Los lazos del destino: capítulo 17 – Ven a buscarme

Hola mis cloveradictos, ¿cómo estáis? Espero que por encima de todo con muchísimas ganas de leer este capítulo 🙂 ¡Hay tanto que os deseo contar sobre los lazos del destino! 

Tal como ya os pedí el miércoles, acordaros de sonreír. Es algo fácil, que todos sabemos hacer y es gratis. No soporto a la gente negativa, ¡me pone enferma! Con lo bonitos que son los pequeños detalles cuotidianos: un buenos días del vecino, un ¿cómo estás? del panadero o un ¿vamos a tomar un café? del compañero de trabajo. Creo que estas cosas marcan la diferencia porque sin eso, ¡nos quedamos en nada! Y después de esta clover-reflexión, vamos a empezar o a continuar el día con optimismo, ¿vale? ¡Besos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 17: Ven a buscarme.

En el salón del consejo de los Guardias del Orden todos los que estaban allí reunidos se sentían preocupados, pero había uno en especial llamado Pedro, que estaba más encendido que el resto.

—¡No, no y no! —gritó Pedro clavando su puño en la mesa—No podemos permitirlo —no dejaba de gritarles al resto porque estaba harto de tanto hablar y no hacer nada para proteger a Claudia.

—Cálmate, estamos intentando encontrar una solución —le contestó Axel, su superior.

—¿Solución? Me tomas el pelo, llevamos una semana aquí encerrados y Claudia no ha dejado de recibir regalos de ese monstruo.

—No podemos precipitarnos —intentó tranquilizarlo su compañero que se sentaba al lado.

—Cualquier diría que estáis esperando que se la lleve —los acusó Pedro levantándose de su silla.

—¡No te atrevas a insinuarlo! —le gritó Axel.

—Claro, eso sería fantásticos porque así no tendrías que iniciar una guerra que no os apetece empezar.

—¡Te he dicho que te calles!

—Si ya lo comprendo —siguió Pedro como si nada—.¡Aarón jugará con nosotros todo lo que le plazca y cuando se la lleve os sentiréis como si os hubierais sacado un problema de encima!

—¡CÁLLATE! —le gritó Axel levantándose de su silla del consejo—.¡Lleváoslo!

—¡Dejadme en paz! —y Pedro empujó a los guardias que querían retenerlo y se fue de la reunión por su propio pie. Ya no podía seguir allí dentro metido porque se sentía furioso, furioso con Aarón y con todos esos hombres de allí dentro que no estaban haciendo nada para ayudar a su amiga, ¡nada!

Abrió la puerta de la sala con rabia y la cerró de un portazo mientras no podía controlar más su frustración. Llevaban una semana entera recibiendo la visita burlona de Aarón y los Guardias del Orden no habían logrado encontrarlo. Aarón no dejaba de mandarle regalos a Claudia día tras día y ella, para su completa tortura, no podía dejar de ponérselos. ¡Eso tenía que parar ya! Alguien necesitaba mostrarle a ese monstruo quién mandaba allí y que se había equivocado del todo al tomar ese camino.

—Vaya, deduzco por los gritos que no ha ido bien —le dijo Isa levantándose del suelo.

—Axel cada día es más cobarde. ¿No se da cuenta?

—Él tiene que pensar en nombre de todos —y aunque eso ya lo sabía Pedro no tenían opción. Una guerra desencadenaría sufrimiento y muertes pero, ¿qué podían hacer cuando Aarón los había empujado hacia ese camino sin salida?—.Además, acuérdate del de arriba —le dijo ella señalando el cielo.

—Aarón es un monstruo, ¿qué más prueba necesita?

—No puede mandar a nuestros hombres a una muerte segura.

—¿Crees realmente que somos tan débiles?

—No, pero…

—Si no hacemos nada y se la lleva, será inmortal. A veces creo que eso es lo que esperan.

—Shh… no lo digas muy alto —le advirtió Isa señalando a unos guardias del pasillo.

—Cada vez los detesto más, Isa.

—Pues disimula. Si nos apartan de esto, Claudia se quedará sola —y él asintió resignado.

