Los lazos del destino: capítulo 18 – Deseos que asustan

¡Feliz domingo cloveradictos! Menuda semanita más corta, ¡ni la he visto! Parece que fue ayer domingo y ya estamos otra vez con los lazos, ¿cómo ha pasado esto?  😯 

Hoy no os voy a desvelar nada del capítulo, solo os diré que si lo leéis hasta el final me haréis MUY feliz 😳 . Cada día me apasiona más y más escribir Los lazos del destino (y eso es una gran cantidad de pasión, os lo aseguro). Pero creo que es perfectamente normal, ocurren tantas cosas que no puedo dejar de sonreír como una niña mientras escribo ante la pantalla de mi ordenador jajaja. Muchísimos besos para todos, acordaros de ser felices, de no dejaros amedrentar por nada y ¡feliz lectura!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 18: Deseos que asustan.

Claudia empezó a experimentar un repentino frío por la madrugada, un frío tan gélido que se le caló hasta los huesos en cuestión de segundos. Por eso, aunque se había cubierto con el acolchado edredón de su cama, no pudo evitar temblar inconscientemente mientras se encogía entre las sábanas. Y a pesar de todos los intentos de Claudia para entrar en calor, el frío siguió azotándola con tal intensidad, que incluso empezó a sentir unas ráfagas heladas que se colaban a través de la habitación.

—¿¡Qué diablos!? —se preguntó agitada mientras se levantada de la cama, y las ráfagas frías e intensas cesaron nada más hacerlo—¿HOLA? —preguntó en medio de su habitación a oscuras, porque tenía la sensación que allí dentro se encontraba alguien—.¿Isa? —preguntó de nuevo.

—Hola —la saludó una voz desde su espalda mientras le agarraba su larga melena para acariciársela.

—¿Aarón? —preguntó o más bien afirmó con un nudo en la garganta.

—¿Quién sino? —le contestó en un tono de burla acercando su aliento en su cabello.

—¡Déjame! —le exigió ella apartándose de un salto, y aunque no podía verlo por culpa de la oscuridad, intentó huir de él todo lo que pudo.

—Veo que te apetece jugar —le contestó Aarón en medio de la habitación sin moverse.

—¡VETE! —le gritó ella arrinconándose en una esquina para protegerse. No sabía muy bien qué quería, ni qué le haría, pero estaba segura que fuera lo que fuera, serían cosas horripilantes por eso, intentó buscar a tientas la puerta de salida.

—¡Noo, noo, nooo! —le contestó Aarón como si estuviera tarareando una canción infantil que a ella le puso los pelos de punta.

Claudia no contestó a su juego y se limitó a buscar frenéticamente la puerta de salida. Sus manos se mostraban torpes y sus piernas nerviosas, pero Claudia siguió hacia delante para huir de Aarón. La habitación era diminuta, apenas cuatro paredes con una cama así que, ¿¡dónde diablos estaba la puerta!? Y justo en el momento en que Claudia notó el pomo metalizado de la puerta y el corazón le pegó un vuelco, alguien la apartó de allí empujándola contra el suelo.

—¿Dónde ibas? —le preguntó Aarón pegado en su oreja.

Ella notó su voz entrecortada en medio la silenciosa habitación y su aliento le quemó un poco su oreja al pronunciarlo. Entonces, se sorprendió un poco al darse cuenta que no se había hecho daño al caerse al suelo y abrió sus ojos que había mantenido cerrados, al comprenderlo. Aarón le había colocado una mano bajo su cabeza para protegérsela y con la otra, le había sujetado la cintura con firmeza. Así que él había amortiguado su caída para que no se diera contra el suela y la había dejado deslizarse muy despacio hasta al suelo. ¿Por qué la había protegido de esa forma?

—A ningún lado —lo engañó ella por temor a represalias.

—No me mientas —le contestó apartándole delicadamente algunos mechos de cabello que le cubrían el rostro, y Claudia volvió a cerrar los ojos asustada y acorralada, porque Aarón en ese momento podría hacer con ella lo que quisiera—.Abre los ojos —le exigió, pero ella los mantuvo bien cerrados incapaz de abrirlos hasta que notó los labios de él encima de los suyos.

