Los lazos del destino: capítulo 10 – ¿Qué demonios ocurre?

¡Buenos días! ¿Cómo os ha ido el fin de semana? El mío podría resumirse como cortísimo :S. Eso del tempus fugit creo que es literalmente cierto durante el fin de semana, eso o que el tiempo me tiene manía y me rehúye en esos días (¡os lo juro!). Por ello me encuentro de nuevo ante el ordenador publicando el capítulo diez, ¡si parece que fue ayer que publiqué el nueve!. La verdad es que la semana pasada fui un poco mala a conciencia, lo sé, y os dejé la historia en un punto MUY CRÍTICO (mi lado oscuro me pudo, no tengo remedio). Pero como en el fondo no puedo ser mala por más que lo intente, aquí va la continuación sin un minuto de demora. Disfrutad mucho esta tarde de domingo antes que os huya (si lo hace, encadenadla contra el cabecero de la cama) y recordad que nos leemos el miércoles con una nueva publicación. ¡Abrazos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 10: ¿Qué demonios ocurre?

Claudia era incapaz de quedarse quieta mientras esos dos hombres la observaban sin decirle nada. Desde que había visto a su mejor amigo conversando con un Aarón supuestamente invisible se sentía histérica. No dejaba de dar tumbos en medio del parque sin ninguna dirección específica como si fuera un animal salvaje acorralado. De hecho, se sentía exactamente de esa forma, acorralada por sus propios temores que tenían nombre de hombre.

—Cálmate, Claudia —intentó tranquilizarla Pedro, pero su tono dubitativo y su mirada desencajada parecían mandarle un mensaje contradictorio. En realidad, parecía que fuera su amigo el que necesitaba tranquilizarse con urgencia y tomarse un par de tilas o tres.

—Hasta que no me cuentes qué pasa no podré hacerlo.

—Todo tiene una sencilla explicación —le dijo un Pedro no muy convincente.

—Por supuesto —le contestó ella con sarcasmo—.Por eso han pasado más de cinco minutos y no me habéis aclarado absolutamente nada.

—No es lo que crees.

—¿Y qué demonios significa eso?

—Vale, tienes razón —los interrumpió Aarón—.Terminemos con esto de una vez —les contestó como si estuviera harto de su vago parloteo.

En ese parque él era el único de los tres que parecía tranquilo, como si aquella situación fuera de lo más normal del mundo y no lo tomara por sorpresa. Por supuesto, para Aarón aquello podía ser perfectamente racional en su mundo repleto de incoherencias pero no era así para Claudia.

—Pero antes vamos a sentarnos, me estáis agobiando con tanto bailecito.

¿¡Agobiando!? Deseó gritarle, la que estaba desquiciada y a punto de explotar era ella porque ahora no entendía nada de nada. Además, desde que los había encontrado sentía un severo pálpito en lo más íntimo que le decía que después de esa dura conversación que amenazaba en destaparse, todo cambiaria de alguna manera para siempre.

—Pedro lo sabe —le soltó nada más apoyar su trasero en el banco de madera. Claudia se lo miró sin pestañear para que le aclarase qué sabía exactamente: conocía su relación, lo de los lazos del destino, que podía volar, ¿qué?—.¿No vas a decirme nada?

—Me has mentido —le aclaró ella, pero por la reacción de Aarón estaba segurísima que se esperaba su respuesta.

—Técnicamente solo te oculté información y no por mucho tiempo.

—No me importa, mentir es mentir —y a Claudia le dolió descubrir que había pasado unos días horribles con Pedro para mantener un secreto que en realidad no existía.

Hacía días que apenas habían hablado porque su amigo se había vuelto más inquisitivo e intolerante que nunca con las explicaciones confusas y sin sentido de Claudia. Por eso, como si ella fuera un animalillo malherido y acorralado, había huido cobardemente hacia el chico que ahora se encontraba de pie enfrente del banco de madera para encontrar consuelo. Claudia había tomado la decisión de apartarse un poco de su amigo para proteger a Aarón. Él solo había necesitado pedírselo y ella había caído rendida a sus pies, ahora lo entendía perfectamente, ¡menuda ilusa había sido! Comprendía todo lo que había estado dispuesta a sacrificar por un completo enigma.

