Los lazos del destino: capítulo 14 – Un tesoro amargo

¡Buenos días a todos! ¿Preparados para la entrada de hoy? Si aún no te has leído el capítulo anterior ¡deja de leer ahora mismo! (Si lo haces será bajo tu responsabilidad y puede fastidiarte la lectura).

Supongo que os habréis dado cuenta que he cambiado la imagen de portada, sencillamente me apetecía plasmar todos los cambios que están sucediendo y “actualizarla” (por así decirlo) un poquito. Si estáis tan ansiosos como yo (ojalá que sí, eso significaría que la historia os tiene enganchados y no hay mayor felicidad para el que escribe), no os haré esperar más ¡Aarón está a punto de aparecer en escena!

Muchos abrazos a todos y recordad que podéis saludarme en los comentarios, no cuesta nada ni hay que registrarse, es 100% gratuito y a mí me da una dosis de felicidad extra! Gracias 😳 .


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 14: Un tesoro amargo.

Despiadado, inhumano, atroz y en definitiva, espeluznante. Así es como estaba sintiendo Claudia cada uno de esos segundos que habían transcurrido desde que Marcus había anunciado la entrada de Aarón. Todos los presentes, llevaban varios minutos contemplando la monumental puerta abierta pero allí, no había entrado nadie. A Claudia, el tiempo empezó a calársele por dentro, como diminutas agujas punzantes penetrándole lentamente la piel. Una tras otra, millones de agujas la destrozaron por dentro hasta que lo vio aparecer en el umbral de la puerta y una única aguja, larga y fina como un cabello, terminó por atravesarle el corazón.

—¡Aarón! —gritó ella sin voz porque se sentía en pánico, y Claudia se quedó expectante cargada de angustia.

Él entró en ese gran salón aparentemente relajado, se notaba que se sentía como en casa en ese lugar aunque de hecho, ese se suponía que era su hogar. Aarón evitó mirar a Claudia, y a ella le pareció distinto porque lucía mucho más formal que de costumbre. Iba vestido con un traje pantalón blanco decorado con el mismo hilo rojo que parecía que llevaba toda su familia. Ni zapatillas, camisetas, bermudas ni sudaderas. Nada de aquella vestimenta sofisticada le recordó al Aarón de su habitación.

—¡Hijo! ¿Dónde diablos estabas? —le preguntó Ezequiel preocupado, pero él no le contestó y fue directamente a saludar a Casandra.

—Madre —le dijo dándole dos besos en su mejilla mientras ella lo abrazaba con afecto. Sin duda, aunque esa familia a Claudia le parecía terrorífica se notaba que se querían a su manera—.¿Para qué me querías? —le preguntó Aarón a su padre en un tono tan seco y poco amigable que a Claudia la sorprendió.

—Angélica y Estefan lo han intentado —y Aarón sonrió malvadamente bajo las palabras de su padre—.Nada.

—Os avisé —concluyó él cruzando sus brazos, y por primera vez Claudia detectó un movimiento usual “muy suyo”. Normalmente siempre cruzaba sus brazos cuando estaba molesto o irritado, justo como estaba haciendo en ese momento.

—Aarón —los interrumpió Claudia sin poder contenerse más—.¿Qué está pasando? ¿De qué va esto? —pero él no se la miró y le dio la espalda—¡AARÓN! —gritó lo más fuerte que pudo para que le contestara.

—¡Humana! —estalló Ezequiel—.Cállate si quieres conservar tus cuerdas vocales —y a ella le quedó claro que esa era una amenaza muy real—.Ahora muéstrame el destino, hijo.

—Mmm…—contestó el hijo insolentemente a su padre mientras se acariciaba su barbilla. Sin duda Aarón era un idiota, ¿cómo podía provocar de semejante forma a su padre? Por lo poco que ella lo conocía, Ezequiel era un hombre de temperamento pasional y estaba segura que no aceptaría los caprichos de un niño.

—Aarón, haz caso a tu padre —le suplicó Casandra, y entonces él suspiró y aceptó hacerlo.

—De acuerdo, supongo que cuanto antes lo haga mejor —y Aarón lazó su lazo como siempre había hecho atrapando a Claudia.

