Los lazos del destino: capítulo 25 – ¡No puedes irte!

¡Welcome #cloveradictos! ¿Estáis en un lugar calentito para disfrutar de este capítulo? En mi casa ya empieza a notarse el frío, aunque tampoco me quejo demasiado que el otoño me gusta y eso de acurrucarse en el sofá con una manta y una taza bien caliente tampoco está tan mal (lo malo es despegarse de él). ?☕

Y como aún nos queda un poquito de domingo para disfrutar  (que digo poquito, MUCHO). ¡Vamos a seguir con ello! No os desvelaré nada de Los lazos del destino, a estas alturas, ¿alguien necesita que le cuente más? ?

Aahh una cosita, los curiosos ya habréis descubierto la nueva historia que pronto empezaré a publicar por aquí, ¡menuda emoción me hace empezar una nueva trama! Y si no sabéis de qué os estoy hablando, eso significa que no me seguís por youtube, ¡os he pillado! (Id a cotillear el canal yaaaaa?) . Próximamente subiré más información sobre esta nueva aventura (tengo mil ganas de empezar con ella).

¡Abrazos calurosos para todos los que seáis tan frioleros como una servidora ?! 


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 25: ¡No puedes irte!

En un lugar remoto de un mundo mágico, dos seres excepcionales y peculiares a su manera, se enfrentaban encarnizadamente. Por un lado Mortem no podía dejar impune a Ezequiel por haberle arrebatado todo lo que más quería en este mundo, su hermano, y a su vez, Ezequiel no podía dejar ganar a Mortem por haber humillado a su familia.

—¡Te destrozaré! —le gritaba el soñador enfurecido mientras su adversario se lo miraba sintiendo un profundo dolor en el costado derecho.

—Deberías retirarte, Ezequiel, o al final saldrás herido —y Mortem le lanzó otro rayo con furia.

Sin duda se estaba librando una pelea violenta, cruel e implacable que se estaba dilatando demasiado en el tiempo. Ambos ya no podían recordar cuánto llevaban allí perdidos entre montañas y rocas pero a juzgar por el brillo de sus ojos y el desolador paisaje que los rodeaba, no había duda que la suya podría convertirse en una batalla eterna.

Claudia estaba sentada encima de su cama y no podía descansar, cada vez que intentaba tumbarse se acordaba de la espeluznante habitación transparente y de lo que Aarón estaba haciendo con su vida metido en esa sala del terror.

—¿Se puede? —le preguntó Pedro entreabriendo la puerta.

—Pasa, llevo horas despierta.

—¿Cómo estás? —y ella se lo miró sin saber muy bien qué contestarle a eso.

Hacía muchos días, demasiados para su propio bien, que Claudia se sentía como metida en una vida que no le pertenecía. Como si toda su vida hubiese pegado un giro completo y todo aquello que antaño hubiese estado abajo ahora se encontrase arriba. Por eso, si tenía que contestar a la pregunta de Pedro con alguna palabra exacta sería…

—Confundida.

—Supongo que lo es. Te hemos engañado tantas veces —y Pedro no pudo evitar sentirse avergonzado por haber tenido que ocultarle durante todo ese tiempo lo que era y el mundo al que pertenecía. Porque su amistad, esa que habían forjado en el mundo de Claudia, aunque en un principio hubiese sido forzada e impuesta, ahora era tan natural como las alas que Pedro llevaba en su espalda.

—Sé tan poco sobre vosotros, de todos —suspiró Claudia—.Que no sé qué hacer.

—Aunque te parezca cursi, escucha tu corazón. Él jamás te engañará.

—No es cursi, pero mi corazón ahora mismo no le apetece pronunciarse.

—Todos sentimos dolor, Claudia, esto —y Pedro colocó su mano encima de su propio corazón—.Es la prueba.

—¿Todos incluso los malos?

—Por mucho que deteste decirlo, ellos también lo tienen.

—Me parece injusto que por culpa de ellos, alguien tenga que morir.

—Alguien no, Génesis —le puntualizó él—.Tómatelo como un sacrificio de un padre hacia sus hijos.

—Eso suena igualmente atroz.

—Pero así es como es —y en la habitación se hizo un prolongado silencio hasta que Isa irrumpió en ella.

—¿¡Se puede saber qué haces aún en la cama!? Te dije que la llevaras a la cocina —acusó a Pedro.

—Culpa mía —se disculpó el guardia.

—¿A la cocina para qué?

—Para desayunar, por supuesto —e Isa tiró de su amiga para hacerla comer un poco.

