Los lazos del destino: capítulo 1 – Un lazo predestinado

¡Hola! ¿Qué tal os ha ido el puente? A mí maravillosamente en el aspecto creativo pues me he decidido a empezar una nueva historia. La idea surgió de un manga (cómic japonés) que leí hace algún tiempo aunque he cambiado bastantes elementos, especialmente por el hecho que los “lazos” jugarán otro papel. Creo que la trama esta vez tendrá bastantes elementos de fantasía obligatorios pero tampoco va a estar saturada de ellos. Espero que Los lazos del destino aporten un soplo de aire fresco para el cuaderno y que nos acompañen durante este caluroso verano que se avecina. Feliz lectura, abrazos.


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 1: Un lazo predestinado.

Claudia se encontraba intentando dormir lo mejor posible en su cama demasiado pegajosa y calurosa para esa noche de verano cuando el sonido de un leve tintineo la despertó. Seguramente habían sido los pájaros madrugadores que se acercaban a su ventana abierta, así que se removió incómoda para intentar encontrar una nueva posición para dormirse  mientras escuchaba ese sonido musical otra vez. A esas horas de la mañana los finos rayos de luz se colaban a través de su ventana abierta aunque no dejaban entrar nada de fresco. Volvió a escuchar el sonido de cascabeles y entonces, se despertó cabreada con esos malditos pájaros que habían decidido martirizarla un sábado tan temprano.

Entrecerró un poco los ojos a causa de la intensa luz que se filtraba e intentó buscar el origen de ese extraño sonido sin éxito mientras escuchaba otra vez esa musicalidad y se percataba que algo le colgaba de su muñeca izquierda. Era una extraña cinta roja fina y brillante atada a su muñeca por un elegantísimo lazo.

—¡Qué demonios! —exclamó asustada tirando de esa cosa rara que no recordaba haberse atado.

—¿Ya te has despertado? —la sorprendió una voz masculina en su habitación y esa cinta fina dejó de tener la menor importancia.

Un chico con una sudadera gris y la capucha puesta se encontraba recostado en el marco de su ventana como si hubiese entrado por ella aunque en realidad, se encontraban en el quinto piso de un edificio bastante alto. El desconocido la observaba como si estar allí fuese lo más cómodo del mundo hasta que pareció reaccionar.

—Me llamo Aarón —le contestó quitándose la capucha y saltando del marco de la ventana. Aarón era un chico joven y alto, llevaba el cabello castaño muy corto y poseía unos ojos marrones tan claros que parecían ámbar a través de la luz que se filtraba por la ventana. Ella como acto reflejo recogió sus sábanas que descansaban esparcidas a sus pies y se tapó asustada segura que ese chico no era nada más que fruto de su imaginación.

—¿Vas a salir de la cama o qué? —le preguntó él colocándose frente a los pies de su cama con una sonrisa, pero ella se quedó callada y se negó a mantener una conversación con sus propios sueños estúpidos. Entonces, él se frotó el rostro como si se le hubiese terminado la paciencia mientras Claudia se percataba que a él también le colgaba ese mismo hilo rojo de su muñeca.

—Esto no es posible —susurró Claudia sin comprenderlo. Estaba clarísimo, tan pronto como despertase desaparecería ese tipo extraño de su habitación.

—¡Basta ya! —exclamó Aarón al ver que Claudia no iba a salir de ese ovillo de sábanas que se había hecho en su cama. Entonces tiró del hilo rojo que se encontraba colgando de su muñeca con un tirón seco y ella salió literalmente disparada de su propia cama entre chillidos para terminar postrada encima las zapatillas deportivas de ese desconocido.

—¿¡Estás loco!? —le gritó aún en el suelo intentando ver si se había hecho daño, aunque en realidad se encontraba perfectamente sin un solo rasguño. Claro, suspiró, porque aquello era un sueño.

—Necesitaba que te levantaras —le contestó él con una sonrisa fingida mientras se sentaba a su lado y ella se preguntaba por qué de todas las infinitas posibilidades en el mundo soñaba con algo tan estúpido.

