Alas negras: capítulo 1 – Directos a casa

ALAS NEGRAS

Parte I: Vínculos.

Agatha lleva días encontrándose mal, rendida ante su inevitable muerte decide ir a tomar un poco de aire en el balcón. En ese momento se origina su encuentro con un ser llamado Nua el cual no le resulta del todo desconocido. ¿A caso a llegado el momento para Agatha de recuperar sus anheladas alas negras? 

¡Hi! Después de semanas de cambios por el cuaderno os traigo la nueva versión de Alas negras. La llamo nueva en todos los aspectos porque no he podido evitar modificarla (unos segundos de silencio por la antigua Alas negras, la queríamos mucho pero todos sabemos que era momento de cambiarla). Sin más, os dejo con la mejor versión que se me ha ocurrido regalaros. ¡Ojalá la disfrutéis mucho! Os quiero

cap-1Un mal presentimiento acompañado de un dolor agudo de cabeza despertó a Agatha. «¿Y si no llego a contarlo mañana?». Su temperatura corporal se encontraba por las nubes, sudores fríos se le habían calado en los huesos y sus manos no dejaban de temblar como si estuviera en el Ártico. «Peor que el infierno», pensó con una media sonrisa apagada porque si había alguien capaz de hablar del inframundo con conocimiento de causa, esa era ella.

Rendida ante su inevitable final Agatha salió al balcón. «Al menos moriré donde me plazca». A esas horas de la madrugada se respiraba frescura en el exterior. Sus pómulos, que se habían empezado a decolorar como si fueran manzanas podridas, estaban hirviendo. Ningún humano hubiera podido soportar su estado sin haber perdido el conocimiento ya. Agatha se estaba debilitando a pasos agigantados así que contempló el cielo en un rezo.

En ese momento un puntito luminoso clavado en el cielo llamó su atención, las pupilas se le dilataron como las de un gato y cayó hipnotizada por su zigzagueo. Destacaba en medio de la noche, tan nítido y claro, que Agatha no se permitió creerse que era lo que había estado anhelando. «¡No puede ser! ¡No puede!» Porque por mucho que en su interior hubiera estado suplicando para que ocurriera semejante milagro, no podía creerse que ahora mismo le estuviera sucediendo delante de sus propias narices. ¿Así de simple?

Se llevó una mano temblorosa a su garganta y palpó el único recuerdo físico que conservaba de su hogar, un colgante de oro con un ala rota que ya ni recordaba quién se lo había regalado. El metal le confirmó que no era un sueño. Su media ala metálica se encontraba como siempre, encapsulando todos los momentos acaecidos muchos siglos atrás. Agatha recordó el mundo a través de los sentidos de sus ancestros y rememoró cada vez que habían acudido a ella como ahora. Entonces tocó la barandilla y la agarró con fuerza para estabilizarse. Como el metal se encontraba algo húmedo por culpa del rocío patinó y necesitó sujetarse con la otra mano. Levantó la vista hacia el cielo y el puntito luminoso ya no estaba. «¿Dónde diablos te has metido?»

Una punzada en ese momento la rompió por dentro y escuchó un crujido intenso en sus huesos como si acabaran de cortar sus hilos de marioneta. La jaqueca, el calor y la incomodidad que había estado sintiendo se esfumaron con la misma facilidad que el vapor de una olla recién abierta. Entonces una pequeña corriente a su espalda le indicó que alguien acababa de aterrizar en su balcón. «¡No puede ser otro más que él!», pensó con nerviosismo.

Agatha se cruzó por primera vez con ese ser que había visto en su mente. Estaba arrodillado, vestido de luto, encapuchado y con un cuerpo tan delgado y pálido, que bien podía ser la misma muerte personificada en lugar de…

—¡Nua! —lo llamó con una fuerza ancestral que no le pareció la suya.

Quizá en el fondo no lo era porque él levantó el rostro como si hubiera captado otra persona. Nua se movió pausadamente y Agatha temió por un segundo que pudiera rechazarla. Seguía teniendo unos ojos demasiado azules para ser consideraros hermosos. Helados e inexpresivos como dos bolas de nieve en lugar de poder ser el espejo de ninguna alma. Una tosca cicatriz le afeaba su delgado cuello y a través de su capucha captó sus particulares mechones blancos.

