Los lazos del destino: capítulo 28 – Metidos entre alambres  y desangrándose la poca vida que nos queda. Dime, ¿qué nos queda?

¡Buenos días! Hoy arrancamos el día con Los lazos del destino.

Si a alguien se le está haciendo un poco cuesta arriba la semana, que no se preocupe, desde aquí le mando muchísimos ánimos y le recuerdo que ya no queda nada para Navidad. Personalmente me gustan todas las estaciones del año, creo que todas tienen sus cosas buenas y malas, y opino que es precisamente eso, el ir cambiando y escapando de la monotonía, lo que más me gusta. Supongo que nunca llueve a gustos de todos y siempre nos quejamos de lo que no tenemos (demasiado frío en invierno, calor sofocante en verano, primaveras con lluvias repentinas y otoños que parecen de todo menos otoños :P). Pero así somos nosotros, por mucho que nos quejemos las estaciones se toman su propio ritmo y no hay nada que podamos hacerle… o quizá sí, siempre podemos sonreírles y hallar su mejor parte.

Y ahora os dejo con el capítulo número 28, aún a día de hoy alucino con lo rápido que ha avanzado esta historia y avanzará en breve (¿a vosotros os ocurre lo mismo?). ¡Abrazos ovejiles para el rebaño más soñador del mundo! ??


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 28: Metidos entre alambres  y desangrándose la poca vida que nos queda. Dime, ¿qué nos queda?

La venganza es fría e indigesta, es un plato amargo, desagradable y con eso, es precisamente con lo que Casandra estaba dispuesta a abofetear a todos esos guardias del Orden que se habían atrincherado en el Templo de Génesis para destruir algo que le pertenecía por derecho.

—Nos vamos, señora —le informó Marcus junto a su reducido número de hombres.

—Tened cuidado y sedle fieles al lazo —les contestó su reina mientras contemplaba a sus seis mejores hombres vestidos con las ropas de los Guardias del Orden.

—Por supuesto, mi señora —y los seis se arrodillaron para mostrarle sus respetos antes de salir de ese castillo para recuperar el orgullo que habían perdido.

—¿Crees que podrán llegar a tiempo? —le preguntó Ángela con preocupación porque de todos, ella era la que poseía peor visión estratégica.

—Son los únicos capaces de engañarlos —le respondió su madre antes de cubrirse con su capa—.Ahora debo marcharme, hija, debo cumplir con mi parte.

—Pero, ¡no puedes dejarme aquí sola! ¿Y si te ocurre algo? No puedo, mamá…

—No temas, pequeña, necesito terminar aquello que ya he empezado —y Ángela vio como su madre cubierta por esa capa púrpura se perdía a través de las puertas de su castillo con un brillo extraño en sus ojos.

Claudia estaba siguiendo los pasos de sus dos amigos a través de ese templo mientras no podía dejar de pensar en lo que le había dicho su amiga: “hoy vas a descubrir muchas cosas”. ¿Qué tipo de cosas podrían ser?

La verdad es que cualquier cosa sería suficiente porque en realidad, Claudia no conocía nada de ese mundo ni porqué nadie le había podido contar más sobre él. Pensar en ello la entristeció un poco porque eso era la prueba que su relación con Aarón siempre se había basado en un montón de mentiras, secretos y engaños.

—Es aquí —le informó Isa mientras Pedro abría la pequeña puerta de madera—.Entra —y sus dos amigos se esperaron para que Claudia pasara.

Claudia cruzó esa puerta sin saber qué esperar de ella aunque lo que se encontró la decepcionó. Era una pequeña sala sin ventanas que parecía ser un pequeño estudio con un par de estanterías y un lujoso escritorio, pero era algo tan sumamente normal y ordinario en medio de un templo tan maravilloso, tan monótono incluso para una humana como ella.

—Eres la primera que no pertenece a este mundo que podrá leerlo —y esas palabras de Pedro la tensaron.

—Él quería que te lo entregáramos llegado el momento adecuado —le explicó Isa mientras apretaba algo de la estantería y ésta se abría como por arte de magia.

—¿Te refieres a Aarón? —y su amiga asintió.

—Es un regalo para ti —y de la pared apareció un libro marrón con una sofisticada portada gravada con unas filigranas doradas y rojizas que no dejaban de brillar bajo la luz de las lámparas.

—¿Qué es? —le preguntó Claudia mientras Isa lo sacaba del soporte en el que se estaba apoyando.

