Los lazos del destino: capítulo 3 – ¿Te atreves a abrir tu ventana?

¡Hola! Hoy publico desde la distancia porque me encontraré lejos de casa, concretamente pasando unos días en Tarragona y disfrutando a más no poder de Tarraco Viva. Si no lo sabéis es un festival romano repleto de recreaciones históricas, conferencias…¡Una pasada! (buscadlo por internet). Aquí os dejo con otro nuevo capítulo de Los lazos del destino (espero que se publique correctamente). Abrazos.


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 3: ¿Te atreves a abrir tu ventana?

Claudia miró el teléfono y dudó:

¿Quedamos esta noche?-Isa

Entonces observó la ventana que en ese momento se encontraba cerrada y se preguntó si a partir de ahora debería pasarse todos los sábados encerrada en su habitación. Esa semana Aarón había acudido solo dos noches, y en las dos, había aparecido tan tarde que ella ya se había quedado dormida. Solo se había despertado a altas horas por culpa del tintineo del lazo y él se había limitado a saludarla tumbado en su cama.Pero una cosa era esperarlo durante la semana y otra bien distinta, tener que quedarse en casa una noche de sábado cuando sus amigos salían de fiesta. Entonces cogió el móvil con determinación y tecleó:

Claro-Claudia

Por la noche Claudia salió de su propia casa con la extraña sensación que estaba haciendo algo malo y eso solo logró enfadarla. En realidad ella no hacía nada fuera de lo común, era libre para salir de fiesta a sus dieciocho años de edad y si sus padres no se oponían a ello, no podía ser Aarón el responsable de ello. De hecho, la culpa era exclusivamente suya por no dejarle un número de teléfono o algo para contactar con él. Así que si él que no quería soltar prenda sobre qué eran esas cosas extrañas y porqué demonios necesitaba hacerlas, no sería ella la que se preocuparía de ello.

Después de cinco paradas Claudia se bajó del metro y se encontró con su amiga Isa que miraba el móvil nerviosa, siempre había sido tremendamente impaciente y eso que llegaba perfectamente puntual.

—¡Hola!

—¡Uau Claudia! Estás espectacular —ella se rio por su piropo, la que estaba tremenda era precisamente su amiga. Llevaba una minifalda brillante de infarto con un top ajustado negro que resaltaba sus atributos. Claudia en cambio, se había puesto un recatado vestido corto verde que se le ceñía a la cintura y le caía en un gracioso vuelo. Parecía una prenda demasiado infantil al lado del look sofisticado de su amiga, pero eso era sencillo pensó con resignación, pues su amiga Isa parecía una maldita modelo de pasarela.

—¡Pivones! —escucharon que alguien las llamaba y ambas se giraron al reconocer la voz de Pedro. Como siempre, él también estaba espectacular, moreno, alto, con un corte a la moda y un rostro envidiable. Él se acercó a Claudia para saludarla y le dio un fugaz pico.

—Estás guapísimo —sentenció ella contemplando a su mejor amigo. Llevaba una camisa clara que se le ajustaba perfectamente y los pantalones beige le caían con elegancia—.Creo que me estoy deprimiendo.

—¡Pero qué dices! —la regañó Pedro cogiéndola del brazo—.Tu estilo es el de niña buena, deja que Isa sea la perra.

—Eis, te estoy escuchando —refunfuñó Isa mientras se pintaba los labios.

—Os va a encantar la discoteca.

—Mientras no sea solo para gays.

—No me seáis anticuadas.

—¿¡PERDONA!? —exclamaron las dos a la vez, aún recordaban la última vez que Pedro las había engañado y habían terminado en un local gay. A ellas que fuera homosexual no les importaba pero cuando los tres se encontraban sin pareja, ese era un factor importante a discutir.

Así que habían llegado a una especie trato a partir de ese fatídico día: sólo pisarían discotecas neutrales donde todos pudieran tener opciones a “algo”. Pero ese “algo” parecía que a Claudia se le resistía bastante y no era apenas capaz de recordar la última vez que se había enrollado con alguien en una discoteca. De hecho, la última vez había estado tan sumamente borracha que no recordaba prácticamente nada aunque para su tremenda desgracia, sus amigos parecían recordarlo todo a la perfección y le habían detallado infinidad de veces ese lamentable espectáculo.

—Perfecto —soltó Isa con sarcasmo nada más contemplar la enorme cola que había para entrar en la discoteca.

—¿Qué esperabas? Así tendrás más donde elegir —la animó Pedro, pero Claudia ya se sentía desalentada, esa cola era tremendamente larga y dudaba que por muy grande y espectacular que fuera el sitio, pudieran entrar todos.

Mientras se encontraban haciendo cola y debatiendo las probabilidades que tendría cada uno de ligar esa noche, a Claudia le pareció escuchar el tintineo de unas campanas. Esto no puede ser, se dijo a sí misma, sin duda se estaba volviendo una paranoica, pero entonces las volvió escuchar y notó que alguien tiraba de su brazo.

—¡Perdona! —se disculpó al darse cuenta que le había dado involuntariamente un golpe a su amigo con el brazo, y Claudia se giró lentamente para encontrarse con quien menos deseaba encontrarse.

