Los lazos del destino: capítulo 27 – Perdidamente sola

? ¡Bienvenidos de nuevo soñadores! ¿Cómo estáis? ?

Yo feliz cual perdiz porque vuelvo a publicar, ¡lo necesitaba! Y creo que la mejor forma de celebrarlo es con un nuevo capítulo de Los lazos del destino.  

Ya os avancé por las redes sociales (por ellas siempre anuncio mis movimientos ocultos ?), que durante mi ausencia he estado escribiendo y puliendo los engranajes de “El cuaderno de Clover”. Pero como tampoco os quiero aburrir (¡y para qué negarlo!, me chiflan las historias de intriga?), os diré que después de todas estas semanas os traigo este capítulo que empieza a sentirse como una despedida.

Muchísimas gracias por acompañarme un día más y os deseo una muy, muy, muy romántica lectura, ¿entendido? ¡Nos leemos el domingo! ¡Sed felices!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 27: Perdidamente sola.

“Cuando sentí que acababa de perder a mi mitad fue como si alguien acabase de lanzarme al vacío. Me precipité hacia el abismo en una caída limpia y descontrolada sin nada a lo que poder agarrarme ni por lo que poder luchar.

Me caí literalmente del cielo en el que ambos habíamos crecido y me perdí a través de las llamas del mismísimo infierno.

Así es exactamente como me sentí cuando supe que mi hermano Mortem acababa de fallecer.

—Pronto estaré contigo, hermano. ¡¡Muy pronto!!”

Hacía una semana que Claudia se había escondido en esa celda de cristal donde parecía que el tiempo no le afectaba. Allí dentro solo podía esperar, esperar y esperar para algo que le parecía muy próximo y a la vez lejano. Se pasaba las horas contemplando el desolador paisaje que le ofrecía la sala de al lado, una dramática película de terror donde a un chico de ojos castaños le estaban drenando su alma.

Desde hacía unos días Aarón apenas hablaba con nadie y ni tan siquiera era ya capaz de soportar la presencia de Claudia sin enloquecer. De vez en cuando por las noches, ese ser que ya no le pertenecía a nadie, lanzaba su lazo rojo para cazarla y automáticamente se refugiaba en una esquina donde empezaba a sufrir convulsiones mientras Claudia no podía evitar sentirse como una completa inútil.

Esa humana metida en esa celda de cristal no podía evitar estremecerse cada vez que veía a Aarón agonizando de esa forma para salvar ese mundo mágico que había creado. ¿¡POR QUÉ!?, no podía dejar de preguntarse. ¿Porqué ella resultaba escalofriantemente perfecta para matarlo? ¿Y por qué no podía salvarlo? ¿¡Por qué!?

La desesperación estaba derrumbando las pocas fuerzas y esperanzas que le quedaban en su diminuto cuerpo. Una humana sin más virtudes que las de poseer un estúpido lazo que era incapaz de ser útil para lograr sus sueños más desesperados.

—Claudia —la llamó Isa entrando a su celda por la puerta de seguridad—.Te traigo la comida.

—No me apetece —le contestó sin apartar la vista de ese hombre que estaba perdiendo su vida mientras ella no podía hacer nada.

—Necesitas alimentarte.

—¿Para qué? —le preguntó furiosa—¿Para que se muera antes? —y su amiga bajó la vista avergonzada.

—Creía que lo habías entendido.

—¿Entender? —y observó a ese chico con la piel más pálida que nunca, delgado, con ojeras y con esa mirada perdida que ya no conservaba nada del antiguo Aarón—Jamás podré entenderlo —y en ese momento Isa se acercó a su amiga y le sujetó la mano.

—Lo siento tanto —le dijo abrazándola y Claudia se sorprendió tanto al notar su mano temblorosa que la miró y se la encontró llorando—.Lo vas a perder —y ella misma empezó a llorar junto a su amiga por esa pérdida que estaba muy, muy cerca. ¡Lo sé, lo perderé todo!

Lo sentía, el final estaba terriblemente cerca, “casi puedo tocarlo”, Aarón desaparecería con la misma facilidad que lo hace el hielo con la llegada de la primavera y a Claudia solo le quedaría “ausencia”.

