectamente bien a partir de ahora —porque Ángela no tenía ninguna duda que un reino plagado de paz al lado de ese atractivo chico era el mejor destino de todos con o sin lazo.

Sin duda su madre había sido incapaz de ver todo lo que dejaba atrás; su mundo, su gente y sus lazos. Todo aquello bueno que aún quedaba era algo por lo que valía la pena sacrificarse y de nada o más bien poco servía regodearse en mundos tristes y oscuros que solo traían tristeza para el alma. Porque definitivamente uno no puede ser feliz si no lo intenta y ahora, Ángela era plenamente consciente que ninguno de ellos lo había intentado lo suficiente.

—Intentémoslo —le dijo a su prima antes de alejarse para hablar un poco más con ese misterioso chico de ojos grises del que no sabía el nombre—.Intentemos ser felices.

­…

A pesar que la tierra y su familia fueran los mismos de siempre y a pesar que parecía que allí dentro no hubiera sucedido nada, a Claudia le era imposible desprenderse de sus propias emociones y se sentía más fuera de lugar que nunca. Nada tenía un maldito sentido en su caos emocional y le estaba costando muchísimo adaptarse a su antigua rutina cuando en su interior habían estallado tantísimos cambios. Así que solo pudo cubrir con un tupido y opaco velo sus propios dolorosos recuerdos mientras sentía que había perdido algo irremplazable que jamás reencontraría de nuevo. Después de una semana de encierro y ante la mirada de preocupación de su madre, Claudia bajó al portal de su casa cuando ésta la avisó que sus amigos la estaban esperando abajo.

—Hola, ¿qué hacéis aquí? —les preguntó algo desanimada cuando vio que solo se trataba de Isa y Pedro.

—De visita. ¿Así es cómo nos recibes después de tanto tiempo? —aunque ella había intentado negarse todos esos días que habían transcurridos desde que Aarón se había marchado.

—Lo siento, ¿cómo estáis? —les preguntó abrazándolos, y para Claudia ellos fueron la prueba física que lo que había vivido en ese mundo que llevaba su nombre, había sido real. Tan real como todo el dolor que le estaba traspasando la piel de nuevo.

—Bien, las cosas están muy tranquilas —le explicó Pedro.

—Ahora no podremos pasarnos demasiado por aquí —y ella sonrió a Isa porque sin lazo y sin destino, ellos ya no necesitaban vigilarla más.

—Pero somos amigos, ¿vale? —le contestó Pedro.

—Por supuesto, sois mis ángeles de la guardia —y los tres se fundieron en un abrazo.

—Te queremos —le insistió Isa.

—Y yo a vosotros —porque jamás ni en un millón de años Claudia podría olvidar todo lo que habían hecho esos dos por ella—.Gracias por todo —les contestó.

—No te esfuerces demasiado, pequeña —le dijo Isa antes de abrir sus alas para regresar a su mundo.

—Adiós —les dijo mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos.

—No es un adiós sino un hasta pronto —y Pedro le sonrió como siempre con la única diferencia que ahora llevaba ese precioso par de alas blancas detrás de la espalda.

—¡Hasta pronto! —les gritó Claudia mientras notaba como empezaba a llorar.

La amistad no siempre se ve pero se siente, la amistad no siempre está a tu lado pero es palpable. La amistad es tener a tus amigos alados en un mundo mágico y saber con certeza que puedes contar con ellos.

Dos ángeles sobrevolaban su mundo mágico para llegar a su fortaleza cuanto antes y empezar el entrenamiento de todos sus hombres.

—Será extraño estar sin ella —le decía Isa con tristeza.

—Sí, pero ahora ya está segura. Además, siempre podremos visitarla.

—Lo sé, pero no será lo mismo —porque ahora no podría acudir a su casa cada día, ni quedar los fines de semana, ni se quedaría a su casa a dormir de vez en cuando o quizá eso sí, pero no sucedería tan regularmente.

