Cascabel

Buenos días preciosos.

Después de mi regreso a casa (lo bueno y las vacaciones siempre parecen durar poco), me pongo manos a la obra. La idea era publicarlo para el día de todos los Santos pero entre una cosa y otra se me complicó el tema (prometo haber aprendido la lección). En fin (suspiro largo), aunque sea con algo de retraso he decidido traerlo igualmente porque el protagonista esta vez es un precioso gato. Me encanta todo de ellos, podríamos decir que es mi animal favorito desde pequeña, por eso no es algo extraño que haya logrado colarse alguno en mis textos. ¡Que paséis un hermoso día! Besos gatunos.

El gato de Anabel se escapa una noche especialmente mágica y misteriosa. En medio de la aventura gatuna, su dueña se topará con un ser horrible y desconocido. ¿Qué será exactamente ese monstruo y por qué su gatito parece no tenerle miedo?

Cascabel

—¡Cascabel! ¡Cascabel! ¡Cascabeeeeel! —gritaba con todas sus fuerzas Anablel a través de la calle, pero su hermoso gato negro se negaba a aparecer— ¡Te ordeno que vengas!

Hacía más de diez minutos que el minino había salido a la estampida aprovechando un despiste de su dueña. Un comportamiento verdaderamente extraño para un gatito tan hogareño como él. Normalmente esa bola peluda perfectamente redondeada se pasaba el día en el sofá, acurrucado en una mullida manta y nunca parecía encontrar nada interesante en el exterior. Nunca no, porque Cascabel había decidido hacía unos minutos que la noche de todos los Santos era el mejor momento para empezar sus propias aventuras gatunas lo cual, dicho de paso, no podía dejar de preocuparla.

—¡Cascabel! Ven ahora mismo o no habrá más galletas —intentó amenazarlo su dueña. Dios sabía qué impulso lo habría llevado a cometer semejante temeridad cuando era el ser más glotón y mimado del planeta.

Anabel llegó corriendo hasta una bifurcación y se encontró ante un dilema, incapaz de decidirse por su izquierda o derecha, esperó unos segundos agudizando el oído y a ella llegó un leve tintineo, ¡ese era su Cascabel!

—¡Ven ahora mismo! —lo llamó de nuevo, y esta vez el gato apareció ante ella de un salto y le maulló para justificarse— Ven aquí, pequeño, volvamos a casa —procuró hablarle en un tono dulce y sosegado aunque por dentro se sentía frenética. Pero el gato parecía tener un claro objetivo esa noche, misión que no había cumplido aún, y arrancó a correr calle abajo.

Su dueña se estremeció, a esas horas de la noche la calle estaba desértica y nadie podía ayudarla. Encima, para empeorarlo todo, su perezoso y gordito gatito parecía encontrarse en mejor forma que nunca.

—¡Cascabel, detente ahora mismo! —le ordenó sin autoridad alguna.

El gato maulló burlonamente y siguió con su cacería fantasmal. Después de unos minutos de carrera el gato llegó a otro cruce iluminado por una solitaria farola y se detuvo en seco.

—Ven aquí, pequeño, no va a pasarte nada —le decía Anabel acercándose despacio. Cascabel la miró un instante y ella supo que arrancaría a correr otra vez.

—¡Espera! —le gritó enfadada, pero el gato ya se había perdido de nuevo a través de otra oscura calle.

Su dueña intentó seguirle el ritmo pero runa sombra oscura le cortó el paso. Su tamaño no era para nada el de su gatito, y automáticamente tuvo un mal presentimiento. El corazón de Anabel latía acelerado, su respiración era fuerte e irregular y sus manos no podían quedarse quietas. Por un instante, se olvidó de su gato y temió por su propia vida al ver la sombra acercársele.

Ese manto oscura se movía de una forma extraña y ella no podía otorgarle un rostro. Atemorizada, Anabel empezó a correr en dirección contraria para resguardarse en su casa a pesar que se había alejado bastante. Pasaron unos minutos de caótica carrera y cuando no lo resistió más, se armó de valor y se giró para ver si ese monstruo la seguía. Se tranquilizó, respiró e intentó calmarse al comprobar que esa sombra ya no se encontraba cerca y respiró profundas bocanadas hasta que recordó que su Cascabel seguía perdido y peligrosamente cerca de esa sombra. ¡Joder!

Su amigo felino nunca la había fallado y en honor a la verdad, era la primera vez que se mostraba tan desobediente y rebelde. Anabel cruzó la calle para ir a buscarlo de nuevo y entonces, se topó de bruces con alguien. Levantó su rostro para disculparse y se quedó helada. ¡La sombra de nuevo! Una mancha oscura, siniestra, salpicada de sangre y demasiado delgada para ser humano.

