Colmillos del pasado: capítulo 1 – Muñeca de porcelana

Colmillos del pasado

Melisa es una vampira perteneciente a los Argentum, una de las familias más antiguas e importantes de su raza. Desde pequeña ha vivido una vida llena de restricciones por culpa de un padre demasiado exigente y anticuado. Será en su aburrido vigésimo cumpleaños cuando Melisa conocerá a Leandro, un vampiro de atrayentes ojos grises dispuesto a… ¿Qué querrá realmente ese vampiro de ella?

¡Hola a todos! Arrancamos con una nueva historia con unos buenos colmillos afilados. Si es la primera vez que te pasas por aquí, ¡bienvenido!, y si has decidido repetir, te advierto que la historia ha cambiado muchísimo.

Por quien no lo sepa, soy una loca de las películas de terror, en realidad lo soy de cualquier tema paranormal que implique fantasmas >_<. Peeeeeero como soy consciente que no todos sois como yo (creo que el mundo no soportaría tanta locura junta), he decidido escribir mi particular versión romántica de Halloween, la noche de Todos los Santos o lo que queráis celebrar. Esta vez os traigo un tema muy típico: vampiros. Es muy poco original, ¡para qué negarlo!, pero es que quería darle un puntito «oscuro» al cuaderno. Por cierto, que nadie se asuste que es romántica  (¡de verdad de la buena!).

¡Que paséis una feliz semana!

SEDUCCIÓN

Criaturas fundidas con la muerte,

mentes perversas y tupidas.

Colmillos clavados en carne ajena

como espinas de un rosal marchito.

Vivos sin poseer vida,

muertos sin estarlo nunca.

¿Qué puede atraerte de ellos?


titulo-colmillo1Una inocente niña idéntica a una muñeca de porcelana se mecía en un columpio destartalado. Y a pesar que era una hora temprana y que el frío se le clavaba en las mejillas, ella seguía balanceándose en una sincronizada danza con el aire. Mientras la niña se sujetaba con fuerza a sus cadenas escuchaba los gritos, risas y llantos de los demás niños dirigiéndose al colegio.

—¡Melisa! —la llamó en ese momento un hombre que acababa de bajarse del coche—. ¿Qué haces aquí?

Ella saltó del columpió para correr hacia los brazos de su padre.

—Estaba hablando con mamá.

—Te tengo dicho que es peligroso. Ahora debes ir a la escuela.

Su padre le puso los guantos rojos que le había tejido su madre y la cargó para llevársela. Mientras se marchaba, Melisa cerró los ojos para recordar todos los buenos momentos que los tres habían vivido en ese columpio.

—Mamá está contenta —le dijo de repente a su padre.

—¿Por qué lo dices?

—Porque nos está mirando ahora mismo con una gran sonrisa.

Una diminuta sonrisa helada

perdida en una turbia madruga.

Ojos que ven lo imposible

rodeados por un corazón triste.

Una mano enguantada de lana

deshilachada por el paso del tiempo.

—¿Te doy miedo?

Melisa se estaba aburriendo como una ostra. Llevaba más de dos horas encerrada en su propia casa incapaz de encontrarle el punto a esa fiesta del infierno. Quizá ese era precisamente el problema, que más que una elegante fiesta de una renombrada familia vampírica, eso parecía un maldito funeral. ¿A caso estaban muertos? Porque si lo estaban, definitivamente ella seguía teniendo mejor gusto que toda esa panda de estúpidos que no dejaban de dar vuelta a lo largo del salón de su casa.

—Parecéis estúpidos —murmuró observando esa pantomima mientras acariciaba el gato de su regazo.

—¡No seas cruel! —la reprendió su amiga Catrina—. Deberías animarte, es tu cumpleaños. Sonríe y sal a bailar un poco.

—¿Te parezco idiota? —le preguntó con un gruñido mientras su amiga se reía.

—Eres el alma de la fiesta —le contestó con sarcasmo.

—¿Hasta cuando crees que mi padre me obligará a soportar estas tonterías? Tengo veinte años, ya soy mayorcita.

—A este paso, me temo que tu padre no te dejará en paz hasta que no te cases con algún vampiro estirado de esos que están bailando como patos mareados.

—¡Dios mío! Menudo horror —le dijo, y dio un gran trago de su copa llena de sangre—. Te lo advierto. ¡Me volveré loca!

—¡No puede ser! —exclamó Catrina tensándose—. Tú padre acaba de entrar.

—Esto cada vez se pone peor, Cat.

—Lo que tú digas. Pero tú disimula o el rapapolvo que nos caerá será de campeonato.

Y precisamente por eso, porque las dos sabían las consecuencias de no acatar las órdenes de Goliat, ese para de vampiras adoptaron una expresión alegre y despreocupada.

—¿Crees que se dará por satisfecho y se largará rápido? —le preguntó Melisa fingiendo que conversaban con un grupo de invitados.

—Creo que… —pero su amiga se quedó calla—. Vale, ya podemos respirar, se acaba de ir.

