Los lazos del destino: capítulo 7 – Bola de nieve

¡Feliz domingo a todos! Espero que vuestro fin de semana haya resultado ser algo mejor que el mío (me lo he pasado malita en cama U_u). Además, estos días he estado trabajando el doble porque la próxima semana me voy de vacaciones y quería dejaros listas todas las publicaciones (todos los relatos seguirán como siempre). Pero basta ya de lamentaciones y vamos a lo que realmente nos importa: un nuevo capítulo de Los lazos del destino. Si queréis saber qué ocurrirá entre estos dos protagonistas, sus secretos y su particular relación, os dejo el capítulo para que los sigáis descubriendo. Que disfrutéis del domingo al máximo, ¡besos!


LOS LAZOS DEL DESTINO

ÍNDICE


Capítulo- 7: Bola de nieve.

¿Secretos? ¿Qué clase de secretos guardaría ella? Como una bola de nieve que va rodando cuesta abajo, cada vez más grande y pesada, hasta que termina arrasando con todo.

Se lo tenía merecido, se intentó consolar Claudia. La noche anterior Aarón había sido un idiota inmaduro con ella y la había cabreado tanto que había terminado gritándole estupideces. Tampoco es que ella hubiera planeado arrojarle la bebida en su cara pero no lo lamentaba en absoluto. Meterse con su mejor amigo había sido un error. Insufrible, lo había llamado, ¿qué clase de chico usaría esa palabra hoy en día? Pedro a veces podía ser un poco excesivo en sus formas e irreflexivo, pero en el fondo tenía más razón que un santo porque en definitiva le estaban mintiendo. ¿Y entonces qué les había ocurrido? En definitiva la situación se les había desmadrado.

Claudia solo había querido recordarle a Aarón que ambos se encontraban en la misma posición. Que eran prácticamente unos extraños aunque entre ellos hubiera ocurrido lo que hubiera ocurrido. El error había sido de Aarón, por tomarla por una chica fácil. Que se hubieran enrollado de esa forma tan alocada y desenfrenada, por así decirlo, no le daba derecho a que…¡en realidad no le ofrecía ningún tipo de derecho sobre ella! Suspiró, si lo hubiera sabido antes y se hubiera mantenido quieta, pero desde que había probado esos labios se había sentido impulsada a darle ese beso en condiciones y ¡menudo beso!

—¿Puedo pasar? —la asustó una conocida voz desde fuera de la ventana de su habitación.

—Vaya, ahora quieres mi permiso —le contestó ella con sarcasmo.

—Intento que nos llevemos bien.

—Inténtalo —lo desafió ella.

—No eres para nada fácil.

—No lo soy, ¿a caso creías lo contrario? —le preguntó irritada.

—De hecho, desde que te conocí supe que serías un problema —le contestó Aarón bajándose la capucha de su sudadera. A Claudia, en ese momento le pareció como si él se estuviera refiriendo a otro tipo de problema y no a uno referente a su carácter—.Quiero disculparme, ayer la cagué bastante, ¿no?

—Para qué engañarnos, sí.

—Sé que apenas te conozco, es solo que…

—Tienes razón —lo cortó ella—.No nos conocemos.

—¿Me dejarás entrar para hablar?

—Pasa —aceptó. Aarón cruzó el marco de la ventana y lanzó su lazo directo a la muñeca de Claudia.

—No quería ofender a tu amigo, me puse nervioso, nada más —ella lo miró con recelo. ¿Nervioso? Aquello sí que era extraño, algo en la forma en que lo había dicho no le encajaba. Durante el trayecto en taxi de la noche anterior Aarón se había mostrado muy tranquilo y relajado, y de repente ¿se había puesto nervioso? Algo raro, muy raro Claudia.

—¿Qué te molestó tanto de Pedro? —lo interrogó.

—Ya te lo dije, es tan suspicaz que me sacó de quicio —ella se rio.

—No te gustan los chicos listos.

—Digamos que no —le contestó él—.Pero tampoco creo que sea tan listo.

—Si te estás disculpando deberías mostrarte más humilde, ¿no crees? —él aprovechó para andar por su habitación y suspiró.

