Los lazos del destino: capítulo 15 – Identidad alada

¡Hello cloveradictos! (necesitaba decirlo jajaja) ¿Os apetece una ración de respuestas suculentas e interesantes? Pues a ver si me dais la razón cuando terminéis de leer el capítulo porque creo que en este capítulo se desvelarán bastantes cositas.

Por cierto, ¿os enterasteis del post extra del viernes? Sencillamente en él os contaba los cambios que ha experimentado el blog y os hablaba en profundidad sobre mis locuras. ¡Ale! Y ahora esta ovejita se va con su rebaño para hacer lo que sea que hagan las ovejas (disculpad mi incultura ovejil). Os dejo con Los lazos del destino que ya no son lazos, son más bien cadenas… Bueno, aunque técnicamente siguen siendo los lazos de siempre pero ya no lo son, ya me entendéis 😳 . ¡Feliz lectura preciosos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 15: Identidad alada.

A altas horas de la madrugada Juliet apareció en la celda de Claudia para llevársela. Ella ya estaba más que preparada para huir desde hacía horas así que solo necesitó levantarse del sofá para salir de ese lugar cuanto antes. Pero al acercarse, Claudia no se encontró con la esbelta figura de Juliet en el marco de la puerta sino que vio la silueta de un hombre alto y delgado que la saludó.

—Claudia —la llamó Aarón entrando en la habitación donde la tenía retenida.

—Vete —le contestó ella huyendo hacia una esquina asustada, pero Aarón pareció no escucharla o no hacerle caso y siguió avanzando con paso firme hacia su dirección—.¡Déjame en paz! —le chilló atemorizada cuando notó la presencia de ese horrible hombre demasiado cerca.

Claudia intentó cubrirse para protegerse de esa bestia porque aún sin mirarlo, Aarón emanaba una energía tan aterradora que la paralizaba por dentro. Ya no era para nada el afectuoso amado de antaño, sino que solo quedaban cenizas y más cenizas de una patética mentira. Así que por eso, Claudia necesitaba desesperadamente alejarse de él, lo necesitaba para no volverse loca en ese infierno en el que se había caído.

—Mírame —le exigió Aarón con una voz monótona mientras le agarraba el rostro con fuerza.

Y en ese momento a Claudia le empezaron a caer las lágrimas al darse cuenta que su Aarón jamás la hubiera tocado de esa manera tan distante. Sus ojos color avellana ya no se parecían en absoluto a esos ojos que la habían enamorado en su habitación de hecho, ya no había rastro alguno de su pasado juntos.

—¡VETE! —le gritó ella con una fuerza desgarradora al ser incapaz de deshacerse de él, pero Aarón se mostró insensible como si fuera un muñeco—.Eres un monstruo —le dijo muy cansada Claudia sin saber qué más hacer para que la dejara.

—Una visión preciosa —le susurró él acercándose a Claudia para besarla mientras le pasaba un dedo por debajo de sus verdosos ojos.

Él la tocó suavemente como si ella pudiera romperse y la besó de una forma tan poco natural, que Claudia apenas percibió emociones en él. Ni su calidez ni su cariño o alegria, ¡nada! Solo un monstruo lleno de odio, rencor y poder—.Adiós, Claudia —le susurró Aarón dejándola en esa esquina mientras se iba.

—¿Claudia? —la llamó otra voz desde la puerta—¿Qué diablos te pasa? —le preguntó Juliet molesta—.Te estaba llamando —y Claudia se limpió el rostro mojado de lágrimas mientras buscaba a Aarón. ¿Dónde estaba?—.¡Vamos! Sígueme en silencio y cuando te haga una señal detente —le ordenó ella.

Juntas empezaron a andar en silencio a través del elegante pasillo iluminado. Claudia recordaba ese lugar porque ese había sido el recorrido exacto que había hecho para llegar a la espantosa sala de las águilas. Con la salvedad que a esas horas de la madrugada apenas se encontraron con guardias y con los pocos que se toparon, Juliet logró despistarlos. Cuando ambas anduvieron un buen rato a través de ese laberinto llegaron hasta un camino sin salida, solo se encontraron con una gran puerta de madera decorada con aves y Claudia, esperó pacientemente para que su compañera la abriera.