Aarón en ese momento la estaba contemplando como si fuera el mismo de siempre, con su cabello castaño corto, esos ojos avellanados que no dejaban de provocarla y su camiseta de manga corta azul con unos piratas tejanos. Vestido así parecía alguien de lo más normal, un chico guapo y atractivo, pero normal al fin y al cabo. Pero algo en su perfecta imagen no terminó de encajarle, Claudia notaba que el chico que se encontraba estudiándola en silencio y sin apartar sus ojos de los suyos estaba desértico. Como si fuera un estanque drenado o una casa abandonada a ella le faltaba algo, quizá en ese momento estaba demasiado confundida y cegada por sus propios miedos o quizá había algo más.

—¿Cómo te enteraste? —le preguntó Claudia a Pedro. Necesitaba desesperadamente deshacerse de ese sentimiento distante y frío que estaba empezando a crecer entre ellos.

—Lo vi por tu ventana.

—¿Y?

—Esto…lo vi fuera de tu ventana —le explicó bajando el tono de voz.

—Eso es imposible, siempre se hace…

—Fui descuidado, Pedro te está contando la verdad.

—¿Y justamente estabas mirando por la ventana cuando él se encontraba allí?

—¿Y por qué no? —contestó Aarón como si quisiera ayudar a Pedro.

—Si no te importa le estoy preguntando a él.

—No lo sé, Claudia. Levanté la vista y lo vi.

—¿Qué día?

—Hace unos días. Quise ir a verte porque no me cogías las llamadas ni contestabas a mis mensajes. Como te he dicho levanté la vista por casualidad y me lo encontré flotando en tu ventana.

—¿Y después de eso? —pero otra vez Aarón pareció saltar en su auxilio.

—Lo vi observándome sorprendido y fui a hablar con él. Le expliqué la verdad.

—¿Qué verdad?

—¡Joder, Claudia! La verdad de los lazos, que te necesito y que me estás salvando —ella apartó la vista irritada porque cada vez le parecía que Aarón la necesitaba menos y ella más.

—¿Y ahora qué se supone que debemos hacer?

—Seguir con nuestras vidas —le contestó con su sonrisa de siempre.

—Como si fuera tan fácil, un día me dices que no se lo puedo contar a nadie y al siguiente me entero que mi mejor amigo hace días que lo sabe.

—Tú tampoco estabas muy comunicativa con él últimamente.

—¡Venga ya! Sabes perfectamente porqué dejé de hablarle, lo hice porque creí que te estaba protegiendo.

—Y lo estabas haciendo —le contestó Aarón arrodillándose ante ella para acercársele—.Me has protegido estupendamente.

—¡No! —le contestó intentando apartarse, pero él ya le había tomado sus manos con fuerza.

—Mírame, Claudia —y ella no pudo evitar caer rendida ante su tono—.Soy yo, el de siempre. Creí que si lo manteníamos en secreto sería mejor para ti. Ahora necesito hablar contigo a solas y explicártelo con calma.

—Nunca vuelvas a decidir por mí, Aarón. Si me conocieras lo suficiente sabrías que lo odio —y él apartó las manos de entre las suyas un poco dolido. Mejor, pensó ella, así él también experimentaría de su propia medicina—.Ahora me voy a ir a casa con Pedro, primero necesito hablar con él. Esta noche te esperaré en mi habitación y podrás explicármelo.

—Esta noche voy a ir a buscarte —le contestó él con seguridad—.Te lo prometo.

—Ya lo veremos —le contestó ella, porque ya no se creía demasiado a Aarón.

De camino a su casa Pedro se mostró más callado y cauto de lo normal, se notaba que las cosas habían cambiado entre ellos y que habían tomado un camino complicado de asimilar.

—Las cosas se han puesto algo tensas entre tú y Aarón.

—Las cosas siempre han sido así entre nosotros —le contestó ella con una sonrisa fingida.

—Lo siento. Sé que he estado insoportable estos días, solo espero que no me lo tomes en cuenta.

