Los lazos del destino: capítulo 21 – ¿Me crees?

¡Feliz domingo! ¿Habéis podido descansar este fin de semana o se os ha presentado movidito? En cualquier caso aquí os dejo un nuevo pedacito de esta aventura que combina lazos y destino (si no sabes porqué digo esto, deberías pasarte a leer el primer capítulo, ¡ya! XD).

Con este capítulo siento que me he quitado un peso de encima, os lo juro, porque me moría de ganas de contaros muchas cositas (y las que me quedan jajaja). Pero ahora, después de publicarlo, también me siento angustiada porque querría publicar ya todas las páginas de este rompecabezas (pero Clover también es humana y tiene sus limitaciones). ¡A no, esperad! Que en realidad soy una ovejita >_< (pero creo que para el caso viene siendo lo mismo).

Ojalá disfrutéis mucho con este capítulo, tanto que os apetezca seguir acompañándome en este viaje tan apasionante (para mí lo está siendo). Acordaros de darle a “ me gusta” a la página del cuaderno en Facebook, seguirme por Twitter y Google+ (gracias 😳 ). ¡Besos repletos de amor cloveradictos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 21: ¿Me crees?

Desde que Aarón había visto a esos dos ángeles que Claudia ahora ya no dudaba que se trataban de sus dos amigos, se había mostrado muy alterado. Había salido disparado hacia el cielo a toda velocidad para alejarse lo antes posible de ellos mientras mantenía un rostro muy serio y reservado. Parecía que realmente temiese a Isa y Pedro, y creyese posible que esos dos terminarían por encontrarlos. Eso a Claudia la extrañó, porque por primera vez desde que estaba en ese mundo sin nombre para ella, le había parecido una persona más normal y con sus vulnerabilidades. Y aunque Claudia a día de hoy seguía sin tener la más remota idea en qué diablos estaba pensando Aarón ni qué es lo que realmente podía temer de sus amigos, parecía dispuesto a invertir grandes dosis de energía en su huída.

Así se pasaron un par de días, volando sin descansar y sin cruzarse palabra. Aarón se había limitado a ofrecerle unas frutas para que comiera durante su carrera, pero ella había sido incapaz de comer en condiciones en esa posición tan poco cómoda. Claudia estaba nerviosa, cansada y exasperada, había intentado cerrar en más de un centenar de ocasiones los ojos a causa del agotamiento acumulado pero cada vez que parecía poder dormirse una sacudida en el vuelo o su propia agitación, le jugaban una mala pasada y no lograba dormirse. Por eso, después de esos dos días sin pegar ojo sabía que no podían seguir así, ella necesitaba poner los pies en la tierra con urgencia y poder dormir más de quince minutos seguidos.

—Tenemos que descansa —fueron las primeras palabras de Aarón las cuales parecían estar dirigidas a sí mismo.

Quizá él estaba intentaba convencerse para dejar de resistirse porque parecía muy empeñado en seguir huyendo, pero no tuvo más remedio que descender cuando Claudia se le resbaló de entre sus brazos y casi se cae al vacío.

—Lo siento —se disculpó al dejarla al suelo, pero ella no le contestó. ¿¡Sentirlo?! ¡Y un pimiento! Se enfado, porque a saber qué clase de cosas le haría cuando llegaran a ese lugar desconocido.

Esta vez Aarón la llevó a través de un tupido bosque que no se parecía en nada a esas montañas rocosas que siempre habían frecuentado, y después de andar unos minutos por él, Aarón pareció encontrar el lugar idóneo para descansar.

—Tú dormirás aquí —le dijo señalando el hueco de un gran tronco, y Claudia se acurrucó sin protestar en esa brecha con la vista muy cansada.

Cuando ella cerró los ojos y se apoyó en la corteza del árbol suspiró, llevaba dos días sin poder dormir del todo y notaba la cabeza a punto de estallar. En ese momento tampoco le importó notar algo entre sus pies y de reojo se fijó que había sido el pie de Aarón que había tocado el suyo. Esa fue la primera noche que Aarón durmió prácticamente pegado a ella, por supuesto, pensó Claudia con resignación, porque esta vez sus dos amigos estaban a punto de salvarla.