—Sé que eres un sueño, muy pronto voy a despertarme. De hecho, creo que ya es casi la hora —le dijo bostezando.

—Son las nueve de la mañana —le contestó Aarón mostrándole su reloj negro.

—Claro —le replicó ella con los ojos en blanco—.Las nueve en mi sueño pero no en la realidad —y él se rió como si la palabra “realidad” le resultase alguna especie de broma. Tan pronto como le sonara el despertador a las nueve en punto, finalizaría esta tontería y ella despertaría.

—Quería darte las gracias, Claudia.

—Ahórratelo, si este es mi sueño, ¿crees que podré volar si me tiro por la ventana? —le preguntó ella son una sonrisa traviesa. Desde pequeña la habían fascinado los pájaros y la simple idea que pudiese volar… Entonces se levantó del suelo sin pensárselo y se dirigió hacia la ventana para probar su teoría, al menos en su sueño que parecía tan malditamente real debería ser capaz de hacerlo.

—¡Esto no es un sueño! —le gritó su interlocutor.

—Lo que tu digas, señor raro —pero Claudia ya estaba subiéndose en la ventana para lanzarse a descubrirlo por ella misma cuando Aarón tiró otra vez de esa dichosa cinta roja y la mandó de vuelta al suelo. Entonces él se colocó encima de ella para que se estuviera quieta de una vez y le dijo muy serio a pocos centímetros de su rostro.

—Para empezar, no me llamo señor raro, me llamo Aarón. Y esto no es un sueño, así que si te tiras por esta ventana te mueres, ¿comprendes? —ella se quedó helada contemplando ese rostro que en ese momento le pareció muy salvaje. Sus ojos eran muy oscuros y toda su amabilidad se había esfumado en cuestión de segundos.

—Vale —le contestó con un hilo de voz mientras él la dejada incorporarse.

—Si tú te mueres yo también lo haré, así son las normas. Más te vale seguir con vida —y entonces Aarón empezó a recoger el hilo rojo alrededor de su brazo para que Claudia no tuviese apenas opción de moverse —.Ahora tú y yo vamos a hablar, siéntate en la cama —y Claudia lo obedeció sin rechistar fijándose que su hilo rojo se encontraba conectado a él por una línea en el suelo de su habitación—.Soy un amigo de tu abuela, la conocí cuando yo apenas era un niño.

—¿Mi abuela? Lleva años fallecida.

—Lo sé, precisamente por eso estoy tan desesperado. Estuve a punto de morir y no pude encontrarla, entonces comprendí que había muerto. Suerte que ella era más lista y me dejó esto —él le mostró un colgante con una pequeña piedra roja que Claudia recordaba.

—¿De dónde has sacado este colgante?

—Te lo acabo de decir, tu abuela me lo regaló. Gracias a él te encontré.

—¿Para qué querías encontrarme? ¿Y porqué mi abuela te regaló esto?

—Para que pudieras curarme. Tu abuela era una conectora como tú, sois personas que podéis transmitir vuestra energía entre los dos mundos: el de los vivos y el de los muertos. Tu abuela poseía grandes habilidades, y gracias a ella pude sanarme muchas veces pero desde que falleció, no fui capaz de encontrarme con nadie que pudiera curarme por completo.

—¡De qué estás hablando! ¿Qué se supone que eres tu? —Aarón se rio.

—Soy alguien que puede ver más cosas de las que la gente normal ve, pero eso ahora no importa.

—¡Claro que importa! Te presentas en mi casa, entras en mi habitación y ahora, ¿qué pretendes que haga?

—No puedo hablarte sobre eso, debería matarte después.

—¿Qué? —chilló ella asustada.

—Tranquila, estás pálida. ¿Te he asustado? No voy a matarse, sería estúpido porque ahora estoy conectado a ti y si lo hiciera, me mataría a mí mismo —le dijo señalando la cinta roja.

—Esto es de locos.

—Cierto, sé que es difícil de aceptar pero es real. Necesito tu energía para sanarme, eres una conectora como tu abuela, aunque supongo que no eres tan buena como ella.

—¡Esto son tonterías! —le gritó Claudia confusa y con rabia. Entonces intentó arrancarse la cinta alrededor de su muñeca pero esta no cedió ni un milímetro.

