Los lazos del destino: capítulo 12 – Unas últimas palabras

¡Feliz fin de semana! ¿Cómo estáis soportando el calor los que sois de España? Mi fin de semana podría definirse como hiper-romántico porque he asistido a la boda de una amiga. Ha sido una ceremonia preciosa, con tanto encanto y ternura, ¡que ahora solo deseo escribir sobre bodas! La verdad es que me encantó compartir ese día con ellos y darme cuenta que sin duda, el amor real supera con creces al de ficción. Y después de este momento que necesitaba contaros, os dejo con el capítulo doce. En el anterior avanzamos que el tema iría de “abandonos”, a ver qué ocurre con la pobre Claudia 😛. Besitos.


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 12: Unas últimas palabras.

En un rincón inexistente para los humanos, Aarón conversaba con un ser sin rostro. En realidad, desconocía si realmente poseía rostro o no porque nadie en toda su larga existencia, había podido corroborarlo. Ese ser sin rostro que todos llamaban Maestro, lo había mandado llamar con urgencia para repetirle lo que ya conocía.

—No te queda tiempo, Aarón —le recriminó la voz masculina y autoritaria a través de la gran sala oscura.

—Lo sé, Maestro —le contestó algo avergonzado.

—¡Tenemos que irnos ya! —estalló furioso, y Aarón necesitó armarse de coraje para hacerle una última solicitud.

—Déjeme un día más para hablar con ella, por favor —pero su súplica no recibió respuesta—.Un día más, se lo prometo —le pidió con el corazón encogido.

—Está bien, te doy un día más —contestó al final la voz sin rostro—.Pero recuerda que nos estás poniendo en peligro.

—Gracias, Maestro —contestó él aliviado y triste consciente que ahora no podría volver atrás. El destino ya estaba decidido entre ambos, y le tocaría terminar lo que había empezado en contra de su propia voluntad.

—Vete rápido, no quiero pasar ni un minuto más en este mundo —y Aarón corrió lo más rápido que pudo para encontrarse de nuevo con ella. Solo le quedaba un día, unas pocas horas para ser exactos, eso sin duda era muy poco tiempo para estar al lado de Claudia… muy poco.

Claudia acababa de salir de la ducha cuando le pareció escuchar que alguien se estaba deslizando por la ventana de su habitación. Eso es imposible, pensó mirando el reloj que apenas marcaba las cinco de la tarde. Se secó lo más rápido que pudo el cuerpo, y se enfundó en su cómoda ropa para dirigirse hacia su habitación.

—¿¡Tú!? —exclamó nada más verlo tumbado en su cama.

—Cualquiera diría que acabas de ver un fantasma —y Claudia cerró la puerta con cuidado.

—Nunca estás aquí tan temprano.

—Siempre hay una primera vez para todo.

—Para todo no —le dijo poco convencida—.¿Qué ocurre?

—Nada —le contestó Aarón cruzando sus brazos para colocárselos a modo de almohada detrás de su cabeza.

—No te creo —le contestó.

—Ven aquí, Claudia.

—¿Para qué? —y Aarón se rio muy fuerte.

—Siempre tan preguntona, si vienes lo descubrirás —y Claudia se acercó despacio hacia donde se encontraba él para descubrir qué quería mientras se lo miraba con recelo—.Hueles tan bien —le susurró Aarón tirando de ella para que se tumbara.

Claudia se acaba de duchar con un champú que olía a melocotón así que le gustó descubrir que a él también le gustaba esa fragancia. Ella se colocó a su lado tal como le había pedido y él la abrazó muy fuerte. En un principio a Claudia no la sorprendió su abrazo, pero a medida que iba siendo más exigente y fuerte, se alarmó.

—Me voy a ahogar—le dijo ella.

—Lo siento —le susurró aflojando un poco el abrazo, y Aarón se quedó quieto en esa posición sin decirle nada más.

Claudia también se mantuvo callada ante su anómalo comportamiento mientras escuchaba su propia respiración agitada y su corazón desbocado. En ese momento no se atrevió a preguntarle nada porque sentía que con su inexplicable silencio él le estaba confesando una verdad que no se atrevía a decirle con palabras. Y aunque Claudia no logró comprenderla ni descubrirla, intentó encontrarle algo de sentido a todo ese sin sentido.

—Estás raro —murmuró ella después de muchos minutos incómodos.

—Ya te lo he dicho, no me ocurre nada.

