Aroma

aroma

Brigid trabaja en una cafetería llamada «Aroma». Día tras día un extraño chico de largas pestañas y capucha negra acude a ella pidiéndole lo mismo. ¿Quién será ese chico misterioso que se pasa las tardes tomando café? Te invito a descubrirlo en esta cafetería del amor.

Buenos días y feliz domingo a tod@s, hoy os traigo un relato romántico que se encontraba escondido en algún lugar de mi casa (me gusta coleccionar palabras).

Por el título, Aroma, adivinaréis que se encuentra unido íntimamente al café, una bebida que me apasiona y que seguramente me sirve de inspiración muchas veces. Espero que esta historia os reconforte durante los días más fríos del año. Muchos besos y nos leemos el miércoles junto a una humeante y calentita taza de rico café (¡me encanta!).

Feliz lectura

AROMA

I.ELLA

Brigid movió el mango de la máquina de café con gracia para que el líquido fluyera. Poco a poco el líquido humeante llenó la pequeña taza de porcelana marrón y empezó a quemarle los dedos.

—Aquí tiene —le dijo ella al chico que ya le resultaba habitual.

Siempre pedía un café expreso a las tres en punto, se sentaba en una mesa alejada,  sacaba su portátil y se pasaba un par de horas en el local. Ella siempre se preguntaba qué haría en ese ordenador pero desde detrás de la barra no alcazaba a verlo.

—Gracias —le dijo él  con una sonrisa encantadora.

Siempre era extremadamente educado. Por la capucha que siempre llevaba ella había desconfiado, pero más allá de eso parecía inofensivo. Tenía los ojos marrones con unas negrísimas y largas pestañas que le llamaron especialmente la atención escondidas bajo unas gafas de pasta negra que usaba enfrente de su portátil.

—¿Necesita algo más? —le preguntó Brigid.

—Un sándwich de salmón, por favor.

Ese era su favorito, por lo general lo pedía siempre aunque el de atún también le gustaba. Entonces él le pagó el importe exacto y se dirigió a su mesa. Brigid se quedó observándolo cómo dejaba su bandeja en la mesa, se quitaba su mochila y sacaba su portátil gris que lo conectó a una fuente de alimentación cercana y lo encendió. Así se pasó esas dos horas tecleando enfrente de su ordenador. Ella lo espió entre pedido y pedido aunque no logró descubrir qué se escondía debajo de su capucha.

 II. ÉL

Dagda se dirigía como cada tarde a esa cafetería llamada «Aroma». En realidad, el café no le gustaba demasiado, si bien era cierto que los sándwiches eran excelentes, no era justificación para que se pasase día tras día alimentándose a base de salmón y atún. Aquello ya resultaba vergonzoso, se había pasado más de un mes acudiendo a esa cafetería sólo para verla a ella.

Antes de entrar, Dagda siempre se aseguraba que estuviera y entonces realizando su pedido. Brigid siempre se mostraba encantadora con él. La primera vez que la había visto le había parecido preciosa, era una chica alta con una larga melena castaña que siempre llevaba recogida en una trenza. Tenía unos ojos castaños como el chocolate, muy grandes y expresivos. Siempre se sonrojaba al atender a un nuevo cliente así que había supuesto que era bastante vergonzosa. De hecho, Brigid siempre parecía inquieta, su tono de voz era suave y muchas veces los clientes le hacían repetir lo que les decía. Él sabía que se llamaba Brigid porque en un cartelito pegado en su uniforme así lo indicaba, pero a esas alturas necesitaba hacer algo más porque ya no encontraba más excusas para pasarse dos horas diarias delante del ordenador en esa pequeña cafetería fingiendo.

III. AMBOS

Brigid terminó su agotador turno a las nueve en punto. Durante el día, habían acudido muchísimos clientes con prisa y pidiendo café sin parar. Cuando se despidió de sus compañeros de trabajo se dirigió hacia su casa. No le gustaba demasiado andar a esas horas sola por la ciudad pero no tenía otra opción. Su casa se encontraba cerca, lo suficiente como para no tener que tomar el transporte público, pero tardaba más de quince minutos andando.

Nada más emprender su camino Brigid notó que alguien la estaba siguiendo. Al principio no le hizo demasiado caso, pero después de varios minutos siguiéndola empezó a alarmarse. Brigid tomó la siguiente calle girando a la izquierda con la esperanza de despistarlo, pero fuera quien fuera ese desconocido la siguió por su misma ruta. Entonces rebuscó ansiosa en su bolso el teléfono móvil, siempre le quedaría la llamada rápida de emergencias. Brigid siguió andando a más velocidad intentando mantener la calma aunque lo que más anhelaba era salir corriendo.

