Los lazos del destino: capítulo 23 – Dioses furiosos

¡Buenos días, tardes o noches! ¿Cómo os ha ido el día? Hoy os traigo Los lazos del destino (solo dejé de publicar un día para contaros lo del canal de Youtube, y me parece que hace mil años que no publico nada. Por cierto, si aún no habéis visto el canal pasaros ya XD. Aaah os confirmo que la próxima semana habrá nuevo vídeo ¡bien! ).

Y cambiando de tema, ¿os gusta la nueva imagen de los lazos? Con la evolución de la historia he querido cambiarla porque creo que las revelaciones nunca vienen solas (sino en plural) y porque también creo que a partir de ahora poco a poco podremos apreciar muchos matices interesantes entre Aarón, Génesis y Claudia. Un embrollo en este mundo de fantasía en el que una humana deberá sobrevivir. ¿Hasta dónde se sacrificarán nuestros protagonistas? ¿Preparados para leerlo? Os prometo unos capítulos llenos de decisiones trascendentales. ¡Besos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 23: Dioses furiosos.

Claudia cayó en una especie de agradable soñolencia mientras Aarón se la llevaba hacia su templo. No sabía si era a causa del cansancio acumulado o después de todo el estrés vivido, por la verdad era que en ese momento se sentía muy cómoda en los brazos de ese chico.

—Pronto llegaremos a casa —le dijo él.

—¿A casa?

—Bueno, en realidad es una especie de templo. Hace tanto que no voy por allí que no sé cómo estará.

—Un templo es un lugar extraño donde vivir —le respondió.

—Supongo que para una humana lo es, pero para mí siempre ha resultado ser un lugar agradable —y Claudia apreció cierta sonrisa nostálgica en el rostro de Aarón.

—Soy incapaz de imaginármelo —y en su cabecita, ella intentó imaginarse un lugar imperecedero en el tiempo que pudiera acoger a un ser tan inusual como él—.Te habrá resultaba complicado mantenerte alejado de tu hogar tanto tiempo.

—Toda ha sido por un motivo —y ella comprendió que ese “motivo” a Aarón le resultaba tan claro, que estaba dispuesto a sacrificar muchísimas cosas en su nombre—.¿Por qué me miras así?

—Me pareces otro —le contestó ella apartando la vista hacia el cielo—.Por un lado me recuerdas al Aarón del pasado pero por otro, me pareces más triste.

—Soy alguien que va mucho más allá de este cuerpo. Supongo que arrastro muchas cosas imposibles de olvidar.

—Tienes razón —y ella se quedó contemplando el cielo azul que en ese momento parecía curativo y regenerador.

Imposible de olvidar, de la misma forma que era imposible olvidar lo que les estaba sucediendo en sus vidas, o también era imposible de olvidar que Aarón estuviera tan empeñado en salvar ese mundo. Imposible de olvidar eran tantas cosas, que Claudia decidió cerrar sus ojos para dejar de recordarlas.

En un frío despacho de un elegante templo, su señor se encontraba la mar de furioso porque estaba a punto de perder la mayor guerra en la que se había embarcado nunca. En ese momento se pasó una mano nerviosa por su larga melena oscura mientras notaba como si sus propias ropas de guerra lo estuvieran oprimiendo. Sus hombreras, peto, espaldares o grebas, todo, absolutamente todo, lo estaba ahogando.

Génesis no podía dejar de leer una y otra vez los informes de los Guardias del Orden, y cada vez que lo hacía se desesperaba aún más porque era incapaz de encontrar una maldita solución al problema. ¿Qué has hecho, Margaret? No podía dejar de preguntarse horrorizado al leer que se había escapado con Bhishmá. Porque de todos los soñadores que habitaban su mundo, él sabía mejor que nadie, lo que ese en concreto estaba dispuesto a hacer con su lazo del destino.

—Los Guardias del Orden no lo soportarán mucho más, señor —le dijo el mensajero que acababa de traerle los informes.

—¡Pero moriremos todos si no hacemos algo! —aunque a Génesis lo que menos le preocupaba en ese momento era su propia muerte.

