Los lazos del destino: capítulo 2 – Visitas rutinarias

¡Buenos días! ¿Cómo os va el fin de semana? Hoy os traigo otro nuevo capítulo de Los lazos del destino, una historia que por cierto me está encantando crear. Ya tengo un montón de ideas en mi libreta (sí, aún escribo en libretas por muy moderna que me gustaría ser U_u). Abrazos dulces y refrescantes (lo último va porque aquí los días ya son calurosos, no quiero ni imaginarme qué ocurrirá en agosto…). Besos.


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 2: Visitas rutinarias

El sábado por la noche Claudia esperó nerviosa a Aarón mientras intentaba matar el tiempo leyendo, viendo una película en su portátil o escuchando música, pero ese extraño chico parecía que se había olvidado de sus propias palabras y se negó a aparecer de nuevo. Ella había dejado la ventana completamente abierta tal como le había pedido y aunque se había asegurado infinidad de veces que estaba abierta, ni Aarón ni la cinta roja de su brazo dieron señales de vida. A altas horas de la madrugada Claudia terminó presa del sueño sin saber si al final se había presentado o no, y terminó cayendo en un sueño tan profundo que durmió gran parte de la mañana del domingo.

Por la tarde, regresaron sus padres y después de un cálido recibimiento y de su primera cena decente del fin de semana, Claudia volvió a encerrarse en su habitación sin sueño. Se sentía desvelada después de haber dormido por la mañana, así que dejó su ventana un poco abierta y empezó a leer. Ya se había prometido a sí misma que si Aarón no regresaba esa noche para hacer lo que se suponía que tenía que hacer, no le abriría de nuevo la ventana ni tampoco lo esperaría. Así que después de varias horas de interesantísima lectura, la sorprendió un tirón en su brazo izquierdo al mismo tiempo que escuchaba unas suaves campanillas.

—¡Jesús, qué susto!

—Hola —le contestó Aarón con cara de no haber roto nunca antes un plato y apoyado contra la pared. Esa noche llevaba una camiseta de manga corta verde y unos tejanos largos.

—Preferiría que entraras como una persona normal si no quieres que me dé un ataque al corazón.

—Como si pudiera —resopló él con sarcasmo.

—Creía que ya no vendrías, como ayer no apareciste.

—¿Me echaste de menos? —le preguntó mientras se acercaba a su cama.

—¡Cállate! Estaba preocupada.

—Encantadora —le contestó Aarón tomándole la mano izquierda donde llevaba atado el lazo rojo—.¿Te molesta?

—No —le contestó ella mientras notaba la mano de Aarón muy caliente y firme.

—A mí tampoco —y la soltó él repentinamente como si se hubiera sorprendido de algo—.Perdona, te dejaré dormir —le contestó mientras se alejaba y se sentaba en el marco de la ventana.

—¿Vas a quedarte aquí toda la noche?

—Claro, cuando duermes te quedas quieta y a mí me resulta más práctico.

—¿Hasta cuándo?

—Hasta que tenga suficiente de ti, Claudia —y a ella esa respuesta le pareció que se refería a algo más que a la cinta.

—¿Y puedes darme una fecha orientativa o algo?

—Mmmm…creo que será un mes, o quizá dos, espera…¿Un año? —exageró él como si estuviera pensándolo seriamente.

—Eres tan frustrante.

—Y tú tan terca. Estamos empatados.

—No, tú eres peor porque eres…

—¿Qué soy? —la cortó él desafiándola porque sabía que Claudia no tenía ni idea de qué era—.Venga, dímelo —lo provocó con unos ojos salvajes.

—Sabes que no lo sé, pero lo descubriré.

—Terca, ¿ves? Malditamente cabezota —y Aarón empezó a reírse.

—Shhh…ni se te ocurra hacer ruido, mis padres están durmiendo.

—¿Crees que debería ir a presentarme? —le preguntó él poniéndose de pie .