—¡Chicos! —los llamó Claudia por el pasillo—¿Cómo ha ido la reunión?

—Bien —le mintió Pedro.

—¿Y ahora qué haremos?

—Tú nada —le contestó Isa—.Déjanos a nosotros ocuparnos de esto —pero Claudia no supo qué pensar al respecto. Cada vez sabía menos de su estrategia y aunque allí todos le aseguraban que estaban trabajando en ello, parecía que su realidad era bien distinta.

Llevaba una semana entera poniéndose cada uno de los vestidos y joyas que le mandaba Aarón, y su situación a día de hoy, no había hecho nada más que empeorar. Parecía que cuanto más caso le hacia a ese loco, más atención le gustaba acaparar así que Claudia estaba prácticamente segura que muy pronto, le ocurriría algo verdaderamente espantoso.

—Detesto que lleves esto —le dijo Pedro señalando el colgante con la lágrima roja.

—No te preocupes, ya me he acostumbrado —y esa respuesta cabreó aún más a su amigo.

—Terminaremos cogiéndolo —le contestó Isa.

Claudia se preguntó cómo lo harían, porque no había noche en que Aarón no lograra colar algún objeto en la fortaleza. Había guardias repartidos en cada una de las esquinas, coordinados y bien adiestrados, pero parecía que eso era insuficiente y siempre al final del día, en alguna habitación, salón o esquina de algún pasillo, alguien se topaba con alguna cajita plateada esperándola a ella con una críptica nota: Me perteneces.

Para Claudia esos regalos detestables poco a poco se habían transformado en una rutina escabrosa y no podía evitar preguntarse qué ocurriría cuando Aarón decidiera ir más allá. Porque no había duda que un día se cansaría de su infantil juego y querría dar un paso más, un paso que Claudia no era capaz de imaginarse.

—No os preocupéis, siempre que sepa quién soy, no podrá tenerme —les dijo Claudia con una sonrisa tranquilizadora—.Aunque me mate, seré la dueña de mí misma.

—¡No digas esas cosas ni en broma! —le reprochó su amiga.

—Está bien, ahora me voy a la cocina, tengo hambre —y Claudia se perdió por el pasillo.

—Isa —la llamó Pedro cuando se quedaron a solas—.Lo que Claudia aún no sabe es que existen cosas peores que la muerte.

—Ojalá no lo descubra nunca —sentenció ella entre lágrimas muy consciente de lo que podrían hacerle los soñadores si les apetecía jugar con su amiga.

En el castillo de los soñadores se presentaba una mañana horrible, de gritos y dolores de cabeza donde Aarón intentaba idear un plan para poder entrar en la habitación de Claudia. Últimamente le costaba muchísimo entrar en esa fortaleza de los Guardias del Orden y había necesitado utilizar espías y mensajeros para que dejaran sus regalos en cualquier sitio. Pero su paciencia había llegado a su límite y Aarón ya no podía esperar más, necesitaba verla esa misma noche y saber cómo estaba su Claudia.

—¡Hermano! —lo llamó Estefan desde la puerta recogiéndose su larga melena negra en una coleta.

—Ahora no, ¡vete! —le contestó furioso mientras garabateaba algo en unos papeles.

—Sabes, tu pequeña Claudia se te está escapando —le susurró en la oreja.

—¡Te he dicho que te largues!

—¿Cuántos días hace que no está contigo? —le preguntó sentándose encima la mesa—.Es muy patético —y empezó a leer uno de esos papeles escritos a mano—.Claudia…

—¡No la nombres! —le contestó Aarón dejando de escribir—.No te atrevas a nombrarla nunca más —y entonces Estefan miró a su hermano con sus oscuros ojos y le sonrió. Deseaba tanto provocarlo.

—Claudia —le susurró, y nada más terminar de pronunciar la última vocal, Aarón se lanzó a su cuello con impaciencia.

