Los lazos del destino: capítulo 16 – La pura verdad

¡Hiiii! Después de otro fin de semana a base de lluvia y truenos (parece que por aquí no podemos disfrutar de un sábado soleado) aquí están Los lazos del destino cargados de tormentas.

Pero como no todo en la vida debe ser blanco o negro, os tengo que decir que aunque estuvo un sábado de lluvia y mal tiempo, me fui con mi pareja a celebrar mi santo en uno de nuestros restaurantes japoneses favoritos. ¡Felicidades si ayer también fue el tuyo! ?

Ahora me gustaría ser un poquito cotilla contigo ? y me encantaría saber cuál es tu comida favorita para comer en un día especial. La mía es sin duda la comida japonesa (sopa de miso, udon, gyozas, teriyaki, sushi… ). Dime cuál es la tuya o cuéntame ese sitio al que acudes siempre para celebrar un evento importante o sencillamente para darte un capricho.

Muchísimas gracias por acompañarme un domingo más, cuídate un montón y te dejo con la mejor compañía que se me ocurre: un nuevo capítulo. ¡Besos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 16: La pura verdad.

Claudia contempló la puerta metalizada que se encontraba al final del pasillo y se pregunto qué hallaría tras ella. En teoría, Isa la había llevado allí para descubrir la verdad aunque a esas alturas de su vida y después de todo lo que había sucedido, ya no sabía si deseaba conocerla. Porque la verdad había resultado ser para Claudia tan retorcida y malvada, que ya no estaba muy segura si podría soportarla más.

—Perdóname —le dijo Isa en un tono triste antes que Claudia entrara en la sala.

—¿Por qué?

—Porque creía que Aarón realmente te amaba.

—No hace falta que sigas —le contestó levantando una mano para que guardara silencio. Aún después de todo lo que había ocurrido entre ella y Aarón, para Claudia seguía siendo su primer y único amor así que recordarlo solo la llenaba de tristeza—.Estuve tan ciega, ¿cómo pude creerme que no te haría nada?

—Ahora de nada nos sirve lamentarnos —le contestó con una sonrisa apenada.

—Tienes razón, ya no sirve de nada —y ambas se fundieron en un reconfortante abrazo.

Claudia jamás podría estar resentida con Isa, no cuando ella misma había estado mucho más ciega. Se había ofrecido en bandeja a Aarón para sus propósitos malvados y esa, era una culpa que solo le pertenecía exclusivamente a Claudia acarrear.

—Ahora voy a entrar, no te preocupes —pero antes que pudiera llegar a la puerta escuchó un ruido de pasos acercándose.

—¡Claudia! —la llamó Pedro a través del pasillo—. Recuerda que no puedes preguntarle nada, tú solo siéntate en la silla del centro y escúchala. Aah… y por lo que más quieras, si te pregunta algo acuérdate que su nombre es Verdad, no le gusta que la llamen por otro nombre.

—Vale —le contestó ella sin comprenderlo del todo.

Solo sabía que al final del pasillo se encontraría con una mujer sin nombre ni forma a la que nadie podía dirigirse y que poseía un don. Ese don tan excepcional y único era el de la verdad. Ella podía ver lo invisible a través del tiempo por eso, sus amigos habían creído que sería una buena idea que la visitara. Quizá así recibiría algunas respuestas de su pasado o futuro, respuestas que pudieran ayudarla en su peligrosa situación.

Claudia contempló una última vez a sus dos amigos antes de entrar en esa sala. Su amiga Isa le sonrió afectuosamente mientras Pedro le levantó una mano para despedirla. A ella esa imaginen  la tomó desprevenida pues le pareció que en ese momento a ambos les asomaban un par de alas blancas. ¡Claro! Por supuesto que ahora ella los veía, como dos encantadores ángeles, porque ambos habían resultado ser sus ángeles de la guarda particulares.

—¿Crees que va estar bien? —le preguntó Isa a su compañero.

—Sí, Verdad es la única que puede ayudarla a encontrar las respuestas y si no lo hace, al menos lo habremos intentado.

—No me refería a eso —y Pedro suspiró.

—Con Aarón nunca se sabe, logró engañarnos tan bien esa vez.

—¡Eso sucedió por mi culpa! Si solo te hubiera hecho caso, Pedro. Estuvo cerca de…

—Tú lo has dicho —la cortó él pasándolo un brazo por el hombro—.A punto, pero llegamos a tiempo.

—Él no se rendirá tan fácilmente.

—Lo sé, nos dejó llevárnoslas a propósito. Seguramente pretende iniciar una guerra.