“Su esposo ha muerto en manos de los Guardias del Orden,

le prepararon una emboscada cuando estaba regresando

al castillo después de haber matado a Mortem.

Hay que tomar medidas cuanto antes. Es necesario.” 

Es necesario, pensó esa poderosa soñadora que acababa de encerrarse en el salón principal de su castillo junto a sus mejores guerreros con un solo y claro objetivo en mente: venganza. La venganza más feroz, temible e irrefrenable. Ajustaría cuentas con esos traidores y especialmente con ese ser despreciable que le había robado a su propio hijo nada más nacer.

—¡Basta! —les gritó Casandra mientras se arrancaba el collar de perlas que la estaba ahogando—Estos desgraciados de los Guardias del Orden han matado a vuestro señor, ¡es el fin! Debemos destrozarlos —porque Ezequiel había salido tan mal herido de su lucha contra Mortem que esas sabandijas de los Guardias del Orden no habían duda ni por un segundo en aprovecharlo para sacárselo del medio.

—¡Pero es un dios! —le contestó un soñador escandalizado, y Casandra se lo miró con los ojos llenos de reconocer.

—¿¡Dios!? —le gritó otro burlándose.

—Ezequiel mató a Mortem —le explicó el soñador que no estaba entendiendo nada—.¡Son nuestros creadores! —y en ese momento la soñadora más poderosa cogió una copa de la mesa y la estampó contra la pared.

—¡Mortem intentó matar a mi difunto esposo! Su hermano Génesis querrá lo mismo —les contestó enfurecida—.Somos simples juguetes en sus manos y van a utilizar cualquier truco sucio para sus diversiones.

—Pero… —le replicó el soñador más veterano—.Nuestro mundo tiene su equilibrio, ¡no podemos ir contra él!

—¡Silencio! Ese equilibrio ya no existe. O lucháis conmigo o contra mí.

—¿Nos pide que matemos a su hijo? —le preguntó el más joven e imprudente.

—¡Ese no es mi Aarón! Jamás volváis a dirigiros a él como mi hijo, nos engañó. Mi hijo murió en el mismo instante que nació —y a Casandra se le llenaron los ojos de lágrimas y dolorosos recuerdos de ese niño entre sus brazos.

—No va a ser fácil —le advirtió Marcus—.El templo de Génesis está rodeado por miles de guardias.

—Hay que pensar en algo y hacerlo ya —y Casandra suspiró—.Si no lo atrapamos a tiempo perderemos el lazo para siempre y todos nuestros sacrificios no habrán servido para nada —y esa soñadora no pude evitar recordar en ese momento por todo el dolor que había pasado su familia para conseguir el lazo del destino; desde la muerte de su hijo Estefan, la de Aarón y ahora la de su propio esposo.

—Vamos a conseguirlo —le contestó Marcus mientras abría unos mapas, y algo en la mirada de ese guerrero soñador la tranquilizó.

Casandra elegantemente fue a sentarse en el trono de su recién fallecido esposo como si allí aún pudiera sentir su calidez. Voy a vengarte, pensó con la mirada nublada por el rencor mientras notaba una fuerte punzada de pérdida en su corazón. ¡Dame fuerzas, esposo, ayúdame a endurecer mi alma!, y poco a poco notó como el monstruo de la ira empezaba a apoderarse de su cuerpo y se alejaba de la pena. Ya no hay dolor, querido, ya no siento nada…

Un ser terrorífico y oscuro no dejaba de reírse mientras se estaba desangrando.

—¡El lazo es mío! —gritaba como un loco—¡MÍO! —pero a pesar de su demente sonrisa parecía encontrarse en un estado físico lamentable. Apenas era capaz de mantenerse en pie por eso, se apoyaba contra la fría pared de su castillo helado y estéril que Claudia reconoció como el castillo de los soñadores.

—Voy a conseguirlo —se dijo ese hombre que se encontraba allí dentro completamente solo y rodeado únicamente por esa cinta rojiza que le estaba oprimiendo el brazo—¡Lo conseguiré! —y entre esos gritos de júbilo y risas lunáticas Bhishmá se cayó al suelo y empezó a escupir sangre por la boca.

