Los lazos del destino: capítulo 20 – Un mundo inexplicable

¡Bienvenidos a los Lazos del destino! Como ya es una costumbre (más que eso, lo llamaría tradición sagrada ^0^) aquí tenéis la continuación del capítulo anterior.

Al escribir este capítulo no pude dejar de darle vueltas a la clase de camino que están recorriendo Claudia y Aarón (porque está claro que están recorriendo un duro camino donde nada está determinado). Un camino puede presentar múltiples direcciones, hacia la libertad o esclavitud, hacia el cielo o el infierno, un camino puede ser agradable o desagradable… Quizá os parezcan términos contradictorios pero creo que son sencillamente dos caras de una misma moneda. Claudia y Aarón son aparentemente dos caras opuestas, ¿de una misma moneda? Pensadlo XD.

Os deseo una feliz tarde de domingo y un estupendo inicio de semana. Portaros bien hasta el miércoles, ¡abrazos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

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Capítulo- 20: Un mundo inexplicable.

 Aarón transportaba a Claudia como cada mañana a través del cielo sin saber siquiera qué quería de ella, qué hacían allí ni qué ocurriría una vez llegaran a su misterioso destino. Cada mañana él la ataba con ese dichoso lazo rojo, la abrazaba, y se la llevaba a través del cielo hacia su siguiente parada y después de horas de viaje, la soltaba en el suelo para darle algo de comer y la obligaba a dormirse en cualquier montaña solitaria. Claro que por las noches ella nunca podía dormirse del todo, no cuando él se encontraba a su lado, perdidos en medio de la naturaleza y sin una maldita cama.

—¡Es precioso! —exclamó Claudia sin poder evitarlo mientras contemplaba desde las alturas un bosque verde que se alzaba a sus pies. Porque ese era el primer bosque verde que veía desde que había llegado a esas tierras tan áridas y que parecían muertas.

—¿Te gusta mi mundo? —le preguntó Aarón sobrevolando el bosque.

—Ni siquiera sé cómo se llama esto —y así era, porque nadie le había querido contar dónde diablos se encontraba. Que Aarón la considerara una humana ignorante no le importaba un bledo pero sus amigos, ¿por qué no le contaban cómo se llamaban ese sitio?

—No tiene nombre para ti —le contestó, y automáticamente Claudia recordó esas mismas palabras en Pedro—.Para los humanos no existen.

—Pues yo creo que estoy viéndolo todo muy real y existente —le contestó tendiendo la mano para notar el frío aire a través de sus yemas.

—Cierto —y Aarón le recogió la mano para que la guardase—.Ten cuidado —y así, salió disparado por el cielo llevándose a Claudia a cuestas para atravesar el bosque.

¿¡Cuidado!? Se molestó, porque después de haberse pasado esos cuatro días con Aarón, Claudia ya no sabía qué esperar. Parecía que fuera bipolar o que tuviera personalidad múltiple y eso era algo, que la asustaba tremendamente. A veces se mostraba dócil, hablador y cercano, pero otras parecía esquivo, inflexible y autoritario. En más de una ocasión ella se había preguntado cuál de esos dos era el auténtico, pero para su completa desgracia había llegado a la conclusión que ambas caras de la moneda formaban un todo.

Estar a su lado esos días le había resultado asqueroso, a su lado se sentía insegura, asustada y nerviosa, pero gracias a ello se había dado cuenta de lo equivocada que había estado desde el principio. Ya nada en él era como antes, ni su forma de mirarla, tocarla o hablarle. Ese Aarón que la estaba secuestrando era un ser que iba más allá del mundo de Claudia y por supuesto, su personalidad era mucho más compleja. En el pasado, Claudia se había encariñado con el Aarón de su mundo, ese que era incapaz de coexistir con el chico que la estaba sujetando en ese momento y la llevaba por el cielo abierto.

Pero lo peor para Claudia en esos días había sido la incertidumbre de saber qué ocurriría con su vida, la soledad que experimentaba al lado de ese lunático y que la tocara constantemente. Para ella, estar todo ese montón de horas entre sus brazos como si fueran tan íntimos la hacía vomitar, porque en el fondo lo que más deseaba era huir, salir corriendo de ese espantoso lugar y no volver a cruzarse con Aarón jamás. Odiaba que él la tocara con tanta naturalidad como si le perteneciera, que la besara, le acariciara el rostro, le recogiera el cabello o le agarrara la mano como si siempre lo hubieran hecho. Pero por encima de todo, lo que más odiaba Claudia era la forma en que inocentemente reaccionaba su cuerpo cuando lo hacía, porque aunque la atormentase profundamente, el contacto con Aarón la confundía.