—¿Qué podemos hacer? —le preguntó ese ser alado desesperado—.Bhishmá pronto tendrá todo el poder que necesita.

—¿Crees que no lo sé?

—Los Guardias del Orden creen que…

—¡Silencio! Sé lo que opinan tus superiores. Ahora vete y déjame pensar, solo yo puedo solucionarlo —y el mensajero educadamente se retiró de su despacho.

Lo que ese mensajero no sabía, es que Génesis no tenía ningún plan ni una maldita idea de lo que haría a partir de ahora. Su situación estaba en un punto muerto, tan condenadamente muerto, como lo estaba el futuro de todos si no hacía algo.

—¿Qué vas a hacer, Génesis? —le preguntó un hombre oculto entre las sombras.

—Hermano, este no es momento para tus burlas.

—Ellos no son de nuestra incumbencia —y la sombra escondida en una de las esquinas apareció ante él. Un hombre de la misma altura y tamaño que Génesis empezó a caminar por el despacho. Su larga melena era idéntica a la de su hermano pero en lugar de ser oscura como la noche la suya era tan rubia y clara como el día—.Dejémoslos morir —le dijo con indiferencia.

—¿¡Qué estás diciendo, Mortem!? —estalló Génesis arrancándose su capa dorada para tirarla al suelo—¿Dejarlos morir sin más? Bhishmá terminará con este mundo. ¡Con todo!

—Encontraremos otro lugar.

—¡Por supuesto! —le contestó acercándose a él—.Dime cómo diablos conseguirás eso cuando no puedas ni ponerte en pie.

—Huyamos —le respondió Mortem—.Ahora estamos a tiempo —y sus ojos dorados le brillaron tanto, que Génesis vio la fría indiferencia en ellos—.Ahora mismo, hermano. Vamos.

—Basta de huir. ¿Qué vas a lograr con eso? —y su hermano le agarró el rostro y lo miró a sus ojos negros, tan negros y oscuros como el ónice.

—¿Y qué vamos a conseguir quedándonos aquí?

—Proteger a los nuestros.

—¡Ellos no son los nuestros!

—¡Los creamos, Mortem!

—Cierto, por eso podemos dejar que se destruyan.

—Aceptaré todas consecuencias que vayan a desatar mis creaciones —le contestó Génesis abriendo la puerta de su despacho—.No voy a irme —y se alejó de su despacho para pensar en una solución cuanto antes.

—¡No podemos hacer nada! —le gritó su hermano—¡Nada! —pero ya nadie escuchaba las vacías palabras de Mortem, no cuando su hermano estaba dispuesto a luchar por sus hombres.

Claudia abrió sus verdosos ojos y se encontró desorientada, desde que había caído en ese sueño donde había visto a Génesis y a su hermano Mortem, había perdido la noción del tiempo. Pero ahora que había visto el rostro de ese misterioso hombre y había logrado ponerle rostro, se sentía algo más calmada. El Aarón del pasado no se parecía para nada físicamente al chico que ahora la estaba llevando hacia su hogar, en el pasado había sido muy alto y fuerte, de rasgos marcados y aunque lo había encontrado atractivo a su manera, también le había resultado intimidador. Llevaba una larga melena negra que le llegaba por debajo los hombros y sus ojos parecían ser tan oscuros que uno bien los podría confundir con la noche. Iba vestido de arriba a abajo con una armadura metalizada y por encima de toda esa coraza, había visto que llevaba una brillante capa dorada que se había arrancado con rabia.

—Claudia —lo llamó Aarón mientras ella no podía dejar de recordarlo—.¿Qué has visto? —y a ella no le sorprendió su pregunta.

—A ti, bueno a Génesis y a Mortem.

—Así que has conocido a mi hermano —le susurró—.¿Te doy miedo, ahora?

—Eras muy distinto —y Claudia no pudo evitar mirarlo algo desorientada porque le costaba ver en ese chico joven, de mirada inocente y sonrisa encantadora, al hombre que había visto en su sueño.

