Los lazos del destino: capítulo 19 – Planes inexactos

¡Sed bienvenidos a este maravilloso cuaderno un domingo más! ¿Cómo os ha sentado la primera semanita de septiembre? Por aquí estupendamente con algo más de fresco y un poquito de lluvia (yo no me quejo en absoluto porque le hacía falta XD).

La semana pasada si os acordáis, nos quedamos en un momento ¡! O_o ¡! en Los lazos del destino, justo cuando Aarón se llevó a Claudia, ¡la raptó! Y ahora me pregunto tantas cosas, pero la más importante: ¿qué demonios ocurrirá entre ellos? ¿Tú también te lo estás preguntando? ¡Pues no esperes más y ponte a leer el capítulo! AMO esta historia cloveradictos, la amo con todo mi corazoncito de oveja soñadora que tengo yuhuuuuu. ¡Besos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 19: Planes inexactos.

Claudia sabía que se había metido en un gran problema pero tampoco podía quejarse porque lo había decidido por propia voluntad. ¿Voluntad? Bueno, en honor a la verdad no le había quedado más remedio cuando había visto a esos terribles monstruos dispuestos a destrozar a los Guardias del Orden. ¿Qué demonios se suponía que tenía que haber hecho entonces? Por eso había terminado negociando con Aarón con lo único que podía ofrecerle a cambio, su propia vida.

—¿Te arrepientes? —le preguntó ese lobo con piel de cordero mientras le entregaba algo para comer y un refresco.

Ese refresco a ella le recordó esa vez en que él se lo había comprado en su huida justo antes que cayera dormida. Para aquél entonces Claudia había sido una necia, había creído ciegamente en un hombre inexistente y había terminado pagando las consecuencias de sus actos con creces.

—No —le contestó dándole la espalda sin aceptar nada de lo que ese miserable quisiera ofrecerle. Claro que no se arrepentía, no podía hacerlo, no cuando creía que había salvado muchas vidas.

—Necesitas comer —le insistió él dejándole la comida en el suelo, pero ella solo pudo ver ese lazo rojo que salía de su muñeca y automáticamente sintió ganas de vomitar. ¿Cómo podría comer en una situación así? ¡Estaba harta! Cansada de ese lugar, de Aarón y de todos—.¿Qué más necesitas? —le preguntó Aarón impaciente—Yo ya he cumplido mi parte del trato ahora cumple tú la tuya —y ella cogió esa comida que no le apetecía comer y empezó a metérsela en la boca como si fuera un robot.

A partir de ahora comería para salvar a todas esas personas inocentes que se encontraban en la fortaleza y la habían ayudado, pero nunca lo haría para complacerlo a él. Porque sabía que si se mostraba cooperativa con él y lo seguía sin protestar, él no atacaría a nadie, no al menos durante su viaje. ¿Hasta cuando Aarón se mostraría tan comprensivo? Claudia estaba segura que un día él terminaría rompiendo su promesa, solo esperaba que para entonces los Guardias del Orden hubieran tenido tiempo suficiente para atrapar a ese monstruo y hacerle pagar sus crímenes.

—¿A dónde nos dirigimos? —le preguntó ella sin saber donde se encontraban ni hacia donde demonios se dirigían metidos entre esas rocosas montañas.

—Lejos —se limitó a contestarle Aarón.

—¿A tu castillo?

—¡No es mi castillo! —le contestó tirando de la cinta y a ella se le cayó la comida.

Aarón cada vez notaba el castillo de los soñadores menos suyo por eso escuchar que Claudia le hablaba como si ese lugar fuera su hogar lo enfurecía, ese ya no era su hogar, no cuando estaba a punto de crear uno nuevo

—No vamos allí —le contestó en un tono seco, y ella no le preguntó nada más porque aunque se lo dijera, no tendría la más mínima idea de donde se encontraba.

Claudia siguió comiendo en silencio al lado de Aarón mientras contemplaba las montañas rocosas que los rodeaban. Allí arriba no había nada, ni árboles, agua ni personas. Era un lugar tan distante y poco agradable, exactamente igual al hombre que se encontraba a su lado. Por eso, intentó darle la espalda todo lo que pudo porque al menos si no contemplaba su rostro le resultaba algo más sencillo seguir comiendo. Pero cada vez que Claudia escuchaba el sonido tintineante del lazo, los recuerdos se amontonaban en su mente y empezaban a ahogarla. ¡Basta! Le gritó a su mente, pero ésta siguió mostrando caprichosa y no dejó de recordarle una vez tras otra, todos los escalofriantes momentos que habían vivido juntos desde que había llegado a ese espantoso lugar.

—Has cambiado —le dijo Aarón cortando el silencio que parecía natural entre esas montañas—.Ya no te pareces a la Claudia de siempre —y mientras se lo decía, Aarón le tomó un mechón de cabello.

