Los lazos del destino: capítulo 29 – ¿Luchas o mueres?

¡Hola lectores! ¿Os gusta el aspecto del cuaderno un poco más navideño? Ni os podéis imaginar lo útil que le resulta el gorrito a nuestra ovejita para no resfriarse (por favor, cuidaros mucho contra el frío). ??

Pero por muy alegres que estemos por aquí cantando villancicos (y lo que nos apetezca), no todos están tan felices. En Los lazos del destino me temo que todo va a tomar una dirección indeseada o una dirección que a ninguno nos apetece que tome (yo incluida). Tal y como está escrito en la imagen del capítulo os dejo la pregunta: “¿Luchas o mueres?”.

Hoy os mando mucha energía para superar esta semana, exámenes, trabajo, ¡o lo que sea! ¡Energía a tope! Saludos. ✨✨


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 29: ¿Luchas o mueres?

Dios, si existes no dejes que sufra. Dios, si realmente estás con nosotros no permitas que esto ocurra. Dios, si realmente eres capaz de apiadarte de nosotros, llévame a mí pero no a él. ¡A él especialmente no!

Aarón llevaba varias horas inmovilizado, desde que había comprendido el plan de Casandra para terminar con su vida antes que pudiera destruir el lazo, había pedido a los Guardias del Orden que lo ataran lo más fuerte que pudieran para que no pudiese seguir lesionándose. En un principio los guardias no habían comprendido el motivo de esa extravagante solicitud, pero cuando Axel había visto lo que ese monstruo había causado en poco tiempo en el cuerpo de Génesis, no había guardado ninguna duda.

—Deberías ir a buscar a Claudia —le ordenó Axel a Pedro desde la puerta acorazada—.No puede soportarlo más —y Pedro contempló la puerta metálica y escuchó los gritos de dolor que se filtraban a través de ella.

—¿Estamos haciendo lo correcto, verdad? —le preguntó él a su superior, porque por mucho que entendiera que esta era la única forma de salvar su mundo, esos gritos y todo ese dolor, no eran para nada buenos.

—Nosotros no somos nada, él es el único que conoce la verdad —y Axel le dio la espalda y guardó silencio.

Aarón se encontraba custodiado por decenas de espadas y escudos porque todos los que se encontraban en el Templo eran plenamente conscientes que en cualquier momento podrían despertar las retorcidas bestias que se encontraba dentro de su alma. No solo las visiones de Aarón cada vez eran peores y más intensas sino que ya no estaba muy seguro si podría soportarlo por mucho más tiempo. Eso sin duda era lo que más miedo le daba, saber que por muy poderoso que fuera podía perder el control y desatar un sufrimiento tan monstruosamente grande en el mundo que él mismo había creado, terminaría por consumirlo.

—Eres tremendamente fuerte —murmuró mientras notaba cómo ese lazo le apretaba el brazo—.Pero no voy a dejar que te salgas con la tuya —y Aarón cerró los ojos para concentrarse y evadirse de todos.

Ese chico sin apenas color en el rostro soñó con una habitación oscura, sin ventanas ni puertas, un cubícalo estrecho sin opciones para huir. Un lugar solitario, asfixiante y sin apenas aire y de repente, en medio de ese lugar tan desolador y perdido, un par de ojos verdes preciosos le sonreían. “Sé fuerte”, le repetían esos ojos sin hablarle, “sé fuerte, Aarón”, y ese chico tan terriblemente débil le sonrió y alargó su enfermiza mano para acariciar ese rostro que era lo único que lo mantenía en pie y acababa de transformarse en su única razón para seguir viviendo. ¡Fuerte!

Claudia no podía dejar de escuchar los gritos de Aarón, y aunque ahora mismo se encontraba a bastantes metros de distancia de él, le resultaba imposible ignorar sus aullidos desgarradores que estaban traspasando el Templo.

—Claudia —la llamó Pedro a través de la puerta del despacho donde la había dejado hacía unas horas para que leyese el diario de Aarón—.Todo está listo —y a ella se le calló el libro al suelo mientras no encontraba las fuerzas para levantarse. ¿¡Ya!?

Y de esta manera tan simple, “está listo”, el mundo para Claudia dejó de existir y las voces de sus amigos le parecieron muy lejanas y todo a su alrededor se transformó en cosas borrosas y horrendas. ¡NO!

Claudia empezó a caerse a través de una espiral frenética que no dejaba de marearla, se sintió pesada y sin oxígeno, y comprendió que aquello era angustiosamente placentero. En ese mundo no había razón, ni sacrificios ni lazos, solo caídas hacia infinitos imposibles donde uno podía sentirse mortalmente libre. Pero entonces, cuando Claudia sonrió por lo bien que se estaba sintiendo, notó como algo o alguien tiraba de ella por la muñeca. “¡Debes ser fuerte, Claudia!” y ella pegó un grito cuando se fijó que era Aarón mirándola con preocupación mientras la sujetaba con el lazo del destino para que no se cayera al vacío, “sé fuerte por mí” y en sus ojos color avellana lo comprendió todo, eso era lo que quería y ella no era nadie para impedírselo.

