Colores mágicos: capítulo 23- Regresa la tormenta

Hola soñadores, ni yo misma puedo creérmelo, ¡por fin me pongo las pilas y saco nuevo capítulo! 

Disculpadme por la tardanza, todas las pausas y los problemas que os he dado, pero ahora sí, ya no hay duda que el show debe continuar (o mejor dicho, ya está continuando). Gracias a la corrección de los capítulos he podido conectar de otra manera con la historia y ahora me siento muy satisfecha con el camino que va a tomar (espero que os guste). 

¡Nos vemos el miércoles! Besos a todos con sabor a sorbete de limón (mi preferido).  

Colores mágicos

Capítulo 23- Regresa la tormenta

Después de todo lo que había vivido Alysa, y por muy mal que hubieran llegado a ponerse las cosas, no podía evitar sentir cierto alivio y liberación por lo que estaba haciendo. “Lo correcto”, un término que siempre la había perseguido como una sombra.

­—No deberías sonreír de esta forma —le advirtió Reik mientras huían por un espeso bosque—. Cualquiera diría que lo estás disfrutando.

—Me gusta estar aquí afuera. En las últimas semanas apenas he visto la luz.

—Ni me había dado cuenta —le contestó Reik levantando el rostro hacia el cielo.

—¿Qué pasa? ¿Las Rosas Doradas siempre vivís en madrigueras?

—Entenderás que no voy a darte esa información.

—Me lo imaginaba —le contestó Alysa.

—Si seguimos recto deberíamos llegar antes del alba.

—¿A la Primera base?

—¡Claro que no! —le contestó Reik— Necesitaremos algo más rápido que nuestras piernas para salir de esta. ¿A cuántos quilómetros crees que está la base?

—No lo sé. Pensaba que nuestros poderes serían suficiente.

—Tenemos un montón de enemigos ahora mismo, creo que cualquier ayuda será….

—¿Por qué te callas? —le preguntó Alysa— ¡Sigue hablando y no me dejes a medias! —le insistió— ¿Dónde diablos estás? —le gritó Alysa sin verlo.

—¡Alysa! —la llamó Reik con un tono bajo. Alysa dio marcha atrás y siguió llamándolo.

—¿Reik?

—Estoy aquí abajo —le dijo cuando ella llegó a un montón de hojas. Alysa las apartó con sus poderes y se encontró con un hondo agujero.

—¿Qué haces allí dentro metido? Sube de una vez —le insistió.

—No puedo. Las paredes están recubiertas por retornos.

—¡Espera! No me digas que esto es obra de las Rosas Doradas —exclamó señalando el pozo.

—No preguntes lo que ya sabes. Sin mis poderes necesitaré algo por lo que trepar. ¿Me escuchas? ¡Alysa! ¿De qué demonios te ríes?

—De nada —le contestó sin poder contener sus carcajadas—. Creía que eras Don perfecto.

—¡Deja de tomarme el pelo y ayúdame!

—Así no se piden las cosas —lo provocó mientras se apiadaba de él y arrancaba una larga rama de un árbol—. No puedo creer que cayeras en tu propia trampa.

—Eres muy graciosa —le contestó con sarcasmo Reik cogiendo la rama. Alysa tiró de ella con facilidad y Reik salió disparado.

—Es una de mis muchas virtudes —le contestó Alysa.

—Claro —refunfuñó Reik mientras se quedaba sentado en el suelo. Entonces observó su muslo derecho herido— ¡Me he cortado con algo! —se quejó mientras se arrancaba un trozo de camiseta para hacerse un torniquete.

—Yo puedo curarte —le dijo Alysa—. Siempre que sea superficial.

—Hazlo —le exigió Reik pasándose una mano por el rostro.

—Sigues sin modales. Ahora no puedo —le explicó—. Estoy sin energía.

—¿Para que sugieres ayudarme si no puedes?

—¡No todos somos uno antipáticos! Para que lo sepas, la celda a la que me mandaste me ha absorbido parte de mis poderes.

—Lo entiendo —le contestó Reik sintiéndose culpable—. Lo siento.

—Curar es algo que no se me da muy bien así que, si no estoy completamente descansada, creo que podría herirte más.

—Creía que no había nada que se te diera mal —le contestó Reik apretando el trozo de tela en la herida—. Así que eres una pésima doctora.

—Dentro de unas horas podré sanarte —le insistió—. Esperemos que no sea tan mala.

—¿Y hasta entonces? No tenemos tanto tiempo —le dijo Reik mientras intentaba ponerse de pie—. Nos encontrarán si seguimos aquí parados.