—¿Y tu qué sabes? —le contestó apartándose porque odiaba cada vez que la tocaba como si fueran tan íntimos. Ya no lo somos—.¿Tú me hablas de cambios? Eres lo peor.

—¿Tú crees? —le preguntó él entregándole el refresco para que se lo bebiera.

—Lo he visto —le contestó ella sin tocarlo.

—Aún no lo sabes, pronto lo entenderás todo.

—¡No, te equivocas! —le contestó ella lanzando ese maldito refresco lo más lejos que pudo de su lado—¿Te crees que esto solo te sirve a ti? —le preguntó moviendo el lazo—Sé más cosas terroríficas de ti de las que te crees.

—¡Dímelas! —le exigió mirándola a los ojos—¡Claudia, te ordeno que me las digas! —y sus ojos se mostraron tan fieros y agresivos que sintió como su propio miedo iba apoderándose de todo su cuerpo.

—¿Ordenarme? —se burló ella.

—¿Cómo puedes seguir así? —le preguntó Aarón saliendo a la carrera para recoger el refresco del suelo y entregárselo para que se lo bebiera—Eres mi esposa —y le metió la lata entre sus labios para que bebiera—.Harás lo que te ordene —y ella empezó a beber ese maldito refresco que tenía el mismo sabor exacto que su refresco preferido. Mientras lo recordaba, Claudia luchó con todo lo que pudo para mantener sus lágrimas bajo control y no llorar frente a él. ¡No llores estúpida!

—Yo nunca podré ser tu esposa —le contestó cuando él estuvo satisfecho y apartó la maldita lata.

—¡Ya lo eres! —le gritó mientras aplastaba la lata de refresco como si fuera un papel—¡LO ERES! —le contestó con unos ojos de loco, los mismos que había puesto el día que Pedro se la había llevado de su castillo.

No te tengo miedo, no te tengo miedo, no te tengo… Intentó repetirse Claudia una y otra vez mientras su respiración cada vez se hacía más entrecortada y le costaba más y más mantenerse quieta.

—Soy tu prisionera —le contestó con un hilo de voz—.Me has engañado, encerrado en tu castillo, humillado delante de todos y usado como a un objeto.

—¡Eres tan graciosa! —le contestó Aarón riéndose como si estuviera ido.

—¡No seré tu esposa! —le gritó enfadada para que lo comprendiera de una vez.

—Serás como a mí me dé la gana —le contestó agarrándole el rostro.

—¡NO! Nunca más —y ella forcejeó para apartarse de él—.¡Suéltame!

—Eres mía.

—Deja de repetirme eso.

—¡Lo eres! —y Aarón la empujó contra el suelo y se colocó encima de ella—Me perteneces desde el primer día que naciste.

Mientes, deseó gritarle ella, pero Aarón se lanzó a sus labios y empezó a besarla mientras la sujetaba con fuerza para que no pudiera resistirse. Él era extremadamente fuerte, tan fuerte y ágil con un cuerpo aparentemente tan normal, que asustaba. ¿Cómo un chico aparentemente tan dulce podía ser así de oscuro por dentro?

Aarón no dejó de besar a Claudia mientras le introducía su lengua, y cada vez que lo hacía, cada vez que notaba esa lengua tan caliente y húmeda, ella se sentía más y más invadida. La estaba forzando a hacer algo despreciable pero entonces, se dio cuenta que su pesadilla no había hecho nada más que empezar. Él empezó a subirle la camiseta mientras no dejaba de besarla por la garganta, el abdomen y los pechos.

—¡PARA! —le gritó ella llorando, pero por más que intentó moverse utilizando toda su fuerza, él no dejó de saborearla una y otra vez—.¡Te odio! —le gritó completamente consciente que ya no podía hacer nada más y que luchar contra él era solo una perdida de tiempo—.Te odio —le contestó abatida mientras torcía su rostro y empezaba a contemplar las rocas que la rodeaban.

Una roca marrón en medio de la montaña llamó la atención de Claudia, bajo los últimos rayos del sol parecía algo dorada y entonces, se imaginó que ella misma también era esa roca. Te envidió, pensó al verla allí arriba tan hermosa e intacta, porque aquella roca era todo lo que Claudia no era, perfecta y fuerte.

Aarón no podía dejar de acariciar la piel tan suave de Claudia, olía tan bien y sabía deliciosa, pero cuando ella se quedó extrañamente inmóvil se apartó de ella y vio que Claudia ya no se parecía a “su Claudia”. En ese momento ella se encontraba muy lejos aunque su cuerpo estuviera debajo del suyo y se fijó que estaba contemplando fijamente unas rocas del suelo como si Aarón no fuera verdaderamente importante. ¡Así, no! ¡Debes mirarme a mí! ¡Soy tu esposo!

