Los lazos del destino: capítulo 11 – ¿Te gusto?

¡Aloha! ¿Alguno ya está de vacaciones? El que segurísimo no va a estarlo es el cuaderno, ¡no señor! Quiero aprovechar estos días de verano y buen tiempo para publicar muchos capítulos (tengo muchas historias pendientes que quiero que estén en el blog). Pero vamos a ir por partes y al grano, hoy estoy aquí para traeros una conversación pendiente entre Claudia y Aarón. ¡Esperad! ¿Al final realmente acudió Aarón a su casa? ¿Qué pasará? Seguid leyendo para descubrirlo. ¡Que paséis un grandioso día!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 11: ¿Te gusto?

Claudia esperó estoicamente a Aarón en su cama sin un ápice de sueño. De hecho, como se sentía demasiado agitada para dormirse había intentado matar el tiempo leyendo, visitando páginas de internet o haciendo sudokus. Pero ninguna de esas actividades había logrado tranquilizarla ni un poco y al final, se había rendido a lo inevitable: que solo había un chico en toda la faz de la tierra que podía calmarla, uno, que estaba entrando por su ventana en ese preciso momento.

—Creía que a lo mejor ya estarías durmiendo.

—Pues ya ves que no, te dije que te esperaría.

—Y yo que vendría —le replicó Aarón ofendido por la poca confianza que estaba depositando en él.

—Claro —le contestó ella con un tono sarcástico que daba a entender que cuestionaba el valor de sus promesas.

—Sigues muy mosqueada, ¿no?

—A ti qué te parece —le soltó Claudia mientras se sentaba en su cama.

—¿Te animaría un paseo nocturno por la ciudad?

—¡No me tomes el pelo! —se encendió al verlo sonreír—.Esto es serio.

—Lo sé, lo sé.

—Espero que estés dispuesto a contestarme a todas mis preguntas sin bromitas. Llegas un poco tarde.

—Estaba ocupado —se excusó él sentándose en la cama a su lado.

—¿Haciendo?

—Sabes que eso no puedo decírtelo.

—No puedes decírmelo del plan que nadie más lo sabe o que mañana me enteraré que…

—Del plan que si te enteras tu vida correrá peligro, Claudia —y se lo dijo tan serio y sin atisbo de burla que Claudia decidió dejar el tema por el momento. Aún después del descubrimiento de lo que para ella constituía una traición en toda regla, algo en los ojos de Aarón le hablaban de un peligro verdadero y real. Y como Claudia no era ninguna estúpida, no cuando era su propia vida la que estaba en juego, decidió tomarse en serio sus advertencias.

—¿Por qué se lo contaste a Pedro? —le preguntó directamente.

Aarón en ese momento se levantó algo inquieto de la cama y empezó a pasear por la pequeña habitación. Parecía como si los papeles del parque se acabaran de intercambiar, y ahora el animal enjaulado y acorralado fuera él.

—¿¡Y qué podía hacer!? Me vio volando enfrente de tu habitación.

—Lo sé.

—Por eso se lo conté, cuesta mucho ser creíble con un impacto visual tan grande.

—Supongo que tienes razón —le contestó no muy segura.

—¡Por favor! —explotó él ante su indiferencia—.Eres amiga de Pedro, sabes que es un cabezota.

—No se hubiera conformado con menos —terminó afirmando.

Su amigo Pedro era curioso por naturaleza, directo y franco. Cuando algo no le encajaba no le costaba nada cuestionarlo y precisamente por eso, a ella le había sorprendido tanto que Pedro hubiera dejado el tema de Aarón de lado nada más enterarse de la verdad. Claudia se había pasado día tras día intentando desentrañar qué demonios era Aarón, qué hacia en las horas que estaba ausente y a qué se dedicaba. Intentaba leer entre líneas, entenderlo, y aunque a esas alturas hubiera descubierto más bien poco, su voluntad para encontrar la verdad estaba tan intacta como siempre. Entonces, ¿por qué Pedro había optado por dejarlo estar? Si ahora sabía que volaba, que usaba unas cosas llamados lazos del destino y que podía hacer cosas imposibles. ¿Por qué él no le había manifestado esas dudas a Claudia? En su lugar, su amigo sencillamente se había limitado a hacerle una advertencia: a veces los misterios son buenos, pero otras veces esconden cosas peores. Una advertencia horrible.

—¿En qué piensas? —le preguntó él ante su silencio.

—Que Pedro está extrañamente callado.

—Seguro que le cuesta asimilarlo, no todos son como tú.

—¿Eh?

—Tú me aceptaste con tanta facilidad —y ella se sorprendió un poco al darse cuenta que tenía razón. Había aceptado a ese extraño en su casa fácilmente, pero claro, es que Aarón era un chico fácil de aceptar.