Ese había sido el peor día que había podido elegir Estefan para empezar una pelea con su hermano, porque Aarón se encontraba tan frustrado y cabreado con el mundo entero, que aprovecharía toda su rabia contenida para desquitarse con él. Estefan era su hermano menor y mellizo de Ángela, un bocazas que le encantaba pelear con todos y meterse en problemas. Seguramente había aprovechado que hoy Aarón se mostraba tan irascible para disfrutar de un poco de acción, pero lo que ese temerario de su hermano no había sido capaz de entender, era hasta dónde podía ser capaz de llegar Aarón por ese lazo del destino y por Claudia.

—Hay que ir a buscarla —siguió provocándolo Estefan mientras esquivaba un puñetazo—.Seremos ridiculizados —y en ese momento Aarón le dio de lleno en la mandíbula, un golpe seco y fuerte que le dolió horrores—¿Por qué Claudia no está aquí? —le preguntó Estefan con el labio partido.

—¡A ti no te importa! —le gritó él lanzándose de nuevo hacia Estefan, y ambos volvieron a enzarzarse en una pelea con los puños.

Estefan logró propiciarle algunos golpes a Aarón pero éste, parecía tan enfadado y molesto con el mundo que se mostraba implacable en sus contragolpes.

—¿¡QUÉ ESTÁIS HACIENDO!? —los interrumpió Ezequiel abriendo la puerta del despacho—.¡PARAD! —les exigió, y ambos se separaron a regañadientes porque su padre a día de hoy seguía siendo el rey y soberano del reino—.Estefan, lárgate —y su hijo mal herido abandonó el despacho sin decir nada.

—¿Se puede saber qué te ocurre?

—Nada —le contestó Aarón contemplando la sangre que emanaba de sus nudillos.

—Intenta moderarte, hijo. Sé que es complicada tu situación.

—¿Lo sabes? ¿Qué diablos sabes tú? —le gritó irritado. Aarón estaba harto que todos se compadecieran de él ¡porque ninguno de ellos lo entendía! Él era el único que había encontrado su lazo del destino y esa, era una sensación que ni en un millón de años podrían entender. Era una sensación tan revitalizante, que se calaba a través de sus huesos hasta lo más hondo y ya no podía olvidar, Aarón suspiró solo de recordarlo, si solo pudiera experimentarla de nuevo un mísero segundo de nuevo y tenerla a su lado.

—No te olvides que mi padre…

—Ja… tienes razón, el abuelo encontró su lazo del destino pero no fue suficiente.

—El tuyo lo será.

—Por supuesto —porque Claudia era la mitad de él mismo y estaban unidos más allá de un lazo—.Ella es mi complemento perfecto y sé que lo sabe.

—¿Y qué esperas para ir a buscarla?

—No voy a cometer el mismo error que el abuelo. Dejaré que lo asimile y vendrá a mi lado.

—¿Y si no lo hace?

—Fui capaz de convencerla para que me siguiera hasta aquí.

—Yo no lo llamaría “convencer”, más bien la engañaste.

—No se lo conté todo pero lo que le dije era verdad. Ella decidió acudir a mí para salvarme, en el fondo me quiere.

—Hijo, espero que tengas razón y no te estés volviendo loco.

—El abuelo era débil, padre, pero yo me convertiré en el dueño del destino.

—Tu madre y yo estamos tan orgullosos, siempre supimos que lo lograrías —le contestó su padre acercándose a esos papeles esparcidos por el suelo para discutir una estrategia con su hijo.

Claudia llevaba horas durmiendo sola en la habitación, cada noche desde que Aarón se había colado en su cama, la cambiaban de habitación para que él no pudiera encontrarla. Siempre le daban habitaciones pequeñas y sin ventanas, donde se sentía asfixiada y prisionera.

De hecho, desde que había llegado a ese mundo inimaginable no había logrado dormir ni una sola noche del tirón. Al principio fue porque la habían encerrada como prisionera y después, porque había sentido tanto miedo y pánico por si Aarón se la llevaba de nuevo que apenas podía descansar.