—¡Jesús! —se relajó Melisa apartándose de los invitados—. Ahora que ya ha hecho su acto de presencia y se ha asegurado que todo va sobre ruedas, es momentos de largarnos de aquí —le dijo mientras se arrancaba la pinza de su cabeza en forma de rosa que le había regalado su padre.

—No me asustes. ¿Qué quieres decir?

Ella le mandó una sonrisa mientras le mostraba sus juguetones colmillos.

—Tenemos veinte años, nos merecemos algo mejor.

Melisa agarró a Catrina por la mano y se la llevó a su habitación.

—¡Cuéntamelo! —le exigió su amiga mientras la otra no dejaba de rebuscar en su armario.

—No hay tiempo, ponte esto —le ordenó entregándole un ajustado vestido verde—. Seguro que con tu cabello pelirrojo te quedará genial, y estos zapatos también. Mi padre lo lleva claro si se cree que nos quedaremos aquí. Hay un taxi esperándonos fuera.

—Van a matarnos —le contestó Catrina desabrochándose su vestido largo—. ¡Y por eso eres mi mejor amiga!

—¿Cuál te gusta más? —le preguntó Melisa mostrándole dos vestidos nuevos extremadamente insinuadores.

—El azul eléctrico.

Ella asintió por el excelente gusto de su amiga y se quitó todas las horquillas de su cabello para dejárselo suelto.

—Hay que ir con cuidado. Mi padre se ha encerrado en su despacho, pero si sale ahora, descubrirá que tramamos algo.

En pocos minutos ambas se transformaron en una versión más seductora de sí mismas. Seguramente a Goliat ahora mismo le costaría digerir la imagen de su única hija, ya que por mucho que intentase ponerle reglas y límites, ella estaba dispuesta a sobrepasarlos todos.

—Ahora viene lo complicado —le advirtió Melisa recogiendo sus tacones del suelo.

Porque que esta noche fuera su fiesta de cumpleaños y que su padre perteneciera a una de las familias vampíricas más prestigiosas no hacía nada más que complicar la situación.

—Cat, descálzate y cuando te avise, corre hacia la cocina.

—Vale —le contestó su amiga sujetando los tacones como su amiga.

Melisa revisó el pasillo en silencio para asegurarse que estuviera despejado. Sabía que en la cocina, Antonia, su cocinera, no le impediría su huida y que se haría la despistada para no tener problemas con su amo.

—¡Corre! —le gritó Melisa saliendo disparada, y ambas corrieron hacia la cocina donde para su sorpresa, se la encontraron vacía—. ¿Antonia? —preguntó Melisa, pero como nadie les contestó, ambas se relajaron y empezaron a reírse mientras se cubrían la boca para no hacer ruido.

—¡Dios mío, Mel! —le dijo Catrina mientras se calzaba de nuevo—. Tu padre nos asesinará, ya es oficial.

—Shh…cállate, creo que he escuchado algo.

Las dos corrieron hacia la pequeña puerta que usaba el servicio para salir de la casa. En el exterior, una ráfaga helada les puso la piel de gallina y ambas titiritaron un poco por la excitación.

—¿Y ahora qué? —le preguntó Catrina cubriéndose sus brazos desnudos.

—Ahora deberíamos tener un taxi esperándonos en la salida de atrás.

Pero por más que las dos intentaron encontrar el taxi, allí no había nadie.

—Aquí no está —le informó su amiga.

—¡Joder! —gritó Melisa mientras le daba una patada furiosa a una de las macetas de su jardín—. ¡Maldito taxista! —gritó de nuevo mientras mandaba bien lejos otra maceta.

—Seguro que tu padre se ha enterado.

—¡A la mierda! —suspiró Melisa al darse cuenta que tendría la peor fiesta de cumpleaños de toda la historia por culpa de un padre estúpido.

—Podemos salir otra noche de fiesta —intentó calmarla Catrina, pero Melisa ya estaba encendida.

—¿Tan difícil es entender que quiero divertirme? ¡Tengo veinte años! —le gritó a la nada—. ¡Encima pagué al taxista por adelantado!

Mientras Melisa seguía arrojando palabras pocos cariñosas a su padre sobreprotector, se escuchó un  fuerte risa masculina escondida entre los arbustos.

—¿¡Quién anda allí!? —preguntó Melisa mirando a través de su jardín.

—Creo que eres una jovencita muy desvergonzada, encanto —le contestó.

—¿¡Quién eres!? —le preguntó Catrina—. ¡Muéstrate!

—¿Siempre sois así de mandonas? —les preguntó la misteriosa voz en un tono divertido—. Estaba intentando dormir un poco, pero lo habéis fastidiado.

—¿Y qué nos importa? —le preguntó Melisa—. ¡Esta es mi casa!

—Ten cuidado —le susurró Catrina a Melisa mientras se iban acercando a la voz.

—¿Esta es tu casa? —le preguntó la voz que seguía escondiéndose—. Ya entiendo, entonces tú eres Melisa.

—Ahora que sabes quién soy. ¡Dime quién eres! —le exigió.