—Solo le he contado lo de los lazos, no sabe que tú y yo.

—El resto se lo imagina perfectamente —le contestó con amargura.

—¿Tan horrible te parece estar conmigo? —le preguntó acercándose a ella.

—Sabes que no.

—A mi tampoco —le susurró empujándola contra la cama.

—¡Aarón! —chilló ella sorprendida.

—Shh…tus padres podrían oírnos —y ella intentó morderse la lengua porque tenía toda la razón.

En un segundo Aarón se subió en la cama y se colocó encima de Claudia. En esa posición la mantenía apresada en una seductora y agradable cárcel de la que ella no deseaba escapar jamás. Claudia lo observaba sin pestañear, desde su posición veía su corto cabello castaño que le contorneaba el rostro, sus ojos que le brillaban más que nunca y sus labios. ¡Dios mío! Deseó gritar, porque Aarón los había entreabierto en una silenciosa súplica.

—Eres tan bonita —le dijo mientras le lanzaba el lazo rojo del destino.

La cinta rápidamente se ató alrededor de su muñeca y Claudia jadeó. Aunque se habían unido innumerables veces a esa extraña y misterioso cinta, esta vez los gestos de él le despertaron un intenso calor. Entonces, el chico que se encontraba encima de ella le sonrió, con una sonrisa que no vaticinaba nada bueno y la agarró por sus muñecas para colocarle sus manos por encima de su cabeza.

—Me pregunto qué pasaría si… —y su frase se perdió en medio de su habitación mientras le ataba ambas muñecas con la cinta del destino.

Claudia se quedó quieta contemplándolo mientras temblaba como una hoja por la mezcla de sensaciones que estaba experimentando. Por un lado, la situación la estaba excitando, él parecía tan seguro e intenso en sus movimientos que la había dejado sin habla. Por otro, no podía negar que algo había prendido rápidamente en su propio interior por ese roce sutil porque deseaba hacer muchas más cosas en esa cama. No podía dejar de preguntarse qué ocurriría si…

—Bésame, Aarón —le exigió sin poder moverse. Y lo último que Claudia vio fue la sonrisa más perfecta del mundo acercarse a ella.

Los labios de él seguían siendo tan cálidos como de costumbre, pero a la vez se sentían intensos y poderosos. Ella aceptó todo lo que Aarón le estaba entregando en ese momento porque para Claudia ya no se trataba de algo físico, había algo en ese chico que no podía evitar, algo por lo que ella estaba dispuesta a luchar.

—Exquisita, Claudia —murmuró Aarón cerca de su oreja.

Él volvió a acercarse a ella para besarla de nuevo pero esta vez se detuvo en el último momento. Ambos labios se quedaron a pocos centímetros mientras Claudia peleaba para poder acercarse un poquito más. Aarón la seguía manteniendo atada y controlada, y ella pese a su lucha, no logró moverse, no lo suficiente.

Claudia no dejó de contemplar sus ojos color avellana que le decían tanto sin hablar. ¡Ese es mi Aarón! Estalló por dentro, porque definitivamente el mismísimo destino se lo había traído. Gracias a esos lazos lo retendría para siempre y por siempre, y no lo dejaría escapar. Pero cuando todo parecía ser perfecto o casi perfecto, esos cálidos y apasionados ojos marrones se transformaron en algo terrorífico. El color pareció desprenderse de sus pupilas y solo quedaron dos cuencas completamente blancas.

—¡Qué demonios! —jadeó Claudia asustada luchando con todas sus fuerzas para desatarse.

—Mierda —susurró Aarón tapándose los ojos y saltando de la cama para apartarse —.¡Mierda! —volvió a gritar acurrucado en una esquina dándole la espalda—.No, no, no —no dejaba de repetir en trance mientras intentaba tirar del lazo que aún mantenía atada a Claudia. Pero el lazo se quedó donde estaba y no se aflojó ni un poco de sus muñecas—.¡Esto no puede estar pasando!

—Aarón —lo llamó ella con miedo—.Me estás asustando.

—Quédate quieta, por lo que más quieras —y ella se transformó en una estatua de mármol. Claudia se quedó tumbada en su cama observando el techo mientras su pecho no dejaba de subir y bajar agitado. ¡Cálmate! Intentó controlar sus nervios, pero esa noche parecía que iban por libre y no le hacían ni el más mínimo caso.

Al cabo de unos minutos que le parecieron horas, Claudia notó como la presión de la cinta desaparecía y por el rabillo del ojo vio que la cinta volvía a su dueño.

—Ya estoy mejor —le habló por primera vez Aarón en un tono calmado.

—¿Qué te ha ocurrido?