—¡Ja! Eso no se lo cree nadie —le contestó algo molesta. Era obvio que le estaba pasando algo y que había decidido acudir a ella para calmarse. Pero ahora a Claudia lo que más le molestaba era que Aarón no confiara lo suficiente en ella como para contárselo—.Te ocurre algo, no puedes mentirme —y él la empujó incómodo para que se apartara.

—¡Cree lo que te de la gana! —le contestó con rabia contenida.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó ella sin amedrentarse mientras le acariciaba el rostro con una mano. Su expresión parecía seria y fiera, pero sus ojos, esos ojos color avellanada, parecían más tristes que nunca.

Una alarma se activó en el corazón de Claudia y empezó a temer que Aarón estuviera en serios problemas. ¿Qué te pasa? ¡Cuéntamelo! No dejaba de gritarle su cabeza, pero ni en ese momento él confió lo suficiente en ella, y se levantó de la cama para dirigirse hacia la ventana. Claudia sabía perfectamente lo que pretendía hacer Aarón, sencillamente quería huir de sus incómodas preguntas. Sin duda ella no se lo permitiría, ¡no señor! No lo dejaría irse y lo obligaría a contestar.

—Aarón —lo llamó cogiéndolo con fuerza del brazo para que la mirase—.Cuéntamelo, no te dejaré salir de esta habitación hasta que lo hagas —y él la miró al rostro mientras suspiraba. Después apartó la vista unos segundos como si estuviera sopesando la respuesta, y volvió a mirarla.

—Está bien —se rindió, y se la llevó de la mano para sentarla en la cama—.Me tengo que ir —le dijo contemplando el suelo.

—¿Ahora? Pero si acabas de llegar.

—No me entiendes —le contestó con una triste sonrisa—.Me tengo que ir para siempre —y esa pequeña palabra rompió a Claudia por dentro. “Siempre” era un término que asustaba y más, si eso significaba dejar de ver a Aarón para el resto de su vida.

—¿Cuándo?

—Hoy.

—Hoy —repitió ella como si no terminase de creérselo —Eso es… —pero la vez se le cortó, quería decir que eso era poco tiempo pero en realidad ni un año, ni cien, serían tiempo suficiente para estar con él.

—Lo sé, todo se ha complicado.

—¿Para mal?

—Sin duda tiene que ser algo muy malo para tener que dejarte —le contestó acariciándole la mano.

—Quédate —le suplicó ella con los ojos llorosos.

—No puedo —le dijo Aarón con una voz quebradiza mientras ella contemplaba su mano que se encontraba acariciando la suya.

—¡No! —gritó para sí misma—.No puedes irte —y empezó a llorar desconsoladamente mientras él la abrazaba.

—Perdóname, Claudia —le suplicó Aarón de rodillas para que la mirara, pero ella no vio nada, solo un futuro negro e incierto sin lo que más le importaba.

Claudia no dejó de llorar desesperada hasta que notó los labios húmedos de Aarón contra los suyos. Su beso en su rostro marcado por las lágrimas le pareció un bálsamo aunque rápidamente la pena la inundó de nuevo cuando se dio cuenta que pronto lo perdería para siempre. Eres tan astuto, pensó mientras la desarmaba con su beso, su lengua y sus manos. Todo él desprendía ese algo del que ella era cada vez más dependiente y sedienta.

—Me gustas —le susurró Aarón mientras no dejaba de besarla—.Ojalá pudiera llevarte conmigo —le dijo en un último susurro antes de lanzarse a sus labios de nuevo.

Después de pasarse una tarde entre besos y llantos, la noche rápidamente les cayó encima. Claudia en ese momento había logrado detener un poco sus ganas locas de llorar, aunque el dolor seguía igual de intenso y punzante por dentro. Ella se acercó lentamente a la ventana de su habitación para observar la noche, una noche que parecía idéntica a todas pero sin lugar a dudas no lo era. Sus opciones en ese momento eran tan limitadas, que solo se le ocurrió hacer una cosa para conservarlo a su lado.

—Me iré contigo —le contestó sin apartar la vista de la ventana.

—¿¡Qué locura estás diciendo!?

—No vas a regresar nunca —le contestó ella—.Así que me iré contigo.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Lo sé.

—¡No! —le gritó él furioso—Allí afuera hay un mundo que no conoces —le contestó acercándose a ella para que comprendiera que lo que estaba diciendo era una temeraria locura.

—Pues enséñamelo —le imploró Claudia—.Quiero aprender todo lo que sabes— volvió a suplicarle, pero Aarón se mostró inflexible y no le contestó—.Juntos, tú y yo —le dijo Claudia colocando una mano en su corazón—.¿No te parecería maravilloso? —le preguntó con una sonrisa esperanzadora para que se la llevara. Aarón se limitó a agarrarle la mano que le estaba tocando el corazón de muchas formas distintas y Claudia le susurró de nuevo—.Quiero estar contigo para siempre, Aarón.