Melisa tuvo que dar un paso hacia atrás para no chocarse con él. Ante ella apareció como si fuera un leopardo un vampiro joven vestido con un elegante traje oscuro.

—¿Y tú vas a decirme qué haces escapándote de tu propia fiesta de cumpleaños? —le preguntó mirándola descaradamente de arriba abajo—. No te recordaba con esta ropa. Sin duda si hubieras llevado esto desde un buen principio me hubiera resultado más estimulante quedarme allí dentro. Tengo que confesarte que eso de allí dentro es un muermo —le dijo bostezando. Y aunque en el tema referente a su fiesta de cumpleaños Melisa opinaba lo mismo, se quedó en silencio contemplando a ese extraño vampiro que parecía tan joven como ella.

Tenía el cabello oscuro y corto, pero con la poca luz que se filtraba en el jardín no pudo diferenciar si era negro o castaño. Sus ojos eran claros y tuvo que aceptar que era bastante guapo. Ese vampiro era algo más alto que ella, con una piel de porcelana y unas facciones muy poco comunes.

—¿Vas a decirme algo o te quedarás mirándome con esta cara de asustada toda la noche?

—¡Melisa! —la llamó Catrina mientras Melisa se sorprendía al darse cuenta que sus ojos eran grises. En realidad, eran de un tono nublado entre el negro y el azul que a ella le recordó a su infancia. Entonces, ese vampiro sacó sus perfectos colmillos para morderla.

—¡Apártate! —le gritó Catrina empujándolo para proteger a su amiga. Melisa se sorprendió por haber sido tan estúpida y vulnerable. ¿Por qué se había quedado congelada cuando él había intentado morderla?

—Vaya, dos gatitas guerreras —les dijo él guardando sus colmillos—. Encantado de conoceros, ahora debo marcharme.

—¡Espera! —lo llamó Melisa—. ¿Quién diablos eres?

—¿Te interesa?

—¡Dime tu nombre! —le ordenó más furiosa consigo mismo que con él. Y quizá fue su tono autoritario o su ingenua impaciencia, lo que lo hizo sonreír.

—Leandro —le contestó—. Leandro Anemone.

—¿¡Leandro!? —repitió ella mientras sentía que empezaba a ahogarse.

—¡Mel! ¿Qué te ocurre? —la llamó su amiga sujetándola—. ¿Lo conoces?

Pero ella no pudo contestar a su amiga. Lo suyo con Leandro jamás había sido una amistad real y para ser sincera, dudaba que él hubiera sentido el más mínimo afecto por ella. De la noche a la mañana Leandro había desaparecido sin decirle nada así que para esa niña que solo conocía su nombre, no le había quedado nada útil para poder buscarlo. A estas alturas Melisa ya había perdido toda esperanza de reencontrarlo por eso, escuchar ese nombre de nuevo de la boca de un vampiro adulto, la había impresionado tanto.

—Ha cambiado mucho —solo pudo contestarle a su amiga.

El Leandro que ella recordaba era un niño triste, pequeño y asustadizo, no un desvergonzado, extrovertido y atractivo vampiro. ¿A caso era eso posible? Lo era, porque solo él poseía semejantes ojos grises.

No te olvides de dejarme un comentario por aquí si te ha gustado. ¡Gracias!

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

3 thoughts on “Colmillos del pasado: capítulo 1 – Muñeca de porcelana”

  1. R. Crespo dice:

    ¡Increíble! Realmente magnífico, Clover. Me ha costado leerlo, eso sí, porque hacía pausas para estudiar mientras, pero llegó un momento en el que no pude evitarlo y tuve que dejarlo para seguir leyendo. ¡Y me ha fascinado! Melisa es estúpida por sentirse confundida, sabe perfectamente que desea más a Leandro de lo que quiere admitir. Y reconozco que me he “enamorado” de él desde el primer momento. ¡Qué raro! Jajajaja.

    No sé por qué me da que me sabrá a poco todo el conjunto… XD

  2. Clover dice:

    ¡Será posible! ¿Dejando de estudiar por unos vampiros? ¡Dios bendito, somos unas débiles! (esto léelo con un acento de mujer mayor amarga jajaja).Me anima muchísimo saber que te ha gustado, la he escrito tal y como la he sentido (ya sabes que por aquí todos somos muy libres). Supongo que tienes razón con lo de la extensión, mi cabecita a día de hoy no da para más historias largas (aunque siempre que digo eso termino escribiendo las historias másssss largas, soy un caso >_<). ¡Ahora vete a estudiar a tope! Que no me entere yo ¬ ¬ ¡Muchos besos!

  3. R. Crespo dice:

    La verdad es que me fui al gimnasio… hasta ahora jaja. Pero hice pausas en la lectura para estudiar ¿eh? Digamos que leer fue mi descanso (? xD. En fin. Yo también escribo lo que siento y como lo siento, quizá por eso me caes taaaan bien *O*, y tal vez por eso también esté enganchada a tus historias (aunque no pueda dedicarles el tiempo que quisiera >.<). Y… ¡nada más! (creo) Solo quería responderte, ya ves 😀

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