Claudia abrió los ojos completamente desconcertada y se maldijo por haberlo hecho. ¿Por qué se le veía tan relajado y bueno mientras la besaba? La miraba con una mezcla de anhelo y ternura como siempre había hecho, su rostro transmitía mucha paz y tranquilidad, y Claudia no logró encontrar en él nada de maldad y odio.

—¡No! —le gritó ella bajo sus labios intentando empujarlo para que se saliera de encima, pero su acto fue más bien simbólico porque Aarón no se movió ni un ápice—.¡Nooooo! —intentó apartarlo otra vez, pero él no lo hizo hasta que estuvo satisfecho.

—Claudia —le dijo apartándose de ella—.¡Debes ir a buscarme! —y Aarón se esfumó de su habitación y la dejó sola.

Claudia se quedó tumbada en el suelo y se sorprendió cuando toda la estancia se sumió en una calma total. Que el suelo resultara tan cómodo, mullido y nada frío la extrañó pero entonces, abrió sus ojos verdes y se encontró a Isa durmiendo plácidamente a su lado. ¡Claro, qué tonta! En realidad se había pasado toda la noche tumbada en su cama, cubierta por el edredón y al lado de Isa. Lo que había vivido hacía solo unos minutos había sido un sueño, uno que en realidad era una maldita pesadilla espantosa de la que era incapaz de escapar.

¡Una noche más soñando con él! Suspiró con una mezcla de frustración y desesperación, porque esto ya era insoportable. Noche tras noche, pesadilla tras pesadilla, siempre lo mismo, una y otra vez Aarón no dejaba de acariciarla, besarla e implorarle que fuera a buscarlo.

A la hora del desayuno Claudia no podía dejar de contemplar la comida del buffet sin apetito aún así, se sirvió un café con leche para ver si espabilaba un poco y era capaz de aclarar un poco su mente.

—¿Una mala noche? —le preguntó Pedro cogiendo una manzana de la cesta.

—Otra vez he soñado con él.

—Es horrible. ¿Cómo lo hace? —pero ella tampoco lo sabía, solo podía explicarles lo que recordaba y eso y nada, era prácticamente lo mismo para encontrar la forma de solucionarlo.

—Buenos días —los saludó Isa cargada con su bandeja del desayuno.

—No son buenos —le contestó Claudia con amargura—.Si solo pudiera ¡dejarme en paz! Una noche, una maldita noche.

—Aarón es un soñador —le explicó Isa—.Creo que ha encontrado la forma de conectarse a ti mediante tus sueños.

—¿El lazo tiene algo que ver?

—Sí, pero debe ser algo más intenso porque lleva mucho días sin atarse a ti. Hay una sincronización entre vosotros, algo que os conecta.

—Vale, vale, mejor cállate que ahora me asustas —le dijo Claudia algo desanimada porque solo de imaginarse que había algo que podía sincronizarla con ese loco y vil hombre, la asqueaba.

—¿Y Verdad? —le preguntó Pedro.

—Nada —suspiró Claudia al recordarlo—.La última vez solo me contestó lo obvio, además creo que estaba algo molesta conmigo. Sigue repitiéndome que yo poseo todas las respuestas a mis preguntas, ¡pero no las tengo!

—Calma, seguro que lo entenderemos. Ella nunca se equivoca.

—Pero es tan frustrante no poder preguntarle nada —y sus amigos se rieron—.Si al menos me contara algo de mi abuela.

—Eso podemos investigarlo —le dijo Isa.

—¿Si?

—Bueno, podemos intentarlo, no es nada seguro.

—¡Eso sería fantástico! —exclamó Claudia, porque lo único que sabía era que su abuela se había ofrecido como una especie de sacrificio a los soñadores. Pero algo en su plan había salido mal o había ocurrido algo más porque los soñadores no se habían terminado convirtiendo en los dueños del destino.

—Al menos ya no recibes regalos —intentó animarla Pedro.

—Sí, pero los sueños son peores.

—¿Qué te hace? —y Claudia enrojeció solo de recordarlo.

—Nada.

—Mientes.

—Me pide que vaya a buscarlo y me besa.

—¡Esto es demasiado! —contestó Pedro furioso soltando su manzana—Ya no tengo hambre —y se largó del comedor dispuesto a hablar con Axel.

—Isa.

—Dime.

—En el fondo…—y Claudia se calló porque no sabía cómo decírselo.

—Te gusta, ¿no? —pero Claudia no le contestó, solo se echó a llorar en los brazos de su amiga desconsoladamente.