—Creo que vamos a detenernos allí a descansar —le dijo señalando un espacio libre entre los árboles.

—¿Ahora? —le preguntó ella sorprendida porque aún era media tarde y les quedaban bastantes horas de sol.

—¿Tan ansiosa estás por fugarte conmigo? —le preguntó él descendiendo.

—¡Ja! Ni siquiera sé a donde vamos —le contestó incómoda.

—Tú y yo nos vamos al fin del mundo —le susurró acercándose a su mejilla.

—¿¡De qué diablos estás hablando!? —exclamó Claudia apartándose de él para evitar ser besada.

—Eso no te importa —le dijo dejándola en el suelo—.Irás donde te lleve.

Por supuesto, se lamentó ella, porque era incapaz de huir de ese animal que tenía una fuerza inhumana y se mostraba tan inflexible.

—Sígueme, creo que por aquí hay una cueva.

—¿Cueva? —le preguntó extrañada porque nunca antes se habían refugiado en una, pues siempre habían dormido bajo el cielo abierto.

—¡Cállate! —le gritó furioso mientras tiraba de su lazo rojo con fuerza.

Y como en ese momento Claudia no se esperó esa reacción, terminó tropezándose con una piedra y cayéndose al suelo. Entonces notó un dolor punzante en su rodilla derecha y se percató que se la había raspado al rozar su fina piel contra la seca tierra. ¡Mierda! ¡Eres un maldito sádico!

—¡Levántate! —le ordenó él como si fuera su mascota, y ella se pasó una mano por sus llorosos ojos y se levantó con dignidad siguiendo sus pasos a través del bosque. Él no lograría terminar con Claudia, ¡no señor! Sería fuerte, tremendamente fuerte y le demostraría que era otra.

Después de andar unos minutos por el bosque, Aarón se detuvo en seco y antes que ella pudiera preguntarle qué le ocurría, él se abalanzó sobre ella y la mandó contra el suelo.

—¡Shh…! —le susurró Aarón pegando sus labios contra su oreja mientras la cubría con su cuerpo, y aunque en ese momento él se encontraba literalmente encima de Claudia, a ella no le pesó nada. Quizá ese era otro de sus poderes extraños que tanto miedo le daban, un poder que parecía perturbador—Nos están siguiendo —le dijo—.Intenta respirar despacio —pero su frase solo hizo que hiperventilara aún más.

¿Quiénes los seguían? ¿¡Sus amigos!? Con ese pensamiento Claudia intentó apartarse de Aarón y forcejeó con él como pudo, pero por más que intentó moverse para levantarse, él la mantuvo impasiblemente bajo su cuerpo.

—No son tus amiguitos —le dijo en un tono helado, y ella se quedó tensa. ¿¡Quién sino!? ¿Quiénes diablos eran?—Son soñadores —y ella dejó de moverse y Aarón le empujó el rostro contra el suelo—.Mantente quieta.

¡Duele! Deseó gritarle, pero se quedó callada al escuchar un ruido seco desde el suelo. ¿Eso son pasos? Sin duda lo eran, por eso ella intentó controlar su respiración cerrando los ojos mientras Aarón le cubría de nuevo su cabeza con su desagradable mano.

Llegó un momento allí tumbada en que Claudia no estuvo muy segura si ese ruido seco era de los soñadores o se trataba de su propio corazón martilleándole el pecho con fuerza. Porque cada vez que intentaba relajarse, se ponía más y más nerviosa. Tumbada en medio de ese bosque se preguntó porqué Aarón huía de su gente, hasta que le pareció que ese sonido seco se alejaba. ¿Se van?

—¡Vamos! —le ordenó Aarón de pie frente a ella, y Claudia necesitó unos segundos para reaccionar. ¿Cuándo se había levantado? Pero él parecía impaciente y poco dispuesto a darle tiempo así que tiró de ella con fuerza cuando aún se encontraba en el suelo.

—¡Un momento! —le exigió, pero Aarón se acercó a ella y la agarró por los brazos para levantarla.

—¡Ellos no van a darte eso! ¡No van a darte nada! —y Claudia le contempló el rostro y se dio cuenta que se había transformado de nuevo en ese ser aterrador que constituía su peor pesadilla. Por eso, se limitó a seguirlo en silencio a través del bosque hasta que la empujó para que entrase en una húmeda y oscura cueva.

—Te quedarás aquí —le dijo señalando un pequeño hueco a través de la roca—.Métete dentro —le ordenó en un tono sin emoción, y ella acató su orden sin protestar porque sabía que podría matarla como si fuera una mosca.

—¿Pero si son soñadores por qué huyes de ellos?

—No quiero que te vean —le dijo ayudándola a meter sus piernas dentro.