“¡ESTÁ MUERTO!”, pensó Claudia atemorizada al ver a ese par de ojos sin brillo y esa grotesca mueca en su rostro.

—¡No! —gritó enfurecida consciente que Aarón terminaría igual—¡Así no! —y Claudia despertó sobresaltada y se dio cuenta que se encontraba en la celda de cristal encerrada y atada a ese lazo rojo que le estaba oprimiendo el corazón. En ese instante quiso arrancárselo y cortárselo con toda su furia, pero por más que intentó tirar de él, ese hilo del demonio no se separó de ella—¡Te detesto! —le gritó a ese destino malvado—¡Te detesto!

Y otra noche más, otro minuto más, Claudia se pasó el tiempo allí dentro encerrada conectada a Aarón y a todas esas sombras malvadas del pasado que se habían rendido al poder más absoluto de un lazo que parecía poder logarlo todo excepto poder conservar la vida de su dueño.

El destino tiene mil rostros y caras, a veces es un lazo que te acariciar y te mima pero otras veces, es un látigo que no deja de golpearte con fuerza. A veces todo puede ser puro y brillante como la sonrisa de un delicado niño pero en otras ocasiones la verdad se transforma en algo oscuro, teñido de sangre y de ojos penetrantes como espinas.

—¡Mamá! —la llamó Ángela irrumpiendo en el salón donde Casandra llevaba varios días encerrada—Quiero ayudar yo también.

—Preciosa —le dijo acariciándole su larga melena negra—.Tú debes quedarte aquí encerrada.

—¿Por qué? —le preguntó esa chica de mirada triste.

—Porque eres nuestra esperanza —y su hija se la miró sin comprenderla—.Tú engendrarás el nuevo lazo —y Ángela comprendió con desilusión que su madre quería seguir por ese sendero destructivo.

—Basta de esto —le dijo llorando—.¿Para qué queremos el lazo?

—Vas a convertirte en una diosa, cariño —le contestó Casandra con una sonrisa—.Tu padre estaría tan orgulloso.

—Pero, ¿cómo? —porque no era seguro que aún teniendo un hijo pudiera ser portador del lazo, no, cuando ni ella misma lo era.

—El destino regresará a nosotros —le contestó absolutamente convencida—.Ese lazo nos pertenece solo a nosotros —y esa niña de larga melena oscura abrazó a su madre para que la consolara mientras no podía dejar de pensar que ese lazo no valía la pena.

Ángela ya había perdido a todos sus hermanos y a su padre, ¿qué demonios haría si también la perdía a ella? No quiero perderte, mamá, pensó mientras se agarraba con fuerza a unos brazos de una madre cegada por el dolor, una madre verdaderamente temible con un dolor aún más espantoso.

Aarón no dejaba de contemplar a Claudia mientras dormía plácidamente en su cama. No podía dejar de fijarse en todos los detalles, su pijama corto que mostraba sus desnudos brazos, su melena esparcida entre las sábanas y su respiración tan sosegada y cándida. Todo en ella le resultaba tan terriblemente atrayente que entonces deseó que abriera sus ojos para poder ver esas hermosas esmeraldas que lo habían fascinado desde el principio.

—¿¡Aarón!? —lo llamó ella con la voz ronca mientras abría débilmente sus ojos.

—Perdona por despertarte.

—No pasa nada, te estaba esperando —y Claudia le sonrió mientras extendía su muñeca para que se conectara a ella.

—Deberías dormirte —le dijo él mientras ambos se unían por ese fino lazo rojizo que no dejaba de tintinear.

—Lo haré si te tumbas a mi lado —y él se acercó a su cama para hacer exactamente lo que acababa de pedirle.

—Gracias —le susurró Aarón abrazándola.

—¿Por qué?

—Por no hacerme más preguntas y por confiar en mí —y ella se lo miró sorprendida.

—Hoy estás muy raro —le dijo cubriéndose con las sábanas—.Confío en ti —le contestó ella antes de lanzarse a sus labios.

—¡Claudia! —la llamó él entre beso y beso, y Aarón ya no fue capaz de recordar nada más de su idílico pasado porque todo se volvió oscuro y sangriento y ese lazo de unión y amor terminó convirtiéndose en los barrotes de su propia celda.