Claudia esa noche se durmió rápidamente a causa del agotamiento, ya no le importaba Aarón, el bosque o el sonido de animales desconocidos, ¡nada! Solo quería descansar de una maldita vez y recuperar su calma, solo dormir un poco para… ¿¡QUÉ!?

Y ella abrió sus ojos verdes atemorizada al notar la fría mano de Aarón en su brazo. A esas horas de la noche todo estaba muy oscuro por eso no logró diferenciar su rostro, solo escuchó su respiración agitada pegada a la suya mientras Claudia se preguntaba qué querría.

—¡Claudia! —le susurró una voz masculina en su oreja que parecía la de…

—¿¡Pedro!? —pero él le cubrió la boca para que no hablase.

—Tranquila, vamos a sacarte de aquí —le contestó ayudándola a levantarse—.¿Vamos? —la animó mientras se fijaba en la silueta femenina que se encontraba a su lado que parecía la de Isa.

Así que realmente sus amigos habían dado con ella y podrían liberarla de ese maldito encierro. ¡Por fin! Pero ella mejor que nadie debería haber sabido que liberarse de Aarón no le resultaría tan sencillo y más cuando él los estaba observando como un perro guardián con los brazos cruzados.

—¡Deteneos! —les exigió acercándose a ellos a tanta velocidad que Claudia no vio nada. Solo se chocó contra la espalda de Pedro que se interpuso entre ellos mientras Isa la rodeaba con sus brazos para protegerla.

—No vamos a ponértelo fácil —le contestó Pedro con unos ojos desafiantes.

—¡No lo entiendes! —le contestó Aarón.

—El que no lo comprende eres tú. ¡Déjala en paz de una vez!

—¡NO! —le gritó Aarón con rabia.

—Aléjate si no quieres que te haga daño —lo amenazó Pedro desplegando sus alas—.Isa, llévatela —pero antes que ella pudiera abrir sus alas para llevársela, Aarón levantó sus manos en señal de derrota.

—¡Maldita sea! —gritó Aarón de impotencia—.Vosotros ganáis. Sabía que tarde o temprano vuestra lealtad me traería problemas —y Pedro le sonrió dispuesto a empezar su pelea.

—Creo que no sabes hasta qué punto —y esta vez el que se rió fue Aarón porque parecía como si Pedro le hubiera contado un chiste malo.

—El que no sabe hasta qué punto está equivocado eres tú —le contestó Aarón, y en lugar de atacarlo y provocarlo de nuevo, se elevó del suelo mientras Pedro se lo miraba aburrido.

—Vuelas —le contestó sin inmutarse—.¿Y qué? Todos los soñadores sois iguales —y entonces Aarón le sonrió un poco.

—Todos no —le contestó él, y para su asombro desplegó un par de alas blancas que parecían salidas de la nada. Dos alas grandes idénticas a la de los Guardias del Orden.

—¡Es imposible! —jadeó Isa.

—Tú… —pero Pedro no logró terminar su frase porque se había quedado sin palabras. ¿¡Qué diablos!?

—Supongo que ahora lo entendéis —les dijo Aarón alzado con sus alas—.Me suelen llamar Génesis —y algo en ese nombre que Claudia no entendió, despertó un sentimiento en sus amigos.

—¡Génesis! —exclamó Isa atónita mientras soltaba a Claudia para arrodillarse ante él.

Claudia se quedó pasmada al ver a sus dos amigos arrodillarse ante Aarón sin vacilar, parecían muy avergonzados como si él fuera alguien que estaba muy por encima de ellos y acabasen de insultarlo. ¿¡Estáis locos!?

—Mi señor, lo sentimos —le contestó Pedro, pero Claudia no logró entenderlo y se enfadó con sus supuestos amigos.

—¿¡Qué diablos estáis haciendo!? ¡Estaba a punto de matarme! —les gritó a sus amigos, pero ellos guardaron sus alas y bajaron sus cabezas hacia el suelo—.¡Levantaos! —les exigió—Él me encerró en ese castillo y me torturó. ¿No os acordáis? —y Aarón en ese momento descendió para acercarse a ella.

—No es así —le contestó andando muy despacio hasta Claudia.

—¡Qué estúpidos hemos sido! —le susurró Pedro—Él no quería matarte, Génesis es el único capaz de salvarte.