Esta vez, la cinta continuó siendo del mismo tono rojo y brillantes, y Claudia la contempló algo más serena. Esa cinta era una prueba viviente de su pasado, de todo lo que habían vivido juntos y así, esperó pacientemente para que ese mal entendido se aclarara y ese chico atado a ella volviera en sí.

Pero desde el momento en que se mostró el lazo rojo, la sala enmudeció y todos exclamaron sorprendidos mientras ella no sabía qué estaba ocurriendo.

—¡Impresionante!

—¡Brillante!

—¡La ha encontrado!

Miles de vocecitas gritaron alrededor de Claudia pero ella solo fue capaz de escuchar los pasos de Aarón que se acercaban lentamente a ella.

—¿Lo veis? —gritó en medio la sala—.¡CLAUDIA ME PERTENECE! —y a través de esas paredes de cristal y hielo, su voz se transformó en un eco profundo acompañado de aplausos.

Claudia levantó su vista atemorizada sin entender el motivo de su alegría pero ese chico de ojos dorados no le sonrió, solo la miró con frialdad como si ella no fuera su Claudia.

—¡Arrodíllate! —le gritó sin vacilar Aarón y ella abrió muchos los ojos porque no podía aguantar sus ganas desesperadas de llorar. ¿Por qué? ¿Por qué demonios Aarón le estaba haciendo eso? Claudia no lo entendía y tampoco quería hacerlo—.¡Te he dicho que te arrodilles! —le gritó con rabia al ver que Claudia no le estaba haciendo caso.

Aarón tiró del lazo del destino con tanta fuerza, que la hizo caer al suelo de bruces. Claudia notó al caerse, que se había dado un fuerte golpe en su mandíbula y que su barbilla empezaba a sangrarle. Entonces, como si sus propias emociones se hubieran abierto en canal, empezó a llorar desbocada. Intentó refrenar su llanto sin éxito mientras intentaba taparse la barbilla ensangrentada. El resto de asistentes se limitaron a reírse del lamentable espectáculo y a vitorear cada uno de los movimientos de Aarón. Parecía que cuando peor se encontraba ella, más felices se sentían allí dentro todos.

—¡Hijo, esto es fantástico! Eres el poseedor del destino—y Aarón le sonrió satisfecho ignorando a la herida Claudia.

¡No lo entiendo! No dejaba de repetirse Claudia acurrucada en el suelo porque ni la barbilla abierta ni el golpe en las rodillas, habían podido amortizar el gran batacazo que acababa de experimentar en su alma. Allí estaba Aarón, como siempre lo había conocido. ¡Indudablemente era él! Pero ya no la miraba a ella, y la única vez que lo había hecho, la había mirado con repulsión.

¡A la mierda, Claudia! La animó su ego mientras se limpiaba sus lágrimas. Claudia levantó su rostro con orgullo como si fuera una diosa porque ella no iba a acabar así, ¡no cuando lo había arriesgado todo por él!

—¿¡Quién demonio eres!? —le preguntó con fiereza, y Claudia se levantó del suelo ensangrentado para afrontarlo—.¿Quién te crees que eres? —le preguntó con los ojos inyectados de rabia.

Aarón la miró con el rostro serio y le sonrió con maldad, parecía que disfrutaba con el sufrimiento ajena de la misma forma que lo haría una bestia. A Claudia esa actitud tan frívola la puso enferma, porque parecía que ese tipo no tuviera aprecio por nadie. Entonces, pensó que ese chico parecía un completo narcisista y que no se parecía en lo más mínimo al Aarón que ella había conocido. Su chico siempre había sido atento, cariñoso y afectuoso, no esa clase de salvaje que ahora disfrutaba ridiculizándola.

—¿Y tú? —le preguntó riéndose con una sonora carcajada—.¿Quién te crees que eres, Claudia? —y su nombre en los labios de él la llenó de dolor. Como si literalmente Aarón acabase de arrancarle el poco corazón que le quedaba en su sitio, se sintió tan herida que empezó a sangrar por dentro—.Eres tan torpe —le susurró acercándose a ella y levantándole la barbilla que no dejaba de sangrarle—.Y tan estúpida como tu abuela —le escupió observando con asco la herida.

—¿¡Mi abuela!? —exclamó ella—¿Qué sabes tú de ella?

—Por favor —suspiró Aarón agarrándole el cuello con su mano.