En el castillo de los soñadores Estefan se encontraba durmiendo plácidamente en su cama cuando una sombra oscura se coló a través de su habitación. La sombra le sonrió con una sonrisa escalofriante y levantó un afilado cuchillo. Un movimiento rápido y preciso le cortó el cuello sin despertarse y entonces, la sombra lo observó con sus ojos castaños y fue incapaz de sentir pena o lástima. Solo sentía que había hecho justicia y que Estefan ya no sería capaz de nombrar nunca más a su preciosa Claudia.

La puerta de la habitación de Estefan se abrió como cada mañana y a través de la poca luz que se filtró de ella se mostró un espectáculo escalofriante, sangra, sangre y más sangre tiñendo las blancas y sofisticadas sábanas de su cama.

—Buenos …—y el saludo de buenos días de Ángela se perdió entre la sangre de Estefan al ver a Aarón encima de su cama con un cuchillo ensangrentado—¿¡QUÉ HAS HECHO!? —le preguntó Ángela sintiéndose a punto de enloquecer por una visión imposible de asimilar. ¡Su hermano Estefan estaba…! Ángela corrió hacia él y se encontró con que un profundo corte de punta a punta le había abierto la garganta en canal y que allí no había nada más que hacer. ¡Estefan estaba muerto!

—Eres un salvaje —le escupió su hermana sin poder dejar de llorar.

—Se lo advertí —fue la única explicación de Aarón—.Que no la nombrara.

—¡Estás fatal! ¿Vale la pena? Tú jamás antes… —pero no pudo pronunciar con palabras la monstruosidad que acababa de cometer Aarón.

—Era débil, y más te vale hermanita que controles tu tono —le soltó sin emoción mientras se dirigía hacia la puerta.

—¡Será tu ruina! Esto va a matarte —le aventuró su hermana antes de perderlo de vista.

Pero Aarón ya no lo escuchaba, solo sentía el hedor nauseabundo de la sangre incrustado en su olfato y una sensación de júbilo por dentro. Entonces se encontró con el guardia que custodiaba la puerta de la habitación de su hermano y le entregó el cuchillo.

—Que lo limpien, y sacad eso de allí dentro cuanto antes —el guardia asintió sin formularle preguntas—.Cuando regrese no quiero que quede nada allí dentro —y así, Aarón abandonó el castillo con un sentimiento de liberación como nunca antes había experimentado. Había llegado el momento, lo sentía, ni un minuto más, ni un segundo más. Este era el gran día, su día, y Claudia estaba preparada para partir con él.

Por la tarde, Claudia intentó tumbarse en su cama para dormirse. Sentía un dolor de cabeza horrible por culpa de su insomnio, pero cada vez que intentaba cerrar sus ojos no podía evitar ponerse nerviosa. Relájate, se repitió una y otra vez, y después de pasarse toda la tarde allí encerrada logró apagar su mente y dormirse un poco.

Pero su mente, le jugó una mala pasada y después de dormirse una hora, empezó a soñar con Aarón. Esta vez él no se encontraba en su habitación ni en la fortaleza, sino que estaba en su castillo mal herido, sus manos se encontraban cubiertas de sangre y a su lado, descansaba un cuchillo. Entonces Aarón se arrodilló en el suelo y se cubrió el rostro con esas manos rojas.

—¿Por qué me haces esto? —le preguntó a Claudia—.¡Ven a salvarme de una vez! —le pidió entre gritos de desesperación.

Claudia en ese momento se estremeció y se encogió de hombros porque se le veía tan triste y solo que deseó tender su mano para consolarlo. ¡No puedes! Se gritó una y otra vez recordándose la clase de ser horrible que él era.

Aarón se quedó acurrucado en el frío suelo de ese castillo sollozando como tiempo atrás ella misma había hecho, se le veía tan perdido y desamparado, casi tan perdido como ella.

—No me hagas esto, Aarón —le susurró ella. Porque la culpa de toda esa situación era exclusivamente suya, ella no tenía que sentir pena ni lástima por alguien que era incapaz de sentirla y así, intentó darle la espalda para no verlo.

—¡Claudia! —la llamó él—.¿No ves lo que me estás haciendo? —le preguntó cargado de tristeza, pero ella no se volteó para verlo, solo se tapó sus oídos para no escucharlo.