Humillado y cansado de esa actitud, le bajó la camiseta porque ya no sentía ganas de seguir con su juego, no cuando no se estaba divirtiendo. Él quería hacerla suya de una manera consciente, quería llenar a Claudia por completo y enloquecerla de tal forma, que deseara pasar cada segundo de su vida con él. Necesitaba que Claudia no fuera capaz de pensar en nadie más,  ¡en nadie!

—De verdad, no tienes sentido del humor —le contestó él fingiendo indiferencia antes de apartarse—.Solo estábamos divirtiéndonos un poco, aguafiestas —pero ella no se movió ni un milímetro, se quedó tumbada encima de esa tierra árida sin apartar la vista de esas piedras brillantes, esas piedras brillantes y hermosas.

¿Qué demonios le estaba ocurriendo a Claudia? Aarón creía que a esas alturas ella ya lo habría aceptado, los sueños eran tan claros, cada vez que él había acudido a ella Claudia lo había besado así que ahora… ¿¡Por qué!? ¿Por qué no lo miraba? Quizá necesitaba más tiempo, ¡eso era! Seguramente Claudia necesitaba más tiempo para aclararse y comprender que no podía evitar lo inevitable. Es mi esposa, se repitió mientras contemplaba el paisaje bajo sus pies, ¡ella me quiere!

Claudia no dejó de llorar acurrucada en el frío suelo durante toda la noche mientras escuchaba el sonido metálico de las cadenas que le había puesto Aarón para que no pudiera escaparse. ¿Esposa? Se preguntó con amargura, ¿cómo diablo lo sería si la tenía prisionera? Jamás podrían ser nada ellos dos, ¡nunca! No cuando la había destrozando de esa forma tan cruel y seguía haciéndolo. Aarón había roto cualquier opción que hubieran tenido y había terminado evaporando todas las esperanzas de Claudia.

En ese momento él se encontraba de pie contemplando el paisaje desde la cima. ¿En qué estás pensado? Se preguntó Claudia, pero esa era una pregunta incapaz de responder. El chico que se encontraba de pie, vestido con su sudadera e iluminado solo por la luz de la luna, era alguien inalcanzable, y lo poco que sabía de él es que era espantoso. Y en ese instante,  Aarón se giró como si la hubiera escuchado y le sonrió como si fuera el mismo chico que había acudido noche tras noche a su habitación. Ese mismo chico que la había cuidado y protegido, y del que poco a poco la Claudia del pasado se había encariñado hasta terminar… ¡No! Se gritó a sí misma dándose la vuelta para dejar de verlo. Pero, ¿por qué demonios Aarón acababa de sonreír de esa forma tan dulce?

Isa no podía dejar de llorar mientras terminaba de prepararse porque su amiga estaba ahora con Aarón. Ella mejor que nadie sabía que estaba loco y que estaba tan obsesionado con Claudia que podía terminar cometiendo una locura.

—¿Estás lista? —la llamó Pedro desde la puerta.

—Sí —contestó ella limpiándose el rostro.

—¿Seguro que estás bien?

—Sí, Claudia nos necesita —y Pedro le pasó el brazo por encima del hombro para reconfortarla.

—¡No sé porqué se ha arriesgado tanto! —se lamentó Pedro al recordar la retirada de los hombres de Aarón. Sabía que Clauida había hecho un trato con él, solo rezaba para que el trato no terminara costándole la vida porque…—Su abuela hizo lo mismo y mira como terminó.

—Shh…—lo cortó Isa—.Dejemos de hablar de eso y vayámonos ya.

Isa tenía razón, su amiga los necesitaba más que nunca por eso, ambos habían decidido desobedecer a Axel y salir de allí para ir a buscarla. No podían seguir encerrados en esa fortaleza sin actuar, no cuando seguramente les quedaba poco tiempo. Claudia ahora necesitaba pasara el menor tiempo posible al lado de ese monstruo, y si los Guardias del Orden no se daban cuenta de eso, Isa y Pedro, los mejores amigos de Claudia, la rescatarían. Tal y como les había dicho Claudia, ellos eran sus ángeles de la guarda, sus salvadores, por eso no se quedarían de brazos cruzados cuando Aarón se la llevaba al infierno.

—Vámonos —le dijo Pedro desplegando sus blancas alas, e Isa le sonrió mientras lo seguía a toda velocidad.

Espéranos, Claudia, vamos a salvarte, pensó su amiga mientras volaban. Porque a veces, para que las cosas salgan bien no hace falta poseer la mayor fuerza de todas o el mejor ejército, a veces solo hace falta tener suficiente convicción en el objetivo y fe en uno mismo para lograr lo imposible.

Próximo capítulo…

¿Hacia dónde se dirigirá Aarón? ¿Qué pretenderá hacer con Claudia? Seguramente Isa y Pedro lucharán con uñas y dientes para impedírselo. Esto y más el próximo domingo. ¡Gracias!

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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