—Eres tan…¡madre mía! Vas a volverme loco, Claudia —y a ella esa frase la sacudió por dentro, por supuesto que deseaba volverlo loco, deseaba volverlo loco de todas las formas posibles—.Tú ganas.

—¿Qué quieres decir?

—Que me dejo humillar por ti hasta que te quedes satisfecha.

—¡Humillarte! Tendrás que dejarme pensarlo un rato, quiero ser creativa.

—Yo puedo darte algunas ideas prácticas —le contestó sonriéndole.

—No te embales, sigo molesta —pero él no la escuchó y empezó a recoger la cinta para acercarla—.¡Y mucho! —le gritó.

—Puedo hacerte algo para que me perdones.

—¡Aarón! Esto es una conversación seria.

—Yo no estoy bromeando en absoluto —le dijo recogiendo toda la cinta hasta llegar a su muñeca, entonces él intentó agarrarle la mano donde descansaba el lazo.

—¡No! —le gritó Claudia apartándola—.No volveremos a besarnos.

—¿Por qué?

—Porque nos complica más una situación ya de por sí complicada.

—El otro día estabas más receptiva.

—¡El otro día estaba loca!

—¿Y ahora?

—Ahora no, así que nada de besos por el momento.

—Por el momento—susurró él resignado, aunque al menos le ofrecía una esperanza de futuro—.Claudia, ¿por qué me basaste? —le preguntó abiertamente sin apartar sus castaños ojos.

—¡Qué! —tosió ella sorprendida—.¿¡Por qué me besaste tú!?

—Porque me gustas, pero yo te lo he preguntado antes.

—Por lo mismo, supongo —y su voz se le ahogó un poco y la notó demasiado chillona.

—¿Supones?

—Ya te dije que me pareces raro.

—Aah… por eso. No te preocupes, tú también me pareces rara —ella se lo miró sorprendida. ¿Rara, ella? Pero si era el ser más normal de todos, claro que tenía su lado friki y sus gustos extraños, pero que la llamara rara un tío del que apenas conocía nada y lo poco que sabía de él era físicamente imposible. Pero antes que pudiera contestarle a todo eso y recordarle sus muchas rarezas, la puerta de su habitación se abrió.

—Claudia, cariño, Isa y Pedro están abajo esperándote —¡Jesús! Su madre le acababa de pegar un susto del quince entrando de esa forma en su habitación. Ella la miró con cara de horror y después observó a Aarón con las órbitas desencajadas. Éste, para su completo fastidio, se encontraba con una sonrisa de oreja a oreja mientras saludaba a su madre con la mano—.¿Estás bien, hija? —le preguntó su madre al verla con esa cara de pánico y sin color en las mejillas.

—Perfectamente —le contestó con un intento de sonrisa normal—.Diles que ya bajo —y su madre cerró otra vez la puerta—.¡Joder! —suspiró con el corazón a mil mientras Aarón no dejaba de reírse.

—No puede verme.

—¡Dios! Vas a matarme un día de estos.

—Puedo hacerme invisible como la cinta. ¿Cómo le explicarías que estoy aquí sin haber entrado por la puerta?

—¡Lo sé! No soy estúpida, pero te agradecería que hablaras estas cosas conmigo antes.

—Ahora ya lo sabes.

—¡Te lo digo en serio! —le replicó afrontándolo de cara—.Esto es muy difícil para mí.

—Perdón —pero la voz de su madre los volvió a interrumpir.

—¡Claudia, venga, tus amigos te esperan! —ella puso los ojos en blanco.

—Tengo que irme, lo siento.

—No —le contestó él agarrando la cinta roja con fuerza. Seguramente se lo había imaginado y estaría exagerando, pero en ese momento le había parecido como si él deseara cogerla para llevársela muy lejos.

—Ya has escuchado a mi madre, me están esperando —se justificó ella sintiendo su dolor. No me mires así, se lamentó mientras esos ojos le estaban diciendo mucho más de lo que Aarón le había dicho jamás.

—No quiero que vayas —le susurró sujetando la cinta una última vez para hacerla desaparecer. Entonces Aarón se dirigió rápidamente hacia la ventana y desapareció como un relámpago. Ella corrió para verlo partir por el aire pero no encontró ni rastro de él.

—¡Claudia!

—¡Voy mamá! —y cogió su bolso para reunirse con sus amigos.