—¡CÁLLATE! —le gritó Claudia antes de despertarse.

Después de haber intentado descansar y dormir un poco, Claudia no lo pudo soportar más. Notaba tal presión en el pecho e inquietud, que necesitaba salir de entre esas altas y gruesas paredes para respirar algo de aire.

Como sabía que no podía salir de la fortaleza, y tampoco le apetecía hacerlo en absoluto, decidió salir un rato para pasear por la azotea. De camino allí, se cruzó con un par de guardias y les informó que se disponía a subir allí arriba para estirar un poco las piernas. A ambos, les pareció una idea estupenda porque allí arriba se encontraban más de sus compañeros, y siempre y cuando no se saliera del perímetro establecido y estuviera solo unos pocos minutos, sería algo inofensivo. Claudia subió uno a uno todos los peldaños hasta la azotea y abrió la puerta metálica. Tomó una gran bocanada de aire fresco y puro mientras la potente luz del sol de última hora bañaba su rostro.

—¡Qué calma! —suspiró de placer, y decidió caminar un poco a través de ese fabuloso paisaje. Pero nada más caminar unos pasos se detuvo en seco y toda su relajación, calma y optimismo se precipitaron al vació.

—¡TÚ! —lo acusó ella, porque su peor pesadilla parecía que la estaba esperando en la esquina de la azotea con los brazos cruzados y una sonrisa burlona en su rostro—¿Cómo has llegado hasta aquí?

Claudia no podía creerse que Aarón en carne y hueso estuviera en ese mismo momento enfrente de ella. Iba vestido como lo recordaba del pasado, con unos pantalones tejanos y una sudadera gris, y aunque parecía tan normal con esas ropas, ella no se dejó engañar e intentó regresar a toda prisa hacia la puerta.

—Sabría que vendrías —le contestó Aarón atrapándola por la muñeca con el lazo rojo. Claudia lo miró estupefacta y comprendió que aquello no era un sueño, ¡aquello era muy real!—.Tú tampoco puedes escapar de mí —y ella contempló con pánico como Aarón se iba acercando más y más a ella hasta que la rodeó con sus brazos por la cintura.

—¡AYUDA! —empezó a gritar Claudia desesperada antes que Aarón le cubriera la boca. Ella intentó morderle su mano para que la dejara gritar más pero él no la apartó y entonces, recordó con asco esas manos ensangrentadas y ese cuchillo—¡AYUDA! —y Aarón la sujetó con una mano por la cintura mientras se la llevaba hacia el borde de la azotea.

—¡QUIETO! —le ordenó un Guardia de la Orden desplegando sus alas blancas—.¡DETENTE! —pero Aarón se limitó a sonreírle mientras saltaba de lo más alto con Claudia entre sus brazos.

—Vámonos a casa, cariño —le susurró Aarón a Claudia antes que salieran disparados a través del cielo.

Centenares de pájaros blancos se alzaron a la vez tras Claudia y a ella, le parecieron preciosos. Todos volaron coordinados y en posición mientras no la perdían de vista. ¡Van a salvarme! Pensó con esperanza, pero cuando Claudia miró al frente, hacia donde la llevaba Aarón, se estremeció al ver como el cielo azul y soleado se estaba cubriendo de un espantoso negro por culpa de los soñadores de Aarón. Centenares o miles de guerreros avanzaban sin miedo para atacar a esos ángeles con alas blancas. ¡Nooo!

Claudia no pudo apartar la vista de esos dos grandes frentes enemigos que avanzaban a pasos agigantados, y fue plenamente consciente que en cuestión de segundos empezaría algo espantoso. Y aunque los Guardias del Orden parecían estar muy bien adiestrados, a Claudia también le pareció que si todos esos guerreros de Aarón habían sido capaces de eclipsar algo tan grande como el sol, sin duda serían terribles en el campo de batalla.

—Aarón —lo llamó ella asustada—.Quiero proponerte algo —y él se la miró con una sonrisa en su rostro y la abrazó aún más.

—Dime, te escucho.

Próximo capítulo…

¿Qué le propondrá Claudia? ¿Qué sucederá en la gran batalla? Guardias del Orden contra los soñadores, esto y más el próximo domingo. ¡Gracias!

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. Fátima 31/08/2015
  2. Clover Clover 02/09/2015

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