—Realmente eres estúpida —le dijo Juliet a Claudia quedándose parada enfrente de la puerta—.¿Dónde diablos te crees que te llevo?

—Me has dicho que me ayudarás a escapar.

—¡Ja! Nadie puede sacarte de aquí, bonita —le contestó empujándola contra la ventana que se encontraba a su derecha—.Pero puedo darte la libertad —le dijo señalando el gran ventanal, y Claudia lo contempló sin comprenderlo.

—¿Quieres que salte?

—Bueno, solo si deseas escapar de aquí.

¿¡QUÉ!? Claudia no tenían ni idea a cuanta altura se encontraban pero por lo poco que se veía a través del cristal, sabía que estaban ¡a mucha altura! De hecho, se encontraban a tanta altura que no podía ver el suelo. ¡Ni loca saldría con vida de allí si saltaba!

—No voy a escapar, voy a morir —le contestó asustada, y Juliet se la miró con una sonrisa.

—Mala suerte si no puedes volar —le dijo abriendo la ventana.

A Claudia le llegó una fría brisa del exterior y se quedó sin aliento cuando contempló que se encontraban literalmente en cielo. Las nubes se arremolinaban a través del edificio y no le dejaban ver qué se escondía más abajo. En realidad tampoco le importaba mucho descubrirlo porque estaba segura que allí abajo solo se encontraba la muerte.

—¡No lo dirás en serio! Puedes ayudarme a bajar, ¿verdad? —pero esa mujer exuberante no le contestó y solo la empujó hacia la ventana—.¡NO PUEDES EMPUJARME! —le gritó Claudia agarrándose al vestido de Juliet.

—Salir de aquí es imposible, Claudia —le contestó ella.

—Pero tú puedes volar, ayúdame a bajar.

—Ni en broma, me matarían nada más llegar a bajo.

—Así que tu plan para escapar era este —le contestó observando las nubes—.¿¡SUICIDIO!?

—Bueno, es lo mejor que se me ocurrió.

—¡No quiero! —le contestó Claudia aferrada a Juliet.

—Es la única opción o sino…

—¿Qué? ¿Qué harán conmigo?

—Créeme que será mucho peor que esto —y notó cierta mirada triste en los oscuros ojos de Juliet.

Si lo que le estaba contando era cierto y tirarse por la ventana era su única mejor opción, no había duda que querrían hacerle vivir un infierno allí dentro encerrada. Entonces recordó a Aarón y en la forma tan humillante en que la había tratado en el salón del águila, a ellos ella no les importaba lo más mínimo, solo querían usarla para obtener ese maldito lazo y entonces, comprendió que saltando no lo lograrían. Quizá así sería la única manera estúpida e insensata de conservar su vida y su libertad aunque tuviera que terminar de esta forma tan dramática. Claudia volvió a contemplar la ventana y notó que los ojos se le empezaban a llenar de lágrimas. ¡Esto no podía estar pasándole! ¿Así terminaba todo? Su corta vida daba por finalizada en un lugar desconocido y de la manera más absurda y patética—.Dime al menos dónde estamos y qué sois.

—Estamos en… —pero Juliet se calló de repente y abrió mucho sus oscuros ojos—.¡TÚ!

—¡CLAUDIA! —y ella buscó desesperadamente el origen de esa voz que parecía tan cálida—.¡Claudia, la ventana! —entonces volteó su cabeza y se encontró literalmente con un ángel en el cielo. Un ángel de alas muy grandes y blancas cubierto por una potente luz blanca. Ella se lo miró alucinada preguntándose si a caso ya había saltado y ese ángel estaba allí para llevársela a donde fuera que iban los muertos mientras poco a poco ese ser alado iba acercándose más a ella hasta que lo vio sonreír.