—Es el diario de Génesis —le explicó—Toma, cógelo —y Claudia se acercó a ese libro que parecía muy antiguo y se sorprendió cuando al tocarlo lo notó normal. Era un libro mediano, bastante pesado pero nada en él le pareció extraño o mágico. Un peso la mar de normal, un tacto cálido y unas páginas…y entonces lo abrió por la primera página y le apareció un nombre escrito a mano en unas grandes y trabajadas letras de tintas: “CLAUDIA”.

—¿Mi nombre? —se preguntó sin comprenderlo.

—No —le contestó Pedro—.Aquí es donde estás —le indicó señalando la pequeña habitación, y ella ahogó un jadeo sin comprenderlo.

—¿¡Cómo!?

—Este mundo se llama Claudia —le explicó Isa, y Claudia no pudo creerse que de todos los nombres posible, poseyera el suyo. ¡Es absurdo!

—¿Por qué? —le preguntó Claudia a ese montón de páginas—Es ilógicos, si acabamos de conocernos.

—Porque este es tu mundo —le dijo Pedro—.Es el mundo que Aarón creó para ti, por eso posee tu nombre.

—¿Y antes? —le preguntó ella cerrando el libro para que ese nombre dejara de perforarle el corazón—¡Mi abuela también estuvo aquí!

—Nuestro mundo cambia, Claudia. Está formado por todos los seres que lo habitan así que…

—Cuando él muera, ¿cambiará de nuevo? —y sus amigos guardaron silencio—No quedará nada de él —y Claudia acarició esa bonita cubierta mientras empezaba a sentirse perdida de nuevo.

—No es así —le contestó Isa—.Aquí siempre permanecerá el mundo que creó para ti —y su amiga le señaló el libro—Pedro y yo lo localizamos cuando estábamos intentando ayudarte a encontrar respuestas, pero Génesis nos pidió expresamente que no te lo dijéramos hasta que llegara el momento —y Claudia supo que ese momento al que se refería era al momento de su muerte—.Génesis creía que si lo leías podrías cambiar las cosas.

—¿Y a caso no puedo querer cambiarlas?

—Desear cambiarlas, sí, pero Génesis no quiere que cambien.

—Claro —le contestó ella abatida, porque ella había comprendido demasiado tarde que Aarón había tomado una decisión y que no iba a deshacerse de ella.

—Te dejaremos a solas para que puedas leerlo —le dijo Pedro antes de cerrarle la puerta y Claudia se quedó observando ese diario. ¿Qué clase de respuestas podrás ofrecerme?

En una pequeña cueva perdida en ese mundo mágico denominado Claudia, una mujer se había quitado la ropa y se había metido dentro de un pozo profundo y helado que parecía estar cortándole la piel.

—¡Bhishmá! —gritó la mujer con furia sacando una pequeña cadena de diamante—Estoy aquí para servirte —le dijo mientras se la ataba alrededor de su fino cuello—.Utiliza toda mi fuerza y mi vida para destruirlo y haz que el lazo pueda seguir viviendo. ¡Bhishmá, te lo imploro! —le gritó en medio de ese pozo mientras no notaba nada—Ezequiel ha muerto por su culpa, tu propio hijo a… —pero no pudo pronunciar ni una palabra más porque notó como algo gélido se acababa de acercar a ella y la estaba estrangulando con fuerza. ¡Por fin!

En una pequeña cueva en ese mundo mágico, una mujer acababa de unir su propia alma al ser más terrorífico del mundo. Acababa de atarse con esa cadena de diamante al odio, al rencor y a la avaricia más absoluta que a partir de ahora no se detendría ante nadie.

Aarón se levantó abruptamente y empezó a gritar como si acabase de ser poseído por el demonio. Una fuerza abrasadora y letal lo estaba quemando por dentro y se sentía tan tremendamente descontrolado, que solo quería terminar con su vida.

—¡Matadme! —gritaba con furia mientras buscaba cualquier cosa dentro de esa sala que le sirviera para sus propósitos—¡Matadme! —siguió gritando con rabia porque no encontraba nada para suicidarse. Por eso, empezó a golpearse contra la pared de esa sala vacía con la esperanza que su vida terminara cuanto antes. “¡Muere de una vez!”, escuchó que le gritaba una voz femenina dentro de su cabeza y Aarón terminó cayéndose al suelo medio inconsciente.

—¿Madre? —le preguntó confundido. “No me llames así, yo no soy tu madre” y entonces escuchó unas risas que daban miedo y Aarón se dio cuenta que aunque estaba desangrándose era él que se estaba riendo como un maldito loco.

—¡Esta noche necesito terminar con esto! —gritó Aarón a través de la puerta—¿Me oís? No puedo aguantarlo más —y unos golpes por parte de un guardia del Orden le indicaron que estarían preparados.