—¿Y qué más da? —le preguntó acurrucándose en ese estrecho lugar.

—Quieren matarme porque seré el dueño del destino. Mi familia me protege pero para el resto soy un peligro —le explicó quitando el lazo rojo que los unía—.Ahora quédate quieta, cuando allí afuera esté seguro, vendré a buscarte.

—Está bien —le contestó Claudia con la esperanza de poder fugarse cuando él saliera de esa cueva.

—Ni se te ocurra salir de aquí —le dijo como si pudiera leer sus pensamientos, pero Claudia no le contestó porque estaba asustada. ¿Y si los leía?—.¡MÍRAME! —le exigió Aarón agarrándola por la barbilla—No salgas o querrán matarte.

—¿Matarme a mí?

—Muerto el perro se acabó la rabia —le contestó con unos ojos tan negros como el carbón—.Si tú mueres, tampoco habrá ningún dueño del destino —le susurró antes de despedirse de ella con un beso en el dorso de la mano—.Pronto volveré, Claudia.

Y ella en ese momento sintió una ráfaga de aire helada y supo que Aarón se había ido. Está bien, se resignó Claudia cobardemente acurrucándose mejor en ese hueco de la cueva y se quedó quieta como una roca mientras esperaba que ese hombre monstruoso regresara a por ella.

A medida que fueron pasando las silenciosas horas sin rastro de Aarón, Claudia fue poniéndose más y más nerviosa. Sentía su sistema nervioso al borde de la histeria y era incapaz de quedarse quieta en ese espacio minúsculo. Le dolían las piernas por haberlas mantenido inmóviles tanto tiempo y su maldita espalda la estaba matando. ¿Qué estaba haciendo Aarón? Y entonces, una idea atrapó su mente, ¿habría muerto? Por supuesto que no estaba muerto, se burló sin gracia, él era un ser excepcionalmente diabólico y con unas habilidades que aunque no le gustase aceptar, eran fantásticas, y lo supo cuando escuchó que alguien entraba en la cueva.

—¿Aarón? —preguntó Claudia con un hilo de voz y se maldijo por sonar tan malditamente desesperada por volver a estar con él. ¿Eres una maldita masoquista o qué? Pero él no le contestó, solo escuchó sus pasos a través de la cueva hasta que llegó a su lado. Ella intentó salir por su propio pie de ese hueco, pero sus entumecidas piernas se mostraron torpes y no logró salir.

—Ayúdame, llevo aquí horas metida. ¿Qué estabas haciendo? —le preguntó irritada.

—Perdóname, querida —le contestó una voz masculina que nunca antes había escuchado, y unas manos heladas la arrancaron literalmente del hueco—.Así que tú eres Claudia —le dijo agarrándola por la garganta y empujándola contra las paredes de esa húmeda cueva—.Encantado de conocerte, preciosa, lástima que lo nuestro será breve —la saludó.

Con la poca luz que se filtraba en esa cueva Claudia no logró ver muy bien su rostro, solo sabía que era alto, fuerte y que sonaba muy aterrador. ¡Va a matarme! Pensó mientras se ahogaba bajo su mano que parecía de hierro. Poco a poco, sus dedos fueron estrechándose alrededor de su garganta y Claudia empezó a tener serias dificultades para respirar. Después de unos segundos ya no le entró nada de aire en sus pulmones y empezó a ponerse roja.

Claudia intentó agarrar esa maldita mano del demonio que la estaba matando, pero era como si no fuera humana y ninguno de sus débiles golpes logró aflojarla ni un poco. ¡Joder! Se lamentó con el rostro lleno de lágrimas hasta que le pareció ver una luz a través de la entrada de la cueva y se imaginó que esa era su propia muerte preparada para llevársela. ¡Llévame rápido, esto es insoportable! Deseó gritarle si hubiera podido hablar, pero en su lugar, se golpeó contra el suelo mientras alguien le preguntaba algo sin sentido.

—¡Claudia! ¡Claudia! —la llamó una voz conocida, y entonces ella se sorprendió al darse cuenta que estaba respirando de nuevo.

—¿¡Qué!? —intentó preguntar, pero se atragantó y empezó a toser con fuerza.

—Suerte que he llegado a tiempo, ya se han ido. Tranquila —le susurró Aarón abrazándola mientras le colocaba el lazo. Ella solo pudo preguntarse cómo diablos pretendía que se tranquilizara con él a su lado si de todos esos monstruos, era el que más miedo le daba. ¡Todo era por su maldita culpa!

Aarón salió de la cueva con Claudia entre sus brazos y volvieron a retomar el cielo hacia las nubes. Dado que ese día habían sufrido algunos contratiempos, ya estaba anocheciendo y podían verse algunas estrellas asomar a través del cielo violeta.