Por eso, esta noche tampoco era distinta y después de despertarse infinidad de veces y de comprobar que en la puerta se encontraban los guardias haciendo su patrulla nocturna, logró quedarse un poco dormida. Por primera vez Claudia soñó con Aarón, con el Aarón que recordaba bueno y cariñoso, y no con el monstruo en el que se había convertido. Soñó que ella se encontraba dormida en la cama de su habitación de siempre y que él llegaba por la madrugada entrando por la ventana y la despertaba.

—Claudia —le susurraba con una sonrisa en su rostro, y ella automáticamente se levantaba muy contenta para abrazarlo. Entonces Aarón aprovechaba ese momento para lanzarle el lazo rojo y le ataba su muñeca como siempre.

Para aquél entonces a ella le había encantado ese lazo brillante porque había representado la justificación para volver a verlo noche tras noche y la había hecho sentir especial en muchos aspectos.

—¿Cómo estás? —le preguntaba él preocupado como hacía siempre, y ella le contestaba dándole un beso a esos labios tan cálidos. Aarón la abrazaba afectuosamente mientras su lazo tintineaba y ambos se fundían en una paz total. Pero en ese momento tan reconfortante y perfecto, Claudia no pudo evitar recordar que eso solo era un sueño irreal y que ese hombre al que estaba abrazando en realidad no existía.

—Cálmate —le susurraba él en un tono sosegado mientras Claudia lloraba.

—¿Cómo me has hecho esto? —le preguntaba ella sin poder dejar de agarrarlo porque su corazón deseaba tanto despertar de esa pesadilla. Quería descubrir que el Aarón auténtico era ese, el del pasado, el que había conocido en su casa, y no ese frío y cortante hombre que la había ridiculizado en su castillo.

—No pasa nada —se limitaba a decirle Aarón.

—No quiero que te vayas —le contestaba Claudia a ese Aarón afectuoso, cariñoso y bueno.

—No me he ido, ven a buscarme — y entonces él se apartó rápidamente de ella y se tiró por la ventana.

—¡AARÓN! —lo llamó Claudia despertándose abruptamente con el rostro bañado en lágrimas, y nada más abrir sus ojos fue consciente que en su habitación no había ninguna ventana y que ya no se encontraba en su cama.

Claudia se intentó limpiar su rostro mojado y notó algo atado en su muñeca izquierda, alarmada, la contempló sin poder creérselo y se encontró con una cinta roja atada con un lazo. Ella movió su muñeca nerviosa y no emitió sonido, entonces se percató que en realidad se trataba de una cinta de tela normal y que ese no era el lazo del destino. ¡No! ¿Cómo había entrado? Claudia se arrancó esa cinta roja de su muñeca mientras salía corriendo por la puerta.

—¡Ha estado aquí! —les gritó a los guardias que estaban de pie en el pasillo.

—Señorita, nadie ha entrado en la habitación.

—Sí, acabo de verlo, bueno, en realidad me ha dejado una cinta —y ella entró de nuevo en su habitación pero no la encontró por ningún lado. ¿¡Cómo!? Allí dentro ya no había rastro de esa cinta roja que se acababa de arrancar de su muñeca aunque ella estaba segurísima que la había llevado puesta.

Esa noche los guardias decidieron cambiarla de habitación mientras ella no podía dejar de llorar porque ¡se estaba volviendo loca! Recordó su extraño sueño, el abrazo, su voz y esos besos, ¡eso no podía ser solo un sueño! Lo había sentido a su lado, tan intenso y nítido como siempre, pero entonces se recordó mentalmente que ese ya no era el Aarón de siempre. No puedes dejarte engañar, Claudia, porque ella mejor que nadie sabía que Aarón solo quería despistarla.

Lo último que recordó de esa noche fue esa frase tan suya: ven a buscarme. Ni en un millón de años estaría tan loca como para hacer eso, ¡jamás! Por mucho que en sus sueños Aarón se mostrase tan confuso, la realidad no lo era en absoluto.

Próximo capítulo…

¿Será capaz Aarón de seguir alejado de Claudia? ¿Por qué Claudia no puede dejar de soñar con él? Esto y mucho más te espera el próximo domingo. ¿Te lo vas a perder?


CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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