—Lo era. Supongo que ahora entenderás porqué tanto Isa como Pedro se sorprendieron tanto al verme —y claro que lo entendía, de hecho lo comprendía mejor que nunca.

—¿Tu hermano dónde está ahora? —y notó como con su pregunta, los brazos de Aarón se tensaron.

—Desde que me fui con los soñadores dejamos de vernos. Pero sé que él me está esperando y que cuando sea el momento regresará.

—¿Se fue?

—Huyó por precaución, porque aunque yo he conservado mi conciencia durante todos estos años, mis poderes en el cuerpo de un niño han sido limitados.

—¿Mortem es como tú?

—En cierta forma lo es, pero a la inversa. Los dos juntos creamos este mundo y sus habitantes, digamos que somos los dos extremos de una misma balanza que mantenemos equilibrada.

—Así que sin ti, él es débil —y Aarón contempló a Claudia con una sonrisa y le contestó.

—O yo soy débil sin él.

A varios quilómetros del Templo de Génesis…

Mortem acababa de descender como una flecha directamente hacia esos soñadores que no habían dejado de perseguir a su hermano para matarlo.

—¿Dónde creéis que vais? —les preguntó lanzándoles un rayo para inmovilizarlos.

—¡Vamos a buscar a Aarón! —le gritó el más osado del grupo.

—¿Aarón? —le preguntó Mortem con los ojos encendidos—¿Y qué os ha hecho ese soñador?

—Ha encontrado su destino y desea esclavizarnos —y él se lo miró son una sonrisa burlona.

—Pero es uno de los vuestros, ¿a caso no buscáis todos lo mismo? —y el grupo se quedó en silencio unos segundos antes de responderle.

—Está loco, señor —y Mortem sonrió, por supuesto que Aarón estaba loco, tan terriblemente loco como por haberse sacrificador por esa panda de inútiles.

—¿Así pagáis lo que os hemos dado? —les preguntó acercándose a ellos para mirarlos a los ojos de esos soñadores, unos ojos que estaban llenos de envidia y celos—Nunca vais a tener suficiente, sois tan miserables —les susurró.

—¡Quiere matarnos! —se justificó el más cobarde de todos, y Mortem se lo miró son una sonrisa helada.

—Él quiere salvaros, estúpidos —y todos se quedaron perplejos sin comprenderlo—.Ahora decidme dónde se encuentra Ezequiel.

—No lo sabemos. Él también es nuestro enemigo.

—¡Bobadas! Buscádmelo cuanto antes si no queréis tenerme a mí de enemigo. ¿Me habéis entendido? —les preguntó antes de liberarlos, y todos asintieron acobardados por ese semidiós.

Porque Mortem junto a Génesis, habían creado el mundo en el que ahora se encontraban, así que todos en él sabían, que le resultaría la mar de sencillo matarlos como si fueran simples insectos. Lo que ninguno de sus habitantes sospechaba, es que Mortem llevaba tanto tiempo alejado de su hermano que era débil, más débil de lo que jamás se hubiese imaginado ser.

Claudia no podía apartar los ojos de la gran construcción que se alzaba ante ella. Para Claudia, aquello más que un edificio o un templo, parecía un lujoso castillo. Era un edificio altísimo, de un color blanco como la nieve que parecía brillar con la luz del sol. ¡Precioso!

—Este es mi hogar —le informó Aarón mientras se acercaba a él, y ella lo siguió en silencio sin poder  comprender del todo cómo aquello tan excepcional podía ser la casa de alguien.

—¡Es impresionante! —exclamó Isa al lado de Claudia—¿No te parece? —y ella volvió a mirar esa enrevesada y bella arquitectura llena de ventanales y delicadas decoraciones.

—Parece más que un simple hogar —y ambas se rieron porque parecía un castillo de ensueño.

—Ahora que hemos llegado aquí —les dijo Aarón en la entrada pasando la mano por encima de un tablero blanco—.Necesito vuestra ayuda —y la puerta se abrió al instante, como si hubiera estado esperando todos esos años celosamente a su dueño.