Aarón ya no podía soportarlo más, esta misma noche terminaría con todo porque estaba segurísimo que no viviría hasta la mañana siguiente sin que sus propios monstruos del pasado terminasen ahorcándolo. Casandra acababa de ofrecerse como sacrificio al lazo y todo su ira y venganza lo estaba consumiendo y no dejaban de tentarlo.

Ángela acababa de encerrarse en su habitación del castillo y no dejaba que nadie entrara dentro.

—¡Dejadme sola! —les gritaba a los soñadores que no dejaban de golpear su puerta—¡PARAD! —porque esos golpes de nudillos repiqueteando en su puerta la estaban destrozando.

¿Qué diablos acaba de hacer mi madre? ¿¡QUÉ!?, y entonces se contempló ante el espejo y vio su rostro pálido y demacrado por toda la pena y el llanto que le había tocado soportar durante todos esos meses. ¡Ningún lazo vale la pena, ninguno!, y Ángela empezó a gritar de impotencia porque lo había perdido todo.

Estoy asquerosamente sola, pensó esa soñadora que a pesar de haber nacido en una de las familias más poderosas y avariciosas, había entendido a la perfección la maldad de ese lazo y lo inútil que podía resultar el poder si uno ya estaba muerto.

Otro golpe seco de uno de sus hombres la despertó de su pensamientos oscuros, y Ángela se limpió las lágrimas de su rostro para dirigirse hacia la puerta con la convicción que acababa de captar lo más esencial de la vida. Por incoherente que le pareciera esa jovencita inexperta acababa de encontrar un destello luminoso de “algo” escondido tras toda esa masacre y por primera vez…lo vio. ¡Eso es!

Tras la puerta de la habitación de Ángela se encontraban centenares de ojos puestos sobre ella. Todos esos soñadores arrodillados solemnemente ante su nueva reina la contemplaban con cierta admiración y respeto porque esa soñadora que acababa de perder a su madre y a toda su familia más directa, no se encontraba llorando sino que mantenía sus ojos fijos hacia el infinito.

—¡Llevadme con Marcus!

—Él ya debe estar en el Templo de Génesis —le contestó uno de sus hombres.

—Lo sé, llevadme al Templo.

—Pero es peligroso.

—¡Ahora soy vuestra señora! —les exigió—¡Obedecedme! —y con esa orden el soñador asintió y Ángela lo siguió a través del pasillo.

Claudia empezó a leer ese viejo y elegante libro que explicaba cómo Génesis y Mortem habían creado ese mundo, ahora llamado Claudia, para salvarse del exterminio y cómo habían esperado crear un lugar con un equilibrio perfecto, para que fuera un lugar pacífico donde vivir. Ambos habían anhelado poder crear un mundo mejor al suyo que no terminase destruyéndose de la misma forma que se había terminado consumiendo su hogar hacía muchísimos siglos atrás. Porque el hogar de Génesis y Mortem se había borrado de cualquier clase de mundo y ya no quedaba nada de él, solo el vago recuerdo escrito en ese viejo diario y Claudia pudo llegar a comprender gracias a él, toda la obstinación y empeño de Aarón para poder salvar su nuevo mundo.

“Yo ya he vivido demasiado, tantísimos años arrastrándome por tantos mundos distintos que estoy completamente seguro que mis ojos ya lo han visto absolutamente todo. Ahora es el momento para que despierten otros ojos más jóvenes y vivos, es el momento para dejar este mundo atrás y empezar a dejar que el destino juegue sus propias cartas libremente.”

Nada más leer esas palabras escritas de su puño y letra Claudia no pudo evitar echarse a llorar de nuevo porque “el destino” tal y como había escrito Aarón en ese diario, le estaba resultando la mar de doloroso. Ese lazo del destino había sido precisamente el que los había juntado y ahora era ese mismo destino, el que terminaría separándolos. No quiero esto, murmuró ella limpiándose sus ojos verdes llenos de lágrimas, ¡no quiero esto!, le gritó enfadada a ese libro y entonces intentó seguir leyendo.

“Creamos este lazo para brindar una esperanza a aquellos que parecían destinados a no tenerla y aunque ahora sé que nos equivocamos en todo, si volviera hacia atrás volvería a repetir los mismos errores. La labor de los soñadores siempre ha sido la de llevarse los sueños de los demás seres para que perduren como tesoros para la eternidad, pero, ¿acaso ellos no merecen tener los suyos propios? Esa siempre ha sido una pregunta que me ha atormentado en mi mente y por eso, creamos el lazo del destino para que los soñadores pudieran tener una pequeña brecha de esperanza en sus vidas.