Aarón esa noche lucía exactamente igual que la primera vez que lo había visto, llevaba esa sudadera oscura con la capucha que le ocultaba el rostro pero a juzgar por el hilo que salía de su brazo y llegaba a ella, no había duda que era él. Entonces observó con pánico su muñeca rodeada por esa multitud e intentó cubrirse.

—Creo que he visto a alguien que conozco voy a…

—Hola Claudia —la cortó Aarón muy cerca de ella, de hecho lo sentía casi pegado a su oreja y notaba su respiración muy profunda.

—Hola —se limito a saludarlo avergonzada.

—¿Os conocéis? —preguntó Pedro interesantísimo en ese chico misterioso.

—Claudia y yo somos muy íntimos —le aclaró mientras se quitaba la capucha. Con esa elocuente mirada Pedro captó dos cosas, en primer lugar que era hetero y en segundo lugar, que le gustaba Claudia y lo consideraba una amenaza.

—No recuerdo que te haya mencionado nunca —soltó Pedro para martirizarlo.

—Y yo no recuerdo que me haya hablado de ti —le contestó irritado.

—Soy Pedro, su mejor amigo entre otras cosas —le informó tendiéndole la mano en señal de saludo. Sabía perfectamente que ese chico lo estaba malinterpretando todo pero le haría sufrir un poco, su mejor amiga lo valía y si no era capaz de superar una simple broma, mejor sería que se fuera.

—Así que estás en la zona de amigos —le contestó él burlonamente—.Yo soy Aarón —pero no le tendió la mano para saludarlo y Pedro recogió la suya con una sonrisa.

—Yo soy Isa —la cual acercó su generoso escote a ese chico de cabello castaño para darle dos besos. Él apenas se movió ni tampoco hizo nada para saludarla.

—Necesito hablar contigo —le dijo muy serio a Claudia ignorando a sus amigos.

—Creo que ahora mismo no necesitamos hablar sobre nada.

—¿Estás segura? —lo provocó él mirando a sus amigos y cogiendo la cinta roja entre sus dedos.

—¡Está bien! —aceptó ella siguiéndolo—¿Pueden verla? —le preguntó nada más alejarse.

—Claro que no, no soy tan estúpido. ¿Sabes lo que me ha costado encontrarte? —la interrogó dándole la espalda.

—Había quedado con mis amigos para salir de fiesta. ¿Qué querías que hiciera?

—¡Decírmelo! —exclamó él girándose como si hubiese perdido la paciencia.

—¿Cómo? ¡No sé nada de ti! —le gritó y después volvió a bajar el tono—.Ni un número de teléfono ni nada, ¿cómo querías que te avisara? —entonces Aarón fue tirando de la cinta roja que les unía para que ella se fuera acercando.

—Tú eres mía, ¿lo sabes? —y ella se rio cabreada con unas ganas tremendas de empujarlo.

—¡Y una mierda! Yo no soy de nadie, a lo mejor un poco de mis padres y ni eso.

—¡Teníamos un trato!

—¿Pretendes que me quede en casa esperando que aparezcas? Estás loco.

—Te lo dejé claro la primera vez, necesito conectarme.

—Y yo necesito mi vida —como él pareció no comprenderla ella empezó a ponerse más nerviosa—.Déjalo, sácame esto —le contestó Claudia intentando arrancarse la cinta—.¡Te he dicho que me la saques! —entonces empezó a desesperarse intentando arrancársela.

—Claudia tranquilízate —le susurró él muy cerca de ella tomándole la mano que llevaba la cinta—.Estaba preocupado, ¿no lo entiendes?

Ella lo miró, en ese momento estaba muy serio y la miraba como si quisiera decirle algo con sus ojos de avellana. Ella no sabía qué podría querer decirle ese chico que guardaba tantos secretos, en realidad no lo entendía para nada pues parecían dos personas tan opuestas, condenadas a no entenderse jamás.

—Me preocupa no saber donde estás —le aclaró él acercando su rostro al suyo. A esa poca distancia ella podía notar su respiración que era un poco más pesada de lo normal. Entonces él se acercó un poco más a ella y terminó rozando sus labios. Aarón tenía unos labios calientes y suaves, y Claudia aguantó firmemente su posición explorando ese nuevo sentimiento. Él tiró un poco más del lazo que los unía y se escuchó el tintineo de las campanas mientras Aarón la cogía por las muñecas y seguía besándola. Fue un besos muy suave y sutil, casi como una fugaz caricia entre dos niños. Ella no se atrevió a tocarlo ni a exigirle más, como si en cualquier momento pudiera desaparecer de su vida.

—Claudia —le dijo soltándola muy despacio.

—¿Si? —le preguntó con la esperanza que no se fuera.

—Estás muy guapa —y así Aarón se despidió de ella esa noche.

Claudia se quedó observándolo mientras se iba, le había quitado el lazo rojo de la muñeca y en su lugar, le había dejado escrito un número de teléfono. Entonces Claudia se fijó en toda la multitud de chicos que se encontraban haciendo cola para entrar en la discoteca y se preguntó por qué estaba tan tremendamente convencida que allí dentro no encontraría ninguno capaz de hacerle sentir ese extraño hormigueo por un simple roce infantil.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. R. Crespo 24/05/2015
  2. Clover Clover 24/05/2015

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