Nua se levantó con elegancia mientras se abría la cremallera de su cazadora. Agatha se quedó contemplando su manos ágiles y huesudas, «asustan». Él no le dijo nada, sabía que extrañamente hablaba, tan solo se quitó uno de los anillos que llevaba puesto y se lo tendió. «¡Es mi anillo!». Ella lo observó con detenimiento como si esa piedra preciosa la estuviera llamando. Un anillo pesado de oro macizo que llevaba incrustada una pequeña rosa de color carmesí en el centro. Entonces pudo sentirlo, al igual que ella, el anillo la había estado esperando.

—¡Has tardado una eternidad en encontrarme! —le recriminó furiosa saboreando por primera vez todo su poder.

Nua no le contestó, bajó la cabeza avergonzado mientras Agatha asentía. Gracias al poder del anillo su temperatura corporal se estaba normalizando. El pecho se le llenó de aire fresco y por primera vez se sintió realmente viva.

—Han sido unos tiempos duros, mi señora.

—¿Duros? —le preguntó frunciendo el ceño porque no entendía qué podía ser más duro que lo cerca que ella había estado de la muerte.

Hacía años que Agatha había despertado de su ignorancia y todos los recuerdos de sus vidas pasadas la habían atrapado: su tierra, su gente, sus alas y su misión. Se suponía que cuando eso sucedía era la prueba irrefutable que estaba lista para regresar a sus tierras y gobernarlas, pero nadie de los suyos se había dignado a presentarse allí para entregarle su talismán. Sin su rosa carmesí no podía recuperar sus alas, y sin ellas, no podía regresar. ¿A qué habían estado esperado?

—Ya tendrá tiempo de entenderlo —le dijo Nua bajándose la capucha y mostrándole sus cabellos blancos algo despeinados—. ¿No le gustaría regresar a su casa?

—¡Por supuesto! Pero deja que sea yo quien lo decida. Yo soy…

Antes que Agatha pudiera decirle que ella era su señora, una sacudida le hormigueó la columna vertebral y las alas negras que habían estado aletargadas por tanto tiempo se desplegaron como si fueran un abanico. Ella se sorprendió por lo sencillo que le había resultado esta vez y las contempló a través del cristal de su balcón. Eran unas alas grandes, de un opaco color negro que parecía mezclarse con la noche. «¡Preciosas!», pensó con emoción, «¡exactamente cómo las recordaba!». Entonces se subió a la barandilla de su balcón para lanzarse. Sus antecesoras se lo habían explicado en multitud de sueños así que Agatha sabía qué hacer y hacia dónde ir. Estaba lista y ansiosa por saltar al vacío, pero antes que pudiera dejarse envolver por el aire y alcanzar su destino, una mano helada le agarró la muñeca con fuerza.

—Debe vigilar, mi señora —le advirtió Nua como si la considerase poco poderosa.

¿Quién demonios se creía que era?, se preguntó Agatha. Nua automáticamente la soltó como si se hubiera quemado. Los ojos de ella acababan de cambiar al rojo llameante exponiendo abiertamente todo su poder.

—Lo siento —se disculpó sin saber qué más decirle.

Pero él no la miró, se cubrió de nuevo con su capucha y se precipitó al vacío. ¿Acaso se habría molestado con ella? ¡Había sido su culpa!

Agatha se lanzó por el balcón de su casa y mientras seguía a Nua a través de la noche no pudo evitar fijarse en sus alas. También eran preciosas; grandes, plenas y con un movimiento tan vigoroso, que parecían de hierro. «Por fin volvemos a casa», se dijo Agatha pensando más en Nua que en ella. «Los dos».

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

2 thoughts on “Alas negras: capítulo 1 – Directos a casa”

  1. Anónimo dice:

    Planeas que sea un libro o una historia corta

  2. Clover dice:

    ¡Hola! Alas negras está en estado “terminado” en el blog. Es una de las primeras historias que subí al blog, y para aquél entonces todas eran bastante cortas (todo lo contrario de lo que me sucede ahora). Quizá en el futuro escriba algo más respecto a este mundo (tipo libro) porque es un mundo que creo que puede dar mucho más de si y me divierte mucho escribir. Abrazos.

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