Seguramente esa mañana Claudia no lograría comer demasiado ni tampoco sería capaz de calmarse, porque lo único que sería capaz de lograr ese milagro en la cocina sería precisamente aquello imposible. Que un padre se sacrificara por sus hijos parecía lo más normal del mundo, en cambio, ¿por qué a ella la horrorizaba tanto?

Aarón se quedó encerrado en esa sala hermética hasta bien entrada la tarde. Por un lado, quería absorber todo el poder que le había transmitido el lazo y por otro, necesitaba serenarse. Después de haberse pasado tantas semanas huyendo para llegar a su templo, apenas había podido conectarse con Claudia en condiciones así  que sentirla de nuevo con tanta intensidad, no había hecho otra cosa que mantenerlo inquieto durante toda la noche.

Últimamente el lazo para Aarón se había convertido en su peor obstáculo. Parecía que poco a poco esa fina linea rojiza iba obstaculizándole el camino y notaba, que él mismo se estaba transformando en una pálida sombra incapaz de discernir entre lo real y lo imaginario. Miles de voces seductoras lo instaban a cometer las mayores barbaridades y cuando se despistaba por un segundo, por corto y fugaz que fuera, se encontraba a sí mismo maquinando cualquier locura inimaginable.

—Génesis —lo llamó una voz masculina—.Te traigo la cena —y se hizo un perturbador silencio en la sala.

—Adelante, Pedro —y entonces, el guardia del Orden abrió la puerta y le entregó su plato de comida caliente con un vaso de agua.

—A partir de ahora no necesitaré esto —le contestó Aarón. Porque si bien comer lo fortalecía, llegados al punto en el que se encontraba él, ese pobre alimento del plato no era capaz de aportarle más de lo que ya le aportaba el lazo.

—Está bien. ¿Cómo te encuentras?

—Tengo mala cara, ¿verdad? —le contestó con una sonrisa algo triste. En realidad, no es que tuviera mala cara, sino que parecía que Aarón estuviera convirtiéndose en la peor versión de sí mismo. Se le veía demasiado nervioso, algo sudorosos y con la mirada perdida, alguien poco vívido, jovial y animado como había sido con Claudia.

—Tampoco es tan malo.

—Gracias —le contestó Aarón bebiendo del vaso—.Ahora deberías marcharte —y él le dio la espalda.

—¿Y Claudia? —le preguntó Pedro.

—Que hoy no venga, no estoy en condiciones —y el guardia asintió sin decir nada más.  Antes de cruzar la puerta y encerrarlo de nuevo, Pedro se detuvo—.Génesis, aunque estés intentando controlarlo, habrá un momento que será insoportable.

—Lo sé —le contestó él, y por un segundo a Pedro le pareció ver al Génesis del pasado. A ese hombre con unos poderes excepcionales que parecía más un dios que un joven soñador—.Por eso, os necesito a ti y a Isa para cuando eso suceda.

—Cuenta con ello —fue la única respuesta del guardia que muchos años atrás le había jurado lealtad.

Claudia se indignó un poco cuando Pedro le comunicó que ese día Aarón tampoco quería verla. Ya llevaba tres días metido en esa sala y a ella no la habían dejado entrar. Es por tu seguridad, le habían repetido insistentemente sus dos amigos, pero ella ya no sabía de la seguridad de quién estaban hablando.

—Mañana podríamos preparar un bizcocho —le decía Isa para animarla mientras Claudia limpiaba los platos.

—¿Te crees que esto es una maldita casa de la pradera?

—Pero con un dulce, la vida sabe mejor.

—Lo que acabas de decir sí es que intragable.

—Y tú eres una aguafiestas —mientras se lo decía, Claudia aprovechó para mojar a su amiga con el agua del grifo e Isa pegó un grito al notarla fría.

—Veo que la cocina está animada, hoy —y automáticamente las dos enmudecieron al encontrarse con Aarón en la puerta espiándolas.

—¿¡Cómo!? —le preguntó Isa algo nerviosa.

—Tranquila, Pedro acaba de abrirme. Ya estoy bien —les contestó sentándose en una de las sillas de la cocina—.Quería daros una sorpresa.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Claudia fijándose que Aarón parecía más delgado y pálido. Solo habían pasado tres días desde la última vez que se habían visto, así que no pudo evitar preocuparse por su visible deterioro.

—Tengo una pinta horrible, pero es inevitable.

¿Inevitable para qué? Deseó preguntarle ella, pero no encontró el coraje suficiente para hacerlo porque estaba segura que la respuesta no le guastaría lo más mínimo.