—¿Salvarme?

—Sí, soy el único que puede romper esto —y Aarón lanzó ese lazo rojo que atrapó la muñeca de Claudia.

—Génesis es el primero de los dos. Eso significa que soy el inicio de todo, de esto —le dijo señalando el lazo—. Y de ellos —contestó señalando a Pedro e Isa. Por eso Aarón parecía siempre moverse entre dos agua, entremezclándose de una manera extraña y con intenciones grises.

—¿Y qué significa exactamente? —le preguntó Claudia reculando, porque ella no sabía nada del Génesis, de los soñadores ni de los Guardias del Orden. Lo único que le había quedado claro es que Aarón parecía ser capaz de contener dos tipos de poderes distintos en un mismo cuerpo y eso era algo bastante espeluznante.

—Que no pretendo hacerme con el destino —le contestó quitándole el lazo—.Ojalá no me hubierais seguido hasta aquí —se lamentó al ver a Pedro e Isa aún arrodillados—.Pero comprendo vuestro motivo —y los dos se pusieron de pie abochornados.

—Jamás nos lo hubiéramos imaginado —intentó excusarse Isa, y Aarón le sonrió—.Ahora entiendo porqué nadie te había ido a buscar.

—No era necesario, he estado siempre aquí. La verdad es que mi aspecto ha cambiado bastante, ¿verdad? —y Claudia se lo miró horrorizada sin comprender nada.

¿Cambiado? Entonces quién era él de verdad, estaba literalmente harta y cansada de esos cambios de personalidad constante y de toda esa panda de mentiras y basura sin sentido. ¡Estaba harta!

—¿Podrías explicármelo? ¡No entiendo nada y creo que me estoy volviendo loca! —les gritó a punto de echarse a llorar de impotencia.

—Tu abuela se equivocó, Claudia, y llenó de poder el seno de esa familia que ahora es la mía. Así que no me quedó más remedio que volver a nacer entre esa familia de soñadores.

—¿Volver a nacer? ¿No podías atacarlos simplemente? Tú eres especial, ¿no?

—Soy alguien supuestamente imparcial pero no soy hipócrita, y cuando este mundo estuvo bajo su amenaza decidí actuar. Pero mis poderes son ambos, los de los soñadores y los de los del Orden, por eso aunque posea los dos, no son los suficientemente fuertes para derrotar a alguien que ya ha encontrado su lazo del destino. No era rival para él. Intenté matarlo, destruirlo junto a los Guardias del Orden, pero nada nos sirvió, ¡nada! Entonces encontramos una pequeña esperanza en lo que jamás nos hubiéramos esperado. El mismo lazo, ese que iba a destruir el mundo y a esclavizarnos, podría salvarnos.

—¿Cómo?

—El lazo se encargó de todo —le contestó Aarón con una sonrisa—.Él llenó de tal forma a mi abuelo, Bhishmá, que fue incapaz de asimilar tanto poder en tan poco tiempo. Por eso, como vimos lo que le estaba haciendo, supimos que no lo lograría.

—Entonces mi abuela en cierta forma os salvó.

—Quizá —me contestó—.Pero fue una apuesta muy arriesgada que hubiera podido terminar en un completo desastre. Precisamente para impedir que esto volviera a suceder, decidí renacer en el seno de esa familia poseedora del destino y me convertí en su propio hijo.

—¿Y cómo sabías que ellos volverían a tenerlo? ¿No es aleatorio?

—Porque el lazo se retroalimenta del poder, y como Bhishmá empezó a desequilibrar la balanza sabía que regresaría a él. Mi padre Ezequiel se frustró muchísimo cuando tu madre no mostró ningún tipo de habilidad pero tú, desde que naciste supe que sería el mío. Así que solo fue cuestión de tiempo esperarte, Claudia.

—¿Lo tenías todo pensado?

—Casi todo, desde que nació el primer hijo de Ezequiel mudé mi conciencia hacia el cuerpo de ese recién nacido. Le traspasé todo mi poder y mis habilidades. Pude convertirme en él para ser uno y fusionarme con el Aarón que ahora puedes ver. Conservo toda mi consciencia del pasado aunque mi cuerpo es visiblemente distinto.