Gritó con fuerza, o solo se lo pareció. Se cayó al suelo de la impresión e intentó mentalmente que se esfumara o desaparecer ella de la faz de la tierra. Entonces un leve sonido llamó su atención, ese era el maullido de su Cascabel. Anabel se levantó agitada y contempló su bolita depositada entre las garras negra de ese monstruo. Los ojos felinos la contemplaban con inocencia y ella sintió la necesidad de gritar, pegar y abofetear a ese ser horrible que estaba martirizando a su inocente y noble gato.

—¡Devuélvemelo! —le exigió con más coraje del que realmente sentía, y comprendió el significado de aquello llamado instinto protector— El gato es mío.

El ser le tendió el gatito que descansaba ronroneando entre sus manos y Anabel se preguntó cómo podía ser que su Cascabel se mostrase tan feliz cuando esa cosa resultaba terrorífica. Ella sujetó a su gatito que en un principio se negó a cambiarse de brazos y lo acarició aliviada al notar su cuerpecito contra su pecho. El gato parecía encontrarse bien, sin heridas aparentes ni rasguños.

—Gracias a dios —susurró a su gato.

—De nada —le contestó la sombra.

Antes que ella pudiera decirle que no le estaba agradeciendo nada, ese ser empezó a tirar de su rostro con fuerza. Anabel lo contempló horrorizada mientras protegía a su gato. La pegajosa masa del rostro parecía no querer despegarse del ser pero él siguió tirando con fuerza y ella, a punto estuvo de desmayarse.

—No te asustes —le dijo el monstruo con una voz que parecía rejuvenecida—. Es solo una máscara.

Anabel contempló la prótesis que estaba sujetando con sus garras. Era una máscara muy elaborada y se encontraba algo pegajosa.

—Te escuché que estabas buscando a tu gato, pero cuando quise devolvértelo saliste corriendo.

Ella observó a ese chico de cabello rubio como el oro que tenía unos ojos azules muy brillantes. Se encontraba bastante sudoroso y sin su máscara, parecía alguien amable e inofensivo.

—Me asustaste —contestó Anabel avergonzada mientras él se reía.

—Puedo imaginármelo, vengo de una fiesta de Halloween —le contestó—. Como estaba sujetando a tu gato no pude quitarme el disfraz —explicó mostrándole la careta de silicona.

—Tu disfraz es muy convincente.

—Estoy estudiando caracterización.

—Muchas gracias por atrapar a Cascabel. Ahora debería irme a casa.

—¿Vives cerca?

—A un par de manzanas.

—Veo que el gato te ha llevado a dar una buena carrera.

—Se llama Cascabel —puntualizó.

—Eso, Cascabel. Quiero asegurarme que este pequeño no decide hacer de las suyas de nuevo, ¿te importa si os acompaño?

—No hay problema, siempre que no vuelvas a ponerte la máscara.

—Aunque quisiera es imposible, ya está rota. Me llamo Marcos, ¿tú eres?

—Anabel.

Marcos vivía solo a un par de casas de la suya. Era nuevo en la zona, le explicó, y eso era lo más seguro porque no recordaba a un chico tan guapo por el vecindario. Esa noche él se aseguró que Anabel llegase sana y salva a casa y lo que al principio le había parecido la peor noche de toda su vida, resultó ser la más interesante.

En casa, Anabel soltó a Cascabel y éste se fue directo al sofá para que ella lo tapase con su manta turquesa. No lo riñó ni castigó, de hecho lo felicitó y le dio las gracias porque Cascabel había logrado que Marcos se cruzase en su vida. ¡Una astuta misión gatuna que le había traído una jugosa recompensa a su dueña! ¿Cómo lo supo el minino? ¡Quién sabe! Eso seguramente daría para otra historia.

FIN

(P.d: Dedico este relato a mi gatito preferido. Estés dónde estés, siempre te siento conmigo.)

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

2 thoughts on “Cascabel”

  1. Yanina dice:

    Hola Clover

    Conocí tu web por medio de Twitter, me ha encantado este relato, amo los gatos, son mi eterna debilidad y esta historia ha sido mágica.

    Beso

  2. Clover dice:

    ¡Hola Yanina! En primer lugar bienvenida, espero que te sientas muy cómoda por aquí. Yo también amo a los gatos con locura, así que entiendo y comparto perfectamente este sentimiento.
    ¡Gracias por comentarme y por acercarte a mí! Abrazos gatunos ^0^

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