Después de diez minutos que le parecieron eternos, Brigid llegó a la calle donde se encontraba su piso. Entonces empezó a buscar frenéticamente sus llaves para entrar lo más rápido posible al vestíbulo. Escuchó el leve tintineo de sus llaves dentro del bolso y las sacó con urgencia. ¡Ya no podía soportarlo más! Brigid arrancó a correr para alcanzar el portal de su casa. Intentó abrir la puerta con tan mala suerte que no logró meter bien la llave en la cerradura, las manos le temblaban y sentía su corazón a punto de salírsele por la boca. «¡Mierda!», pensó, y quiso patear la maldita puerta hasta tirarla al suelo.

—Hola —la heló en ese momento una voz masculina detrás suyo.

Intentó meter la llave una última vez para dejar al desconocido fuera, pero sus manos se mostraron más torpes que al principio. Brigid empezó a llorar mientras notaba como la angustia y el miedo le oprimía el pecho. Quien fuera el monstruo que se encontraba tras ella le tocó el brazo. Ella se apartó rápidamente gritando.

—¡No me toques!

—No quiero hacerte daño —le contestó la voz masculina.

Ella no lo creyó, un hombre siguiéndola a esas horas no pintaba nada bien. Por el rabillo del ojo se fijó que llevaba una sudadera negra con una capucha, «el típico delincuente acosador».

—¿No me reconoces? —le preguntó él.

—No —le contestó ella.

Entonces Brigid enmudeció, ¡claro que lo reconocía! Era el chico de la cafetería, el que cada tarde acudía con su portátil.

—Lo siento, no quería asustarte —se disculpó sonriéndole un poco y alargó su mano para secarle una lágrima que le había mojado las mejillas—. Soy una persona normal, ¿ves? —le dijo bajándose la capucha.

Por primera vez Brigid pudo ver su hermoso cabello. Ella tenía razón, su cabello era corto y completamente negro. Se le veía guapo sin esa capucha tapándole el rostro. Como además se había quitado sus gafas, sus ojos brillaban intensamente bajo la débil farola de la entrada.

—Así me gusta —le dijo él al ver que Brigid se estaba tranquilizando—. Te preguntarás por qué te he seguido —le dijo algo incómodo.

—Sí —le contestó ella.

Dagda se acercó a ella sin decirle nada más y la besó en el portal de su casa. Brigid no lo vio venir así que no supo qué hacía hasta que el calor de ese hombre le tocó la piel. Lo siguiente que notó fue la suavidad de sus labios y la forma tan delicada de besarla como si pudiera romperla. Olía a una fragancia sutil pero adictiva que le pareció que reflejaba su personalidad. Entonces él poco a poco se apartó con ese torpe beso con el rostro completamente avergonzado y con las mejillas encendidas por el calor. Ella imaginó que estaría igual porque sentía su cara húmeda e hirviendo.

—Ni siquiera sé tu nombre —le dijo ella absolutamente perdida.

—Me llamo Dagda.

—Yo Brigid.

—¿Puedo verte mañana en la cafetería? —le preguntó él sin atreverse a mirarla y poniéndose su capucha de nuevo.

Ella se quedó unos segundos callada meditándolo y como su parte más racional no fue capaz de encontrar una respuesta a su pregunta, decidió escuchar su otra parte más impulsiva.

—Está bien —le dijo ella—. Pero la próxima vez que me beses me gustaría antes conocerte mejor.

—Claro —le contestó Dagda con una sonrisa que la derritió —.Hasta mañana, entonces —se despidió él.

Brigid se quedó fijamente mirándolo mientras se perdía por la calle. Se tocó sus labios aún calientes con sus manos y se preguntó qué le depararía ese chico. Le había gusta mucho ese beso y le gustaba mucho más ese chico… «Dagda», así había dicho que se llamaba. Sacó sus llaves de nuevo y ahora por fin pudo abrir su puerta. Brigid sonrió al entrar porque se alegraba enormemente haberla mantenido cerrada si eso significaba haberlo conocido.

FIN

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Acerca de: Clover

¡Bienvenida a mi mundo plagado de soñadoras! Llámame CLOVER, soy la autora de este cuaderno, una ovejita más del rebaño, #cloveradicta, escribo historias románticas sin parar, atípica por convicción y amante de la libertad por fanatismo. ¿Te unes al rebaño de las que soñamos despiertas? (¡Desde este lado el mundo es un poquito más bonito!).

2 thoughts on “Aroma”

  1. Fátima dice:

    Hola guapa!!
    Otro relato tuyo que conozco… Ha sido muy cortito a diferencia de los que he leido anteriormente, pero me ha gustado conocer estos personajes tan entrañables y tímidos.
    Pobre Brigid, que se ha llevado un susto tremendo, yo habría seguido corriendo jaja 😊
    Un besito, ¡nos leemos!

  2. Clover dice:

    ¡Buenas! Tienes toda la razón, al principio escribía cositas muy cortas (me sentía tímida) pero ahora que ya me he acostumbrado al cuaderno y me siento como en casa, hago historias muy, muy largas.
    La pobre Brigid se ha llevado un SUSTO en mayúsculas, pero es normal porque en el mundo hay mucho “malo” suelto.
    ¡¡BESOS!!

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