Isa ordenó que los guardias esperasen fuera del despacho mientras abanicaba a su amiga que acababa de marearse. Seguramente saber que había llegado el momento había terminado por derrumbar las pocas defensas que le quedaban y más, después de unas semanas de nervios, insomnio y mala alimentación.

—¡Claudia! ¡Claudia! —la llamó su amigo, y hasta que Pedro no la zarandeó para que reaccionase, ella no le contestó.

—¿Qué ocurre? —le preguntó Claudia asustada recobrando el sentido.

—Necesitamos que seas fuerte —y ella se lo miró mientras entraba en pánico.

—Creo que voy a marearme de nuevo.

—Nada de esto —le contestó Pedro sujetándole el rostro—.Mírame, vamos a salir de aquí juntos y entraremos allí dentro para terminar de una vez por todas —pero Claudia a pesar que estaba contemplando fijamente los tostados ojos de Pedro solo podía pensar que a partir del momento que salvara ese mundo lo perdería a él.

—¡Claudia! —la llamó Isa—Recuerda que él quería esto —y fue precisamente ese recordatorio lo que la impulsó a levantarse de su silla y salir del despacho. Fuera la esperaban decenas de Guardias del Orden colocados en fila marcando el camino para que ella pudiera llegar a su mayor miedo. Con cada paso dirigido hacia esa sala notó como el corazón resonaba acompasado como un tambor marca el ritmo uniformo y monótono hacia la muerte, un ruido terrible y delirante que terminó por frenarla.

No estoy preparada. ¡No lo estoy! —y notó como le faltaba el aire y sentía muchísimas ganas de vomitar. ¡Dios mío!, se dijo. ¡NO PUEDO!

—Puedes —y Pedro la abrazó para susurrarle—Aarón sabía que podrías, sino jamás te lo hubiese pedido. Ayúdalo.

—Todos aquí confiamos en ti —le dijo Isa sujetándole la mano, y ella asintió mientras llegaban a esa puerta metálica custodiada por más de veinte guardias donde terminaría todo. Ese metal era lo único que ahora mismo la separaba de él, una barrera física que destaparía todos sus miedos y la llevaría hacia el infierno para siempre.

—¡Abrid las puertas! —les ordenó Axel, y para Claudia en ese momento fue como si se acabase de abrirse la mismísima boca del lobo.

Un grupo de soñadores capitaneado por su reina volaban a toda velocidad hacia el Templo de Génesis y a pesar que sabían que no serían muy bien recibidos, eso no amedrentó a Ángela.

—¡Necesitamos ser más rápidos! —les exigió—Si no llegamos a tiempo.

—Lo haremos —le contestó su prima Juliet—.Vamos a detener esto —y ambas soñadoras se miraron con cierto brillo de esperanza mientras iban a hacer exactamente aquello para lo que sus padres no las habían preparado.

Lo siento, se disculpó Ángela con sus ancestros mientras observaba el cielo que se abría ante ella, pero ahora muchos soñadores dependen de mí y sé que este es el único camino correcto.

Un corazón que alberga fe y convicción es el más valiente,

una fe inquebrantable, limpia y sin rencor, es la más fuerte,

una virtud grandiosa puede convertirte en  una gran reina

incluso aquella reina que hacía solo un par de días era una simple niña.

Claudia notó como alguien la empujaba con suavidad para que avanzara y cruzara esa fina línea de su propio destino que sabía que sería sin retorno.

—Vamos —le dijo Pedro sujetándola aunque ella deseaba huir con todas sus fuerzas—.Solo necesitas mantenerte a nuestro lado mientras Génesis hace lo correcto —y ella se horrorizó solo de imaginarse qué era eso de hacer lo correcto.

—¿Y ellos? —le preguntó Claudia cuando vio que varios Guardias del Orden entraban con ellos.

—Para tu seguridad, no te preocupes —pero a ella no le pasó desapercibido el inusual brillo de los ojos de uno de esos Guardias del Orden, y a pesar que llevaba un casco que le cubría el rostro, sus ojos le parecieron atemorizadores. ¿Esa era la clase de seres a los que Aarón quería salvar?

Aarón se encontraba desangrándose con cada minuto que pasaba encadenado a ese lazo que ya formaba parte de su alma, y a pesar que ya casi no le quedaban energías, no era lo que le estaba matando realmente. En su mente, visiones escalofriantes lo hechizaban para que matase a todos los Guardias del Orden y se proclamase el rey de ese mundo descontrolado. “Puedes hacerlo”, le susurraba su propia conciencia, “eres el dueño del destino” , y sus ojos se transformaron en un par de azabaches insensibles.