—Me ha parecido escuchar que querías hacer un bizcocho.

—Sí —le contestó Isa dándole un codazo a su amiga—.Uno de limón.

—¿Puedo ayudaros? —y Claudia se secó las manos con un trapo y le sonrió.

—Primero necesitamos los ingredientes, ¿dónde tienes la harina?

A media tarde, el Templo de Génesis olía a bizcocho de limón, a uno preparado por Isa, Claudia y Aarón bajo la supervisión de Pedro.

En un momento de su preparación, Claudia se había quedado embelesada contemplando a Aarón mientras batía, y verlo hacer algo tan común y cotidiano como una mezcla, le había producido unas ganas descontroladas por llorar. ¡Vas a morir! Quiso gritarle a ese chico que no dejaba de sonreír a Isa y acatar cada una de sus directrices sin rechistar.

Aarón en un pasado no muy lejano de Claudia, había significado mucho, y aunque ahora se daba cuenta que en realidad ella había representado muy poco en su vida, ella no podía evitar sentir todas esas incoherentes contradicciones. Seguramente Claudia jamás había llegado a ser nada más que algo superficial, ni tan siquiera creía que hubiera sido capaz de escarbar un poco de su coraza, de esa coraza reluciente que le había visto lucir en su lucha contra Bhishmá.

—¿Crees que nos saldrá bueno? —le preguntó Aarón a su lado.

—Huele muy bien así que estará para morirse —¡mierda! Pensó nada más soltar esa desafortunada frase y rápidamente intentó corregirla—.Quiero decir que estará delicioso.

—Yo también lo creo —y él pareció menos susceptible por su mal afortunada frase—.Hoy me lo he pasado muy bien.

—¿Ha sido tu primer bizcocho?

—Sí, de hecho, creo que es la primera vez que preparo algo comestible. Tú pareces bastante familiarizada con ello.

—Me gusta la repostería, hacer tartas y esas cosas.

—Qué lástima —le contestó él.

—¿Por qué?

—Si lo hubiera descubierto antes, te hubiera pedido una tarta.

—¡No soy tu repostera! —le contestó en broma—.Y tampoco soy tan buena haciéndolas.

—Pero me gustaría probar tus tartas —le replicó, y Claudia no pudo evitar recordar una y otra vez, que ya no les quedaba tiempo—.Deja de mirarme así, Claudia.

—Así, ¿cómo?

—Como si fuera a morirme de un momento a otro —y solo necesitó escuchar esa palabra, “morirme”, para que un escalofrío recorriese su espalda.

—Y tú deja de tratarlo con tanta naturalidad.

—No entiendo porqué te cuesta tanto aceptarlo, la muerte es algo natural para los humanos.

—¡Pero así no! —le gritó ella—.Así no lo es —y Claudia no pudo evitar sentirse terriblemente furiosa con el mundo.

—Tu honestidad es envidiable —le contestó acercándose a ella—.Ojalá yo hubiera sido capaz de crear a unos seres tan perfectos como tú.

—No soy perfecta —le contestó ella dejándose abrazar por Aarón.

—Bajo mis ojos, lo eres —y él la abrazó aún más fuerte y a Claudia le pareció que él se encontraba temblando.

Por primera vez a ella le pareció vulnerable y débil, y Claudia comprendió al estar tan cerca de él que en algún rincón escondido muy adentro, Aarón sentía miedo. ¿Y cómo no iba a sentirlo? Si todos, humanos, soñadores o dioses, todos sentían temor ante la inexistencia. Porque desaparecer significaba el fin de algo: de una vida, de una lucha o de un camino. ¿Qué pecado había en querer seguir viviendo, peleando o andando?

Aarón como cualquier otro también lo deseaba, en el fondo ansiaba probar las tartas de Claudia y disfrutar de un sinfín de cosas más. Lo peor de todo es que Claudia, aún después de todo lo que había sucedido entre ellos y a pesar de que lo suyo fuera físicamente imposible, quería seguir viviéndolas una a una a su lado.

¡No puedes irte! ¡No puedes irte! ¡No puedes irte! No dejó de gritarle Claudia mentalmente, pero él en cada una de esas exigentes súplicas se limitó a abrazarla más y más fuerte como si así ambos pudieran fusionarse en uno y escapar de ese cruel destino que los mantenía atados por un lazo. Un lazo que era del color rojo de la sangre y que para tortura de Claudia, cada vez tenía más claro que terminaría matando a Aarón. ¡Tú, no! ¡Tú no te lo mereces!

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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