—Intentaremos avanzar un poco más y dormiremos en las montañas que se encuentran más allá del bosque —le informó mientras no dejaba de examinar la tierra a sus pies.

Claudia en ese momento se tocó la garganta que aún le escocía por culpa de esa mano de hierro y le recorrió un escalofrío por su cuerpo al recordar que había estado a punto de morir. Así de fácil es morir, pensó con la mirada desencajada.

—Lo siento —le susurró Aarón acercándosela para besarla, y le brindó una suave caricia en sus labios para después besarle la enrojecida garganta—.Ese cabrón —masculló en su garganta mientras se la besaba de nuevo.

—¿Qué te importa? —le preguntó ella sin entender porqué diablos se alteraba tanto.

—Nadie toca lo que es mío —le dijo apartándose de ella para seguir examinando el terreno, y a Claudia le quedó claro qué es lo que él sentía por ella.

Así que en definitiva, ella solo era un mera pertenencia de Aarón, y ese pensamiento tan vacío la desalentó. ¿Qué había esperado? No seas tonta, para él Claudia solo era alguien imprescindible para alcanzar más poder y obtener el maldito destino.

—¿Por qué me miras así? —le preguntó Aarón mientras seguía con la vista al frente.

—Por nada —pero en lo que ella se estaba fijando era en la herida que tenía en su garganta. Una larga línea roja hecha por un objeto afilado que no dejaba de sangrarle—.Estás sangrando —le dijo con un tono algo preocupada porque aquello parecía que no se detenía.

—No te preocupes —le contestó pasándose una mano a través de la herida que rápidamente se tiñó de rojo. Entonces Claudia recordó su sueño, ese en el que había visto a Aarón con las manos ensangrentadas y se preguntó qué significaría aquello—.¿Tan mala pinta tiene? —le preguntó él con una sonrisa en el rostro. Una sonrisa que le pareció tan despreocupada que a Claudia le pareció imposible que ese mismo chico pudiera llegar a ser algún día el dueño de todo ese mundo.

—No me importa —le contestó fijándose en la montaña que se alzaba a sus pies.

—Vamos a descansar allí —y Aarón la bajó para que pudieran dormir una noche más en medio de esa perdida tierra—.Tu cena —le dijo entregándole una bolsa.

Claudia tomó la bolsa y sacó su bocadillo mientras se sentaba dándole la espalda para comer en solitario. En ese momento le pareció ver a un par de estrellas brillantes a través del cielo y se quedó contemplándolas, ¡qué bonitas! Y las siguió con sus ojos verdes a ese par de estrellas que no dejaban de acercarse en su dirección. Eran muy luminosas y sus movimientos resultaban extremadamente elegantes como si bailaran. A Claudia le parecieron un par de estrellas cálidas y cariñosas, y entonces abrió mucho los ojos al darse cuenta que eso no eran estrellas, ¡eran ángeles! Ella dejó caer su bocadillo y se puso de pie con el corazón encogido. ¡Era la primera vez que se cruzaban con alguien! Los siguió con la mirada a través del cielo con la esperanza que pudieran ayudarla, cada vez se estaban acercando más y más a ella hasta que finalmente…

—¡DEJA DE MIRARLOS! —la asustó el grito de Aarón desde su espalda—.¡Mírame a mí! —le exigió mientras la cargaba de nuevo y salían corriendo hacia el cielo—.Malditos entrometidos —y ella se quedó pensando de quién estaría hablando exactamente. ¿Los Guardias del Orden?

—¿Pedro e Isa? —preguntó débilmente sin poder creerse que sus amigos estuvieran tan cerca de ellos.

—No los nombres, me molesta —le contestó furioso mientras volaba a toda velocidad para apartarse de ellos. ¿¡Son ellos!? Pensó sin poder evitar sonreír un poco—.¿Por qué sonríes así? —le preguntó irritado Aarón—Conmigo nunca lo haces.

Y Claudia se quedó contemplándolo sin comprenderlo, ¿cómo iba a sonreírle cuando le había hecho tanto daño? Entonces cerró los ojos e intentó olvidar su doloroso pasado, precisamente por eso no podía sonreírle más, porque él había sido la persona que más daño le había hecho.

—Antes sonreía contigo —le contestó con el rostro entristecido.

Pero Claudia no logró ver la reacción de Aarón porque su mente se perdió a través del cielo con la firme esperanza de que sus amigos la encontraran cuanto antes. En ese momento Aarón se limitó a abrazar a Claudia aún más fuerte y a acercársela a su corazón, un corazón que por cierto, a Claudia ya no le interesaba acercarse.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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