—¡Estás loco! —pero entonces Aarón se empezó a reír aún más sin poder controlarse.

—Tranquilízate —le contestó entre carcajadas—.Era una broma, ¡una broma! Te pones pálida cuando te asustas.

—Soy de piel clara —le contestó Claudia ofendida.

—Y pecosa.

—¿Algún problema con eso? —sabía perfectamente que tenía muchas pecas en su rostro, quizá demasiadas, pero eso era algo que ella no podía cambiar.

—Ninguno —le contestó Aarón mirando a través de la ventana—.Parecen estrellas —le dijo observando la noche—.Tus pecas —y giró el rostro para mirarla a ella—parecen preciosas estrellas —y Claudia se sonrojó muchísimo sin saber qué contestar a su encantador comentario.

—Voy a dormirme —tiró ella de las sábanas nerviosa para taparse hasta la cabeza.

—Vas a asfixiarte si te tapas tanto.

—¡Cállate!

—Buenas noches, Claudia

Pero no pasaron ni cinco minutos cuando Claudia necesitó destaparse porque se estaba ahogando y ya empezaba a sudar como un pollo, entonces escuchó unas risillas y se enfadó aún más.

—¡Así no puedo dormir! —le dijo ella en un susurro bajo.

—Te dije que estabas demasiado tapada.

—Deja de espiarme.

—¡No te estoy espiando! —le contestó él ofendido.

—Yo no sé qué haces en esa ventana.

—Nada, miro por la ventana.

—¿Toda la noche mirando por la ventana? —y Aarón suspiró.

—Eres tan problemática, parecías dócil pero menudo carácter tienes —le contestó él mientras saltaba del marco de la ventana.

—Eso ofende —y Claudia se sorprendió al notar que él se estaba sentando en su cama—.¿¡Qué haces!?

—Túmbate, yo me quedaré en este lado. Tranquila, solo voy a dormir —pero ella se quedó estática de pie como una roca sin creerlo—.No puedo dormirme retorcido en la ventana —se justificó.

—Entonces duerme en el suelo.

—La que tiene problemas para dormirse eres tú. Te daré la espalda y podrás relajarte —Aarón tiró un poco de la cinta para que se metiera en la cama y ella vaciló unos segundos pero finalmente decidió tumbarse porque era domingo y ya era tardísimo. A esas alturas ya hacía horas que debería estar durmiendo, y si por la mañana pretendía ser persona, debería cerrar sus malditos ojos de una vez.

—Así me gusta —le susurró él cuando escuchó que se tumbaba en la cama. Claudia se pegó lo máximo posible en su esquina y evitó girarse. Solo imaginarse que Aarón estaba a poca distancia de ella la inquietaba pero en cierta forma, también la hizo sentir segura. Era una especie de sentimiento contradictorio que no logró comprender y solo fue capaz de escuchar su propio corazón que parecía a punto de estallarle en el pecho.

Después de varios minutos en silencio, Claudia empezó a relajarse y se preguntó si Aarón seguiría en su cama pues era incapaz de escuchar su respiración y todo se encontraba en absoluta calma. Entonces se giró despacio para comprobarlo, y a través de la poca luz que se filtraba por la ventana logró captar su silueta. Observó en silencio su espalda, su hombro y lo que debería ser su cabeza. Claudia sonrió un poco al comprender que aunque Aarón fuera un chico extraño con demasiados secretos, en el fondo era un buen chico.

—Buenas noches —le susurró ella, y así Claudia se durmió esa noche.

—Buenas noches —le susurró él cogiéndole su mano izquierda cuando estuvo seguro que se había dormido. Le acarició el fino lazo rojo que colgaba de su muñeca y se rió. Claudia parecía tan inocente cuando estaba dormida, aunque despierta era un auténtico terremoto—.Eres mi terremoto —le susurró cerca de sus labios, y Aarón le deshizo el lazo para marcharse de su habitación.


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. R. Crespo 24/05/2015
  2. Fatima 24/08/2016

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