—¿Crees que voy a tirar por la borda una amistad de años por unos míseros días? Honestamente yo tampoco he sabido sobrellevarlo muy bien.

—No te culpes, ahora te entiendo perfectamente. Me cegué tanto con él, ¡pero nunca me hubiera imaginado la verdad! —Claudia suspiró.

—Lo sé, el mundo está loco.

—Completamente loco —y ambos empezaron a reírse por la monumental demencia que se había revelado ante ellos. Rieron a carcajadas por todas esas las incongruencias de Aarón, por poder volar, por esos lazos del destino y por poder ser invisible a su antojo. Sin duda el término locura se quedaba corto ante la realidad y entonces, a Claudia le pareció que a lo mejor ahora se encontraba más cuerda que nunca y que en realidad, la vida consistía precisamente en eso.

—¿Qué opinas de Aarón? —le preguntó Claudia.

—¿Por qué me lo preguntas?

—¿Tan malo es?

—Yo no he dicho eso.

—Lo sé, pero me has contestado con otra pregunta. Normalmente lo haces cuando no quieres herirme.

—Noo…—tartamudeó un poco—.Pero es difícil de entender, todas sus cosas son tan…

—¿Mágicas?

—Bueno, si dices mágicas me imagino una hada y él no lo parece —le contestó con una sonrisa.

—No sé hasta qué punto es normal o no.

—Ten cuidado, Claudia.

—¿A qué te refieres?

—A veces los misterios son buenos, pero otras veces esconden cosas peores.

—¿Sabes algo?

—No más de lo que tú ya sabes.

—Pedro —y ella le cortó el paso para mirarlo a los ojos—.Si ocurriese algo malo me lo contarías, ¿verdad?

—Claro.

—Yo lo haría, por eso te lo digo. Eres mi mejor amigo.

—Y tú eres la mía, solo cuídate, ¿vale?

—¿Lo dices por Aarón?

—¡Pesada! Lo digo en general.

—Vale —le contestó Claudia despidiéndolo en el portal de su casa mientras los ojos de su mejor amigo le contaban otra cosa bien distinta.

A pocos metros de allí mientras Pedro se encontraba de camino a su casa escuchó una voz infantil reírse con ganas.

—¡Eres un gran actor! —se mofó la voz aplaudiéndolo.

—Y tú eres tan impertinente como siempre —le contestó molesto.

—¿Qué crees que pasará cuando descubra la verdad? —y Pedro sonrió.

—Estoy deseándolo.

—¿Seguro? —le preguntó el niño haciéndose visible.

El niño de baja estatura vestía su usual ropa deportiva y llevaba su gorra a juego. Siempre había tenido ese inquietante aspecto, la de un inofensivo chiquillo que escondía a un viejo y miserable ser.

—Los de tu especie no me asustáis —le escupió Pedro con rabia mientras el niño se cruzaba de brazos.

—Claro, vosotros sois mejores. ¡Mira qué forma tenéis de engañar a vuestros amigos! Sois espantosos.

—¡Cállate! Esto a ti no te importa.

—Cierto, pero me parece tan entretenido —le contestó riéndose de nuevo.

—Siempre he opinado que los que se ríen últimos siempre ríen mejor.

—¡Uy! Eso parece muy vengativo y no te pega.

—¿Quieres que vaya a tu jefe a contarle que estás perdiendo el tiempo?

—Estás muy susceptible.

—No quiero volver a verte. Te aviso que pronto tendrás que irte.

—Te equivocas, nos vamos a quedar una buena temporada.

—Tiempo al tiempo, Said —le contestó Pedro dejándolo en medio la calle—.Tu jefe pronto tendrá una agradable sorpresita nuestra —y por la forma en que Pedro pronunció agradable le quedó claro que pronto estarían en graves problemas.

Nada más escucharlo el niño desapareció para contárselo a su jefe, la situación cada vez se estaba poniendo más tensa y él no tenían ni la más remota idea de lo que estaba a punto de empezar.


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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

5 Comments

  1. R. Crespo 05/07/2015
  2. Clover Clover 05/07/2015
  3. Denisse 08/07/2015
  4. Clover Clover 09/07/2015
  5. Fátima 26/08/2016

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