—A mí nada. Me he conectado demasiado a ti, tendré que dejar de hacerlo.

—¿Te hace daño? Tus ojos estaban… —y su voz se apagó porque no era capaz de decirle que se había muerto de miedo por su aspecto.

—¡Qué va! Al contrario, tu energía es un chute de adrenalina, pero podría matarte —ah, cierto. Ella recordaba esa advertencia, sabía que un día Aarón dejaría de acudir a ella porque su rutina se volvería peligrosa, era solo que esperaba que no fuera tan pronto.

—Así que no volverás por aquí.

—Bueno —él hizo una pausa y dudó—.Podría pasarme por aquí, si quieres.

—¡Claro que quiero! —le contestó ella al instante. Él en ese momento suspiró y se rio como si no le hubiera ocurrido nada.

—Qué bien, creía que no querrías verme más.

—¿Estás bobo?

—Sé que te he presionado mucho, Claudia. Y que nuestra relación no es precisamente normal, no te cuento casi nada y además…

—¡Cállate! Esas cosas ya las sé. Me gustas por muchas otras razones.

—¿Te gusto? —le preguntó acercándose a la cama de nuevo.

—¿Seguro que te encuentras bien, Aarón?

—Siempre que no ponga el lazo, no hay problema. Pero estabas diciéndome que te gusto.

—¿Y qué? —le contestó molesta y avergonzada.

—Que me encantaría volver a escucharlo.

—¡Ni loca!

—Claudia, aunque no pueda ponerte el lazo del destino puedo usar una cuerda para atarte.

—Eso sí que me da miedo.

—Pues dímelo —le exigió Aarón cruzándose de brazos.

—Dímelo tú —y él volvió a sonreírle mientras se iba acercando a ella.

—Me gustas, me gustas —y se sentó en la cama a su lado—.Me gustas mucho, Claudia —ella se quedó en silencio sin poder reaccionar, su pecho se sentía inundado por una extraña sensación de felicidad y su cabeza solo estaba repleta de imágenes de Aarón—.¿Lo ves? No cuesta tanto.

—Me gustas —le soltó ella impulsivamente con prisas mientras se iba poniendo roja.

—Buena chica —le contestó colocándole un mechón de cabello detrás de la oreja y acariciándole el rostro—.Ahora deberías acostarte.

Y ambos se tumbaron en la cama como hacían siempre. Esta vez Aarón la abrazó muy fuerte mientras se besaban y ella se durmió con una enorme sonrisa en el rostro. Esa noche Claudia cayó presa de un maravilloso sueño, uno donde Aarón no dejaba de repetirle que le gustaba, que le gustaba mucho.

Aarón saltó por la ventana de Claudia por la mañana, cada vez le costaba más mantenerse apartado de ella y dejarla sola en su cama. Quizá era porque ella era con la única que había sentido esos sentimientos contradictorios o que a su lado, parecía ser más normal y menos loco.

Nada más colocar los pies encima del asfalto notó que alguien tiraba con fuerza de él y se lo llevaba hacia un callejón.

—¡Said! —exclamó al reconocerlo.

—Por fin bajas, llevo esperándote horas.

—¿Qué ocurre? —le preguntó sin preámbulos, estaba claro que por su cara había problemas.

—Ha llegado el momento —le contestó ese niño con los ojos de un anciano.

—¿El momento?

—Debemos irnos —¡aún no! Deseó gritarle.

—¿Qué ha ocurrido?

—Pedro —le contestó como si ese nombre fuese veneno.

—¡Joder! —gritó con rabia Aarón mientras apartaba la vista de Said. En ese momento estaba muy cabreado, ese tipo había…¡No! Tranquilízate, Aarón, no estás pensando con claridad. Pero un fuego peligrosamente amenazante empezó a recorrerle la sangre. Odiaba tanto a Pedro, lo odiaba con todo su ser. Cuando finalmente lo encontrase lo…

—¡Aarón! —lo llamó de nuevo Said—.¡Aarón! —pero él no reaccionó cegado por el odio, entonces ese niño lo empujó con fuerza contra un edificio —.No me digas que tienes dudas —y le mandó una mirada tan amenazadora que Aarón recuperó la cordura.

—¿Qué dices? Estoy listo —le contestó dándole la espalda para irse—.Voy a prepararlo todo para partir cuanto antes —y así Aarón se perdió a través del cielo.

En el próximo capítulo…

Ser abandonado constituye un sentimiento cruel en sí mismo, primero porque uno nunca se espera esa altísima traición por parte de un ser querido y segundo, porque ser el que se queda atrás es definitivamente espeluznante.

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

2 Comments

  1. R. Crespo 15/07/2015
  2. Clover Clover 15/07/2015

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