—No, todo ha cambiado —y automáticamente Pedro recordó todo lo que había vivido junto a su amiga Claudia—¡Ahora no te pongas triste tú también!

—Y tú no te hagas el insensible.

—Claudia está bien. Además, te olvidas que no estará sola.

—Cierto, me pregunto cuándo lo encontrará.

—A su debido tiempo.

—Eso suena muy sospechoso, Pedro. Tú Sabes algo más —y su amigo le sonrió mientras aleteaba sus alas—.Ahora que a ambos nos han ascendido podrías mostrar algo más de respeto hacia tu compañera de armas.

—Te olvidas que para mí siempre serás mi mejor amiga —y en ese momento Isa sujetó la mano de Pedro con fuerza y ambos se perdieron a través del cielo para regresar a su fortaleza cuanto antes.

A partir de ahora Isa, Pedro y el resto de Guardias del Orden seguirían protegiendo su mundo y a todos los seres que lo habitaban. Gracias a Génesis habían logrado destruir el lazo del destino, así que en su nombre y en el de Mortem, seguirían custodiando su mundo para que fuera un lugar de paz y equilibrio. Un equilibrio justo y perfecto entre Guardias del Orden y soñadores en un mundo tan cambiante que parecía que acabase de nacer esa misma mañana con los primeros rayos de sol. Su mundo ya no estaría dirigido por dioses, lazos y cadenas, sino por sus habitantes que deberían cooperar constantemente para mantenerlo.

Claudia contempló el cielo en medio de la calle y suspiró. Esta tarde había salido para despejar un poco su mente con la esperanza de encontrar algo estimulante y emocionante que lograse conectarla de nuevo al mundo.

—Al final me he quedado sola —se dijo mientras un sentimiento amargo empezaba a atragantársele en la garganta—.Sola —y Claudia se acurrucó delante del portal de su casa y empezó a llorar hasta que notó una bola peluda que le lamía sus manos con insistencia.

—¿Qué? —se preguntó observando a un cachorro de color crema que no dejaba de lamerle el rostro—¡Basta! —y Claudia empezó a sonreírle—Eres muy persistente —le dijo mientras lo acariciaba.

—¡Lo siento! —se disculpó un chico con gorra dirigiéndose hacia ella—Hace lo que quiere —y ella le sonrió.

—Bonito perro —le dijo Claudia antes de encerrarse en su casa de nuevo para meterse en su oscura habitación  y esperar con paciencia que el día terminase.

—¡Claudia! —lo llamó el dueño del perro—¿No me reconoces? —y nada más escuchar su nombre pronunciado por esa voz, ella se giró y se encontró con ese chico sin la gorra puesta sonriéndole. Sus ojos eran del color avellana, algo rasgados, su piel parcialmente bronceada y su cabello castaño corto… ¡No puede ser!

—¿¡Aarón!? —chilló sin comprenderlo mientras empezaba a llorar y corría para abrazarlo.

—Ahora soy un simple mortal —le susurró tirando la gorra al suelo y abrazándola con fuerza.

—Pero… —y ella lloró más de lo que jamás hubiese llorado pero de alegría.

—Si tanto lamentas que haya regresado, puedo irme —le contestó él.

—¡No! Ni se te ocurra dejarme de nuevo.

—No lo haré aunque me lo pidas —y Aarón se acercó a sus labios para besarla. Esta vez notó sus labios dulces, calientes y llenos de vida, y Claudia fue completamente consciente que ese era el auténtico Aarón de siempre—.Lo escuché todo, Claudia. Yo también te amo —y ella supo que todos los sentimientos que le había gritado esa fatídica noche a la desesperada, finalmente lo habían alcanzado—.Eres mi destino.

—Para mí eres más que eso —le contestó mientras él le besaba las mejillas llenas de lágrimas.

—Ahora soy un chico con gorra que sale a pasear a su indomable cachorro.

—Ni te imaginas lo bien que suena esto —y empezó a reírse mientras el perro no dejaba de ladrarles para que le prestaran atención—¿Sabías que podrías regresar? —le preguntó mientras acariciaba al cachorro.