—Está loco —contestó Isa horrorizada—.Eso significaría muchas bajas.

—Eso es lo que busca, muerte y dolor para los nuestros.

—No podemos permitírselo —sentenció Isa.

—Ante la adversidad solo podemos hacernos más fuertes, y ahora vámonos, necesitamos estar preparados para cuando aparezca Aarón.

Uno ante la adversidad solo tiene dos opciones, quedarse sentado y replegado en una esquina contemplando ese horror o bien desplegar sus alas para intentar luchar. Quizá las dos opciones terminen al final con el mismo trágico desenlace pero al menos en uno de esos casos, lo habrás intentado.

Claudia entró muy asustada a esa sala tan silenciosa y tal como le había explicado Pedro, solo se encontró con una silla blanca rodeada por unas tenues luces. Allí dentro parecía que no había nada más, ni ventanas, ni vida, así que hizo exactamente lo que le había ordenado su amigo y se sentó en la silla.

—Claudia —escuchó que alguien la llamaba, y ella cerró los puños atemorizada. Era una voz femenina muy suave pero que la hizo sentir muy inquieta—.No debes temerme. ¿Sabes cómo me llamo?

—Verdad —le contestó ella con la voz temblorosa.

—Creo que no te he escuchado.

—Verdad —le contestó algo más fuerte.

—¿Y qué te trae a visitarme?

—Deseo respuestas, señora.

—Todos las deseamos, es algo natural. Pero recuerda que quizá lo que descubras conmigo no va a gustarte.

Ella ya había pensado en esa opción, sabía que podía no descubrir nada o descubrir cosas espantosas, pero ese era el precio que tendría pagar si quería ser de ayuda.

—Veo que estás preparada, te pareces tanto a Margaret —y a ella en ese momento le pareció notar una mano cálido que le acariciaba el cabello. Claudia se giró inconscientemente para ver de quién era esa mano pero no se encontró con nadie.

—¿¡A mi abuela!? ¿La conociste?

—¿Osas preguntarme?

—Lo siento —se disculpó ella avergonzada recordando la advertencia de Pedro.

—Tu abuela fue el destino de alguien, de alguien tan poderoso como Aarón —y Claudia intentó refrenar sus ganas locas de preguntarle más acerca de ello—.Ella abandonó tu familia para salvaros, fue un sacrificio consciente, pero tú lo has hecho por amor —y las mejillas de Claudia se le tiñeron de rojo—.El amor es algo puro, nos hace fuertes pero también volubles —y la voz de esa mujer se transformó en una voz nostálgica—.Fuiste muy valiente y víctima de un engaño. Si solo hubieras abierto un poco más tus ojos, Claudia, hubieras visto el verdadero rostro de Aarón —y a Claudia se le empezaron a caer las lágrimas de la impotencia y rabia—.No llores, pequeña —la consoló esa voz acariciándole la cabeza—.No tienes que avergonzarte, pero ahora tienes que tener cuidado, Aarón volverá a buscarte desesperadamente, se cree el dueño de tu destino, ¿vas a ser capaz de frenarlo?

—No lo sé.

—Debes ser fuerte. Si Margaret se sacrificó por ti, le debes esto. Lucha por todos nosotros, demuéstrale que posees tu propia alma y que tú eres la única dueña de tu propio destino.

—No sé cómo —contestó ella más para sí misma que para la Verdad.

—Las respuestas están ante tus ojos, cada una de ellas te está esperando. Mantén los ojos bien abiertos para poder encontrar el verdadero rostro de la verdad.

—La verdad —susurró ella.

—La verdad nos parece confusa pero cuando se revela es tan clara. ¡Abre los ojos! Tus preciosos ojos pueden ver más que el resto.

—¿Ver más? —exclamó asustada—Eso es…

—Algo que tu madre te decía de pequeña. Y ahora vete, necesito descansar.

—Pero mi abuela.

—Tu abuela se equivocó, creyó poder solucionarlo ella sola. Ese nunca es el camino. Acuérdate siempre de los que están a tu lado —Isa y Pedro, pensó Claudia—.Creo que ahora lo sabes, sabes qué debes hacer. Ahora déjame descansar, estoy agotada.

Claudia se levantó de la silla para marcharse pero antes de abrir la puerta se cruzó con una mujer de piel muy clara y cabello rubio que la miró con unos ojos casi blancos que le susurró.

—Eres buena, no permitas que te digan lo contrario —y la mujer le sujetó sus manos.

