Los lazos del destino: capítulo 26 – Bondad malvada

Os doy una calurosa bienvenida al cuaderno, y respetando la tradición, aquí están Los lazos del destino de vuelta. ?

Hoy en este capítulo encontraréis más respuestas si cabe, respuestas presentes y pasadas, porque creo que esta es de esa clase de historias que no pueden comprenderse del todo si no se explican bien desde el principio. En Los lazos del destino hay muchos recuerdos, rencores y heridas abiertas que han ido desangrándose gota a gota a través de los años, pero como no todo es malo y triste (o al menos así me gustan que sean mis historias) también encontraremos en esos lazos cosas maravillosas.

Por cierto, no me olvido de la nueva historia (o quizá sean nuevas, ? tiempo al tiempo) sigo comiéndome la cabeza con ella para que arranque con muchísima energía. ¡Besos otoñales a todos! (Hoy os los mando acompañados con unas castañas, ¿os gustan??).


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 26: Bondad malvada.

Risas. Risas malvadas, teñidas de odio, ira y rencor. Un sonido tan espeluznante que puede dejar sin aliento a cualquiera que lo escucha. Risas, solo risas extremadamente perversas.

¡Es la muerte! Se imaginó Claudia perdida entre sus sueños, porque estaba tan desconcertada por lo que estaba viendo, que era incapaz de imaginarse algo peor. En su visión nada conservaba los preciosos matices que había descubierto de ese mundo, y aunque su experiencia allí tampoco hubiera sido demasiado agradable ni alentadora, para nada asociaba esos colores apagados y con un potente olor a óxido con la realidad del lugar.

Pero como siempre terminaba ocurriéndole t Claudia en esos extraños sueños, lo peor no había hecho nada más que empezar, y a ella le quedó clarísimo cuando se encontró con un hombre de mediana estatura y con un cabello inconfundiblemente como el oro: Bishmá.

—¡Nadie puede impedir el destino! —gritó ese hombre rodeado por el desolador paisaje—¡Nadie! —le repitió a Génesis agarrándolo por su oscura cabellera y lanzándolo muy lejos como si fuera un saco de patatas.

Génesis en ese momento se sentía acabado y derrotado, ya no era capaz de mover ni un músculo y todos los ataques que le había estado mandando junto a su hermano, no le habían servido para nada. Bhishmá los había esquivado uno a uno, espadas, rayos o látigos, nada de todo eso les había servido a Mortem y a Génesis para derrotarlo, y ahora se habían terminado quedando sin poder.

Ese hombre llamado Bhishmá, no dejaba de reírse, lo hacía con una risa malvada, teñida de odio, ira y rencor. Definitivamente estaba loco y peligrosamente descontrolado, y Génesis terminó por comprender que no había nadie en ese mundo que pudiera hacer algo contra ese ser.

—Nadie —repitió entre gemidos Génesis incapaz de dejar de sangrar por la boca mientras contemplaba a su hermano Mortem tumbado en el suelo con la melena rubia teñida de rojo carmesí. Era imposible detener el infierno que ya se había desatado en ese mundo que ambos hermanos habían creado. ¡Imposible!

Claudia abrió los ojos súbitamente y se quedó sin aliento porque cada vez le resultaban más duros y terribles esos sueños. Las pesadillas ahora eran mucho más reales e intensas, y los recuerdos de Génesis parecían cobrar vida. ¿Cómo lo soportaría él?

Entonces se levantó de su cama y observó a través de su celda transparente al hombre que en ese momento se encontraba en un rincón de la sala con la respiración irregular. Parecía cansado y sumamente envejecido como si se hubiera pasado muchísimos años allí encerrado, y como si Aarón en ese instante hubiera adquirido el don de leer sus pensamientos, levantó su rostro con rapidez y contempló a Claudia. Ella pegó un respingo al cruzarse con sus castaños ojos pues aunque físicamente fuera el mismo de siempre, algo en el sexto sentido de Claudia le decía que quedaba muy poco de Aarón dentro de ese cuerpo.

—¿Aarón? —le preguntó indecisa, y casi le dio un ataque al corazón cuando él se le acercó rápidamente a su celda.

—¡Claudia! —la llamó con cierta rabia contenida—.Puedes salir, si quieres —le contestó con un tono de falsa pasividad mientras ella lo miraba asustada porque estaba claro que no estaba bien.

—No creo que sea prudente —le contestó Claudia reculando hacia la pared más alejada de él.