—¡No puedo! —gritó en voz alta para que se callaran y entonces, se fijó en el puñal tallado en esmeraldas que descansaba en su mano y le recordó su propósito—Voy a destruirte con esto —y una voz parecida a la de su abuelo le susurró en lo más hondo. “Tú va a morir también”, y él sonrió.

—¿Crees que me importa, Bhishmá? —y Aarón apretó el pequeño puñal mientras esos segundos le parecían eternos.

Claudia entró en esa sala que tan bien recordaba pero no le resultó familiar, ella se encontraba rodeada por los Guardias del Orden y a pesar que le ocultaban parte de la visión escalofriante de Aarón, pudo ver a un chico acurrucado en una esquina al lado de una inquietante mancha de sangre.

—¡Estamos listos! —le advirtió Axel guardando su posición junto al resto del grupo.

—El momento ha llegado —les dijo Aarón sin darse la vuelta, y a ella su voz le sonó más apagada y cansada que nunca—Todo termina aquí —y extendió sus brazos y Claudia se horrorizó al ver que ese lazo rojo estaba cortándole la piel y lo estaba desangrando.

—¡Madre mía! —jadeó ella mientras notaba como empezaba a llorar y Pedro la sujetaba.

—Tú debes quedarte aquí —le susurró Pedro—.Nosotros estaremos a tu lado —y ella se quedó congelada sin poder asimilar lo que estaba ocurriendo.

—¿Cómo quieres hacerlo? —le preguntó Axel.

—No quiero veros —le contestó Aarón—.Necesito que me deis la espalda para que me resulte más sencillo si la veo, no sé si podré reprimirme —y su voz se apagó y todos comprendieron que estaba pasando por una gran prueba. Por eso, todos se dieron la vuelta en silencio y Pedro giró a Claudia como si fuera una muñeca de cristal.

En este momento ella se sintió como un mueble, como si toda su vida se hubiera evaporado y ya no le quedara nada. ¡Nada había servido para salvarlo!, y entonces no lo soportó más y se giró para verlo una última vez a los ojos y gritarle todo aquello que siempre había deseado decirle.

—¡Claudia! —lo llamó Pedro, pero ambos automáticamente pegaron un grito cuando vieron que tres Guardias del Orden se habían abalanzado contra Aarón con sus espadas levantadas.

—¡Mierda! —y Pedro empujó a Claudia para lanzarse contra ellos mientras Isa lo cubría.

Para Claudia todo ocurrió tan rápido que solo fue capaz de quedarse en medio clavada como una estaca mientras sus amigos junto a Axel se lanzaban para apartar a esos guardias que se habían vuelto locos.

—¡Muere! —le estaba gritando el que se encontraba encima del débil cuerpo de Aarón con la espada levantada—Muere de una vez, ¡traidor! —y todos empezaron a luchar por sus vidas mientras ella no entendía nada.

Pedro intentó alcanzarlo pero uno de esos traidores lo atacó por la derecha y lo empujó contra el suelo con fuerza, Isa saltó automáticamente encima del que se encontraba amenazando a Aarón pero no llegó a tiempo porque en ese momento se escuchó el gritó de dolor de él acompañado de las risas lunáticas de ese Guardia del Orden enloquecido.

—¡Noooooo! —gritó Aarón mientras la espada le atravesaba parte del pecho—Yo soy… —y entonces apartó a ese guardia con tanta fuerza que terminó golpeándose contra la pared y le saltó el casco.

—¿¡Marcus!? —gritó Claudia reconociéndolo, y se dio cuenta que aquellos no eran Guardias del Orden sino soñadores—¡Son soñadores! —gritó desesperada—¡Son…! —pero no pudo decir nada más porque alguien le acababa de cubrir su boca con rabia mientras le daba un fuerte golpe en el estómago.

Claudia se cayó al suelo y todo pareció detenerse, alguien gritó enfurecido y colérico y supo que solo podía ser Aarón, los sonidos de espadas, armaduras y golpes no dejaron de taladrarle los odios y entonces, ella tendió la mano para recoger algo que se le había caído a él. Un pequeño puñal muy brillante de color verde que parecía más un artículo de exposición que un arma. ¿Qué es esto?, pensó mientras lo sujetaba con fuerza, es precioso.

—¡Joder! ¡Muere! —gritó Pedro porque Marcus parecía implacable en su lucha—¡Escoria! —y Claudia intentó moverse a través del suelo para alcanzar la puerta.

—¡Son soñadores! —gritó mientras la golpeaba—.¡Soñadores! —y alguien abrió la puerta como un huracán y aparecieron decenas de Guardias del Orden—.¡Salvadlos! —les gritó mientras notaba que alguien la apoyaba contra la pared—.Salvadlos…—pero entonces se echó a llorar al darse cuenta que allí dentro todos deseaban la muerte de Aarón todos, excepto ella.

Próximo miércoles… ¡¡EL FINAL DEFINITIVO!! Un capítulo más largo e intenso. Si creías que el lazo del destino te lo había contado todo, ¡te equivocabas!

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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