—Claudia —suspiró él incapaz de negarle nada a esos preciosísimos ojos verdes—.Me estás matando —le contestó besándola contra la ventana. Ella aprovechó para agarrarlo por la cintura y abrió su boca en una insinuante invitación.—¿Estás segura? —le preguntó Aarón sin poder apartarse de ella, y Claudia asintió con cada milímetro de su cuerpo. Aquello ya no se trataba de una cuestión de seguridad sino que se trataba de tomar decisiones, y ella acababa de apostar claramente por los dos, para que tuvieran un presente y un futuro juntos.

A Claudia le quedó claro que acababa de perder toda su cordura cuando se encontró a sí misma preparando la mochila para escapar con él.

—¿Estás lista —le preguntó Aarón lleno de dudas—.Puedes negarte si crees que…

—¡Estoy lista! —le contestó mientras se equipaba la mochila—.Llévame hacia tu hogar —le susurró Claudia abrazándolo, y ambos saltaron a través de la ventana para perderse hacia un cielo oscuro e incierto del que Claudia conocía muy poco.

A las ocho en punto de la mañana la puerta de la habitación de Claudia se abrió por última vez. Su madre, había acudido para despertarla pero en lugar de encontrarse con su perezosa hija, se encontró con una cama vacía y una hoja arrancada de una libreta. Ella la sujetó entre las manos temblorosas y no necesitó leer nada más que las primeras líneas para saber qué era. Horrorizada tiró ese papel al suelo como si le quemara.

—¡Ella no! —gritó en medio de la vacía habitación—¡Ella también no!

Porque esa era la segunda vez que se encontraba con una de esas macabras notas. La primera la había encontrado hacía años en la casa de su madre aunque eso, era algo que Claudia no sabía. ¡Claro que no! Porque ella no debería haberlo sabido nunca.

Su madre miró por la ventana con la seguridad que no volvería a verla y se preguntó porqué de todas, no se la llevaban a ella. Le habían prometido a la abuela de Claudia que con ella sería suficiente y ahora, ¡faltaban a su palabra!

—¡Sois unos monstruos! —gritó una madre desesperada por el dolor de haber perdido a su propia madre y ahora a su hija.

Ser abandonado constituye un sentimiento cruel en sí mismo, primero porque uno nunca se espera esa altísima traición por parte de un ser querido y segundo, porque ser el que se queda atrás es definitivamente espeluznante.

Una nota muerta yacía en una habitación desértica, llevaba tantas horas tirada en el suelo como si fuera basura:

Queridos padres:

Sé que esta nota no tiene sentido, me siento tan estúpida por escribirla que no sé ni por dónde empezar. Os parecerá raro de comprender pero necesito irme. Estoy enamorada de un chico y ni yo misma me explico todo lo que siento por él. Lo único que sé es que si no me voy con él estoy segura que lo perderé para siempre. Vosotros siempre me habéis explicado que en la vida hay que apostar así que esta es mi apuesta. Apuesto para ser capaz de encontrar la felicidad a su lado y empezar una nueva vida. Solo os quiero decir que os quiero, que nada de esto ha sido culpa vuestra y que tomo esta decisión completamente libre. No me busquéis ni os preocupéis por mí, os prometo que estaré bien. Recordad que vuestra hija os quiere con locura y que sois unos padres fantásticos.

Claudia.

En el próximo capítulo…

¿Preparados para descubrir el mundo de Aarón? Volaremos desde la habitación de Claudia hacia un mundo mágico. ¡No os perdáis el próximo capítulo del domingo!

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

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2 thoughts on “Los lazos del destino: capítulo 12 – Unas últimas palabras”

  1. R. Crespo dice:

    ¡Hola, Clover! Hace mucho ya que leí este capítulo, pero el internet que tenía en el móvil me iba fatal y, aunque creo recordar que escribí un ultra comentario, no conseguí enviarlo >.<

    Solo quería avisarte de que volví oficialmente a este mundillo de los blogs y que pronto me pondré más al día. Este capítulo me encantó en su día, pero tendré que leerlo de nuevo para ponerme en situación para lo que me he estado perdiendo jojo.

  2. Clover dice:

    Hola, ¡te doy una cálida bienvenida! Ya ves que he seguido hacia delante con la historia XD, espero que nos leamos muy pronto. Me ha alegrado muchísimo volver a leerte y que te acordaras del cuaderno. ¡Besos!

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