—Podemos escondernos.

—No podemos, necesitamos correr.

—Así no podrás —le dijo fijándose en la mancha de sangre de su muslo—. Mi propuesta no es una locura, es lo que hacen los animales heridos.

—Los animales heridos mueren —le contestó Reik con sarcasmo.

—No si son listos. Vamos a buscar un escondite y aguantaremos hasta que pueda curarte.

—¿Por qué no te largas? —le preguntó apoyándose contra un árbol. Alysa guardó silencio— Nunca te rindes, ¿verdad? Vas a sacar a todos los terrenis de allí dentro cueste lo que cueste.

—Lo haré —le dijo ella mirándolo a los ojos—. Y para que lo sepas, esa palabra no está en mi vocabulario —le explicó Alysa dándole la espalda—. Voy a alejarme un momento, tú espera aquí.

—Creo que no puedo ir muy lejos —le contestó Reik que suspiró al darse cuenta que ella ya se había largado.

Por supuesto Reik no dudó ni por un segundo que Alysa volvería a buscarlo. Esa terrenis parecía haber nacido para hacer lo correcto por mucho que le disgustara. Quizá en el futuro a Alysa le constaría discernir claramente entre la delgada línea del bien y del mal, pero ahora veía claramente hacia dónde debían dirigirse sus pasos. Reik mordió su brazo para no gritar mientras se maldecía por haber bajado la guardia y haberse clavado uno de los puñales de las Rosas Doradas. Va a ser tu fin, le dijo su parte más pesimista, y la optimista le sonrió mientras le contestaba, lo será, pero al menos tendremos tiempo suficiente para terminar con aquello que jamás debería haber empezado.

Todos los miembros de las Rosas Doradas acababan de limpiar su pequeña base provisional y una cosa estaba cara, tres miembros de su organización junto a tres jóvenes terrenis, se habían escapado.

—Desplegad a todos los hombres —les ordenó Nathael cuando le quedó claro que no los encontrarían alí dentro— ¡No pueden estar muy lejos! ¡Deprisa!

El general se frotó los ojos con incredulidad. ¿Por qué? ¿Por qué sus chicos lo traicionaban de esa forma? Entonces se fijó en la chica que llevaba un vestido turquesa y que parecía un espejismo.

—Dime que no sabías nada —le dijo a Amaranta. Ella se quedó callada y eso exasperó aún más a Nathael—. ¡Quien calla otorga! —le gritó enfurecido— Si tus visiones han cambiado, deberías habérmelo dicho.

—Siguen siendo las mismas.

—Teníamos un plan —le contestó Nathael mientras firmaba con prisa unos documentos para dar caza y captura a sus hombres.

—Tú tenías un plan, yo solo tengo mis visiones.

—¿Qué intentas decirme?

—No te preguntes el por qué, pregúntate para qué se han ido —le dijo Amaranta mientras sus ojos cambiaban de color.

—¿Qué ves? —le preguntó Nathael con impaciencia.

—Están bien, sanos y salvos —le contestó con una sonrisa.

—Me lo podrías haber contado.

—No has escuchado ninguna de sus propuestas —lo enfrento Amaranta—. Ni tampoco las mías —le recordó.

Nathael se alejó de Amaranta con recelo. Toda la amistad y camaradería que antaño los había unidos acababa de esfumarse. No podría volver a confiar en ella ahora que les había dado la espalda públicamente.

—Debía hacerlo —susurró Amaranta a modo de disculpa mientras se mantenía en el pasillo como si fuera de hierro y luchaba para no derrumbarse. Por una vez en su vida Amaranta sería la fuerte y aguantaría como un escudo protector todos los golpes.

—¡Amaranta! —la llamó una voz chillona que solo podía ser la de Lilah— ¿Dónde están? —le insistió mientras aún tenía la respiración entrecortada por su entrenamiento.

—No lo sé.

—¡Sois todos unos mentirosos! Yo también quiero ir con ellas, quero salvar al resto de mis compañeras y….

—¡Cállate ya! —le ordenó Gerald colocándole su grande mano en su boca— Tus amigas están bien. No va a sucederles nada, pero deja de formar este escándalo.

—Todo está controlado le mintió Amaranta.

—Lo sabias todo —acusó Lilah a Gerald—. Y no has confiado en mí. ¿Cómo vas a convertirte en mi escolta? ¡Ni en un millón de años!

—Escúchame…

—Déjame en paz, ¡todos! —le gritó Lilah largándose.

—Quizá ya no sea necesario ser su escolta —le explicó Amaranta a Gerald—. Las visiones van a cambiar a partir de ahora.