Ella sintió su mano tan fría que empezaron a derramársele las lágrimas de los ojos por pura pena. Sentía lástima por ese ser sin corazón y tan desalmado. No había duda que ese necio que se encontraba enfrente de ella no sabía nada del amor. ¡No lo sabía!

—Cállate un poco, tengo un dolor de cabeza horrible por tu culpa —y Aarón se acarició sus sienes dramáticamente—.¡Quitadla de mi vista! No me apetece verla más.

—Eres tan patético —le susurró ella entre dientes sin poder asimilarlo.

Marcus apareció junto a su compañera como una flecha para agarrar a Claudia y devolverla a su engañosa celda con forma de salón. Al recordarlo, sonrió amargamente porque esa celda era justamente como Aarón, tan bella y perfecta por fuera pero que en el fondo, escondía un monstruo detestable. Pero Claudia no se daría por vencida, no señor, y lucharía al menos por su dignidad.

—¡Quizá te creas muy superior, pero el mundo seguirá existiendo sin ti! —le gritó a todo pulmón antes que la sacaran de allí.

—¡JAMÁS! —le contestó él cargado de ira—Yo soy el elegido, querida —y Claudia sonrió porque acababa de descubrir su punto débil.

—Estás equivocado, Aarón —y su nombre le pareció veneno—.Un ser como tú no puede ser el elegido y lo sabes —Aarón se la miró trastornado, y aunque quería mostrarse orgulloso se sentía visiblemente afectado. Claudia se tranquilizó un poco al detectar su debilidad, porque aunque solo fuera en una parte muy minúscula, parecía que Aarón no había perdido del todo su corazón.

—¡Tonterías! —gritó su padre indignado—.Mi hijo es el señor del lazo del destino.

—¡El destino implica a los demás! —gritó Claudia a través del pasillo de ese salón—¡Y jamás me rendiré! ¿ME ESCUCHÁIS? No os dejaré saliros con la vuestra. ¡MONSTRUOS! —gritó sin aliento, y Marcus la empujó de una patada para encerrarla de nuevo en su celda.

Claudia apenas logró conciliar el sueño, desde que la habían encerrado allí dentro de nuevo y le habían puesto unos puntos en su barbilla, nada había vuelto a tener sentido en su mundo.

Se sentía tan confundida y asqueada, que cada vez que intentaba cerrar los ojos para recuperar un poco de paz mental, las imágenes de Aarón del pasado no dejaban de taladrarla y destrozada. No podía ser que ese chico hubiera desaparecido de la noche a la mañana, ¡entre ellos habían ocurrido tantas cosas! No podía ser que ahora Aarón la mirase como a una extraña y como si fuera un ser insignificante. En la sala del águila la había tratado como si fuera un escombro o un perro para ser apaleado por su malvado amo. Definitivamente no podía creérselo, no podía creerse que hubiera estado tan equivocada.

Ahora se encontraba encerrada entre unos muros que no conocía, con unas personas tan extrañas, que no tenía muy claro qué querían hacer con ella. Estaba claro que la necesitaban con vida, pero por la forma en que la estaban tratando también sabía que poco les importaba en qué estado estuviera. Ahora se encontraba tan alejada de su propia vida, sin libertad ni opciones, y entonces empezó a llorar porque se dio cuenta, que también le habían arrebatado a su primer y único amor.

Porque aunque Aarón no la hubiera querido realmente, ella lo había hecho incondicionalmente, y aunque lo suyo solo hubiera sido un amor unilateral y ficticio, había existido en ella. ¿Y qué mas daba si él ahora era un monstruo? Al menos ella había querido a un Aarón auténtico en su mundo, uno que había perdido nada más poner un pie en ese lamentable lugar. Lamentaba profundamente que al final su historia hubiera resultado imposible, por mucho que ella hubiera renunciado a todo para estar con él.

Cuando Claudia empezó a caer en un estado de semiinconsciencia, la puerta del gran salón se abrió con un fuerte portazo mientras una voz femenina gritaba.

—¡Señorita, está prohibido verla!

—¡Cállate, solo será un segundo! —y la puerta volvió a cerrarse aunque una chica muy delgada y alta se quedó dentro. Llevaba un vestido negro de manga corta que le llegaba hasta las rodillas con unas botas claras. Claudia se la miró asustada desde el suelo y se puso en pie.

