Alas Negras: capítulo 2 – ¿Hogar dulce hogar?

ALAS NEGRAS

¡Bienvenidos! Si os apetece volar hacia un lugar mágicos y desconocido, estáis en el lugar adecuado. De la mano de Agatha viajaremos a un lugar muy especial. ¡Disfrutadlo!

cap-2Para Agatha más que una llegada lo suyo podía definirse como un regreso a pesar que era la primera vez que pisaba sus tierras con su cuerpo actual. Hacía dos meses que había aterrizado en Traisa y a su alrededor todo se encontraba como se suponía que debía estar. Su castillo seguía siendo imponente, su pueblo rico y su reino iba más allá de lo que alcanzaban a ver sus ojos. «Todo, todo, no», pensó con una punzada de nostalgia recordando el precio que debía pagar por ser quien era. Algunos demonios habían muerto, grandes guerreros, comerciantes y campesinos, que habían agotado hasta el último aliento de su existencia para enriquecer su reino. Esa era la clase de existencia que uno podía aspirar como demonio a órdenes de un dominante, y a pesar que a Agatha estaba familiarizada con ello, no podía evitar encontrarse triste. Desde su retorno había tenido que lidiar con ello, ponerse al corriente sobre todo lo sucedido en Traisa e intentar encontrar una solución para todas sus guerras.

Una vez leídos todos los exhaustivos informes que Nua le había preparado, era el momento de tomar decisiones. Porque por mucho que su hombre de máxima confianza hubiera estado gestionando sus tierras con éxito, era el momento de coger las riendas de su responsabilidad y llevara a los suyos a una nueva y gloriosa era.

—¿Crees que Handal seguirá presionándonos? —le preguntó a Nua mientras examinaba el rostro de su enemigo dibujado a carbón.

Ese dominante había cambiado, ahora se veía atractivo, con una larga cabellera oscura y una barbilla picuda. Por la ilustración pensaba que tendría más o menos su edad y que, por tanto, se habría visto obligado a vivir alejado de los suyos de la misma forma que le había sucedido a ella.

—Si no lo ha dejado de hacer durante todos estos años, mi señora, no sé por qué motivo debería haber dejado de hacerlo ahora. Sigue queriendo el norte de Traisa.

—¡Jamás será suyo! —le gritó Agatha lanzando ese dibujo al suelo.

Nua silenciosamente se acercó al retrato y lo guardó junto al resto de los documentos importantes. «Tan práctico y racional como siempre», pensó sintiéndose una inútil porque Nua sabía más de conflictos bélicos, de la guerra y de Handal que ella. Él se había encargado de mantener la gestión de Traisa durante su ausencia, había dirigido sus guerras y la verdad es que lo había hecho estupendamente. ¿Cómo demonios se suponía que se ganaría ella la simpatía de los suyos después de esos veinte años? Quizá creían que este ya no era un lugar para ella y que Nua era una mejor opción. Ya ni recordaba qué había hecho ella antes de tenerlo, solo sabía que cuando llegase su hora y tuviera que partir al mundo de los humanos para reencarnase de nuevo, él estaría en Traisa para ayudarla.

—Todos esto le pertenece —le recordó Nua señalando la parte norte de la maqueta de sus tierras—. Aquí están sus hombres y aquí, hay fortificaciones. Hemos creado un campamento militar permanente en este lado para contenerlos y en el otro extremo, tenemos hombres vigilando día y noche. Si ocurre cualquier movimiento lo sabremos…

«Lo sabrás tú». Porque la misión de Agatha parecía ser exclusivamente la de perdurar. No había nada que realmente la hiciera especial a excepción de ese poder abrumador que parecía contener su cuerpo. «¿Y si el anillo no me hubiera elegido a mí?».

—¿Señora?

—¡Quiero terminar con Handal cuanto antes!

—La situación está controlada, como le acabo de explicar, con este fuerte podremos ganarlo.

—Esta noche me reuniré con uno de los sirvientes de Kenzo.

—¿Cree que ese dominante va a ayudarla? ¡No lo necesitamos!

—Tú no lo entiendes. No me basta con ganarlo —le recordó mientras los ojos se le teñían de rojo—. Quiero acabar de una vez por todas con él. Quiero que comprenda todo el sufrimiento que me causó. No seré tan blanda como en el pasado, yo… —pero Nua la detuvo colocándole una mano encima de su hombro.

—Usted es Agatha, aunque posea el conocimiento de sus antepasados, es única a su manera. No deje que la confundan.

—¿¡De qué estás hablando!? —le preguntó agitada porque eso es precisamente lo que le estaba ocurriendo.

—Desde que ha llegado aquí parece sentirse fuera de lugar y eso es extraño, porque si hay alguien que pertenezca indudablemente a Traisa, esa es usted.

—Sé quién soy. No te olvides que recuerdo como si fuera ayer cada suceso de estas tierras.

—Perdone —se disculpó con un titubeo—. Me ha pareció que estaba más nerviosa de lo habitual.

—¡Sé quién soy! —le repitió más por cobardía que porque lo pensase.

En cierta forma Agatha sentía la necesidad de reafirmarse enfrente de Nua. Él la conocía mejor que nadie, desde muchas perspectivas y formas. En cambio ella, apenas sabía nada de él, de sus miedos y sentimientos.

Agatha se sentía como un ser que no se pertenecía ni a ella misma porque era uno y muchos a la vez. Tenía un cuerpo dentro de otro y no sabía en qué punto terminaba el suyo y empezaba el siguiente. Eras, siglos, y años se apilaban en su alma causándole una gran agonía en su alma.

Agatha era plenamente consciente que había adquirido todo ese conocimiento con una única finalidad. El conocimiento era poder, poder para controlar, matar y sobrevivir. Así que si eso significaba mantener una complicada tregua con otro dominante, que así fuera. Haría lo que fuera para terminar con el traidor que la había derrotado años atrás y para desestabilizar una balanza que se había mantenido inalterada durante años. Jamás debía haberse dejado atrapar por Handal, y el mero hecho de recordarlo, le resultaba humillante. «Voy a fulminarte», pensó mientras contemplaba el norte de Traisa en su maqueta y se preguntaba en qué lugar exacto mataría a Handal.

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

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