—No estamos en la mejor posición, cualquier ayuda puede ser crucial.

—¿No será que le estás cogiendo gusto a eso de entrenar con ella?

—Si quiero ser su escolta bien debo encontrarme a gusto.

—Sabes a lo que me refiero —le contestó Amaranta.

—Van a venir tiempos duros, amiga —le dijo Gerald con la mirada seria—. No hay tiempo para ser caprichoso.

Nora, Vanir y Zale se encontraban siguiendo la ruta que supuestamente Reik había emprendido y de los tres, solo había uno que parecía tener las cosas claras.

—¿Cómo sabes que ha ido por aquí? —le preguntó Nora esforzándose para seguirles el ritmo.

—Conozco a mi amigo —le contestó Zale.

—Tampoco es que haya muchos sitios por los que salir de aquí —puntualizó Vanir.

—¿Correremos durante mucho rato? —se quejó Nora.

—¿Ya estás cansada? —le preguntó Vanir que a pesar de ser casi de la misma estatura que Nora se movía mucho más rápido.

—Nada de eso, solo es mera curiosidad.

—Hay que encontrarles a tiempo antes que se esfumen —le dijo Vanir.

—¡Ningún terrenis puede esfumarse! —exclamó Nora.

—Créeme —le contestó Zale con una sonrisa—. Si alguien puede hacerlo esos somos las Rosas Doradas.

—Debemos aumentar el ritmo —los apresuró Vanir adelantándose un poco—. Sin errores, ¿vale?

—Está bien —le contestó Nora un poco molesta porque al formular la pregunta solo la hubiera mirado a ella.

Los tres aceleraron su carrera en el bosque mientras se alejaban más y más de los Rosas Doradas y se acercaban a la Primera base. Zale solo podía pensar en Reik y en lo problemático que sería todo si no llegaban a tiempo.

—Esperad —les advirtió Vanir. Zale lo siguió en silencio mientras escuchaban pisadas.

—¿Qué ocurre? —se impacientó Nora.

—Silencio —le susurró Zale agudizando el oído mientras Vanir lo cubría por la espalda—. Quédate con ella —le ordenó a Vanir.

—¡Puedo protegerme! —replicó Nora.

—Ahora no, Nora —le dijo para zanjar el tema. Zale salió disparado a través de los árboles con sus ojos del color de la noche.

—¿Qué está pasando? —le preguntó Nora.

—Tú quédate quieta y en silencio.

—¿Crees que estás al mando? ¿A quién demonios estás dando órdenes?

—A quien me da la gana —le contestó Vanir sin prestarle atención porque se mantenía en guardia.

—Sabes que eres…

—¡Chicos! —los interrumpió Zale—  Podéis venir, no hay peligro.

Nora siguió a Vanir y Zale en silencio sin comprender qué ocurría entonces, su malhumor se evaporó y su rostro se iluminó cuando se encontró con su amiga. Alysa se encontraba como de costumbre, con su actitud desafiante y sus ojos avispados.

—¿Como? —preguntó Alysa cuando vio a Nora.

—Amaranta me lo ha contado —le explicó su amiga antes de correr a sus brazos. Ambas se fundieron en un abrazo en el cual se transformaron en una. Alysa se relajó bajo los brazos de su amiga y se notó tan liviana que a punto estuvo de caerse.

—¿Por qué lloras, tonta? —le preguntó Nora.

—No estoy… —le replicó Aysa, pero entonces apareció una risilla nerviosa cuando notó sus mejillas mojada— Te quiero tanto.

—Y yo a ti, pero ahora en serio, nada de ir cada una por su lado.

—Nada —le contestó Alysa.

Reik, Vanir y Zale se quedaron incómodamente presenciando el reencuentro de esas dos amigas. Entonces Zale colocó una mano en el hombro de Reik.

—¿Estás bien? —le preguntó señalando el pantalón ensangrentado.

—Me ha curado —le explicó señalando a Alysa que no dejaba de llorar.

—Sabes que… —le susurró Zale con los ojos cargados de cariño.

—No hace falta que lo digas —le contestó Reik mirándolo con la misma emoción—. Yo también —le susurró bien bajito para que Vanir no los escuchara.

—¡Esto es muy bonito! —gritó en ese momento Vanir— Pero hay que largarse.

—Tienes razón —le contestó Reik limpiando la zona para no dejar rastro.

—¿Y hacia dónde vamos? —les preguntó Alysa.

—Habrá que tomar prestado un coche —le dijo Zale señalando la carretera.

—Cierto —le contestó Reik mostrándole las llaves de un todoterreno.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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