—¿¡PEDRO!? —le preguntó sin comprenderlo—.¿Estás…? —pero no supo qué preguntarle porque infinidad de interrogantes se desbocaron en su mente: ¿estás muerto? ¿vuelas? ¿tienes alas? ¿¡QUÉ!?

—Tranquila, estoy perfectamente. Ahora salta por la ventana.

—¡No puedes llevártela! —le gritó Juliet agarrando a Claudia por los brazos—.Debe morir —pero ella no le prestó atención y se limitó a contemplar ensimismada a ese ángel con la cara de su mejor amigo que le tendía los brazos para que saltara.

—Dios mío —susurró Claudia al ser consciente de la locura que estaba a punto de hacer—.Ojalá seas real y esto no sea un sueño.

—No es un sueño —le susurró el ángel, y así Claudia empujó con fuerza a Juliet y saltó a través de la ventana con una única esperanza en mente, su vida.

—¡Noooo! —gritó Juliet saltando detrás de ella para que se cayera al vacío, pero Claudia siguió rezando con convicción para que su vida no se le escapara de esa forma.

—Te tengo —le dijo Pedro sujetándola en un firme abrazo, y así batió sus alas rápidamente para partir—.¡Vámonos! —gritó Pedro a sus compañeros mientras a Claudia el abrazo de Pedro le pareció el mejor abrazo del mundo. Nunca antes se había sentido más segura y reconfortada en los brazos de alguien y así, se dejó llevar por él.

En su huida, Claudia se encontró con los ojos fijos de Aarón que no dejaron de contemplarla a través de uno de los ventanales de ese enorme castillo. Ella no pudo apartar los ojos de esa bestia hasta que se asustó cuando éste rompió el cristal de la ventana con su puño y los ojos se le inyectaron de odio.

—¡CLAUDIA ME PERTENECE! —gritó Aarón a través del cielo, y ese fue un grito tan aterrado que ella empezó a sollozar.

La mano de Aarón no dejó de sangrarle por culpa de los cristales mientras contemplaba a Pedro con tanta fiereza, que Claudia estaba prácticamente segura que iba a matarlo algún día. Definitivamente Aarón estaba loco, ¡loco del todo! Y lo que Claudia entendió entonces es que Juliet tenía razón, si ella se hubiera quedado allí con ellos, su vida hubiera sido mucho peor.

Adiós, Claudia. Adiós, adiós, adiós… Claudia abrió los ojos atemorizada por esas palabras y la cegó una intensa luz blanca, entonces intentó buscar a alguien en la sala y pegó un pequeño salto cuando notó que le tocaban el brazo.

—¡Claudia! —la llamó una voz femenina muy familiar.

—¿Isa? —le preguntó incorporándose de la cama.

—Hola, ¿cómo te encuentras?

—Mejor, no sabes el sueño tan raro que…—pero enmudeció cuando se dio cuenta que se encontraba en una cama que no era la suya de una extraña habitación.

Era una pequeña habitación completamente blanca con una cama en el centro y el techo era completamente cristal. Desde él, podía observarse el cielo, un cielo azul y claro de un día soleado.

—Pedro te ha traído —le dijo su amiga—.Has dormido desde entonces.

—¿Pedro? —preguntó confusa—.Sabes que él…

—¿Tienes alas? —le preguntó con una sonrisa, y Claudia abrió mucho los ojos y se tapó la boca para no gritar.

—Tú también las tienes, ¿verdad? —y su amiga asintió.

—¡Madre mía! —se lamentó tapándose la cara—¡Esto es demasiado!

—Tranquila —la intentó consolar Isa abrazándola—.Ahora estás a salvo.

—Pero ¿qué es todo esto? ¡Explícamelo! —le exigió, y en ese momento apareció Pedro en la puerta de la habitación.

—Somos una especie de ángeles —le contestó desde la puerta—.En realidad somos ángeles porque tenemos alas, pero no somos exactamente cómo te imaginas.