—¿Conociste mucho a mi abuela? —le preguntó Claudia emocionada incapaz de creerse que su historia se remontase a ella.

—Brevemente, huyó al poco tiempo de estar con los Guardias del Orden para irse con los soñadores.

—¿Y a ella qué le ocurrió?

—Cuando mi supuesto abuelo fue incapaz de asumir el poder, enloqueció tanto que arremetió contra todos. Mi padre escapó con nuestra familia mientras Bhishmá se consumía por el poder y la ira.

Al escuchar esas desagradables palabras, “consumía”, “poder” e “ira”, a ella le quedó claro el desagradable final de su abuela y se le escapó una lágrima de tristeza. ¡Qué horror!

—No llores —le susurró él—.Ella está bien —le dijo Aarón mirándola con sus castaños ojos y por alguno motivo que escapaba a la razón lo supo, que aunque ella no entendiera del todo sus poderes o habilidades, Aarón sabía a ciencia cierta que su abuela ahora estaba en un sitio mejor.

Por la madrugada, Claudia se encontraba acurrucada en el árbol mientras notaba la fresca brisa matinal en su rostro. Había intentado calmarse y serenarse para acostarse un rato pero cada vez que cerraba sus ojos, no dejaba de darle vueltas a todo lo que Aarón o Génesis, acababa de contarle. ¿¡Cómo podría hacerlo ahora que había descubierto que todo había sido una vil mentira!?

—¿No puedes dormir? —le preguntó Aarón sentándose a su lado.

—Qué te importa —le contestó con rabia.

—No es así.

—Me has tratado como una marioneta —lo acusó dándole la espalda.

—Necesitaba que te lo creyeras. Yo sé cómo pueden ser los soñadores y ahora que te he arrancado de allí, todos desearán tenerte. Creen que quizá puedas ser su destino también.

—¿Me dejaste ir con los Guardias del Orden a propósito?

—Sí, necesitaba que te fueras de allí porque mi hermano estaba conspirando contra ti.

—¿Estefan? —y Aarón asintió mientras recordaba la forma tan cruel en que lo había matado.

Si bien había tenido que hacerlo para protegerla, no había querido hacerlo de esa forma tan despiadada y sangrienta. Pero al sacar su cuchillo en su habitación, Aarón no había podido detenerse. El lazo lo había afectado de tal forma esos días, que se sentía furioso con Estefan por todos sus sucios pensamientos contra Claudia. Y por eso, obcecado en toda esa suciedad, en ese momento había entendido dos cosas, primero necesitaba calmarse y no dejarse llevar por ese poder que lo estaba cegando y en segundo lugar, que necesitaba ir a por Claudia para llevársela muy lejos de esos animales sedientos de ella.

—Esa familia se alimenta del odio, Claudia. Tuve que mostrarme frío y distante porque cualquier muestra de cariño la hubieran tomado como una debilidad. Necesité demostrarle que yo era el dueño del destino, el señor de todos, pero por más que lo intenté, esa panda de hipócritas intentaron matarte de mil formas distintas.

—¿A mí? —le preguntó a Aarón, pero él guardó silencio. Nunca le contaría a ella todo lo que había estado a punto de sufrir ni en todas las formas desagradables que había estado a punto de morir—.¿Y por qué me mandaste todas esas cosas cuando estuve en la fortaleza? —le preguntó Claudia recordando toda esa ropa, zapatos y joyas.

—Aah, eso —le dijo fijándose en esa lágrima roja que colgaba del cuello de Claudia—.Te lo mandé porque necesitaba conectarme contigo, eres mi lazo del destino y necesitaba que tuvieras un vínculo para poder escabullirme en tus pensamientos. Como mitad soñador que soy, aún tengo esa habilidad pero es débil, me costó bastante hacerte salir de allí.

—Me cuesta creerte —le soltó Claudia—.Has sido tan cruel conmigo, incluso cuando estábamos a solas. Si me lo hubieras contado —suspiró de dolor al recordar lo poco que había confiado en ella.

—Necesitaba que me tuvieras miedo o sino jamás te hubieran creído.

—Me has mentido en todo, ¡TODO! —le gritó sin creerse todas esas mentiras. Sus explicaciones resultaban tan retorcidas que Claudia no sabía lo suficiente de nada como para valorar si era sinceras o no.

