Los lazos del destino: capítulo 22 – Maquiavélicas intenciones

¡Hola! ¿Cómo estáis? Yo con muchísimas ganas de contaros cosas sobre Claudia, Aarón y todos los demás, porque creo que después de una gran revelación como la del capítulo anterior ahora os merecéis una gran explicación sobre ella (aquí va la primera parte ^0^).

Estoy como una niña chica con tantos frentes abiertos en esta historia, sé que con este capítulo os quedarán dudas, dudas y más dudas, y os juro que no doy para más con tantas anotaciones para los siguientes capítulos jajajaja (eso es una risa malvada de satisfacción), pero también espero que valgan la pena. Me apasiona escribir historias enrevesadas y como nadie dijo que la verdad fuera plana ni sencilla, por mucho que nos empeñemos en intentar simplificarla, eso en el mundo de Claudia y Aarón resulta impensable. ¿Un mundo con alas, soñadores, lazos del destino y un largo etcétera siendo simple? ¡No cuela queridos! Así que dejémonos de cháchara y vámonos a desentrañar cada uno de los recovecos de este apasionante mundo, ¿me acompañáis?


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 22: Maquiavélicas intenciones

Veinte años atrás…

Ezequiel no dejaba de arrasar con todo lo que se le interponía por delante mientras su esposa se lo miraba asustada porque estaba segura que si seguía así terminaría destrozando su despacho.

—¡Esa mujer es inútil! —gritaba con rabia—.¡INÚTIL! —y Casandra se lo miró comprendiendo qué significaban sus palabras.

Al contrario de la humana Margaret, su hija había resultado ser una tremenda decepción para ellos pues no poseía ningún tipo de poder especial ni tampoco había logrado despertar el lazo del destino en Ezequiel. Su esposo, como hijo directo de Bhishmá, era el único legitimado y capacitado para poseerlo por eso, no era extraño que en ese momento se mostrase tan malditamente enfadado y frustrado.

—No te preocupes.

—¿¡Qué no me preocupe!? —le preguntó irritado mientras se sentaba en el sillón de su despacho—¿Qué haré ahora? —le preguntó abatido—¿Cómo voy a poder gobernar este reino sin el lazo? —y su mujer Casandra se apiadó de su esposo mientras se arrodillaba a su lado.

—Lo gobernarás como siempre has hecho.

—No van a respetarme —le susurró.

—¡Lo harán! —y ella le sujetó el rostro para que lo levantase y recuperase toda su dignidad—.Ella está embarazada.

—¿¡Qué!?

—Dentro de unos meses nacerá la nieta de Margaret.

—Está… —intentó decirle Ezequiel, pero se calló cuando comprendió que su esposa Casandra lo había visto en sus sueños.

—Esa niña nos conducirá hacia el lazo de nuevo —y Ezequiel se levantó de la silla sorprendido.

—Para cuando crezca yo ya seré demasiado mayor, no podré controlarlo —porque algo necesario para poder poseer el lazo del destino era la edad. Necesitaban estar en el punto exacto de su juventud, en su momento más esplendoroso para que el poder se manifestara por completo y resultara controlable.

—Tú no —le contestó Casandra—.Pero él —y señaló a su pequeño Aarón de apenas un par de años de edad que se encontraba acurrucado en una esquina contemplando la violenta escena.

Un niño menudo y con unos brazos delgados que en ese momento observaba a sus padres con los ojos atemorizados sin ser plenamente consciente de nada. ¿Consciente? Se burló ese niño desde su interior, por supuesto que el ser llamado Génesis que habitaba en él lo era, él era el más consciente de todos porque había vivido muchísimos años atrás en ese mundo y lo había visto todo. Caos, destrucción, muerte… Miles de espantosas imágenes que guardaba en su retina, precisamente por eso Aarón tendió sus pequeños brazos hacia su padre con una sonrisa bobalicona.

—Hijo, no te asustes. Algún día llegarás más lejos que tu padre —y Aarón se lo miró encantado.

Algún día llegaré muy lejos, Ezequiel, pensó ese niño mientras recordaba todas las muertes del pasado, tan lejos que ni ni serás capaz de imaginártelo.

En la actualidad…

Pedro se encontraba volando a toda velocidad hacia el Templo de Génesis, y aunque ahora sabía que Aarón solo había pretendido proteger a Claudia y no había querido herirla en ningún momento, sospechaba que en el fondo esta nueva situación entre ambos terminaría por herirla aún más. Porque antes había resultado relativamente sencillo para Claudia odiarlo, pero ahora que estaban en esa compleja situación, ¿qué sentiría ella?