—En realidad no estaba muy seguro, por ello preferí no contártelo. Ahora soy mortal, con una vida efímera y un cuerpo débil así que no sabía si sería capaz de soportarlo.

—Siempre pensaste en mí —le dijo Claudia al comprender que él también había luchado para que pudieran estar juntos.

—Aunque intenté no hacerlo y centrarme exclusivamente en mi responsabilidad, encontré algo por lo que quería luchar aún más.

—¿Insinúas?

—No puedo sacarte de mi cabeza, Claudia, y esto va mucho más allá del lazo.

—Yo tampoco —le confesó ella.

—A partir de ahora quiero ser absolutamente sincero contigo y tener una vida normal a tu lado.

—¿Normal? —le preguntó mientras el perro jugueteaba con su mano—Creo que ya es tarde para eso —y Aarón le ató la correa roja a su perrito.

—Podemos empezar dándole un paseo a Génesis —y Claudia se miró boquiabierta a esa pequeña bola de pelo que no dejaba de menear su cola.

—¿Le has puesto tu nombre?

—No sé de qué me hablas, yo me llamo Aarón —le contestó sonriéndole, y los tres empezaron a andar calle abajo para empezar una nueva vida juntos.—Una vida terrenal, corta pero real, ¿no te parece fantástico, Claudia?

—A tu lado todo me parece maravilloso.

La primera decisión completamente libre que tomó Aarón después de haberse librado de sus responsabilidades y de su pasado como creador, dios y dueño del lazo del destino, fue quedarse al lado de Claudia para empezar aquello que Margaret le había dicho una vez en sueños: “un día conocerás a mi nieta y vas a enamorarte de ella”.

—¿De qué te ríes? —le preguntó Claudia mientras paseaban por la ciudad con Génesis.

—Tu abuela era tan lista —le contestó levantando la vista hacia el cielo—.Lo supiste siempre, Margaret —y alguien desde el más allá empezó a reírse porque al final todo se había terminado y el rompecabezas acababa de ser completado.

Axel entró en la sala oscura donde Verdad se encontraba encerrada mientras intentaba comunicarse con ella.

—Ahora deberías dejarme descansar —le contestó Verdad sentada en su majestuosa silla—.Todo ha finalizado —y Axel se la miró sin comprenderla.

—Todo ya se había terminado, el lazo lleva semanas destruido.

—Aún le quedaba un último propósito por conseguir, pero por fin se han reencontrado.

—¿Quiénes?

—El destino —le contestó Verdad dándole la espalda—.Solo ella podía infundirle la fuerza suficiente a él para lograrlo —y ese ser mágico se sentó en la silla con una gran sonrisa en su rostro.

—Señora, ¿se refiera a Claudia y Génesis?

—Llámalo Aarón, él lo prefiere así a partir de ahora. Todo ha terminado, velad para que este equilibrio perdure para siempre.

—Lo haremos, señora.

El destino es así de atemporal, para él los años representan segundos y las personas que habitan en cualquier mundo, no son prácticamente nada. Quizá esta historia de amor empezó en realidad en el pasado, en un mundo mágico y en un sitio tan caótico y alterada del que poco o nada terminaremos entendiendo, pero tal como os he dicho, el destino no entiende de tiempo, espacio o personas. El destino solo entiende de lazos, de uniones fuertes e inquebrantables forjadas a base de amor, y precisamente de estas uniones trató esta historia, de los lazos del destino entre Claudia y Aarón, unos lazos que traspasaron su propia existencia. ¿Vas a creer en los lazos del destino? Recuerda que lo que suceda a partir de ahora, está en tus manos.

FIN

¡GRACIAS! a todos por leer y apoyar esta historia.

Desde lo más hondo de mi corazón y en nombre de sus personajes,  ha sido un honor escribirla.

¿Me acompañarás en mis futuras historias? 

¡Hola! soy Génesis, el perrito de Aarón. ¡¡Guau!! ♥

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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