—¿Prudente? —le preguntó al ver que ella se estaba negando a salir—¡Yo te diré lo que es prudente! —y Aarón empezó a tirar del lazo rojo para que Claudia saliera de su madriguera.

—¡Para! —le gritó ella mientras se agarraba al cabecera de su cama—¡Detente! —le repitió sujetándose con fuerza hasta que no pudo aguantarse más y terminó dándose un golpe contra una de las paredes transparentes—¡Mierda! —masculló Claudia al notar un dolor en el hombro.

Aarón continuó tirando del lazo mientras Claudia estaba pegada a esa celda transparente, solo una fina capa de un material desconocido la mantenía a salvo y temió que ese ser que no sabía quién era pero que estaba claro que no era ni Aarón ni Génesis, le hiciera algo muchísimo peor.

—Vamos a divertirnos —le susurró a través de esa fina pared y entonces, cuando Aarón intentó abalanzarse contra ella para romperla, algo salió mal y él mismo voló por los aires.

Aarón había intentado golpear con todas sus fuerzas esa pared aparentemente de cristal, pero cuando lo había hecho, ésta lo había golpeado con tanta fuerza que había liberado a Claudia del lazo rojo y había mandado a Aarón bien lejos.

—¿Estás bien? —le preguntó preocupada al ver como el cuerpo de Aarón había salido disparado y había impactado contra el suelo con un gran estruendo. Pero él no le habló, se limitó a darle la espalda mientras se que quedaba inmóvil—¿Estás bien? —volvió a preguntarle atemorizada y entonces, él empezó a reírse con una sonrisa malvada que le puso los pelos de punta.

Claudia recordaba haber escuchado esa sonrisa tan horrible en Bhishmá, el mismo sonido exacto a locura y delirio que en ese momento estaba resonando a través de esas cuatro paredes. Por eso, Claudia decidió usar rápidamente la puerta de seguridad y huir de allí cuanto antes.

Apretó el botón con los dedos temblorosos y el mecanismo de la puerta se activó mientras ella salía a toda prisa y se perdía por un estrecho túnel. A través de él le pareció escuchar unos pasos acercándose a toda velocidad por eso, decidió correr aún más mientras se iba poniendo más y más frenética.

—¿Claudia? —le preguntó una voz masculina que le costó reconocer en un primer momento—¿Claudia? —y ella gritó muy fuerte cuando lo reconoció.

—¡Me has asustado, Pedro! —y su amigo apareció como un fantasma desde el otro lado del túnel.

—¿Estás bien?

—No soy yo quien se está muriendo —le contestó con una mezcla de miedo y pánico.

—¿Aún sigues con eso? —le preguntó enfadado—Es nuestra única opción para sobrevivir.

—Te equivocas, el que no lo entiende eres tú —y ella siguió andando por el pasillo para quedarse sola.

Ahora mismo Claudia quería estar tranquila y que nadie la molestara. De nada le servían las excusas, promesas o esperanzas de los demás si al final, todo terminaría con ese final caótico y triste. Porque los engranajes del infierno se había puesto en marcha y nada de lo que hicieran a partir de ahora, les serviría.

Claudia desde que había usado el botón de seguridad y se había encerrado en la biblioteca del templo, no había vuelto a salir. Estaba leyendo sin parar todos los libros de esa enorme biblioteca con la vaga intención que alguno de ellos pudiera solucionar su problema. Pero por más que había estado leyéndose todos esos libros prácticamente ininteligibles para ella, ninguno parecía referirse al lazo del destino. ¿A caso ese lazo era único en el mundo? Y entonces no pudo evitar preguntarse cuántos años o siglos llevaba Génesis y Mortem en este mundo y cuántos más llevaban existiendo. Y si era así, si era único y creado por un par de seres excepcionales, ¿así de estúpidamente terminarían su existencia?

En ese momento de crisis en el que a Claudia empezaba a dolerle la cabeza por no entender la magnitud de ese embrollo, alguien entró en la biblioteca sin hacer ruido y le apartó el libro que descansaba en su regazo.

—Creo que deberías tomarte un respiro —y Claudia suspiró al ver a su amiga Isa sonriéndole como una hermana mayor.

—Aquí no hay nada. No sé qué hacer.

—¿Y qué esperabas, solucionar esto tú sola? —y por pretencioso que sonara eso, precisamente es lo que ella había esperado. Había querido encontrar una solución mágica al problema de ese mundo, como si en un par de hojas de uno de esos libros, se encontrase la fórmula hacia la felicidad.