Aarón y ella se habían conocido en su mundo, alejados de todos esos poderes que para Claudia eran tan extraños y desconocidos, así que encajarlo todo de un plumazo en esas peligrosas y peculiares circunstancias no le estaría resultando sencillo. ¿Pero cómo podría comprenderlo ella? Seguramente aún no entendía lo que Aarón o mejor dicho, Génesis estaba a punto de hacer por ellos.

Pedro tampoco podía olvidarse de todas las estupideces que le había soltado a Aarón cuando creía que eran enemigos, y aunque en su momento lo hubiera hecho para ayudar a su amiga, ahora se sentía profundamente arrepentido. No podía evitar sentirse martirizado por todos los enfrentamientos que había tenido con él cuando Aaron se había limitado a solucionar el problema. ¡Era el Génesis! Recordó de nuevo atormentado. ¿En qué diablos había estado pensando?

Por supuesto que llegados a este punto Pedro comprendía mejor que nadie porqué cada vez que había insistido a sus superiores para que llamaran al Génesis, no le habían hecho puñetero caso. Él mismo en persona llevaba años luchando en solitario contra ese poder del lazo y ahora se encontraba más cerca que nunca de destruirlo.

—¡Pedro! —lo llamó su compañera—Nada por detrás —y él asintió porque tampoco había encontrado nada extraño por delante.

—Parece que tendremos un viaje tranquilo —le dijo replegando sus alas mientras veía a Aarón descender con Claudia.

—No te martirices demasiado, no podíamos sospecharlo —le susurró Isa.

—Lo sé, pero me molesta.

—Quisimos protegerla incluso de su protector —le contestó ella mientras se fijaba en Claudia.

En efecto, el Génesis había representado el salvavidas de Claudia, el único en todo ese mundo capaz de poseer la facultad de generar el lazo y también de destruirlo. Lo que Aarón estaba a punto de hacer para salvar su mundo era simple, sencillo y sin vuelta atrás, él mismo en persona estaba a punto de sacrificarse para permitirles un futuro a todos sus habitantes así que lo único que podía hacer él, Isa y el resto que conocían su causa en ese momento, era apoyarlo en su gran acto y agradecérselo eternamente. Gracias.

Su primera parada junto al Génesis a Claudia le resultó extraña, parecía como si por primera vez hubiera conocido al verdadero Aarón y por fin hubiera deshojado cada una de sus capas, esas capas oscuras y opacas que guardaba con tanto recelo. ¿Quién eres? Se había preguntado infinidad de veces y ahora a Claudia le parecía que la verdad se le había presentado honestamente ante sus ojos.

—¿Cómo estás? —le preguntó Isa mientras se sentaba a su lado.

—Cansada, sorprendida, asustada, sin comprender nada… ¿Sigo? —y ella se la miró mientras suspiraba.

—Yo tampoco puedo creerme que sea el Génesis.

—¿Tan importante era? —le preguntó aprovechando que Pedro y Aarón se encontraban enfrascados en una conversación sobre qué ruta sería más segura tomar a partir de ahora.

—“Es”, Claudia, el Génesis lo representa todo para nosotros. En cierta forma es como el padre de todos, existimos gracias a él —y ella se quedó sorprendida y solo pudo pensar que se parecía a una especie de dios. No sabía si sería uno bueno o malo, pero estaba segura que era algo parecido a una divinidad.

—Me ha pedido que siga llamándole Aarón.

—¿Y tú qué harás?

—Creo que seguiré utilizando ese nombre.

Porque cada vez que lo llamaba Génesis le parecía que letra a letra iba olvidándose de su Aarón y con ello, borraba su historia. Para Claudia, el nombre de Génesis representaba un pasado en el que ni ella misma había estado así que no podía evitar querer aferrarse a su presente, en ese donde había podido ser feliz con él.

—Tú lo conoces mejor Claudia, así que no permitas que nadie te engañe. Sigue tu propio camino.

—¿Qué quieres decir?

—Ahora que conocemos su verdadera identidad —le contestó, pero Isa enmudeció un momento como si le costase encontrar las palabras exactas—.Un gran número de vidas dependen de él, ¿lo entiendes? —le dijo su amiga con el rostro muy serio y Claudia se la miró extrañada con sus ojos verdes. ¿Por qué acababa de sentir un mal presentimiento con su pregunta? Algo en las palabras de su amiga le había dado mucho miedo.