—Me advirtieron que tenías unos ojos preciosos —le dijo la delgada mujer mientras se acercaba a ella—.Estaba deseando vértelos —y la chica le agarró el rostro con fuerza mientras le hacía un poco de daño al rozar sus dedos con los puntos de la barbilla. Ella pareció no darse cuenta y la siguió contemplando con sus marrones ojos, la chica parecía joven, de la misma edad que Claudia y Aarón—.Son tan verdes —contestó algo molesta mientras la empujaba contra la pared—.Pero eres poca cosa, solo tus ojos son interesantes. ¿Crees que podría hacerme unos pendientes con ellos? —le preguntó mientras se acariciaba uno de sus grandes pendientes que le colgaba de su oreja. Claudia se la miró con los ojos abiertos como platos y asustada porque estaba prácticamente segura que si a esa mujer se le antojaba podría arrancarle sus ojos con sus propias manos—.¡No me mires así, mujer! —le contestó riéndose, y su sonrisa le recordó la fría y escalofriante sonrisa de Aarón—.No voy a hacerte nada, aunque cuando te mueras de poco te van a servir, ¿no?

—¿¡Cómo!? —le preguntó Claudia atragantándose.

—No te pongas nerviosa, es obvio que morirás antes que yo.

—¿Vas a matarme? —le preguntó aterrada por su respuesta, pero la chica dio un paso hacia atrás confundida.

—¿Yo? ¡No! —exclamó indignada—.Eres humana, es obvio que morirás antes —y entonces lanzó una cinta que se enredó en la muñeca de Claudia. Esta vez el lazo también fue blanco, completamente claro como si emanara luz y sin rastro alguno de color—Nada, ni un mísero rosado —suspiró la dueña de la cinta agarrándola decepcionada.

—¿Tú también eres? —le preguntó Claudia sin entenderla.

—¿Soy qué? —le preguntó la chica acorralándola contra la pared. Entonces ella colocó el rostro muy cerca del suyo y le preguntó—.¿Sabes qué soy, Claudia? —el aliento cálido de esa misteriosa chica le bañó el rostro, pero ella no pudo contestarle que no tenía ni la más remota idea porque la puerta del salón se abrió de repente.

—¡JULIET!

—Joder, Estefan. ¿Es que no podéis dejarme en paz? —le preguntó Juliet cabreada sin apartarse de Claudia.

—Vámonos, sabes que no puedes estar aquí —le insistió el hermano de Aarón desde la puerta.

—Un momento, déjame despedirme de ella —y entonces Juliet se acercó mucho a Claudia y le susurró—.Si quieres escapar de aquí, yo puedo ayudarte —automáticamente Claudia se tensó y le agarró la muñeca desesperada. Claro que quería salir de allí, ¡lo necesitaba más que nunca!—.Buena chica, esta noche vendré a buscarte, estate preparada.

—¿Qué diablos hacéis? ¡Juliet! —le insistió Estefan acercándose a ellas.

—Pesado, ya voy—y Juliet le ofreció un sutil beso en los labios a Claudia antes de irse—.Recuerda nuestra promesa.

Esos dos se marcharon del gran salón dejándola sola. Por supuesto que Claudia recordaría la promesa de Juliet sellada con un beso, la recordaría porque era en lo único en lo que podía pensar cuando se lo habían arrebatado todo. ¡Todo!

Próximo capítulo…

Los pájaros son los animales más libres del mundo porque pueden volar, o al menos eso es lo que antes creía Claudia. Pero una vez había conocido a Aarón, un ser que podía volar a casi cualquier parte del mundo, se había dado cuenta que no importaba cuán lejos pudiese uno volar o irse, porque la libertad nunca se encontraba allí.

Entonces había comprendido que ella, dentro de esa miserable celda, sin hogar, familia ni amigos, era la más libre de todos. Claudia había sido lo suficientemente honesta como para seguir a su corazón, un corazón equivocado, estúpido y tonto, pero su corazón al fin y al cabo.

El problema estaba en las consecuencias que ahora tendría que afrontar, porque cada acto conlleva sus responsabilidades y por eso, se levantaría de ese suelo y saldría de esa condenada celda como fuera.

¡El próximo domingo Claudia deberá afrontar las consecuencias de sus actos!  😯 

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. Fátima 01/09/2016
  2. Clover Clover 01/09/2016

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