Claudia las notó tan calientes y afectuosas, que otra vez la embargó unas ganas incontrolables de llorar. Esa mujer le daba tanta paz, como si fuera un hombro en el que podía llorar libremente sin reprimirse.

De camino a su habitación, Claudia pensó en todo lo que había descubierto pero era tanta información para asimilar en un día que le dolía la cabeza. Ahora tenía más preguntas que antes y tampoco le había quedado muy claro qué había querido decir con eso que su abuela había sido un sacrificio voluntario.

Pero todo eso quedó en un segundo plano cuando al entrar en su habitación se encontró con una pequeña cajita plateada encima de su cama. Ella la contempló asombrada, ¿un regalo quizás? Era una cajita pequeña, muy brillante y decorada con unos dibujos muy elaborados. Claudia la tomó entre sus manos y notó cada una de sus formas a través de sus dedos. ¿De parte de quién sería? ¿Isa? ¿Quizá Pedro? Pero entonces, ¿por qué sus amigos no se la habían entregado personalmente cuando se habían visto?

Con curiosidad, la abrió muy despacio y se sorprendió por su contenido. Allí dentro había un collar y no uno cualquiera, sino un precioso collar de oro con un colgante rojo en forma de lágrima. Claudia lo sacó con cuidado de la cajita y lo contempló a contraluz, brillaba tantísimo y era tan bello. ¡Parece demasiado para mí! Entonces se fijó que dentro había una pequeña nota escrita a mano y empezó a leerla:

“Así recordarás que me perteneces, Aarón”

¿¡QUÉ!? ¿De Aarón? ¿Cuándo diablos ha estado aquí? Claudia empezó a temblar de miedo y dejó caer la nota encima de la cama sintiéndose muy débil. Entonces contempló el collar entre sus dedos y se odió por sentirse de esa forma tan diminuta. El miedo rápidamente se le caló a través de su piel hasta llegarle a los huesos, y una sensación de nauseas y mareó se adueñó de ella. Entonces Claudia agarró la cadena de oro con rabia y la tiro al suelo como si así pudiera hacerla desaparecer.

—¡NUNCA! —gritó en medio de esa habitación—.¡No te pertenezco!

Y así empezó a temblar de manera descontrolada en su habitación mientras lloraba de nuevo. Deseaba tanto poder despertar de su pesadilla alguna vez, ¡lo deseaba desesperadamente!

Aquella noche Claudia no logró dormir, y eso que la habían cambiado a una habitación sin ventanas y había dormido en la cama con Isa y un par de guardias de la Orden vigilando enfrente de su puerta. Pero cada vez que se dormía recordaba a Aarón y esa mirada de loco que había puesto cuando Claudia se había escapado. Aún resonaba en sus oídos ese grito furioso de Aarón a través del cielo: “¡Claudia me pertenece!”.

Lo que jamás se hubiera esperado Claudia, es que su pesadilla no había hecho nada más que desatarse y lo entendió el día que vio llegar a Isa malherida de una de sus patrullas nocturnas. Su costado derecho del estómago no dejaba de sangrarle por encima de su uniforme blanco y por su rostro pálido comprendió que era una herida seria. Claudia la contempló espantada mientras se la llevaban a la enfermería y esperó rezando a todo lo que se le ocurría para que no le sucediese nada.

—Va a estar bien, solo es algo superficial —le dijo Pedro a su lado, pero ella no terminó de creerse sus palabras a juzgar por la mala pinta que tenía la herida.

—¿Qué ha ocurrido?

—Alguien la ha atacado por la espalda cuando había terminado su guardia.

—Pero entonces, ¿es alguien de dentro?

—Tenemos que tener cuidado —le dijo en voz baja—.El enemigo se camufla bien.

—Los ojos bien abiertos —le contestó Claudia entendiendo de una vez por todas esa críptica frase. Tendría los ojos tan abiertos como para descubrir quién había sido el culpable del ataque.

—Pedro, necesito ir a mi habitación un momento —le dijo sin aliento porque ahora lo entendía. ¡Sé porqué ha ocurrido!

—¿Ahora?

—Sí, te lo cuento después —y Claudia salió disparada hacia su habitación.

Al entrar, no se sorprendió al encontrarse de nuevo la cajita plateada encima de su cama. Por supuesto, ese ataque había sido un mensaje de Aarón para Claudia, un mensaje para que comprendiera que él podía hacer lo que quisiera en cualquier momento. Claudia abrió la caja sin pensárselo, sacó el collar que ahora le parecía enfermizo y se lo puso, entonces se miró en el espejo con asco.