Claudia alargó la vista cuando vio a Isa acercarse a Pedro mientras le informaba sobre la ruta que a partir de ahora tomarían. Inconscientemente no pudo evitar contemplarlos, parecían tan serios, responsables y empeñados en terminar esa misión, que notó una triste sacudida en su corazón, ¿qué está pasando? Y entonces se fijó en Aarón que le estaba dando la espalda mientras se quitaba su chaqueta y se quedaba en manga corta. En ese momento parecía un chico joven, el mismo de siempre y no logró imaginárselo como el Génesis. Llámame Aarón, se recordó, y ese chico de cabello castaño se giró hacia ella y le sonrió despreocupadamente. Pero en ese instante Claudia no pudo devolverle ninguna sonrisa, no cuando algo le estaba diciendo que todo aquello terminaría mal, muy mal.

Claudia se encontraba tumbada en el suelo mientras fingía dormir, no es que se sintiera especialmente nerviosa o inquieta pues en realidad, desde que había descubierto que Aarón no era tan monstruoso como aparentaba y que sus dos mejores amigos los acompañarían, se encontraba notablemente más relajada. Pero notaba una especie de preocupación y angustia que no sabía identificar que se estaba apoderando de sus emociones.

—Necesito conectarme a ti —le dijo Aarón acercándose a ella.

—Por supuesto —y Claudia estiró su brazo para que pudiera atarle el lazo.

—Gracias —y ella se quedó tumbada contemplando ese color rojizo de la cinta mientras Aarón se tumbaba a su lado—.¿En qué piensas?

—En que algo tan insignificante puede ser tan aterrador —le contestó moviendo el lazo que empezó a tintinear.

—Tienes razón, parece inofensivo pero es tremendamente letal.

—Tú sabes lo letal que puede llegar a ser esto —le contestó Claudia.

—Por desgracia lo sé —y ella vio cierta tristeza en sus ojos al recordar todas esas muertes del pasado.

—Y por eso estamos hoy aquí —le dijo ella para animarlo y darle algo de esperanza.

—Sí —y ella notó un nudo en el estómago al darse cuenta que lo suyo terminaría tan pronto como solucionaran el problema.

—¿Crees que podré regresar a mi mundo?

—Por supuesto, esa siempre ha sido mi idea. Jamás te hubiera traído aquí si no hubiera sido necesario pero te prometo que después de esto regresarás con tu familia.

—Te creo —le contestó ella dándose la vuelta para contemplar el cielo nocturno—.En esto también te creo —y le apreció escuchar la sonrisa suave y baja de Aarón cerca de su rostro. Por eso tampoco la tomó por sorpresa cuando notó su voz pegada a su oreja.

—Gracias, Claudia, gracias por todo. Ahora descansa —y Aarón desapareció de su lado y se marchó llevándose el lazo.

Claudia esa noche se agarró la muñeca en la que había estado el lazo atado y la notó helada, poco a poco sentía que estaba perdiendo a Aarón y aunque el día anterior no le hubiera importado lo más mínimo, ahora no podía evitar sentirse triste.

No entendía qué le estaba ocurriendo, solo sentía unas ganas descontroladas de llorar cada vez lo veía y eso que no tenía ni puñetera idea de su origen. En cierta forma notaba toda la tristeza y la pesada carga que estaba soportando ese chico en solitario que parecía tan triste. Estás loca, Claudia, te estás volviendo majareta. Porque aunque Claudia ni siquiera confiara en él ni supiera qué pensar ahora de Aarón, sabía que gran parte de su sufrimiento era cierto. Pero tampoco se dejaría engañar fácilmente de nuevo, no después de todas las cosas que ahora conocía. A partir de ahora Claudia creería a su manera, en una manera lenta, pausada y con los ojos bien abiertos. Paso a paso, día a día, no se dejaría engañar por nadie.