—Es imposible arrancártela. Gracias a ella me transmites tu energía.

—¿Y qué me ocurrirá a mi?

—No te pasará nada, solo usaré la energía necesaria para sanarme. Después me iré y no volveré a molestarte hasta que me encuentre en problemas.

—¿Así de fácil?

—En realidad no, te he dicho que me he pasado mucho tiempo sin nadie, así que necesitaré pasarme una temporada por aquí para recargarme. Imagínate que soy una batería y que tú eres el mejor cargador del mercado.

—Vaya, todo muy práctico. ¿Cómo sé que me dices la verdad?

—Los lazos del destino —le dijo señalándolos—.Son siempre sinceros, no nos hubieran unido si no fueras la elegida para mí.

—¡Pero esto es tan injusto! No me cuentas absolutamente nada pero me pides mi ayuda.

—Lo sé, esto se trata de fe y confianza.

—Necesito más que eso. ¿Cómo puedo confiar en un extraño?

—Porque tu abuela lo hizo y creo que ella era una mujer sumamente inteligente —cierto, la abuela de Claudia siempre había sido una mujer sumamente lista, independiente y valiente. Además, la recordaba extremadamente exuberante, alta y con una larga melena castaña. Muy distinta a la miedosa, tímida y bajita pelirroja que era ella.—Ahora tengo que irme.

—No vas a contarme nada más, ¿no? —le preguntó segura que ese chico no le soltaría prenda.

—Haces muchas preguntas —le contestó poniéndose la capucha gris—.Te pareces a tu abuela —y entonces, el hilo rojo se esfumó ante sus ojos.

—¿¡Ha desaparecido!?

—Claro, yo puedo hacerlo.

—¡Podrías habérmelo contado!

—Siempre tan ansiosas las de tu familia. Volveré mañana por la noche, deja la ventana abierta —y Aarón desapareció por la ventana en un segundo mientras Claudia pegaba un grito asustada. Corrió hacia la ventana con el corazón encogido para ver qué le había sucedido a ese loco suicida pero no encontró nada, solo a los usuales pájaros cantando de buena mañana y un sol espléndido que empezaba a alzarse. Entonces se pellizcó el brazo sin creérselo, aquello no podía haber sido real, definitivamente se trataba de un sueño, y se alegró que sus padres estuvieran de viaje de fin de semana después de todos los gritos que había pegado.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

5 thoughts on “Los lazos del destino: capítulo 1 – Un lazo predestinado”

  1. vero dice:

    la fantasía es mi genero preferido. Siempre me hace una especial ilusión empezar una historia nueva. A por ella!! Gracias clover abrasos.

  2. Clover dice:

    Gracias vero, yo siempre me imagino historias de fantasía en mi mente, no puedo evitarlo. Será que en ellas podemos soñar y alcanzar cosas imposibles. Te deseo un feliz domingo, besos para ti guapa

  3. Fátima dice:

    Hola Clover!
    Tengo muchísima curiosidad por leer tus relatos, he estado un ratito leyendo por aquí y quiero empezar a conocer todas estas historias que estás creando y compartiendo con nosotros. Sobretodo sabiendo que compartimos gusto por la lectura romántica y de fantasía.
    ¡¡Me encanta el diseño de tu blog!! ♥ Es precioso ^^
    Un beso.

  4. Clover dice:

    Hola Fatima, ¡muchísimas gracias! Puedes pasarte cuando te apetezca una lectura romántica, siempre serás muy bienvenida y yo siempre seré una pesada escribiéndolas jajaja. Me alegro que te guste el diseño, como soy muy torpe con estas cosas de internet, me costó muchísimo U_u pero ahora estoy muy contenta porque creo que se identifica conmigo. Un beso enorme para ti 😉 espero verte pronto por aquí de nuevo

  5. R. Crespo dice:

    Al fin me animé a leer “Los lazos del destino” y debo decir que pinta muy bien. Además ¡me encanta la fantasía! Así que creo que me va a encantar leerla *-*
    Por aquí me tendrás más seguido 🙂

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