—¡Por fin! Cada día eres más impuntual —le reprochó Pedro nada más cerrar la puerta de su portal.

—Lo siento, estaba en el baño.

—Vamos o…—pero Isa se calló de repente.

—¿O qué? —le preguntó Pedro, pero su amiga ya había salido corriendo calle abajo—.Cada día está peor esta chica —y ambos se quedaron mirándola mientras se detenía para conversaba con alguien—.¿Con quién habla? —Claudia también se lo preguntaba pero desde su posición le costaba identificarlo, por su estatura parecía un chico—.¿Ese no es?

—¡Aarón! —respondió Claudia flipando. No podía creérselo, otra vez no. Acababan de reconciliarse y volvía a reunirse con ellos para liarla. Aunque por la cara de su amiga no parecía ser un problema en absoluto.

Isa parecía divertirse un montón conversando con él y Claudia se lamentó, ¿por qué con ella no era tan divertido? Apenas recordaba la última vez que se habían reído de esa forma, en el caso que lo hubieran hecho alguna vez. ¿Y él, qué demonios hacía? Aarón no dejaba de hablarle, y aunque desde esa distancia no sabía sobre qué estarían hablando, estaba prácticamente segura que serían temas mucho más interesantes que los que conversaba con ella.

Unas calles más abajo de la casa de Claudia dos aparentes amigos conversaban sobre…

—Aarón, te aconsejo que empieces a comprender su amistad con Pedro si pretendes llevarte bien con Claudia.

—¿Pero qué le ocurrió?

—No puedo contártelo.

—Me estás asustando, Isa.

—No voy a mentirte, no es algo bueno, pero hay cosas peores. Y ahora ríete un poco si no quieres preocuparla.

—¿Peores? Dame una pista o algo —le suplicó Aarón. Desde que Claudia lo había dejado esa noche en esa calle de la ciudad estaba muy nervioso. Quería saber qué era lo que escondía Claudia, y por la reacción que parecía tener Isa, estaba seguro que era algo horrible. ¡Mierda! Ahora solo sentía más ganas de descubrirlo.

—Se lo prometí, lo siento. Dale tiempo.

—¡Estoy harto de ser paciente!

—Ahora tengo que irme o se irán sin mí —le contestó Isa mientras se fijaba que sus amigos empezaban a alejarse impacientes.

—¡Isa! —la llamó antes que se fuera—Gracias.

—De nada —le contestó ella con una sonrisa preciosa.

Tiempo, tendría que darle tiempo. El problema estaba en cuánto, quizá a ambos no les quedaba ya el tiempo suficiente para que Claudia se abriese a él. Tampoco es que él se hubiera abierto en absoluto, pero estaba acostumbrado a esa incomprensión. Las cosas siempre habían sido así en su particular estilo de vida y mejor sería seguir manteniendo sus secretos bajo llave para protegerla.

Entonces se observó la muñeca donde apenas hacía unos minutos había llevado atada la cinta roja, cada vez se sentía más solo cuando no estaba con ella. ¿Le ocurriría lo mismo a Claudia? No sabía explicar muy bien el motivo pero con ella se sentía extremadamente relajado, era algo que iba más allá del lazo o de la necesidad de energía vital, sino que por una vez en su vida le había parecido ser casi normal al lado de alguien. Seguramente ese sentimiento es lo que lo estaba volviendo un temerario y la estaba fastidiando. Sabía que no podía seguir usándola día tras día de esa forma pero entonces, observó a los tres amigos mientras hablaban. Claro que de momento no podría dejarla sola, al menos aún tenía una razón para quedarse a su lado y ayudarla. Pero, ¿qué haría cuando el problema desapareciera? ¿Sería capaz de abandonarla?

CAPÍTULO SIGUIENTE

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Acerca de: Clover

Clover

Alma inquieta. Proyecto de creadora de mundos. Hada del país de la piruleta en mis tiempos libres. Analizo todas las series asiáticas que encuentro. Me gusta leer manga, jugar a MMORPG y aprender japonés.

4 Comments

  1. R. Crespo 14/06/2015
  2. Clover Clover 14/06/2015
  3. R. Crespo 14/06/2015
  4. Fátima 25/08/2016

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