—Mira, Claudia —le dijo Isa arrodillándose—.Si hubiera otra solución, Génesis la habría encontrado. Él es el único capaz de hacer esto.

—No dejo de escuchar esta maldita frase una y otra vez.

—Pero es así —le contestó—¿Crees que a nosotros nos gusta? —y ella se la miró sorprendida. Por supuesto que para sus amigos tampoco les resultaría sencillo, y por la forma en que admiraban y respetaban a Génesis, estaba claro que les resultaba durísimo—Él nos ha regalado muchas cosas y ahora se sacrificará por nosotros.

—Pero no es vuestra culpa.

—Ni la suya, pero ha decidido hacerlo igualmente —y Claudia comprendió la complejidad del asunto. Parecía un camino sin salida o más bien, un camino sin retorno para Aarón—Ven —quiero enseñarte algo.

—¿El qué? —le preguntó Claudia.

—Acompáñame a la azotea —y las dos amigas salieron de la biblioteca para subir las escaleras de caracol.

—Creo que esto te ayudará a entenderlo —le dijo Isa mientras Claudia salía al exterior.

A esos horas el clima era cálido y apenas soplaba el aire a pesar que se encontraban a una considerable altura del suelo. A sus pies, se alzaba el majestuoso templo de colores blancos que parecía fundirse con el cielo azul y nada a pesar de ellas dos, parecía encontrarse con vida.

—Yo no veo nada aquí arriba —le contestó Claudia fijándose en el desierto que se desplegaba a lo largo de quilómetros y quilómetros a la redonda.

—Espérate un momento —y entonces a ella le pareció escuchar un leve silbido en el aire y aparecieron miles de aves volando hacia su dirección.

—¿Pájaros? —le preguntó con incredulidad.

—Guardias del Orden —la rectificó Isa mientras ella se fijaba que su amiga tenía razón y que esos pájaros en realidad eran seres con alas.

—Esto es…. —pero Claudia se quedó muda viendo a todos esos guardias.

¿A caso un ejército podría resultarle bello? Porque esos ángeles acorazados y armados hasta arriba, preparados para causar la muerte en cualquier momento y entrenados para cosas peores, eran unos seres excepcionalmente hermosos suspendidos en ese cielo.

—Tu Aarón va a salvarlos —le susurró Isa, y Claudia se fijó en toda esa multitud descendiendo del aire para proteger a su dueño—.A todos.

Como un manto vivo, miles de Guardias del Orden se colocaron en fila a los pies del templo. Allí abajo se encontraban muchas vidas y muchas esperanzas que pendían de un hilito. Para ser exactos, todos ellos dependían de un lazo rojo y de la capacidad que tuviera Génesis de destruirlo.

Mortem y Ezequiel llevaban una eternidad luchando, y aunque en cualquier otro combate a Mortem no le hubiera costado lo más mínimo derrotar a su adversario, sabía que llevaba demasiado tiempo alejado de su hermano como para salir victorioso. Génesis y Mortem siempre habían funcionado así, como dos polos opuestos de una misma pieza se necesitaban mutuamente para seguir existiendo. El uno sin el otro se convertían en nada menos que inútiles y eso para unos seres que habían sido capaces de construir un mundo entero, era algo desolador. Por eso a Mortem no le extrañó lo más mínimo que Ezequiel hubiera terminado derrotándolo y que él a esas alturas de su batalla, ya se diera por muerto. Su hermano, Génesis, se estaba debilitando a pasos agigantados y ya casi no podía sentirlo como antes. Ahora solo notaba a un ser terrorífico que poseía un destino aún más espeluznante que estaba seguro que podría causar el peor mal de todos.

Derrotado, solo pudo rezar para poder encontrar la paz y se tumbó en el suelo exhausto mientras se daba la vuelta al escuchar el aleteo de miles de alas sincronizadas. A través de esa tarde despejada le pareció ver diminutos puntitos veloces sobrevolando el cielo y entonces, se alegró al darse cuenta que se trataba de los Guardias del Orden dirigiéndose hacia el templo de Génesis. ¡Vas a conseguirlo, hermano! Pensó mientras sonreía, y lo último que fue capaz de ver de ese mundo que había creado fue a una de esas bellas criaturas aladas corriendo para proteger a su hermano. ¡Ahora es tu turno!

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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