—No es así.

—Tu nombre, qué eras, que querías…

—Eso no es así —le repitió con calma—.Te advertí que había cosas que no podía contarte. Un nombre —suspiró—.¿Qué importa? Es solo eso, puedes seguir llamándome Aarón.

—¡Pero es una buena forma para empezar a confiar en el otro!

—Nosotros no necesitamos empezar nada —le contestó él sin emoción.

—Bueno…ya lo sé.

—Claudia —la llamó muy serio—.Creo que no lo entiendes, pero te juro que era la única manera. Este poder consume —le dijo señalando su muñeca—.Es embriagados, como un subidón literalmente de vida pero aún así, si no lo sobrecargo lo suficiente, no voy a ser capaz de destruirlo con el poco poder que tengo ahora. Este es mi único objetivo —y a ella le quedó claro que solo había sido un daño colateral para su misión.

—¿Me estás diciendo que vas a seguir absorbiendo el poder del lazo?

—Exacto —le contestó sin vacilar, y su respuesta tan firme la asustó aún más que la estupidez que estaba diciéndole—.Intento hacerlo de manera controlada pero a veces me cuesta —y entonces Claudia recordó todos sus momentos de ira o irascibilidad, esos momentos en los que se había quedado extrañamente callado o que se había alejado de ella como si lo quemara. ¿Quizá estaba batallando con sus demonios internos? Y entonces suspiró porque no sabía nada de él ni podía imaginarse qué clase de infierno llevaba dentro.

—Aarón, si realmente me estás contando la verdad, lo siento mucho —y esas fueron las únicas palabras de consuelo que Claudia fue capaz de decirle.

—Ahora necesitamos partir cuanto antes —y él despertó a sus amigos—.Necesito que me ayudéis a llegar a mi templo cuanto antes.

—Yo voy a avanzarme, e Isa irá por detrás —le contestó Pedro elevándose con sus alas—.Si vemos algo extraño le informaremos, señor.

—¡Pedro! —lo llamó Aarón mientras sujetaba a Claudia para llevársela—No me llames señor, llámame Aarón —y él le sonrió mientras salía disparado hacia el cielo.

—Tu amigo es tan sincero —le dijo a Claudia—.El pobre está atormentado por todo lo que me ha dicho en el pasado —y Aarón sonrió un poco al recordar todo lo que le había soltado Pedro desde que se habían conocido mientras a Claudia le daba una sacudida el corazón.

Ella acaba de sentir una sacudida idéntica a la del pasado y no pudo evitar preguntarse hasta qué punto lo que había ocurrido en su habitación, había sido real o no. Allí ambos no habían necesitado fingir nada porque básicamente no le había contado nada de nada. ¿Eso solo había sido un plan para que ella estuviera más dolida o sinceramente había sucedido algo? Pero Claudia no logró encontrar el valor suficiente para preguntárselo, no mientras su desbocado corazón no se estaba tranquilizando y cada vez le costaba más estar entre sus brazos.

—Agárrate mejor a mí —le susurró él acercándosela, y ella a punto estuvo de caerse cuando lo empujó sin querer.

—Lo siento, no sé qué me ha pasado —se disculpó roja de la vergüenza.

—No pasa nada, al menos ahora sabes que no quiero matarte.

—Lo sé.

—¿Y me crees? —le preguntó él contemplando los ojos verdes de Claudia. Esos mismos ojos que se habían convertido en la envidia de todos los soñadores. Si ella supiera a cuántos les hubiera gustado tenerlos, pero eran tan bellos y atractivos en Claudia, que Aarón dudaba seriamente que pudieran quedarle tan bien a otra mujer más que a ella.

—Te creo —le contestó mientras murmuraba—.En eso que no quieres matarme —le aclaró, y él le sonrió de nuevo para llevársela hacia su templo.

Próximo capítulo…

¡Bueno ya tenemos una alianza! Esto de buenos y malos es algo tan rebuscado y relativo. Quizá la mayoría no sean ni lo uno ni lo otro, y quizá la mayoría son solo fruto de las malas casualidades, ¡quién sabe! Nos vemos el próximo domingo donde descubriremos mucho más de la vida de Aarón, ¿o debería llamarlo Génesis?

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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