—Claro, dinos qué podemos hacer por ti —le contestó Pedro muy serio mientras el dueño de ese castillo los guiaba hasta su despacho.

Claudia nada más entrar en ese despacho le resultó familiar, porque ese era el lugar exacto que había visto en su sueño. De hecho, estaba tal y como lo había visto, desde la esquina en la que Mortem se había mantenido oculto, el gran espacio central donde ambos hermanos se habían peleado y finalmente la mesa en la que Génesis había revisado los desfavorables informes de los Guardias del Orden.

—Esto va a ser complicado, pero llegados a este punto, es lo único que podemos hacer —les contestó Aarón sacando un viejo libro de una de las estanterías—.He esperado mucho para esto —y los dos Guardias del Orden asintieron—.Claudia, ahora me gustaría hablar con ellos a solas un momento.

—¿A solas? —le preguntó sintiéndose como una completa intrusa en ese maravilloso lugar.

—Siempre que no salgas del templo estarás a salvo —y Aarón le sonrió—.Recórrelo sin problemas, ahora es tu casa.

—Está bien —le contestó ella sin estar muy convencida de sus palabras—.Os esperaré afuera —y Claudia salió de ese despacho con la clara sensación que le estaban ocultando algo. Por eso, antes que pudiera cerrarse la puerta del despacho metió su pie para que la puerta se quedara entreabierta y se escondió tras ella para poder escuchar su misteriosa charla. A partir de ahora no caería en los mismos errores del pasado y descubriría con sus propios métodos la verdad de sus sospechas.

—Es la única manera, pero necesito que seáis discreto —escuchó que les decía Aarón a sus amigos—.Esto no puede saberlo Claudia, al menos no de momento —y ella sintió un estremecimiento helado.

—Ella lo descubrirá —le contestó Pedro algo indeciso.

—Para cuando lo sepa, ya será demasiado tarde —lo calmó Aarón—.Sé que Claudia es demasiado buena y si se lo contásemos, intentaría impedirlo a toda costa.

—¿Estás seguro? —le preguntó Isa, y Aarón se colocó de espaldas a ellos y a Claudia le recordó al Génesis de su sueño. En el pasado, él había discutido de la misma forma con su hermano para salvar este mundo, así que a Claudia le quedó claro que fuera lo que fuera que estuviera tramando en este preciso instante Aarón, no iba a echarse para atrás.

—Ayudadme a morir, chicos —les pidió ese chico sin vacilar, y Claudia casi se cae el suelo de la impresión. ¿¡Morir!? Se preguntó mientras notaba que se cuerpo empezaba a temblarle.

—Lo haremos a tu manera —le contestó Pedro.

—Como desees —fue la escueta respuesta de Isa.

Y Claudia se quedó tan impactada que se quedó estática como una roca escondida tras la puerta. Morir, se repitió sin comprenderlo. ¿Es que todos se había vuelto locos? ¿Cómo diablos sus dos amigos podían estar aceptando esa absurda petición sin más? Y entonces como si acabase de despertar de esa pesadilla, Claudia empujó la puerta con fuerza y se encontró con Isa y Pedro que ahogaron una exclamación mientras Aarón se lamentaba por lo que ella estaba a punto de decirles.

—¡Aquí no va a morir nadie! —les gritó ella. Porque aunque ella solo fuera una humana y aquellos tres seres de allí dentro fueran excepcionales, estaba claro que ninguno de ellos era capaz de comprender el valor de una vida—¡No lo permitiré! —y no lo haría siempre que estuviera en sus manos. Claudia jamás permitiría tal atrocidad. ¡Jamás!

Próximo capítulo…

¡Bienvenidos al Templo de Génesis! ¿Logrará Claudia encontrar una solución para evitar ese gran sacrificio? ¿Podrá enterarse de una vez por todas del descabellado plan de Aarón? Quizá al final no resulte tan loco y absurdo, quién sabe. Y ademas, ¿qué estará tramando Mortem? Esto y más el próximo domingo.

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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