—Ahora mismo no me imagino nada —le contestó ella.

—Somos seres especiales con una misión en la vida.

—¿Una misión?

—Sí, pertenecemos a la Guardia del Orden y velamos para que se conserve el orden.

—¿El orden de qué? —y sus dos amigos se rieron.

—El orden de la vida, Claudia. Intentamos mantener la balanza lo más equilibrada posible.

—¿Entonces sois vosotros los buenos?

—No lo sé, ¿tenemos cara de buenos? —y ella se los miró por primera vez sin reconocerlos.

—No os conozco de nada.

—No, Claudia. Somos los mismos de siempre, tus amigos. Nos enviaron a la tierra desde que naciste para vigilarte.

—¿A mí? —Isa asintió y le respondió.

—Tu abuela también estuvo atada a los lazos del destino así que nos imaginamos que en tu familia aparecerían otras.

—¿Y mi madre?

—Tu madre no posee un lazo tan fuerte, pero el tuyo es tan rojo e intenso.

—No lo entiendo —y esta vez le contestó Pedro algo molesto.

—Aarón quería utilizarte para obtener poder, solo contigo puede llegar a ser el dueño del destino.

—¿Y eso es malo?

—Sería el caos, Claudia. Ezequiel es el dueño de los soñadores y si su hijo llegara a controlar el destino podría causar mucha destrucción.

—Pedro —lo interrumpió Isa—.Creo que no va a poder comprendernos si no se lo explicamos correctamente —su amiga, que iba vestida de blanco, se levantó de la cama y empezó a explicárselo—.Aarón al igual que el resto de su especie son llamados soñadores porque se alimentan de los últimos sueños de las personas. Acuden al mundo de los humanos para llevarse el último aliento de las personas cuando están a punto de fallecer y así, junto a su muerte, desaparecen todas sus esperanzas y anhelos. Por eso los llamamos soñadores porque guardan dentro de ellos mismos todos los sueños del mundo.

—¡Qué horror! Es espantoso.

—No —le contestó Pedro—.Su labor es algo desagradable pero necesaria, en toda cadena donde hay vida existe la muerte, el problema está cuando uno de ellos acumula demasiado poder.

—Cuando obtiene el destino, ¿te refieres?

—Sí, mediante tu lazo rojo Aarón ha podido recibir mucha energía pero no la suficiente. Ahora pretende absorber mucho más de ti para ser proclamado el dueño del destino.

—¿Y por qué no hicisteis nada? ¿¡Por qué diablos no me lo contasteis!? —les reprochó—¡Si sabias que ocurriría esto ni loca me hubiera ido con él! —y Pedro apartó la vista y apretó la mandíbula.

—Lo sabíamos, pero él no había hecho nada incorrecto. Es cierto que los soñadores utilizan los lazos para recargarse —le contestó Isa suspirando—.Normalmente lo hacen por la noche sin que los humanos se den cuenta y por supuesto, sus lazos son generalmente blancos. Pero eso a los de arriba no les pareció prueba suficiente, quisieron darle un voto de confianza a Aarón y creyeron que no haría nada más.

—¿A qué te refieres?

—Si Aarón solo te hubiera utilizado para restaurarse aunque el lazo fuera rojo, si te hubiera dejado después de eso no hubiera existido ningún problema. Todo hubiera seguido igual, su curso natural con su equilibrio.

—¡Él me lo dijo! —exclamó Claudia—.Dejó de conectarse a mí porque el poder lo estaba devorando.

—Ya veo —suspiró Isa—.Supongo que al final no tuvo suficiente fuerza de voluntad y terminó cegado por el destino.

—Supongo que no la tuvo —contestó Claudia mientras recordaba la mirada de superioridad y desprecio de Aarón cuando se había atado a ella en el salón del águila.

—A Pedro le costó muchísimo obtener la autorización para poder traerte aquí.

—Pero llegué tarde —se lamentó su amigo de la infancia.