Claudia esa noche soñó con cosas tan raras que no logró entender, la voz de la Verdad se le había aparecido en sueños y no había dejado de repetirle una y otra vez que no estaba sola y que ella tenía todas las respuestas. ¿Respuestas? Se burló. ¿Cómo las tendría si no entendía nada? Pero en ese instante de confusión su sueño se había cubierto de blanco y se había encontrado suspendida en medio del cielo mientras unas ráfagas de viento no dejaba de sacudirla en todas las direcciones como si fuera una quebradiza hoja. ¡Basta! Gritó atemorizada llevada por las corrientes mientras escuchaba resonar un nombre a través del cielo. ¡Bhishmá! Gritó una voz masculina muy enfadada. ¡Voy a matarte! Y un hombre con dos alas blancas salió disparado hacia la dirección de Claudia armado con una larga y afilada espada. Ella en ese momento apenas fue capaz de verlo con claridad, solo vio a un par de ojos fieros con tanta determinación que le parecieron hervir en llamas.

—¿¡Qué!? —gritó Claudia despertándose de repente—.¡Un sueño! —se tranquilizó al darse cuenta que nadie la había atravesado con una espada mientras le parecía escuchar algo a través de la noche.

—Voy a… —susurró alguien a su lado y Claudia se sorprendió al darse cuenta que Aarón estaba durmiendo a su lado. Estaba muy agitada y no dejaba de moverse mientras su rostro parecía angustiado—.Voy a… —repitió él en un susurró mientras Claudia se acercaba para escucharlo—.Bhishmá —murmuró él cuando Claudia pegó su oreja cerca de su rostro—.¡Voy a matarte! —y Aarón agarró a Claudia con fuerza.

—¡Aarón! —lo llamó para que se despertara—.Soy yo —y él se quedó quieto unos segundos antes de soltarla.

—Lo siento, mucho —se disculpó—.¿Estás bien?

—Sí, tranquilo. Estabas teniendo una pesadilla y creo que yo he tenido la misma.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque te he visto cuando intentabas atravesar con una espada a Bhishmá —y sus palabras no parecieron sorprenderlo en absoluto.

—Así que ya ha llegado el momento —suspiró él—.Lo siento, pero a partir de ahora empezarás a experimentar mis recuerdos.

—¿Tus recuerdos?

—Sí, me estoy conectando tanto a ti que es inevitable.

—¿Tú puedes ver mis recuerdos también? —y Aarón se rió un poco.

—Soy un soñador, puedo ver tus recuerdos, tus anhelos y puedo colarme en tus sueños, pero para un humano es distinto.

—¿Por qué?

—Porque no estás preparada para esto. Necesito que mis recuerdos no te afecten demasiado, ¿de acuerdo?

—Sí —le contestó asustada sin comprender sus propias emociones.

—Claudia, déjame encargarme de todo a mi manera. Solo te pido que soportes un poco más esta pesadilla —y ella se preguntó cuánto debería soportar Aarón en silencio. Estaba claro que el lazo lo estaba afectando y seguramente ella jamás sabría la verdad sobre ello.

—Lo haré, pero no quiero que pienses que estás solo.

—No lo estoy —le contestó Aarón cogiéndole la mano—.Tranquila, en este mundo viven muchas personas —le contestó mirándola. Y Claudia pudo ver a través de sus castaños ojos como Aarón se estaba alejando de todos y estaba construyéndose un muro de espinas. En cierta forma le pareció como una bomba a punto de estallar y comprendió, que ese chico estaba dispuesto a ir muy lejos para salvar a su gente.

—Te importa la gente de este mundo —le contestó ella apretándole su mano—.Casi te pareces a un padre —y Claudia le sonrió tristemente sin poder evitar preguntarse hasta dónde habría vivido el Génesis sin ella en el pasado.

—No solo me importan ellos. Aquí hay alguien que no es de este mundo que también me importa mucho —y ella solo notó que Aarón tiraba de su brazo para abrazarla mientras se sorprendía a sí misma al darse cuenta que se encontraba llorando.

¿Por qué lloraba? ¿Qué diablos le estaba pasando? Y entonces comprendió que el recuerdo de Aarón la estaba afectando demasiado. Toda la tristeza y emoción que Claudia estaba experimentando provenían de él, de ese hombre que había fracasado en su intento para salvar su mundo y que había terminado derrotado. Lloraba por ese pasado del Génesis, por todas sus muertes y por toda su compasión. En definitiva Claudia lloraba por Aarón, lloraba mucho.

—Eres buena, Claudia. No permitas que esta tristeza te dañe.

—Lo soportaré, Aarón, voy a soportar —le prometió ella entre lágrimas. Porque ella no tenía ningún derecho a no cumplir con su parte cuando a partir de ahora a Aarón le tocaría desempeñar la parte más dura de todas. Aunque solo sea por ti, lo haré.

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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