—Supongo que esto es lo que querías. ¡Es repugnante! —le susurró a su reflejo antes de coger el espejo y romperlo en el suelo. ¡No soportaba verse con eso puesto! No cuando significaba que aún podía controlarla.

Pero sabía que de momento no tenía otra opción, necesitaba llevarlo al menos por ahora si quería proteger a sus amigos aunque solo era cuestión de tiempo que pudiera arrancárselo de su cuello y destrozarlo para siempre. Ahora más que nunca Claudia estaba dispuesta a luchar, así que recordaría cada uno de esos momentos tan viles y se convertirían en su fuerza para aplastarlo.

Esa noche Claudia tampoco logró dormir nada, cada poco tiempo se despertaba asustada y empapada en sudor por culpa de sus repetitivas pesadillas, las mismas visiones tormentosas no dejaban de reproducirse en bucle minuto tras minuto, esas en las que Aarón la obligaba a todo.

A altas horas de la madrugada le pareció notar una ráfaga helada desde su cama y se levantó para cerciorarse si la puerta de su habitación se había abierto. En ese momento ella notó una mano helada que le acariciaba la nuca y le agarraba el collar para tirar un poco de él.

—Puedo hacer lo que quiera contigo, espero que no lo olvides, Claudia —le susurró en un tono frío su peor demonio.

Claudia se quedó petrificada sin saber qué contestarle y cuando notó que ya no hacía frío en la habitación encendió la luz y se encontró con un vestido verde encima de su cama.

—¡No! ¡No! ¡No! —le gritó desesperada a ese trozo de tela—.¡Te odio! —volvió a gritarle mientras lo tiraba al suelo.

¡Esto no podía seguir así! Ella no se pondría esa ropa para complacerlo, no cuando no podía soportarlo. Se ahogaría si llevaba ese vestido verde de la misma forma que se estaba quemando al llevar ese collar en su garganta. Claudia era dueña de su propio destino, ella y solo ella tomaría la rienda de sus decisiones.

A las afueras de la base de los Guardias del Orden, Aarón no podía dejar de reírse. Hoy se encontraba de un humor excelente porque su pequeña Claudia había decidido ponerse por voluntad propia el collar que le había regalado.

—Lo sabía —susurró Aarón—.Sabía que terminaría poniéndoselo.

—¿Señor, pero no vamos a llevárnosla? —le preguntó Marcus desconcertado.

—Hoy no, solo estoy aquí para educarla.

—¿Educarla?

—Claudia necesita entenderlo y cuando lo haga, vendrá a mi lado arrastrándose.

—Pero…

—¡Cállate, Marcus! Nunca has encontrado a tu destino así que no lo entenderías. Claudia regresará a mi lado, es irremediable.

—¿Y si no lo hace?

—Lo hará. ¡No te atrevas a cuestionarme! —le gritó enfadado—.Mierda, Marcus, ya me has enfurecido. ¿Qué debería hacer ahora para desahogarme? —le preguntó clavándole sus oscuros ojos.

—Señor, lo siento —le contestó Marcus arrodillándose.

—Pues vete y consígueme unos zapatos para Claudia. Quiero que sean plateados, nada horteras, unos sofisticados y elegantes.

—Sí, señor —le contestó Marcus pensando que su señor cada día estaba más demente. Últimamente en lugar de luchar, se habían pasado los días comprando vestidos, joyas, accesorios para el cabello, ¿y ahora? ¡Ahora quería zapatos!

—Seguro que le quedarán perfecto en sus preciosos pies —susurró Aarón antes de perderse a través del cielo.

Echaba tanto de menos a Claudia desde que se había ido, que cada noche se iba al salón donde la había mantenido encerrada para dormir. Solo allí lograba tranquilizarse un poco y sentirla algo más cercana. ¡Si no fuera tan cabezota! Si solo lo entendiera de una vez y se dejara llevar, lo suyo iba más allá de cualquier capricho, su destino estaba unido para siempre y huir de él no era una opción. Claudia a partir de ahora solo podría vivir a su lado de la misma forma que Aarón solo podría vivir al lado de Claudia.

—Eres mi todo —susurró en el aire antes de perderse entre las nubes—.Para la eternidad.


CAPÍTULO SIGUIENTE

Tags

Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Mis historias románticas

yo soy alba yosoyalba portal web relatos románticos novela romantica online gratuita gratis

Novedades

noticias shojo

SECCIONES

Síguenos en nuestras redes sociales

TOP recomendaciones

Mi novela romántica

la constelación perdida, literatura romantica, novela romántica, novela fantasía romántica