—¿Llevarme?

—La noche que te escapaste con Aarón yo fui a buscarte —se explicó Pedro—.Los de arriba acababan de comprender la verdadera amenaza que suponía Aarón pero como siempre, él se me adelantó.

—Al principio —prosiguió Isa—.Estuve algo más tranquila porque sabía que Aarón no podría llevarte en contra de tu voluntad, necesita tu permiso para llevarte a su mundo pero después…

—¡Después yo como una idiota decidí seguirlo!

—Te engañó —le dijo Isa agarrándola de la mano—.Estabas enamorada.

—¡Si lo hubiera sabido! —se lamentó ella.

—Créeme que ojalá te lo hubiéramos podido contar, pero sabíamos que si lo hacíamos nos hubieran apartado de ti. Intentamos protegerte lo mejor que supimos aunque al final tuviste que sufrir mucho —le dijo Isa.

—En realidad fue todo por mi culpa, me creí cada una de sus mentiras.

—Claudia —se acercó Pedro a su cama—.Escondértelo ha sido lo peor que me ha ocurrido en la vida y créeme que he vivido bastante. Pero nosotros solo podemos interferir cuando existe un peligro real y para aquél entonces, no teníamos pruebas de nada. Sin una orden yo no podía —y Pedro se cubrió el rostro lamentándose.

—Ya lo sé, os hubieran apartado de mi —intentó consolarlo Claudia colocándole una mano en la espalda.

—Creo que Isa a intentado suavizártelo, aunque tengamos alas no somos todo bondad y sonrisas. En realidad si hubiéramos actuado sin una autorización nos hubieran ejecutado.

—Pedro lo ha pasado muy mal —le explicó Isa—.Estuvo constantemente amenazado por nuestro superior porque no dejó de mostrarse en contra de Aarón.

—Entonces me alegro que no hubierais cometido una locura —les dijo Claudia con una sonrisa mientras los abrazaba—.Os he echado tanto de menos.

—Nosotros también.

—Una última pregunta, ¿cuando os referís al de arriba queréis decir…?

—Eso es algo que no podemos contarte —le respondió Pedro—.La fe nace en el corazón, hay que creer para que exista. Si crees en el de arriba —le dijo señalando el cielo—.Existirá —pero Claudia se lo miró un poco decepcionada porque había evadido su pregunta.

—Me parece alucinante que tengáis alas. ¿Todos aquí las tienen?

—Los de la orden sí —le contestó Isa—.Pero basta ya de preguntas, levántate que tenemos que ir a comer.

—¿También coméis? —les preguntó ella saliendo por la puerta.

—¡Dios mío! —se lamentó Pedro—.Deja ya de interrogarnos y haz el favor de mirarnos como si fuéramos seres normales o sino el resto de la orden se sentirá insultada.

—Pero es que no sois normales.

—¡Claudia! —y Pedro se colocó delante de ella—.No tuviste el más mínimo problema en aceptar a Aarón, pero ahora a nosotros nos haces sentir como si fuéramos bichos raros.

—En eso tiene razón —le dijo Isa con una sonrisa.

—Es cierto, pero que sepáis que vosotros moláis más. Tenéis alas y eso es infinitamente mejor.

—Pequeña, por ese comentario voy a perdonarte por esta vez —le contestó su amigo llevándosela hacia el comedor—.Pero pobre de ti que se repita —y Claudia se rio de nuevo como hacía muchísimos días no había hecho. Se alegraba tanto que sus amigos la hubieran rescatado, porque cada vez tenía más claro que su lugar estaba allí con ellos, rodeada de su amor y felicidad, y no en ese castillo encerrada donde lo único que había hecho había sido llorar día tras día.

En el castillo de los soñadores, Aarón no dejaba de pasearse nervioso por el salón de hielo ante la impasible y atenta mirada de un águila muda.

—¡Odio a Pedro! —gritó con furia.