Después de convertirme en un soñador he comprendido que ser un simple espectador y custodio de la esperanza es terriblemente triste y doloroso. Este lazo ha unido muchísimo durante su existencia y aunque ahora haya terminado corrompiéndose por esa enfermedad denominada avaricia, sé que ha sido el precio que he tenido que pagar por mis propios anhelos”.

Claudia en ese momento dejó de leer y se cubrió la boca con su mano porque precisamente había sucedido todo lo contrario. El lazo no los había unido sino que había terminado separando a todas las familias de los soñadores que codiciaban tal poder infinito. Al final, toda esa libertad y esperanza de la que hablaba el libro, había terminado envenenándolos. ¿Los sueños de los soñadores?, se preguntó Claudia, ¡nadie hablaba de eso en este mundo! Ni una sola vez había escuchado eso en el castillo de los soñadores. Ellos solo vivían obsesionados para conseguir la supremacía frente al resto, para conseguir ese maldito lazo y terminar quebrando por completo ese mundo idílico que Génesis y Mortem habían creado con tanto amor.

En ese momento Claudia se levantó para estirar las piernas y calmarse. Acababa de recibir muchísima información de golpe y necesitaba procesarla correctamente porque tenía la sensación que en todas esas páginas se encontraba la solución. En ese instante se miró ese diario y le pareció que un papel blanco asomaba a través de las últimas páginas. ¿Qué es esto?, y Claudia tiró de él temiendo que se hubiera roto una página. Pero en realidad, no era ninguna página extraviada del diario sino que era un moderno sobre blanco correctamente cerrado que le provocó un vuelco en el corazón al leer: “De Aarón para Claudia.”

“Ahora entenderás muchísimo mejor este mundo y lo que soy. Estuvimos muy equivocados mi hermano y yo desde el principio, pero creo que no seríamos capaces de crear un mundo más maravilloso que este, Claudia.

Lo siento tanto. No supe cómo decírtelo todo, y cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde. Me volví vulnerable y creí que podría protegerte mejor. Espero que entiendas que todo lo que hice fue para ayudarte y que en ningún momento deseé dañarte tanto como lo hice. Ojalá me perdones algún día, porque yo estoy convencido que no me perdonaré jamás.”

Claudia se quedó dormida en esa habitación con el diario en su regazo mientras no podía dejar de pensar en todo lo que había descubierto en él mientras escuchaba una voz cálida y familiar que pronunciaba su nombre. Claudia, Claudia, Claudia…

—¿Abuela? —le preguntó sin verla.

—Claudia, preciosa —le dijo esa voz sin rostro—.Aarón te necesita.

—¡No puedo ayudarlo! —le contestó ella angustiada y entonces, notó como alguien le colocaba sus manos encima de sus ojos.

—No temas, nadie puede herirte en tus sueños. Cierra tus ojos, voy a enseñártelo —y Claudia viajó a través del tiempo junto a su abuela y terminó encontrándose en una habitación fría con un precioso niño de ojos castaños en la cama.

—No sé cómo podré hacerlo, Margaret —refunfuñaba ese pequeño muy serio—.¿Cómo podré encontrar a tu nieta? —y el niño escuchó algo que Claudia no captó—¡Imposible! No puedo ir, si Ezequiel se entera…—pero entonces ese niño corrió hacia la ventana y sacó su pequeña mano para recoger algo de ella—.¿Un collar? —le preguntó el niño fijándose en ese colgante rojo—No sé cómo podrá ayudarme esto —y Claudia se asombró al darse cuenta que ese era el collar de su abuela.

—¿Pero cómo? —preguntó Claudia observando esa escena sin comprenderlo—¿Qué es esto? —y esas manos cálidas de su abuela le acariciaron su cabeza.

—Aarón —le dijo su abuela acariciándole su melena y Claudia se quedó muda contemplando a ese precioso niño que era excepcional—.Pude mantenerme en la conciencia de Aarón durante algún tiempo.

—¿Con el lazo?

—Con un lazo algo distinto pero que le sirvió para obtener mi poder.

—Él jamás te conoció —le dijo Claudia al comprender que Aarón había sabido todo sobre ella gracias a su abuela.

—Lo hizo, de una manera distinta —y entonces Claudia despertó por culpa de unos insistentes golpes a través de la puerta del despacho, unos golpes secos que anunciaban su muerte.

Próximo capítulo…

“Y saber que todo ha terminado incluso antes que lo haga, y saber que nada ha sido un sueño aunque te lo parezca, y saber que lo vas a perder todo en cuestión de segundos así, así es como me sentí cuando salí de ese pequeño despacho y vi a todos esos Guardias del Orden que esperaban ansiosamente para que su creador se inmolara para salvarlos”.

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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