Durante la madrugada, Aarón y todas sus pesadillas se despertaron sobresaltadas cuando escucharon que Claudia lo estaba llamando.

—¡Aarón!

—¿¡Qué!? —le preguntó a través de la oscuridad, pero como ella no le contestó decidió encender las luces de la sala para ver qué ocurría. Claudia en ese momento se encontraba completamente dormida en su cama pero parecía que le estaba costando descansar tanto como a él porque no dejaba de tirar de sus sábanas blancas mientras respiraba angustiosamente.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó Aarón acercándose a ese cristal del demonio que los estaba separando.

Cada día él odiaba más esa pared que le estaba privando de ella y no entendía quién había sido el estúpido que había metido eso allí para que se interpusiese entre él y su propio destino. Aarón era el dueño de Claudia y ese lazo lo confirmaba, así que no sabía quién había osado desafiarlo de esa manera tan abierta y clara cuando muy pronto sería el dueño de todo.

—¡Claudia! —la llamó a través del cristal, pero como ella no reaccionó se enfadó, ¡escúchame solo a mí!—¡CLAUDIA! —le gritó molesto porque lo estaba ignorando y Claudia abrió los ojos y empezó a gritar como una loca.

Desde ese momento para Claudia el terror tuvo un único color: rojo, y no tenía ninguna duda que los ojos de un demonio serían exactamente como los que había visto en Aarón cuando la había despertado. Parecían unos ojos poseedores de los peores sentimientos del mundo, tan concentrados y llenos del mal más absoluto que atemorizaban. Cuando Aarón la había despertado con ese grito infernal pronunciando su nombre, ella solo había podido chillar presa del pánico hasta que sus amigos la habían sacado de allí.

—No puedo aguantarlo más —les decía a sus amigos.

—No falta nada —intentó consolarla Pedro mientras Isa le preparaba una bebida caliente que la ayudara a tranquilizarse.

—Lo dices como si fuera algo bueno —le contestó molesta.

—Es nuestro deber —se limitó a justificarse Pedro antes que su superior, Axel, los interrumpiese.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó ese Guardia del Orden debidamente uniformado.

—Bien, solo me he asustado.

—Es peligroso, deberíamos mandar a más hombres dentro de la sala.

—¿A más? —le preguntó Claudia, allí ya habían al menos treinta guardias esperando tras la puerta por un hombre que se encontraba encerrado en su propia celda.

—Génesis cada día es más poderoso e inestable —le contestó con una visión escalofriantemente estratégica—.Necesitamos controlar su temperamento.

—Señor —lo interrumpió Pedro—.Creo que de momento es suficiente.

—No podemos cometer errores, ahora mismo de nada nos sirve muerto—le aclaró Axel—.No podemos fallar. Él confió en nosotros para esto.

—De momento no lo quieren muerto —le aclaró Claudia irritada por su falta de respeto porque ese guardia parecía olvidarse que ese hombre que deseaban que terminase suicidándose se lo había entregado absolutamente todo: un mundo, un cuerpo y una vida.

—Exacto —le contestó Axel sin darle la más mínima importancia a su arrogancia—.Me voy, necesitamos reorganizarnos —y mientras ese guardia se esfumaba repartiendo órdenes, Isa cerró la puerta de la cocina mientras se miraba a Pedro muy seria.

—Creo que ha llegado el momento de contárselo.

—¿Ahora? —le preguntó él mientras suspiraba—No creo que sea el momento.

—Ya estamos suficientemente cerca, ¿no te parece? —y Pedro recordó que últimamente el estado físico de Génesis estaba empeorando a marchas forzadas.

—Supongo que tienes razón.

—¿De qué estáis hablando? —les preguntó Claudia, y como ninguno de los dos le respondió les insistió—¿Qué ocurre?

—Síguenos, pero recuerda no contárselo a nadie.

—Me estáis asustando.

—Hoy vas a descubrir muchas cosas, Claudia —le contestó Isa entregándole su bebida caliente—.Muchas.

Próximo capítulo…

“Muchas cosas”, eso es precisamente lo que Isa le promete descubrir pero, ¿será verdad? El próximo miércoles muchas verdades y secretos serán revelados. ¡Estáis invitados a su lectura!


CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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