—Tranquilo hijo, nos ocuparemos de él. No podemos prescindir de Claudia ahora que sabemos…

—¡LO SÉ! —le gritó Aarón nervioso—.Ahora que el destino se ha revelado necesito tenerla —le contestó con frialdad sintiendo que le faltaba algo.

—Me pregunto cómo logró Pedro llegar tan rápido.

—Porque lo sabe.

—¿Cómo? —le preguntó Ezequiel.

—¡Lo sabía! Me estaba esperando —y su padre se quedó callado—.Juro que voy a matarlo, ¡lo mataré! ¿Cómo he podido estar tan ciego?

—¿Conocía nuestro plan? —le preguntó Casandra levantándose del trono.

—Lo sospechaba. Desde el principio no se ha fiado de mí —le contestó recordando el día en que Pedro y él habían discutido fuertemente en el parque antes que Claudia los encontrase.

—Señor, pero Juliet no tiene la culpa —protestó Marcus.

—¿¡Y TÚ OSAS DECIRME ESO!? —estalló Aarón empujándolo para que se arrodillara—¿Qué crees que hubiera ocurrido si no hubiera llegado Pedro? ¡Juliet iba a tirar a Claudia por la ventana!

—Hijo —se preocupó su madre viéndolo tan alterado.

—No, madre. Juliet debe morir hoy y espero encontrarme con su cabeza colgada de mi puerta esta misma noche —sentenció Aarón—.Y por tu propio bien, Marcus, te aconsejo que encuentres pronto a Claudia.

—Voy a recuperarla, señor, se lo prometo —le contestó su guerrero con la vista pegada en el suelo.

—Más te vale cumplir tu palabra, recuerda que pronto voy a ser el dueño del destino —y Aarón lo fulminó con una sonrisa malvada.

—Lo siento, señor —intentó disculparse Marcus mientras se iba para ejecutar a su compañera Juliet. ¡Menuda necia había sido Juliet! Se lamentó Marcus.

Juliet había sido una gran guerrera aunque demasiado idealista en el fondo. Por supuesto, Marcus comprendía perfectamente porqué había intentado que Claudia se suicidara. Los soñadores no podían matar a los humanos por mucho que quisieran y por eso, la había llevado a ese gran ventanal para que saltara. Juliet había esperado así liberar a su reino del mal que los estaba acechando, pero lo que había pasado por alto su compañera de armas era que resultaba imposible ir contra el destino. Muy pronto ese hombre de temperamento imparable, mirada fiera y obsesionado con Claudia sería el dueño de todo, así que más le valía a Marcus terminar con éxito su misión y no cabrearlo demasiado si no quería terminar como su compañera.

—Relájate, cariño —le susurró Casandra colocándole la venda a Aarón en su mano herida—.Vamos a traerte a esa mocosa de nuevo a tu lado.

—Claro que va a regresar conmigo, mamá —le contestó apartándola—.Y no vuelvas a llamarla mocosa —y los ojos de Aarón se encendieron como el fuego mientras escapaba de ese salón que lo estaba ahogando.

—¿Crees que estará bien, cariño? —le preguntó Casandra a su marido.

—Es el destino —le contestó Ezequiel—.Si el destino así lo desea, que así sea.

Porque el lazo más puro del destino se había revelado al fin y había demostrado que el único lugar posible para Claudia era estar con Aarón. Jamás nadie podría interferir en una unión tan perfecta y predestinada porque su unión era así, la unión a través de un lazo rojo, brillante e irrompible.

Ese Pedro solo representaría un contratiempo desafortunado para su plan, un plan que terminaría con éxito. Aarón había perdido ya demasiados en ello por eso, no dejaría que un don nadie lo pisoteara. Le demostraría a ese pajarraco que él era la mejor y única opción en el mundo y que Claudia, solo podría vivir con él.

Próximo capítulo…

Claudia descubrirá mucho más sobre la Guardia del Orden y su familia. ¿Será capaz Aarón de dar con ella? Esto y mucho más el próximo domingo, ¡no te lo pierda!

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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